22-08-2026, 08:38 PM
(Última modificación: 22-08-2026, 09:21 PM por Barald Kane.)
4 de primavera, año 18.
Esta es mi historia, solo mia, mi verdadera lucha interna y mis ambiciones más oscuras. Hoy iba a ser el día en el que los astros se alinearan para otorgarme un poder para el que estaba predestinado ¿cómo predestinado? en todo mi camino hasta aquí solo encontré todo tipo de personas bendecidas por el poder de sus frutas diabólicas con poderes terriblemente fuertes para pelear, en cambio yo, escondía mi habilidad oculta que no me permitía ser algo mas allá de un simple mortal es por eso que mi destino, era ese, dominar la verdadera fuerza espiritual que residía en mi interior para guiarlos a todos como un rey, ya fuera a la gloria o a la muerte, porque esa era mi voluntad: Ser el rey de los mortales. Desconocía cual era ese poder al que llamaban Haki de momento, tan solo había oido rumores desde que había llegado a la isla del cielo y eso me llevó a pensar en algo, echando el tiempo hacia atras ... ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que emprendí mi viaje por el mar? todo cuanto había conocido había quedado registrado en mi memoria, desde los detalles más insignificantes hasta las vivencias más reconfortantes, desde la tristeza que padecí durante muchos años a la paz conmigo mismo que a veces, era capaz de encontrar aun a sabiendas que para el mundo, tan solo era un criminal más con una recompensa por mi cabeza. No me importó nunca lo que pensaran a cerca de mi todas las personas del mundo a excepción de unas pocas, solo contaba 7 personas importantes para mi y sería capaz de ir a una guerra por ellos. Tras los acontecimientos que se habían dado en la isla del cielo y dando por terminados los "Juegos del Emperador" decidí a aprovechar mi estancia en la isla para investigar a cerca de aquello a lo que unos pocos llamaban "haki", yo de momento, desconocía de que se trataba por más que me hubiera interesado por ello durante los juegos fruto de aquellas personas que lo mencionaron. Sin dueño ni destino caminaba por las calles de Shandora disfrutando de aquel paisaje dorado que todavía no llegaba a creer. Lo que si sabía era algo; mantener esta ciudad intacta requiere de una fuerza descomunal capaz de acabar con cualquier ejercito que quisiera conquistarla. Éramos muchos los que pensábamos en algo parecido, yo incluido, aunque aquello era una completa locura. Aleje ese pensamiento por genial que me pareciese de mi cabeza por un momento y me decidí a entablar conversación conmigo mismo.
- ¿Estarías preparado para enfrentarlos a todos? ¿Los dominaras? - Aquella pregunta resonó en mi cabeza como de golpe, acabando con mis deseos más paganos, deseos de un mundo moderno, un mundo roto y tan solo con poder, podías enfrentarlo de alguna manera, es por eso que seguía siendo igual de duro conmigo mismo, igual que hace más de 10 años. - No, todavía me queda un largo camino que recorrer, sigo siendo un mortal, solo eso. - Esas palabras no mostraban humildad, tan solo una convicción, una realidad. Un rey nunca debe mentirse a si mismo, ha de saber escucharse en cada momento. Sabía perfectamente cual era el camino a recorrer para llegar al trono pero pero también era consciente de la inmensa distancia que había hasta alcanzarlo, pero eso no apagaría las llamas oscuras que habitaban en mi yo más profundo. Conocía el mundo, a su gente y todo cuanto me rodeaba, siempre era capaz de nutrirme de todo eso, es por eso que aunque fuera un mortal como cualquier otro, conseguía avanzar poco a poco y esas llamas que albergaba en mi interior, acabarían siendo dominadas.
Mis pasos por la ciudad de Shandora no eran casualidad. El tintineo metálico de mis armas tras mi gabardina negra clásica que de nuevo había colocado sobre mis hombros me acompañaban a cada paso que daba con el mejor cuero del South Blue acomodando mis pisadas, era reconfortante para mi volver a vestir mi preciado atuendo con el que enfrenté el coliseo de Alexander y donde probé que mi entrenamiento con el viejo de Sorbet fue uno de los mayores aciertos que había tenido en mi vida. Así era todo para alguien que no destacó en nada: los hombres del mar azul así como nos llamaban en esta tierra no destacábamos en absolutamente nada ... pero si existíamos unos pocos con una voluntad inquebrantable, esa que nos hacía levantarnos una y otra vez para intentarlo de nuevo. Y eso es lo que me ha hecho llegar hasta aquí, la isla del cielo. Nunca estuve bendecido, ni por el diablo ni tampoco por la magía divina del creador si es que existe ahí arriba es por eso que mi camino siempre se vio ligado al esfuerzo, fuera reconocido o no, no era importante ese detalle para mi, ni debería serlo para nadie en realidad, solo para uno mismo. No eran más que las 9:00 de la mañana y ya había sometido a mi cuerpo a un entrenamiento intensivo para superar mis límites como maestro de las armas, acostumbrándome poco a poco a mis nuevas habilidades de combate que todavía no había revelado ante nadie. Hacia demasiado tiempo que no peleaba en una pelea real, en cambio, me mantenía preparado para cuando llegara el momento y algo me decía que eso iba a ser muy pronto. De pronto, y como era costumbre para mi, mi ojo derecho empezó a sentirse electrizante, incontrolable, el parpado empezó a moverse por si solo ... - ¿Aqui? mmmm - si bien, aquello me indicó el mal presagio que estaba por venir. Continúe mi camino ignorando los avisos que mi propio cuerpo me daba sobre lo que estaría por venir por que a fin de cuentas ¿no podía ver el futuro no? si algo tenía que suceder, lo mejor sería afrontarlo. Observaba con detenimiento la inmensa magnitud de las calles de Shandora y su majestuosa arquitectura dorada que nunca olvidaría. Deambulé por un par de calles colindantes a la que me encontraba hasta dar de frente con un grupo de descendientes de Birka que cargaban diferentes vigas de madera cerca de una construcción, eran unos trabajadores cualquiera de la isla. Cesé mi paso, puesto que no tenía prisa ya que simplemente paseaba. Ellos pasaron delante de mi sin decir palabra a lo que yo, solo continué hacia adelante en cuanto me dejaron el paso libre. Fue entonces cuando de pronto ... apareció una sombra justamente debajo de mi, tan rápida que no pude verla. En ese preciso instante me alerté pero esa sombra fue tan rápida que no pude ni reaccionar. - Alejate chico - Pude escuchar esas palabras tras recibir un empujón en el estomago que me envio varios metros hacia atrás mientras me frenaba en el suelo, derrapando. Mis ojos, ahora podían verlo. No era una sombra, tan solo, un anciano encorvado el cual no había visto ni si quiera venir. Pude ver como ese hombre saltaba ahora hacia atrás creando un gran espacio entre nosotros y de pronto, pude verlo. Del tejado de la construcción cayeron diferentes materiales desprendidos de las alturas, golpeando el suelo. Aquello le abría aplastado.
