23-08-2026, 07:12 AM
Día 4 de Primavera del Año 18
22:00 PM
No era un fanático de los lugares concurridos.
No es que fuera multitud-fóbico, como el médico de su tripulación, pero había algo en los grandes grupos de personas que no terminaba de dejarlo cómodo. Tal vez se trataba de que detestaba ser visto de más, o de que le desagradaba la idea de ser reconocido desde la muerte de su familia y su posterior escape, pero no estaba seguro del todo.
Skypiea no ayuda a esa sensación. Sus calles no eran tan concurridas como otras islas, o no debían serlo en un día normal, pero estos días no eran normales. Tras los juegos, una gran cantidad de “habitantes del mar azul” (como llamaban los locales a quienes llegaron desde el mar) se paseaban por las calles de Shandora. El tratado de no-violencia existía, los Custodios habían dejado bien claro que nadie debía ni iba a poder causar daño sin que las consecuencias lleguen. Eso al menos había creado un clima tranquilo entre las facciones que no solían ser tan amigables en el mundo ordinario, pero no era suficiente para que el propio Uker se sintiera cómodo con tantos marines cerca.
Incluso con todas las advertencias puestas sobre ellos, ¿qué le aseguraba que no quisieran matarlo o capturarlo igualmente?
Por eso se dedicó a aprender del haki durante las mañanas, tiempo en el que se perdía entre los bosques a intentar capturar conejos, mientras que ocupaba pocas horas de las noches para conocer el lugar en el que ahora pasaban los días.
Shandora como una ciudad principal era extraña, al menos para alguien como él. Creció entre bares y tabernas, entre hombres agotados de su trabajo, ladrones, malviviente, personas normales o incluso aquellos que buscaban hacerse un nombre como piratas, cuya mayoría terminaba siendo no más importante que una mota de polvo, por lo que la calma con la que los habitantes de la isla en el cielo vivían era extraña. Una tierra de paz, sin conflicto, no sonaba como un lugar adecuado para un luchador como él.
Y aún con todo eso, se había aventurado hacia el mercado esa noche, pues había algo que llamaba su curiosidad: la comida. Cada isla tenía su cultura y forma de vivir, eso creaba platillos únicos que muchas veces eran una de sus cartas de presentación. ¿Cuál era el de Skypiea? Debían tener uno, y era imposible para un cocinero como él no buscar la respuesta a esa pregunta.
Por eso se encontraba corriendo por las calles, intentando encontrar un lugar donde pudieran servirle comida. - Mierda, terminar de entrenar cuando el sol baja no me deja mucho tiempo para estas cosas -. Podía ver como poco a poco los negocios y puestos cerraban sus puertas y su atención en cuanto la noche avanzaba. Tenía que apurarse si quería lograr su objetivo, o se quedaría con esa duda por muchos días más.