Pude observar ahora con detenimiento a ese hombre, tal como me había parecido era un hombre de avanzada edad, un jubilado el cual ahora, avanzaba hacia mi apoyándose en su bastón para caminar a una velocidad ridículamente lenta, con su otra mano en la espalda medio encorvado. Era curioso para el que un hombre como el fuera hubiera sido tan rápido como para ni si quiera verlo venir anteriormente. - Saludos muchacho ¿no crees que eres demasiado joven para morir? deberías mirar bien por donde vas. - Su voz transmitía paz y sabiduría, sin embargo, había algo en el diferente, algo que hasta este momento jamás había visto. El anciano del bastón poseía un aura alrededor de el increíblemente brillante así como la propia luz del sol, algo parecido a una llama reubría todo su cuerpo, una llama dorada. Nunca jamás había visto nada igual en ningún sitio hasta este preciso instante, me predispuse a abrir la boca pero el viejo, en tan solo un parpadeo volvió a colocarse justamente debajo de mi, de nuevo, haciendo gala de su enorme velocidad. - mmmmm, tienes algo interesante muchacho ... ¿nunca nadie te dijo? - mi expresión en aquel momento cambió por completo era increíble como ese viejo con problemas de espalda era inmensamente más rápido de lo que sería yo en toda mi vida, pero lo mas curioso era ¿por qué decía todas esas sandeces? - No se a que se refiere señor - A lo que aquel hombre uso su bastón para tocar mi pecho justamente en el corazón - Veras ... te explicaré. Hace muchos años que perdí la vista, soy ciego. Pero veo algo en ti que no suele verse todos los días por aquí mmmm es interesante, no he visto muchas de ese color - Escuché sus palabras pero no pude evitar cortarle e incidir por encima de el. - Señor, acaba de decir que usted es ciego ¿como vas a ver? - - No te veo a ti directamente joven, pero veo tu aura. Tiene un color ... inusual para mi digamos. - - ¿Mi aura? ¿Inusual? - - Si, cada ser vivo posee una, yo puedo verlas todas y sentirlas ¿como crees que he llegado a tan viejo sin ver nada nihiihhihihihi. La tuya es negra. - Espere ... ¿el aura? ¿eso dorado que esta a tu alrededor es tu aura? - De pronto se hizo el silencio entre nosotros, a lo que inmediatamente el viejo quito el bastón de mi pecho y dio varios pasos hacia atrás. - ¿Vaya, tu también puedes verlo? - - Bueno, imagino que si, puedo ver algo alrededor tuyo ... es como una llama dorada y te dobla la altura. - MUCHACHO! ¿SI? ¿PUEDES VERLA? NIHIHIHIHIHIHI vaya ... contesta a mi pregunta ahora ¿ves algún otro "aura" por aquí? -
- No, solo lo veo en usted señor - - Joven, lo que ves es mi "presencia" y lo que te permite verla se llama Mantra - - ¿Mantra? No he escuchado hablar de ello jamás - - El mantra es el poder de la observación chico, yo domino el mantra y tu parece que eres afín a el, creo que has reaccionado al mio en este preciso instante y por eso ahora puedes ver mi aura, aunque no soy para nada un experto, poco más puedo decirte. Pero ... creo que deberías visitarlo. - ¿A quien? - - Hay un morg conocido por Shandora capaz de explicarte más sobre el mantra que yo, yo tan solo soy un viejo retirado NIHIHIHIHIHIHIHI - - ¿Cual es su nombre? - -Se llama Kaelith. Puedes encontrarlo en su dojo, esta justamente en esa dirección. - El viejo con su bastón indicó la localización del Dojo para ahora seguir hablándome - Aunque he de avisarte de que es un hombre bastante suyo digamos... créeme que si no le gustas no te enseñara nada. - - Iré señor, gracias por ayudarme - - De nada joven. -
El anciano ciego del bastón a simple vista no era más que eso, un anciano encorvado de pequeña altura que necesitaba de su bastón para poder caminar debido a ser ciego y a sus problemas de espalda ... pero había algo en el que no cuadraba para nada con su aspecto - ¿Quien eres realmente anciano? - - ¿Yo? Solo soy un viejo retirado NIHIHIHIHIHIHI - El anciano empezó a caminar a velocidad tortuga así como era de esperar, ahora alejándose del espadachín de Roshwann. Era el típico hombre con el que te enervas cuando cruza un paso de cebra y te toca estar esperándole, en cambio ¿por qué no había podido verlo antes cuando se acercó hasta el? su velocidad era inmensamente mayor a la suya, tanto que ni unos ojos entrenados para el combate pudieron verlo, e incluso, aquel empujón anterior, resulto tremendamente pesado. - No me engañes anciano, le estoy agradecido por lo de antes. Me gustaría saber su nombre. - El anciano paro en seco antes de continuar con su marcha a paso de tortuga e hizo que girara su cuello hacia un lado para mirar a Barald. - Eso no es importante chico, lo importante es que vayas al dojo. Has reaccionado al mantra y ahora parece que lo has despertado, no desaproveches la oportunidad pirata del mar azul. - El viejo cuando termino sus ultimas palabras hacia Barald, se giro de nuevo para continuar su marcha. Hacia como que tocaba el suelo con el bastón para guiarse pero en realidad no se guiaba por el sentido del tacto, ni por el bastón, eso solo le servía para parecer un viejo cualquiera, pero no era un viejo cualquiera ¿o quizá si? - ¿No necesita ver entonces? Se guía por las presencias que siente, tengo que comprobarlo ... - De inmediato, Barald flexionó ligeramente sus rodillas hasta el punto de tener el suficiente recorrido para actuar como un muelle sin quitarle el ojo de encima. No lo pensó mucho más. Avanzó de manera directa y agresiva hacia el que con un salto a ras del suelo y al llegar hasta el, desenfundó una de sus katanas y le lanzó un ataque directo y asesino. El viejo tan solo se agachó y la katana paso por encima de el pero el mismo ni se inmuto por aquello - Ohhhhhhh vaya, se me cayeron unos berries ... mierda, como soy ciego no los encuentro ¡DIME! ¿POR QUE SOY TAN MISERABLE? - El viejo parecía haberse agachado para recoger unos berries del suelo o al menos, eso es lo que estaba diciendo y al haberse agachado de esa manera, había esquivado el ataque. - Chst - Barald chasqueo la lengua al darse cuenta de que era lo que estaba pasando ahí. El viejo era astuto, demasiado astuto. Sin llegar a ver nada por su condición había conseguido esquivar el ataque de Barald sin ni si quiera verlo, camuflando su movimiento en la mera casualidad cuando en realidad, era porque ese hombre era capaz de sentir las intenciones del espadachín y su presencia pero actuaba como el mejor de los artistas para camuflar el poder del mantra y hacer como que fuera una casualidad Oh vaya, parece que no perdí nada ¿será que soy un viejo senil? necesito ese dinero que perdí para mis cuidados intensivos NIHIHIHIIHIHI bueno, así es la vida - Tras aquello el viejo se levanto y continuo su camino hacia vete tu a saber donde.
Barald introdujo de nuevo su arma en su vaina para proceder a encenderse un cigarrillo de esos que fumaba casi siempre, ahora, tras una larga calada, analizaba todo cuanto había visto hasta el momento. Decidió mirar hacia donde había señalado el viejo y entonces, tomo acción. - Bueno, pues vayamos a ver a ese tal "Kaelith" tengo que aprender más sobre ese "mantra" - Y así fue como el espadachín emprendió su viaje hacia el dojo de Kaelith, el morg maestro. Siguió la indicación del viejo que era mas bien genérica, tan solo le señalo la dirección pero ¿cuanto tiempo iba a tardar en ir al dojo? caminaba por la calle a un paso tranquilo como siempre solía hacer ahora manejando ambas manos en los bolsillos de su gabardina. Sin saber muy bien su rumbo, decidió preguntar a un cualquiera que vio por la calle - Estoy buscando un dojo, el dojo de Kaelith ¿sabes donde esta? - ese hombre cualquiera lo miro de arriba a abajo por un momento - Vaya, otro humano del mar azul buscando a Kaelith ... ¿coincidencia? nah, no creo en las coincidencias ... - tras una breve pausa, el random aldeano continuo - Veo que estas decidido ¿preparado? mmm eso es otra cosa. - de nuevo ese hombre volvió a hacer una pausa para hacerse el interesante y tener su minuto de gloria en esta historia. Llevo su diestra a la barbilla, mirando a la nada y pensando en todo. - Si la memoria no me falla, creo que esta justamente por ... - - ¿Eh de que hablan? - - Oh, buenas, hablamos del dojo de Kaelith, este hombre lo anda buscando wiwiwiiwiwiwiiwiw - - ohhhh ¿otro del mar azul que va a ver a Kaelith? a ver deja que te vea bien ... mmmmm - Esa otra voz que había aparecido de repente era una descendiente de Birka, igual que Yuuki. Esa mujer empezó a mirarlo de arriba a abajo, rodeándole, agachándose, mirándole de lejos, acercándose. Lo empezó a palpar, le toco los brazos, las piernas y el estomago. - mmmmm es un hombre entrenado pero no ha desayunado todavia ... ¿crees poder ir a ver a Kaelith sin desayunar? estos hombres del mar azul sois demasiado inconscientes, anda ven, necesitas comer algo antes de ir a verle, quien sabe si estaras sin comer días enteros -
¿Dias enteros? ¿Que clase de tipo es ese tal Kaelith? Barald lejos de intimidarse ante la situación simplemente acepto la invitación de la Birnkiniana para llenar su estomago antes de ir a visitar el dojo de Kaelith, del cual, tan solo sabía la dirección por donde podría estar, no una indicación clara. - Bueno esta bien pero podeís decirme donde esta exact... - - Silencio, no malgastes fuerzas, primero come! - Y por más que intentara reescribir el destino que ya estaba escrito, la birkiniana se negaba a abrir la boca sin que este llenara la suya. El espadachín fue conducido hasta su hogar, próximo a donde se encontraban, allí, le ofreció una bebida y comida caliente, a lo que el azabache no se nego, llego su estomago y aprovechó para tener una conversación fluida con aquella mujer a cerca de las costumbres de Shandora y demás preguntas interesantes sobre la manera de gobernar del emperador.
![[Imagen: 75dde8708964d4af88720c66ed710a83-1.jpg]](https://i.ibb.co/sd66FdRr/75dde8708964d4af88720c66ed710a83-1.jpg)
- ¿Realmente sera tan duro? No puede ser mas duro que el viejo ... -
El azabache terminaba de comer lo que le ofrecieron por cortesía aun manteniendo en su rostro la típica cara inexpresiva que siempre le acompañaba, no obstante, el manejaba su propia conversación mental sobre lo que estaba pasando. - Bueno, muchas gracias por la comida será mejor que continúe mi camino hasta el dojo de Kaelith ¿continuo todo recto y ...? - - No tengas tanta prisa joven aun no probaste mi postre. - Aquello le hizo poner una muesca extraña en su rostro puesto que detrás de su hospitalidad, parecía esconder un interes oculto en no dejar que el azabache continuara su camino hasta aquel lugar, algo que se acababa de dar cuenta. - Estos tipos del cielo ¿son todos así? ... ¿por que me quieren retener aquí? - - Tengo una tarta de queso perfecta para ti - - Espera ... ha dicho ¿tarta de queso? - De pronto los ojos de Barald se iluminaron ante tal tremendo postre típico de todo el mundo, hasta incluso en la isla del cielo, le pareció extraño pero con gusto aceptó. - Esta bien, trae esa tarta de queso y me vas diciendo como llegar hasta Kaelith, aun no tengo claro por donde tengo que ir hasta encontrar el Dojo - La mujer sonrió al ver como el espadachín aceptaba su postre y con gusto, se marcho de la habitación en la que se encontraban para prepararlo. Barald en todo ese tiempo simplemente miraba a las paredes, intentaba buscar algo interesante característico de Skypeia como una caracola con poderes. De nuevo apareció la mujer con un plato pequeño sobre su mano y una porción triangulada de la tarta de queso, la cual colocó en la mesa. - Dahahahhahahhaha, oye gracias, de verdad que hace mucho que no comía esto - Todas las preocupaciones de Barald en aquel momento desaparecieron al tener tal manjar frente a el, algo sublime, magnifico que para el, ganaría un torneo de alta cocina, aunque para muchos otros tan solo fuera un postre típico de restaurantes de barrio. Lo degustó, suspiró y dejo la cuchara en el plato vacio para ahora dirigirse de nuevo a la mujer - Bueno, y para encontrar a Kaelith para que me enseñe eso que llamais Mantra sigo todo recto por esta misma calle y ... - - Y giras a la derecha, esta aqui al lado, veras un dojo, no tiene perdida - Ahora que tenía lo que parecía ser la última indicación para descubrir algo más sobre el mantra, según el viejo ciego, Barald era afín a ese poder, puesto que por un momento parecía haberlo despertado, aunque ahora no era capaz de ver ese aura alrededor de las personas, si que pudo verlo por un momento ... - Si, necesito saber más sobre esto para hacerme más fuerte, si no todos esos cabrones me tomaran la delantera y eso no puede suceder, soy el puto Barald Kane ... Dahahhahahahah ni de coña les daré ventaja a esos hijos de puta -
Barald se levantó de la mesa y cogió su plato, dado la hospitalidad de aquella mujer no podía irse así corriendo, así que decidió ayudarla a recoger la mesa y a fregar los platos porque era un buen tipo y quería corresponder su hospitalidad, además ahora que tenía el estomago lleno podría entrenar durante días hasta romper los límites de su propio cuerpo, aunque lo que no sabía era que ese tipo de entrenamiento no iba a ser para nada físico, puesto que el mantra era el poder de la observación ... y eso le venía de perlas. Era hora de ponerse en movimiento. - Gracias por todo, ahora ire al Dojo de Kaelith para que me enseñe. Volveré pronto, si salgo vivo de allí claro ¿ese tipo dices que es muy duro? - La mujer colocó las manos sobre los hombros de Barald y le habló directamente. - ¿Duro? Hay hijo dame un abrazo. - La mujer abrazo a Barald a lo que el muchacho quedo impactado. - No se si te vere más, Kaelith es realmente un tipo duro ... quizas no sobrevivas - El azabache sonrió ante ese supuesto ...
- Tranquila soy el puto Barald Kane, soy mas duro que el pan de antes de ayer dahahahahahhahahaha he peleado con tigres salvajes, un padre de familia con cara de helado de fresa que pegaba hostias como panes, soy invitado de honor en los juegos de un coliseo clandestino donde se pelea por dinero, quede séptimo en la prueba de resistencia de los juegos de Zarutsuki donde casi me cago encima del esfuerzo sobrehumano que tuve que hacer aunque quisieron hacerme la 12/13 pero no les salió y bien y saque 10 puntos para mi equipo ¿y tu me has visto? soy un tipo estandar nadie apostaría ni un berrie por mi culo sin conocerme, y también pelee con un cocodrilo gigante en su habitat natural, una cloaca inmunda, casi muero dos veces pero al final se autodestruyo porque sintió el verdadero terror al ver que mi bro el Tezca y yo estábamos por encima de el en la cadena alimenticia, nada puede matarme señora. -
Y con esas últimas palabras el espadachín y subcomandante de la mejor tripulación del Grand Line se marcho del lugar recordando a cada uno de los miembros de su tripulación - mmmm realmente ¿que estaran haciendo estos cabrones? ... meh ... seguro estaran bien ¿no? - ahora inmerso en sus pensamientos de preocupación mas sinceros cruzó el umbral de la puerta de la casa de la señora y se despidió con un brazo en alto. - Nos vemos, gracias por todo - Las indicaciones de la señora habían sido claras, no tenía ningún tipo de perdida. Empezó a caminar en linea recta por esa misma calle mientras su subconsciente le recordaba algo, era el momento de obtener su dosis de nicotina clave para su existencia y su buen juicio y humor así que de manera instintiva, mientras caminaba, encendió uno de sus cigarrillos. De pronto un retortijón agudo en su estomago le hizo retorcerse - ¿enserio? ¿ahora? ... ¿y donde planto yo esto? - como bien decían algunos por ahí, el diglett le asomaba a punto de partir su intestino, era vida o muerte. Se llevó la mano derecha al estomago y con la izquierda, se sujetó en una pared - Si no lo suelto me muero ... - Otro contratiempo más le separaba de llegar hasta el maldito dojo de Kaelith, algo serio que frenaría la ira de cualquier Yonkou al menos durante unos minutos ¿ellos también necesitan hacer una visita al baño de vez en cuando no?
Tras una evacuación de emergencia vete tu a saber donde, Barald llegó hasta el puto dojo de Kaelith después de una travesía un poco más larga de lo que esperaba aunque realmente ¿no había ido mal no? el encontronazo con el viejo ciego le reveló su afinidad con el "mantra" y después se alimentó como un cabron sin pagar ni un solo berrie ¿es cierto que lo gratis sabe mejor? si, eso era una realidad, aunque ahora realmente había llegado el momento de la verdad, el primer encontronazo con Kaelith, un maestro de Skypeia. El dojo no distaba para nada algo especial, era un dojo normal, ni majestuoso ni gigantesco, normal. No era la primera vez que visitaba uno, ni tampoco iba a ser la última vez. Al llegar quedó quieto en la puerta terminando su cigarrillo antes de irrumpir en un lugar ajeno y desconocido para el, tras unas últimas caladas, decidió apagar su cigarrillo y adentrarse en el interior del dojo. Abrió la puerta y dio un par de pasos hacia adelante ahora observando un poco las inmediaciones, de momento no parecía haber nadie en aquel lugar. Como signo de respeto máximo a aquel lugar decidió retirar su gabardina negra dejándola colgada en uno de los laterales de la entrada del dojo y se descalzó, no sabía si aquella costumbre era bienvenida en Skypeia, pero al menos en Sorbet aquel gesto era signo de respeto, no ibas a meter la mierda de tus zapatos en un lugar sagrado como un dojo. Sin pensarlo más, dejo sus zapatos a un lado dio un par de pasos hacia adelante para adentrarse en su interior. Hacía mucho tiempo que no visitaba un dojo, desde que terminó su instrucción en Sorbet, aun recordaba mucho a su maestro al cual ya poca gloria más que la que el azabache obtuviera podía considerar suya propia, pues a fin de cuentas, un alumno siempre debe de honrar a su maestro, Barald recordaba a menudo muchas de sus enseñanzas, ese hombre era un hombre sabio que sin ser tan diestro como otros grandes espadachines era un gran instructor, un cualquiera si le preguntas al mundo, en cambio, para el jodido Barald Kane, el siempre sería su numero uno. - ¿Hola? - El espadachín se formulaba para mostrarse a quien fuera que estuviera en el dojo y no le pillara de sorpresa tener un nuevo invitado. Frente a el, a unos 10 metros, una especie de asiento gigantesco se giro de pronto con una figura grandiosa sentada sobre el. El tipo que se dejo ver actualmente era un Mord, así como decían en la isla del cielo. Pudo verlo bien desde donde se encontraba, andaba cruzado de piernas, las cuales eran más grandes que el mismo, era bastante grande en comparación. Tras esos lentes ocultaba una mirada fría, azulada, tenía un aspecto intimidante. Barald quedó par de segundos sin contestar observándolo, portaba un estoque ¿era un espadachín? - ¿Qué tan fuerte será este tipo? - Barald realmente se veía de igual a igual frente a cualquiera, nunca menospreciaba a nadie por más débil que pareciera ni tampoco se amedrentaba ante otro aunque tuviera la peor de las pintas, había aprendido que todo el mundo sangraba, fuera de una manera o de otra ... en cambio, aquí no había venido a pelear con nadie, venía a nutrirse, a absorber todo cuanto pudiera de las islas del cielo antes de volver a perseguir su destino. El silencio se apoderó del dojo en aquel momento ¿alguna vez escucharon el silencio? solo aquellos con un oído prodigioso podrían apreciar el silencio absoluto; el lugar era fresco, arropado por la sombra que poco caracterizaba a la isla de Skypia, a más de 7000 metros más cerca del sol que cualquiera de las islas que había visitado. El azabache y el maestro Kaelith aun no habían abierto la boca, durante varios segundos permanecieron callados, mirándose el uno al otro.
Durante esos segundos, el azabache pudo sentir de pronto como su tic del ojo derecho aparecía de nuevo, esta vez más fuerte de lo normal ¿por qué cada vez aquello era más molesto? - ¿mal presagio? ¿aquí? - - No temas joven, ... adelantate, yo puedo ver cuales son tus intenciones mostrándote ante mi- - Disculpe no me haya presentado, mi nombre es Barald. He venido a ... - - Ya se a lo que vienes habitante del mar azul, otros como tu vinieron hasta mi en el pasado y también en estos días, no seras el primero ni el último que viene a verme por el mismo motivo. - Barald no se sorprendió para nada sobre sus palabras y así como le había indicado, se adelantó para acercarse a el. De nuevo el silencio se apoderó de la sala para que tan solo, los pasos del espadachín resonaran y el tintineo metálico que cargaba con el a todos lados. - Entonces dime ¿responderas a mis preguntas? - - Solo si me apetece pequeño mortal dime ¿como me encontraste? - - Un hombre me dijo que he despertado el mantra y cuando le pregunte más sobre el mantra me mandó a verte me dijo que el no podía enseñarme nada pero que tu si. - - ¿Que lo despertaste? dime entonces, por qué dices que lo despertaste. - Ese hombre me dijo que si podía ver su aura, era porque soy afín a ese poder. - - Entonces ya lo viste, si ... eso que el hombre llama "Mantra" es un termino que solo utilizamos en la isla del cielo para referirnos a ese poder, en el mar azul de donde venís todos los que estáis apareciendo por aquí esta semana se le conoce como Kenbunshoku Haki, el haki de observación, si has visto el aura de ese hombre es que puedes usarlo aunque interpreto que era la primera vez que veías algo así. - - ¿Eso es el haki? Tan solo fue un momento, no me ha vuelto a pasar - - Puede ser que reaccionaras a algo y que lo despertaras, si bien no serías el único, cualquier persona puede usar el haki. - - ¿Me enseñaras entonces? - - Por algo me llaman maestro del haki pequeño habitante del mar azul ... pero solo te enseñaré siempre que cumplas con mis requisitos hay dos cosas que no tolero la insubordinación y la holgazanería, si veo alguna de esas dos cualidades en ti te iras de aquí y volverás por donde has venido ¿entendiste? odio a todo aquel que no se esfuerce o que quiera todo regalado, ninguno de esos tipos es merecedor de nada, la vida es un sacrificio constante y solo quienes se sobre- - Alto y claro, no he venido hasta aquí para darme la vuelta. - Barald respondió corto y directo a lo que Kaelith, hizo una pequeña pausa a su oratoria para encenderse un puro gigantesco a proporción con los cigarrillos que Barald fumaba, tras aquello, exhalo una gran cantidad de humo. - Para empezar, como te dije antes, todos podemos despertar el haki, tan solo hay que aprender a dominarlo, que tu lo hayas despertado ya me ahorra trabajo pero ahora te daré una pequeña charla de introducción para que conozcas el haki. El haki es el poder latente que reside en cada ser vivo, es su presencia, su voz interna y esta puede ser usada. Tu has sido capaz de ver la presencia de otro y eso es uno de los poderes básicos del Kenbunshoku, gracias a eso, tu percepción es diferente a lo que estas acostumbrado por tus propios sentidos, es un sentido extrasensorial, gracias a eso, puedes ver el aura de otros y no solo eso, también puedes ver como de fuerte es alguien por el tamaño de su aura, al igual que puedes ser capaz de sentir vagamente las emociones, aunque esto es tan solo en su etapa más prematura la cual puedo enseñarte. Para aprender a usar el Kenbunshoku necesitas calmado y tranquilo, es la mejor manera de aprender a ver a través del haki y ser capaz de sentir la presencia de otros.- - Vale, dices que gracias al haki de observación puedo ver el aura de otras personas, entonces aunque no sea capaz de verles con mis ojos, puedo sentirles ... es interesante, ahora que lo dices ... el único aura que vi fue la de ese señor y realmente, su aura era el doble de grande que su cuerpo ¿eso quiere decir que era fuerte? - - Si ¿sentiste algo más? - - No, tan solo pude ver su aura y de pronto, ya no, fue tan solo un instante. - Escúchame atentamente, ahora empieza tu entrenamiento donde te enseñare a usar los principios básicos del Kenbunshoku, para aprender a usar el Kenbunshoku tienes que aprender a apagar tus sentidos, todos y aprender a ver a través de tu propia presencia, debes captar en todo momento la presencia de lo que hay a tu alrededor, si bien, como lo acabas de despertar no podrás monitorizar grandes distancias, pero si serias capaz de sentir todo ser vivo en esta habitación. Intenta apagar tus sentidos, cierra los ojos, no escuches, solo concéntrate y relájate chico de presencia oscura - - Eso dijo ese viejo lo mismo ¿tan diferente es de otras? - - Cada ser vivo tiene un color diferente determinado, no es importante realmente, pero te diré que de todos los que han pasado por aquí ninguno tiene una presencia tan oscura y negra, tu aura es la ausencia de color, eres inconfundible. Ahora sientate en medio del dojo y cierra los ojos. -
Gracias a la información del maestro Kaelith, el azabache comprendió que el Kenbunshoku o mantra así como lo llamaban por allí, era el poder del haki de observación al cual, por razones que no lograba comprender del todo, había despertado de casualidad. Había escuchado bien todo cuanto el maestro había dicho, ahora su objetivo sería aprender a dominarlo. El kenbunshoku te permitía ver a todo ser vivo en un radio determinado al sentir su presencia, podías saber que tan poderosa era por el tamaño de su presencia y además, en esta etapa temprana de control, era capaz de saber cuales eran las emociones del contrario, aunque no era algo tan sencillo de determinar, era algo que todavía no había visto, de momento solo se centraría en lo que si, aprender a sentir la presencia y determinar que tan fuerte era por el tamaño de su aura. El pequeño espadachín mortal humanoide enemigo no declarado de los bancos se sentó en el medio del dojo, cruzado de piernas y cerro los ojos para intentar apagar su sentido de la vista, en cambio para el, que tenía un oído prodigioso capaz de escuchar el silencio, le fue complicado apagar ese. En medio de ese silencio, era capaz de escuchar la brisa del viento que entraba por una de las ventanas, la respiración de Kaelith. - Chico, dije que apagaras tus sentidos, estas intentando escucharme aunque no quieras. - Barald ni se inmutó, se mantuvo quieto sin cambiar su expresión facial, intentando sentir a través de ese otro sentido el cual había despertado, uno que jamás había experimentado. El silencio se apoderó de nuevo de la sala y durante minutos, Barald quedó en ese estado de meditación hasta que consiguió apagar del todo todos y cada uno de sus sentidos, los apago tanto que parecía casi estar dormido allí sentado. Elevó su zurda señalando con el dedo hacia Kaelith que se había desplazado de su trono en cuestión de minutos, pudo ver por un momento su aura, justamente a varios metros, en un lugar diferente al que se encontraba de inicio. - Izquierda - Sintió la presencia de Kaelith, solo por un momento al encontrarse en ese estado de calma y concentración justo cuando había dejado de escuchar completamente, justo cuando había entrado en ese estado de "trance" o lo que sería como una especie de meditación. - ¿Vale chico me escuchas? - Kaelith le habló directamente a lo que Barald contesto de inmediato. - Si, ahora si, me cuesta apagar los sentidos, tengo que acostumbrarme a ver el mundo desde esta perspectiva - - Bueno, aunque solo fuera por un momento pudiste verlo, no es un mal paso, voy a moverme por todo el dojo y tu deberás encontrarme, si abres los ojos tu entrenamiento habrá finalizado y te marcharas de aquí por no poder controlarte a ti mismo. - - No vine aquí a darme la vuelta, necesito ese poder. - ¿Por qué lo quieres pequeño mortal de ojos rojos? - - El poder es la llave a todas las puertas del mundo, hoy mañana y siempre. Llevo una vida entera manejando mis emociones y mis impulsos pero últimamente no encuentro la calma para doblegarme ¿tanto me cambió mi viaje hasta aquí? Soy un pirata del South Blue el mar menor donde lo aprendí todo ... Ahora el mundo es más grande de lo que mis ojos me permiten ver y lo que antes manejaba ahora me queda grande, mi voluntad no me permite ser débil y el mundo al que pienso enfrentarme tampoco, quiero estar preparado, la muerte no es mi destino y si por alguna razón estuviera equivocado, lo eludiré. -
Un rey capaz de guiarlos a todos al frente de un batallón de guerra en primera línea junto a su ejercito dispuesto a morir por todos y cada uno de ellos porque a un rey no le hace rey ninguna sangre real, ni los palacios, los lujos, mucho menos una corona. Solo los elegidos por la voluntad son capaces de tener el honor de ser reyes.
- Derecha - Extendió de nuevo su dedo índice en la dirección que estaba percibiendo la presencia de Kaelith, ahora más alejado que antes, poco a poco se sentía mas cómodo detectando presencias, e incluso estaba siendo capaz de escuchar sus palabras sin desconcentrarse, aunque aun no abría los ojos. - Eres demasiado arrogante para ser tan insignificante pequeño mortal del mar azul ¿a caso crees que eres especial? Tan solo eres un mierda más de todos los que pasan por aquí, he visto muchos como tu por aquí hablando de grandeza para luego abandonar su cometido, dime, si tanto quieres dominar la nueva era de los piratas ¿que harás cuando la realidad apacigüe tu ambición? - El azabache mantenía su estado previo, aun seguía en un estado de calma total concentrado para sentir la presencia de todo cuanto entrara en las inmediaciones del dojo, haciendo uso del Kenbunshoku, su ritmo cardiaco no cambiaba, permanecía constante en una tensión baja así como estaba costumbrado desde su nacimiento. - La realidad es la que yo impongo por encima del resto así lo entendí cuando era un niño, solo los fuertes cambian la realidad que otro les impone y todo se resume a eso, por eso, si la realidad que otro me imponga quiere frenarme, yo me alzaré porque no me importa morir ¿crees en la reencarnación? tome las decisiones correctas o incorrectas, sea en esta vida o en la siguiente, me alzaré por encima de todos, porque mi voluntad nunca morira. - Tras una pausa, Barald volvió a señalar en dirección a la esquina inferior izquierda detrás de el, rotando su torso. - Esa es tu posición, ahora puedo ver tu aura con más claridad, puedo hablar sin perder esa percepción ... también se que tu aura no es proporcional a tu tamaño real, puedo verla, es más grande que tu cuerpo, pero no puedo ver la mía todavía ¿como puedo comparar la fuerza de una presencia si no puedo ver la mia propia? - - El muy cabrón aprende rápido ... ¿cuanto lleva aquí? ¿20 minutos? - Kaelith supo que no tendría que esforzarse demasiado con el tipo que tenía delante tan solo darle ciertas pautas a seguir. - Vuelve a apagar todos tus sentidos y esta vez, no me busques a mi, intenta detectarte a ti mismo. - - Esta bien, así lo haré - Barald en ese preciso momento decidió hacer caso al maestro, cruzo ambos brazos manteniendo los ojos cerrados intentando mantener ese estado de calma, ni si quiera se concentraba en respirar, aquello le mantendría distraído. El viento, cualquier crujido de la madera del dojo o incluso los propios pasos de Kaelith dejaron de sonar para el. No fue al instante, quizá si tardara unos cuantos minutos en encontrar el silencio y la calma total. Para usar el Kenbunshoku con más facilidad, entrar en un estado de calma como ese les ayudaba a poder sentir con el y que el fuera tan calmado le ayudaba bastante, no paso demasiado tiempo cuando pudo ver su propia presencia que emanaba de el como si fuera un relampago. - Y ¿este es el color de mi voluntad? no puedo ver nada a través de ella, es oscura, opaca, no se transparenta ni tiene huecos, es proporcionalmente más grande que yo, pero la de Kaelith es mucho mayor a esta. - Un humano, un simple mortal sin poderes especiales ni bendiciones demoníacas extraordinarias, tan solo esfuerzo y dedicación y una moral de acero, viejos macheteros del mar del sur estarían orgullosos de el. - Ahora si que soy capaz de ver mi presencia y a comparación con tu presencia soy más pequeño, por lo que cualquier hombre guiado por el sentido común en mi situación, no se enfrentaría a ti puesto que su propio haki de observación le informa que no tiene posibilidades. - - ¿Tu te enfrentarías a mi? - - Obvio pelearía a muerte si esa fuera mi voluntad por más que mi kenbunshoku me dijera lo contrario yo no le temo a ninguna muerte por más terrorífica que sea, pero tu no eres mi enemigo, decidiste enseñarme algo valioso, lo recordaré - - No albergas duda en tus palabras pirata, tampoco miedo, eres de corazón valiente pero recorres un camino sangriento. No te importa lo que te ocurra a ti mismo porque no temes morir pero si temes que otros mueran y yo te daré consejo, protege a los tuyos de ti mismo, tu ambición es tan grande que acabaras perdiendo lo que más te importa. - Ante aquellas palabras Barald quedo callado, ahora expandiendo su haki de observación mas allá del dojo, amplificándose 100 metros a la redonda desde su posición, pudiendo ver mucho más allá. Aquello sucedió cuando empezó a concentrarse aun más. Poco a poco, parecía dominar el kenbunshoku haki en su forma más básica y primitiva, la de sentir las presencias de todo ser vivo en un radio determinado de acción como si fuera un radar capaz de informarle de la localización de esos seres, las presencias de todos los que detectaba en las inmediaciones no destacaban en nada a excepción de Kaelith, todos y cada uno de ellos parecían ser personas de a pie con presencias comunes, nada fuera de lo normal. - Util, demasiado útil, el kenbunshoku me permite identificar y localizar seres vivos sin poder verles - - ¿Ya notaste todo chico? Tu expresión cambió - - Si, detecto a ciertas personas alrededor del dojo, puedo ver su presencia ¿quieres que te los indique? - - No hace falta, nada más puedo enseñarte Barald ahora esta en ti seguir desarrollando tu afinidad con el haki de observación, te he enseñado los principios básicos de este y también que es el haki, tienes la información necesaria y has dado los pasos que debías dar para dominar esta forma básica del Kenbunshoku, usalo con sabiduría, el poder de la observación es poderoso te da una gran ventaja si sabes usarlo, no obstante, esto acaba de empezar, no es algo que puedas aprender tan facil, tendras que acostumbrarte a ello. Todo en esta vida es perserverancía y dedicación, esfuérzate en usarlo en cualquier situación, no necesitaras tanta concentración para hacerlo en cuanto te acostumbres, realmente, todavía eres como un niño recién nacido que ha abierto sus ojos por primera vez, acostumbrate a la luz, a la presión, a dominarte a ti mismo. Ahora marchate.
No iba a olvidar todas y cada una de las palabras que Kaelith había tenido para el durante su estancia en el dojo, ahora, tras conocer el Kenbunshoku emprendía de nuevo su camino por Shandora en la búsqueda de convertirse en emperador del mal o que se yo. De su boca salía el humo constante de uno de sus cigarrillos, ahora, de nuevo con su gabardina negra clásica y oliendo a perfume del caro, daba un paso tras otro expandiendo su control del Kenbunshoku para acostumbrarse a su uso y que le fuera de mayor utilidad, estaba en el aprender a usarlo mejor que otros. Mientras se movía, ampliaba su presencia unos 50 metros para monitorizar cada ser vivo que hubiera alrededor de su posición. Ahora que se encontraba en una zona más céntrica de la isla del cielo le era complicado fijarse en todas las presencias que detectaba puesto que eran muchas. Mientras eso sucedía, recordaba su conversación con Kaelith. Barald era sabio, escuchaba la voz de quien tenía algo que enseñarle sin ego para aprender como el mejor de los adeptos, pero de todas las cosas que le había dicho había una que no salía de su cabeza, la que más le importaba al fin y al cabo. La vida del espadachín para el podía ser efímera, no le importaba, pero todos los que a su alrededor compartían su vida con el si que le importaban y quizás si debería de tener más cuidado por todos y cada uno de ellos.
Podía ver la verdad después de todo lo ocurrido hasta ahora. Su expresión volvió a cambiar de nuevo para ahora, pararse justo con una pared y apoyarse, intentando seguir observando todas y cada una de las presencias mientras seguía envuelto en sus pensamientos. De todas las cosas que su mente procesaban quedo pensativo en una. - Un rey que lleva a su pueblo a la muerte ¿realmente es un rey? No hay mayor mal que un rey inepto ... - Recordó las palabras del custodio del emperador, Navar, y tras aquello se dio cuenta de que estaba siendo un terco, cegado por su propia ambición, debía controlar sus impulsos así como venía haciendo siempre, siempre tomaba las decisiones correctas, siempre tenía buen juicio. - Tenía razón, no puedo ser un imbécil, tengo que volver a actuar con cabeza - pero últimamente había algo dentro de el que le hacía no poder controlarse, su voluntad estaba controlándolo aunque el no se diera cuenta de este asunto. - ahora soy capaz de ver las presencias, incluso la mía, veo todo tipo de colores en todas y cada una de ellas pero ... la mía ¿por qué es así? - Es cierto que no podía ver ningún color parecido, si que veía tonalidades oscuras pero ¿tan oscuras? no sabía si aquello era significativo de algo, ni Kaelith pareció decir nada al respecto fuera de lo común. De pronto su ojo derecho empezó a sufrir el tic nervioso que solía acompañarle a todas partes, pero esta vez, no era un tic nervioso como tal. Llevo su diestra hasta el ojo para intentar apaciguar el tremendo dolor que empezó a sentir, era tan intenso que le hicieron descender la espalda por la pared en la que estaba apoyado para flexionar las rodillas y quedar sentado. - Pero que cojon...- El dolor se intensificaba cada vez más y más hasta el punto de que empezaba a no poder soportarlo. - Me va a estallar ... pero ¿que es lo que me pasa? - Aquel dolor insufrible no era más que un reflejo que poco a poco se haría cada vez más frecuente ¿por qué? ¿es que estaba enfermo? ... no era eso, no. Barald no recordaba nada, tal vez no lo haría nunca, tan solo era una señal porque cada vez estaba más cerca de despertarlo, más cerca de desatar aquello que dormía plácidamente esperando su momento y que a través de su ojo derecho veía todo lo que el mundo podía ofrecerle. El dolor cesó de un momento a otro lo que dejó que el azabache se incorporara de nuevo y volviera en si, tan solo habían sido unos segundos pero para el fue un dolor intenso que sintió durante minutos. Así tal y como era su creencia, la aparición su tic recurrente era un signo de un mal presagio para el, algo malo iba a ocurrir ... pero nunca había sido tan fuerte como en esta ocasión - ¿Tendrá que ver con el haki? - No se hizo más preguntas ya que no encontraba respuesta alguna, sin embargo aquello le estaba avisando de algo, algo muy importante.
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- ¿Ya pudiste ver mi cuerpo? dahahahahaha sigue así, tu y yo no tendremos límites, libérame pronto y pondré el mundo a nuestros pies -
- ¿Estarías preparado para enfrentarlos a todos? ¿Los dominaras? - Aquella pregunta resonó en mi cabeza como de golpe, acabando con mis deseos más paganos, deseos de un mundo moderno, un mundo roto y tan solo con poder, podías enfrentarlo de alguna manera, es por eso que seguía siendo igual de duro conmigo mismo, igual que hace más de 10 años. - No, todavía me queda un largo camino que recorrer, sigo siendo un mortal, solo eso. - Esas palabras no mostraban humildad, tan solo una convicción, una realidad. Un rey nunca debe mentirse a si mismo, ha de saber escucharse en cada momento. Sabía perfectamente cual era el camino a recorrer para llegar al trono pero pero también era consciente de la inmensa distancia que había hasta alcanzarlo, pero eso no apagaría las llamas oscuras que habitaban en mi yo más profundo. Conocía el mundo, a su gente y todo cuanto me rodeaba, siempre era capaz de nutrirme de todo eso, es por eso que aunque fuera un mortal como cualquier otro, conseguía avanzar poco a poco y esas llamas que albergaba en mi interior, acabarían siendo dominadas.
Capitulo 1: Vestigios del alma
Mis pasos por la ciudad de Shandora no eran casualidad. El tintineo metálico de mis armas tras mi gabardina negra clásica que de nuevo había colocado sobre mis hombros me acompañaban a cada paso que daba con el mejor cuero del South Blue acomodando mis pisadas, era reconfortante para mi volver a vestir mi preciado atuendo con el que enfrenté el coliseo de Alexander y donde probé que mi entrenamiento con el viejo de Sorbet fue uno de los mayores aciertos que había tenido en mi vida. Así era todo para alguien que no destacó en nada: los hombres del mar azul así como nos llamaban en esta tierra no destacábamos en absolutamente nada ... pero si existíamos unos pocos con una voluntad inquebrantable, esa que nos hacía levantarnos una y otra vez para intentarlo de nuevo. Y eso es lo que me ha hecho llegar hasta aquí, la isla del cielo. Nunca estuve bendecido, ni por el diablo ni tampoco por la magía divina del creador si es que existe ahí arriba es por eso que mi camino siempre se vio ligado al esfuerzo, fuera reconocido o no, no era importante ese detalle para mi, ni debería serlo para nadie en realidad, solo para uno mismo. No eran más que las 9:00 de la mañana y ya había sometido a mi cuerpo a un entrenamiento intensivo para superar mis límites como maestro de las armas, acostumbrándome poco a poco a mis nuevas habilidades de combate que todavía no había revelado ante nadie. Hacia demasiado tiempo que no peleaba en una pelea real, en cambio, me mantenía preparado para cuando llegara el momento y algo me decía que eso iba a ser muy pronto. De pronto, y como era costumbre para mi, mi ojo derecho empezó a sentirse electrizante, incontrolable, el parpado empezó a moverse por si solo ... - ¿Aqui? mmmm - si bien, aquello me indicó el mal presagio que estaba por venir. Continúe mi camino ignorando los avisos que mi propio cuerpo me daba sobre lo que estaría por venir por que a fin de cuentas ¿no podía ver el futuro no? si algo tenía que suceder, lo mejor sería afrontarlo. Observaba con detenimiento la inmensa magnitud de las calles de Shandora y su majestuosa arquitectura dorada que nunca olvidaría. Deambulé por un par de calles colindantes a la que me encontraba hasta dar de frente con un grupo de descendientes de Birka que cargaban diferentes vigas de madera cerca de una construcción, eran unos trabajadores cualquiera de la isla. Cesé mi paso, puesto que no tenía prisa ya que simplemente paseaba. Ellos pasaron delante de mi sin decir palabra a lo que yo, solo continué hacia adelante en cuanto me dejaron el paso libre. Fue entonces cuando de pronto ... apareció una sombra justamente debajo de mi, tan rápida que no pude verla. En ese preciso instante me alerté pero esa sombra fue tan rápida que no pude ni reaccionar. - Alejate chico - Pude escuchar esas palabras tras recibir un empujón en el estomago que me envio varios metros hacia atrás mientras me frenaba en el suelo, derrapando. Mis ojos, ahora podían verlo. No era una sombra, tan solo, un anciano encorvado el cual no había visto ni si quiera venir. Pude ver como ese hombre saltaba ahora hacia atrás creando un gran espacio entre nosotros y de pronto, pude verlo. Del tejado de la construcción cayeron diferentes materiales desprendidos de las alturas, golpeando el suelo. Aquello le abría aplastado.
Pude observar ahora con detenimiento a ese hombre, tal como me había parecido era un hombre de avanzada edad, un jubilado el cual ahora, avanzaba hacia mi apoyándose en su bastón para caminar a una velocidad ridículamente lenta, con su otra mano en la espalda medio encorvado. Era curioso para el que un hombre como el fuera hubiera sido tan rápido como para ni si quiera verlo venir anteriormente. - Saludos muchacho ¿no crees que eres demasiado joven para morir? deberías mirar bien por donde vas. - Su voz transmitía paz y sabiduría, sin embargo, había algo en el diferente, algo que hasta este momento jamás había visto. El anciano del bastón poseía un aura alrededor de el increíblemente brillante así como la propia luz del sol, algo parecido a una llama reubría todo su cuerpo, una llama dorada. Nunca jamás había visto nada igual en ningún sitio hasta este preciso instante, me predispuse a abrir la boca pero el viejo, en tan solo un parpadeo volvió a colocarse justamente debajo de mi, de nuevo, haciendo gala de su enorme velocidad. - mmmmm, tienes algo interesante muchacho ... ¿nunca nadie te dijo? - mi expresión en aquel momento cambió por completo era increíble como ese viejo con problemas de espalda era inmensamente más rápido de lo que sería yo en toda mi vida, pero lo mas curioso era ¿por qué decía todas esas sandeces? - No se a que se refiere señor - A lo que aquel hombre uso su bastón para tocar mi pecho justamente en el corazón - Veras ... te explicaré. Hace muchos años que perdí la vista, soy ciego. Pero veo algo en ti que no suele verse todos los días por aquí mmmm es interesante, no he visto muchas de ese color - Escuché sus palabras pero no pude evitar cortarle e incidir por encima de el. - Señor, acaba de decir que usted es ciego ¿como vas a ver? - - No te veo a ti directamente joven, pero veo tu aura. Tiene un color ... inusual para mi digamos. - - ¿Mi aura? ¿Inusual? - - Si, cada ser vivo posee una, yo puedo verlas todas y sentirlas ¿como crees que he llegado a tan viejo sin ver nada nihiihhihihihi. La tuya es negra. - Espere ... ¿el aura? ¿eso dorado que esta a tu alrededor es tu aura? - De pronto se hizo el silencio entre nosotros, a lo que inmediatamente el viejo quito el bastón de mi pecho y dio varios pasos hacia atrás. - ¿Vaya, tu también puedes verlo? - - Bueno, imagino que si, puedo ver algo alrededor tuyo ... es como una llama dorada y te dobla la altura. - MUCHACHO! ¿SI? ¿PUEDES VERLA? NIHIHIHIHIHIHI vaya ... contesta a mi pregunta ahora ¿ves algún otro "aura" por aquí? -
- No, solo lo veo en usted señor - - Joven, lo que ves es mi "presencia" y lo que te permite verla se llama Mantra - - ¿Mantra? No he escuchado hablar de ello jamás - - El mantra es el poder de la observación chico, yo domino el mantra y tu parece que eres afín a el, creo que has reaccionado al mio en este preciso instante y por eso ahora puedes ver mi aura, aunque no soy para nada un experto, poco más puedo decirte. Pero ... creo que deberías visitarlo. - ¿A quien? - - Hay un morg conocido por Shandora capaz de explicarte más sobre el mantra que yo, yo tan solo soy un viejo retirado NIHIHIHIHIHIHIHI - - ¿Cual es su nombre? - -Se llama Kaelith. Puedes encontrarlo en su dojo, esta justamente en esa dirección. - El viejo con su bastón indicó la localización del Dojo para ahora seguir hablándome - Aunque he de avisarte de que es un hombre bastante suyo digamos... créeme que si no le gustas no te enseñara nada. - - Iré señor, gracias por ayudarme - - De nada joven. -
Capitulo 2: Mantra
El anciano ciego del bastón a simple vista no era más que eso, un anciano encorvado de pequeña altura que necesitaba de su bastón para poder caminar debido a ser ciego y a sus problemas de espalda ... pero había algo en el que no cuadraba para nada con su aspecto - ¿Quien eres realmente anciano? - - ¿Yo? Solo soy un viejo retirado NIHIHIHIHIHIHI - El anciano empezó a caminar a velocidad tortuga así como era de esperar, ahora alejándose del espadachín de Roshwann. Era el típico hombre con el que te enervas cuando cruza un paso de cebra y te toca estar esperándole, en cambio ¿por qué no había podido verlo antes cuando se acercó hasta el? su velocidad era inmensamente mayor a la suya, tanto que ni unos ojos entrenados para el combate pudieron verlo, e incluso, aquel empujón anterior, resulto tremendamente pesado. - No me engañes anciano, le estoy agradecido por lo de antes. Me gustaría saber su nombre. - El anciano paro en seco antes de continuar con su marcha a paso de tortuga e hizo que girara su cuello hacia un lado para mirar a Barald. - Eso no es importante chico, lo importante es que vayas al dojo. Has reaccionado al mantra y ahora parece que lo has despertado, no desaproveches la oportunidad pirata del mar azul. - El viejo cuando termino sus ultimas palabras hacia Barald, se giro de nuevo para continuar su marcha. Hacia como que tocaba el suelo con el bastón para guiarse pero en realidad no se guiaba por el sentido del tacto, ni por el bastón, eso solo le servía para parecer un viejo cualquiera, pero no era un viejo cualquiera ¿o quizá si? - ¿No necesita ver entonces? Se guía por las presencias que siente, tengo que comprobarlo ... - De inmediato, Barald flexionó ligeramente sus rodillas hasta el punto de tener el suficiente recorrido para actuar como un muelle sin quitarle el ojo de encima. No lo pensó mucho más. Avanzó de manera directa y agresiva hacia el que con un salto a ras del suelo y al llegar hasta el, desenfundó una de sus katanas y le lanzó un ataque directo y asesino. El viejo tan solo se agachó y la katana paso por encima de el pero el mismo ni se inmuto por aquello - Ohhhhhhh vaya, se me cayeron unos berries ... mierda, como soy ciego no los encuentro ¡DIME! ¿POR QUE SOY TAN MISERABLE? - El viejo parecía haberse agachado para recoger unos berries del suelo o al menos, eso es lo que estaba diciendo y al haberse agachado de esa manera, había esquivado el ataque. - Chst - Barald chasqueo la lengua al darse cuenta de que era lo que estaba pasando ahí. El viejo era astuto, demasiado astuto. Sin llegar a ver nada por su condición había conseguido esquivar el ataque de Barald sin ni si quiera verlo, camuflando su movimiento en la mera casualidad cuando en realidad, era porque ese hombre era capaz de sentir las intenciones del espadachín y su presencia pero actuaba como el mejor de los artistas para camuflar el poder del mantra y hacer como que fuera una casualidad Oh vaya, parece que no perdí nada ¿será que soy un viejo senil? necesito ese dinero que perdí para mis cuidados intensivos NIHIHIHIIHIHI bueno, así es la vida - Tras aquello el viejo se levanto y continuo su camino hacia vete tu a saber donde.
Barald introdujo de nuevo su arma en su vaina para proceder a encenderse un cigarrillo de esos que fumaba casi siempre, ahora, tras una larga calada, analizaba todo cuanto había visto hasta el momento. Decidió mirar hacia donde había señalado el viejo y entonces, tomo acción. - Bueno, pues vayamos a ver a ese tal "Kaelith" tengo que aprender más sobre ese "mantra" - Y así fue como el espadachín emprendió su viaje hacia el dojo de Kaelith, el morg maestro. Siguió la indicación del viejo que era mas bien genérica, tan solo le señalo la dirección pero ¿cuanto tiempo iba a tardar en ir al dojo? caminaba por la calle a un paso tranquilo como siempre solía hacer ahora manejando ambas manos en los bolsillos de su gabardina. Sin saber muy bien su rumbo, decidió preguntar a un cualquiera que vio por la calle - Estoy buscando un dojo, el dojo de Kaelith ¿sabes donde esta? - ese hombre cualquiera lo miro de arriba a abajo por un momento - Vaya, otro humano del mar azul buscando a Kaelith ... ¿coincidencia? nah, no creo en las coincidencias ... - tras una breve pausa, el random aldeano continuo - Veo que estas decidido ¿preparado? mmm eso es otra cosa. - de nuevo ese hombre volvió a hacer una pausa para hacerse el interesante y tener su minuto de gloria en esta historia. Llevo su diestra a la barbilla, mirando a la nada y pensando en todo. - Si la memoria no me falla, creo que esta justamente por ... - - ¿Eh de que hablan? - - Oh, buenas, hablamos del dojo de Kaelith, este hombre lo anda buscando wiwiwiiwiwiwiiwiw - - ohhhh ¿otro del mar azul que va a ver a Kaelith? a ver deja que te vea bien ... mmmmm - Esa otra voz que había aparecido de repente era una descendiente de Birka, igual que Yuuki. Esa mujer empezó a mirarlo de arriba a abajo, rodeándole, agachándose, mirándole de lejos, acercándose. Lo empezó a palpar, le toco los brazos, las piernas y el estomago. - mmmmm es un hombre entrenado pero no ha desayunado todavia ... ¿crees poder ir a ver a Kaelith sin desayunar? estos hombres del mar azul sois demasiado inconscientes, anda ven, necesitas comer algo antes de ir a verle, quien sabe si estaras sin comer días enteros -
¿Dias enteros? ¿Que clase de tipo es ese tal Kaelith? Barald lejos de intimidarse ante la situación simplemente acepto la invitación de la Birnkiniana para llenar su estomago antes de ir a visitar el dojo de Kaelith, del cual, tan solo sabía la dirección por donde podría estar, no una indicación clara. - Bueno esta bien pero podeís decirme donde esta exact... - - Silencio, no malgastes fuerzas, primero come! - Y por más que intentara reescribir el destino que ya estaba escrito, la birkiniana se negaba a abrir la boca sin que este llenara la suya. El espadachín fue conducido hasta su hogar, próximo a donde se encontraban, allí, le ofreció una bebida y comida caliente, a lo que el azabache no se nego, llego su estomago y aprovechó para tener una conversación fluida con aquella mujer a cerca de las costumbres de Shandora y demás preguntas interesantes sobre la manera de gobernar del emperador.
![[Imagen: 75dde8708964d4af88720c66ed710a83-1.jpg]](https://i.ibb.co/sd66FdRr/75dde8708964d4af88720c66ed710a83-1.jpg)
- ¿Realmente sera tan duro? No puede ser mas duro que el viejo ... -
El azabache terminaba de comer lo que le ofrecieron por cortesía aun manteniendo en su rostro la típica cara inexpresiva que siempre le acompañaba, no obstante, el manejaba su propia conversación mental sobre lo que estaba pasando. - Bueno, muchas gracias por la comida será mejor que continúe mi camino hasta el dojo de Kaelith ¿continuo todo recto y ...? - - No tengas tanta prisa joven aun no probaste mi postre. - Aquello le hizo poner una muesca extraña en su rostro puesto que detrás de su hospitalidad, parecía esconder un interes oculto en no dejar que el azabache continuara su camino hasta aquel lugar, algo que se acababa de dar cuenta. - Estos tipos del cielo ¿son todos así? ... ¿por que me quieren retener aquí? - - Tengo una tarta de queso perfecta para ti - - Espera ... ha dicho ¿tarta de queso? - De pronto los ojos de Barald se iluminaron ante tal tremendo postre típico de todo el mundo, hasta incluso en la isla del cielo, le pareció extraño pero con gusto aceptó. - Esta bien, trae esa tarta de queso y me vas diciendo como llegar hasta Kaelith, aun no tengo claro por donde tengo que ir hasta encontrar el Dojo - La mujer sonrió al ver como el espadachín aceptaba su postre y con gusto, se marcho de la habitación en la que se encontraban para prepararlo. Barald en todo ese tiempo simplemente miraba a las paredes, intentaba buscar algo interesante característico de Skypeia como una caracola con poderes. De nuevo apareció la mujer con un plato pequeño sobre su mano y una porción triangulada de la tarta de queso, la cual colocó en la mesa. - Dahahahhahahhaha, oye gracias, de verdad que hace mucho que no comía esto - Todas las preocupaciones de Barald en aquel momento desaparecieron al tener tal manjar frente a el, algo sublime, magnifico que para el, ganaría un torneo de alta cocina, aunque para muchos otros tan solo fuera un postre típico de restaurantes de barrio. Lo degustó, suspiró y dejo la cuchara en el plato vacio para ahora dirigirse de nuevo a la mujer - Bueno, y para encontrar a Kaelith para que me enseñe eso que llamais Mantra sigo todo recto por esta misma calle y ... - - Y giras a la derecha, esta aqui al lado, veras un dojo, no tiene perdida - Ahora que tenía lo que parecía ser la última indicación para descubrir algo más sobre el mantra, según el viejo ciego, Barald era afín a ese poder, puesto que por un momento parecía haberlo despertado, aunque ahora no era capaz de ver ese aura alrededor de las personas, si que pudo verlo por un momento ... - Si, necesito saber más sobre esto para hacerme más fuerte, si no todos esos cabrones me tomaran la delantera y eso no puede suceder, soy el puto Barald Kane ... Dahahhahahahah ni de coña les daré ventaja a esos hijos de puta -
Barald se levantó de la mesa y cogió su plato, dado la hospitalidad de aquella mujer no podía irse así corriendo, así que decidió ayudarla a recoger la mesa y a fregar los platos porque era un buen tipo y quería corresponder su hospitalidad, además ahora que tenía el estomago lleno podría entrenar durante días hasta romper los límites de su propio cuerpo, aunque lo que no sabía era que ese tipo de entrenamiento no iba a ser para nada físico, puesto que el mantra era el poder de la observación ... y eso le venía de perlas. Era hora de ponerse en movimiento. - Gracias por todo, ahora ire al Dojo de Kaelith para que me enseñe. Volveré pronto, si salgo vivo de allí claro ¿ese tipo dices que es muy duro? - La mujer colocó las manos sobre los hombros de Barald y le habló directamente. - ¿Duro? Hay hijo dame un abrazo. - La mujer abrazo a Barald a lo que el muchacho quedo impactado. - No se si te vere más, Kaelith es realmente un tipo duro ... quizas no sobrevivas - El azabache sonrió ante ese supuesto ...
- Tranquila soy el puto Barald Kane, soy mas duro que el pan de antes de ayer dahahahahahhahahaha he peleado con tigres salvajes, un padre de familia con cara de helado de fresa que pegaba hostias como panes, soy invitado de honor en los juegos de un coliseo clandestino donde se pelea por dinero, quede séptimo en la prueba de resistencia de los juegos de Zarutsuki donde casi me cago encima del esfuerzo sobrehumano que tuve que hacer aunque quisieron hacerme la 12/13 pero no les salió y bien y saque 10 puntos para mi equipo ¿y tu me has visto? soy un tipo estandar nadie apostaría ni un berrie por mi culo sin conocerme, y también pelee con un cocodrilo gigante en su habitat natural, una cloaca inmunda, casi muero dos veces pero al final se autodestruyo porque sintió el verdadero terror al ver que mi bro el Tezca y yo estábamos por encima de el en la cadena alimenticia, nada puede matarme señora. -
Y con esas últimas palabras el espadachín y subcomandante de la mejor tripulación del Grand Line se marcho del lugar recordando a cada uno de los miembros de su tripulación - mmmm realmente ¿que estaran haciendo estos cabrones? ... meh ... seguro estaran bien ¿no? - ahora inmerso en sus pensamientos de preocupación mas sinceros cruzó el umbral de la puerta de la casa de la señora y se despidió con un brazo en alto. - Nos vemos, gracias por todo - Las indicaciones de la señora habían sido claras, no tenía ningún tipo de perdida. Empezó a caminar en linea recta por esa misma calle mientras su subconsciente le recordaba algo, era el momento de obtener su dosis de nicotina clave para su existencia y su buen juicio y humor así que de manera instintiva, mientras caminaba, encendió uno de sus cigarrillos. De pronto un retortijón agudo en su estomago le hizo retorcerse - ¿enserio? ¿ahora? ... ¿y donde planto yo esto? - como bien decían algunos por ahí, el diglett le asomaba a punto de partir su intestino, era vida o muerte. Se llevó la mano derecha al estomago y con la izquierda, se sujetó en una pared - Si no lo suelto me muero ... - Otro contratiempo más le separaba de llegar hasta el maldito dojo de Kaelith, algo serio que frenaría la ira de cualquier Yonkou al menos durante unos minutos ¿ellos también necesitan hacer una visita al baño de vez en cuando no?
Capitulo 3: El color del aura
Tras una evacuación de emergencia vete tu a saber donde, Barald llegó hasta el puto dojo de Kaelith después de una travesía un poco más larga de lo que esperaba aunque realmente ¿no había ido mal no? el encontronazo con el viejo ciego le reveló su afinidad con el "mantra" y después se alimentó como un cabron sin pagar ni un solo berrie ¿es cierto que lo gratis sabe mejor? si, eso era una realidad, aunque ahora realmente había llegado el momento de la verdad, el primer encontronazo con Kaelith, un maestro de Skypeia. El dojo no distaba para nada algo especial, era un dojo normal, ni majestuoso ni gigantesco, normal. No era la primera vez que visitaba uno, ni tampoco iba a ser la última vez. Al llegar quedó quieto en la puerta terminando su cigarrillo antes de irrumpir en un lugar ajeno y desconocido para el, tras unas últimas caladas, decidió apagar su cigarrillo y adentrarse en el interior del dojo. Abrió la puerta y dio un par de pasos hacia adelante ahora observando un poco las inmediaciones, de momento no parecía haber nadie en aquel lugar. Como signo de respeto máximo a aquel lugar decidió retirar su gabardina negra dejándola colgada en uno de los laterales de la entrada del dojo y se descalzó, no sabía si aquella costumbre era bienvenida en Skypeia, pero al menos en Sorbet aquel gesto era signo de respeto, no ibas a meter la mierda de tus zapatos en un lugar sagrado como un dojo. Sin pensarlo más, dejo sus zapatos a un lado dio un par de pasos hacia adelante para adentrarse en su interior. Hacía mucho tiempo que no visitaba un dojo, desde que terminó su instrucción en Sorbet, aun recordaba mucho a su maestro al cual ya poca gloria más que la que el azabache obtuviera podía considerar suya propia, pues a fin de cuentas, un alumno siempre debe de honrar a su maestro, Barald recordaba a menudo muchas de sus enseñanzas, ese hombre era un hombre sabio que sin ser tan diestro como otros grandes espadachines era un gran instructor, un cualquiera si le preguntas al mundo, en cambio, para el jodido Barald Kane, el siempre sería su numero uno. - ¿Hola? - El espadachín se formulaba para mostrarse a quien fuera que estuviera en el dojo y no le pillara de sorpresa tener un nuevo invitado. Frente a el, a unos 10 metros, una especie de asiento gigantesco se giro de pronto con una figura grandiosa sentada sobre el. El tipo que se dejo ver actualmente era un Mord, así como decían en la isla del cielo. Pudo verlo bien desde donde se encontraba, andaba cruzado de piernas, las cuales eran más grandes que el mismo, era bastante grande en comparación. Tras esos lentes ocultaba una mirada fría, azulada, tenía un aspecto intimidante. Barald quedó par de segundos sin contestar observándolo, portaba un estoque ¿era un espadachín? - ¿Qué tan fuerte será este tipo? - Barald realmente se veía de igual a igual frente a cualquiera, nunca menospreciaba a nadie por más débil que pareciera ni tampoco se amedrentaba ante otro aunque tuviera la peor de las pintas, había aprendido que todo el mundo sangraba, fuera de una manera o de otra ... en cambio, aquí no había venido a pelear con nadie, venía a nutrirse, a absorber todo cuanto pudiera de las islas del cielo antes de volver a perseguir su destino. El silencio se apoderó del dojo en aquel momento ¿alguna vez escucharon el silencio? solo aquellos con un oído prodigioso podrían apreciar el silencio absoluto; el lugar era fresco, arropado por la sombra que poco caracterizaba a la isla de Skypia, a más de 7000 metros más cerca del sol que cualquiera de las islas que había visitado. El azabache y el maestro Kaelith aun no habían abierto la boca, durante varios segundos permanecieron callados, mirándose el uno al otro.
Durante esos segundos, el azabache pudo sentir de pronto como su tic del ojo derecho aparecía de nuevo, esta vez más fuerte de lo normal ¿por qué cada vez aquello era más molesto? - ¿mal presagio? ¿aquí? - - No temas joven, ... adelantate, yo puedo ver cuales son tus intenciones mostrándote ante mi- - Disculpe no me haya presentado, mi nombre es Barald. He venido a ... - - Ya se a lo que vienes habitante del mar azul, otros como tu vinieron hasta mi en el pasado y también en estos días, no seras el primero ni el último que viene a verme por el mismo motivo. - Barald no se sorprendió para nada sobre sus palabras y así como le había indicado, se adelantó para acercarse a el. De nuevo el silencio se apoderó de la sala para que tan solo, los pasos del espadachín resonaran y el tintineo metálico que cargaba con el a todos lados. - Entonces dime ¿responderas a mis preguntas? - - Solo si me apetece pequeño mortal dime ¿como me encontraste? - - Un hombre me dijo que he despertado el mantra y cuando le pregunte más sobre el mantra me mandó a verte me dijo que el no podía enseñarme nada pero que tu si. - - ¿Que lo despertaste? dime entonces, por qué dices que lo despertaste. - Ese hombre me dijo que si podía ver su aura, era porque soy afín a ese poder. - - Entonces ya lo viste, si ... eso que el hombre llama "Mantra" es un termino que solo utilizamos en la isla del cielo para referirnos a ese poder, en el mar azul de donde venís todos los que estáis apareciendo por aquí esta semana se le conoce como Kenbunshoku Haki, el haki de observación, si has visto el aura de ese hombre es que puedes usarlo aunque interpreto que era la primera vez que veías algo así. - - ¿Eso es el haki? Tan solo fue un momento, no me ha vuelto a pasar - - Puede ser que reaccionaras a algo y que lo despertaras, si bien no serías el único, cualquier persona puede usar el haki. - - ¿Me enseñaras entonces? - - Por algo me llaman maestro del haki pequeño habitante del mar azul ... pero solo te enseñaré siempre que cumplas con mis requisitos hay dos cosas que no tolero la insubordinación y la holgazanería, si veo alguna de esas dos cualidades en ti te iras de aquí y volverás por donde has venido ¿entendiste? odio a todo aquel que no se esfuerce o que quiera todo regalado, ninguno de esos tipos es merecedor de nada, la vida es un sacrificio constante y solo quienes se sobre- - Alto y claro, no he venido hasta aquí para darme la vuelta. - Barald respondió corto y directo a lo que Kaelith, hizo una pequeña pausa a su oratoria para encenderse un puro gigantesco a proporción con los cigarrillos que Barald fumaba, tras aquello, exhalo una gran cantidad de humo. - Para empezar, como te dije antes, todos podemos despertar el haki, tan solo hay que aprender a dominarlo, que tu lo hayas despertado ya me ahorra trabajo pero ahora te daré una pequeña charla de introducción para que conozcas el haki. El haki es el poder latente que reside en cada ser vivo, es su presencia, su voz interna y esta puede ser usada. Tu has sido capaz de ver la presencia de otro y eso es uno de los poderes básicos del Kenbunshoku, gracias a eso, tu percepción es diferente a lo que estas acostumbrado por tus propios sentidos, es un sentido extrasensorial, gracias a eso, puedes ver el aura de otros y no solo eso, también puedes ver como de fuerte es alguien por el tamaño de su aura, al igual que puedes ser capaz de sentir vagamente las emociones, aunque esto es tan solo en su etapa más prematura la cual puedo enseñarte. Para aprender a usar el Kenbunshoku necesitas calmado y tranquilo, es la mejor manera de aprender a ver a través del haki y ser capaz de sentir la presencia de otros.- - Vale, dices que gracias al haki de observación puedo ver el aura de otras personas, entonces aunque no sea capaz de verles con mis ojos, puedo sentirles ... es interesante, ahora que lo dices ... el único aura que vi fue la de ese señor y realmente, su aura era el doble de grande que su cuerpo ¿eso quiere decir que era fuerte? - - Si ¿sentiste algo más? - - No, tan solo pude ver su aura y de pronto, ya no, fue tan solo un instante. - Escúchame atentamente, ahora empieza tu entrenamiento donde te enseñare a usar los principios básicos del Kenbunshoku, para aprender a usar el Kenbunshoku tienes que aprender a apagar tus sentidos, todos y aprender a ver a través de tu propia presencia, debes captar en todo momento la presencia de lo que hay a tu alrededor, si bien, como lo acabas de despertar no podrás monitorizar grandes distancias, pero si serias capaz de sentir todo ser vivo en esta habitación. Intenta apagar tus sentidos, cierra los ojos, no escuches, solo concéntrate y relájate chico de presencia oscura - - Eso dijo ese viejo lo mismo ¿tan diferente es de otras? - - Cada ser vivo tiene un color diferente determinado, no es importante realmente, pero te diré que de todos los que han pasado por aquí ninguno tiene una presencia tan oscura y negra, tu aura es la ausencia de color, eres inconfundible. Ahora sientate en medio del dojo y cierra los ojos. -
Gracias a la información del maestro Kaelith, el azabache comprendió que el Kenbunshoku o mantra así como lo llamaban por allí, era el poder del haki de observación al cual, por razones que no lograba comprender del todo, había despertado de casualidad. Había escuchado bien todo cuanto el maestro había dicho, ahora su objetivo sería aprender a dominarlo. El kenbunshoku te permitía ver a todo ser vivo en un radio determinado al sentir su presencia, podías saber que tan poderosa era por el tamaño de su presencia y además, en esta etapa temprana de control, era capaz de saber cuales eran las emociones del contrario, aunque no era algo tan sencillo de determinar, era algo que todavía no había visto, de momento solo se centraría en lo que si, aprender a sentir la presencia y determinar que tan fuerte era por el tamaño de su aura. El pequeño espadachín mortal humanoide enemigo no declarado de los bancos se sentó en el medio del dojo, cruzado de piernas y cerro los ojos para intentar apagar su sentido de la vista, en cambio para el, que tenía un oído prodigioso capaz de escuchar el silencio, le fue complicado apagar ese. En medio de ese silencio, era capaz de escuchar la brisa del viento que entraba por una de las ventanas, la respiración de Kaelith. - Chico, dije que apagaras tus sentidos, estas intentando escucharme aunque no quieras. - Barald ni se inmutó, se mantuvo quieto sin cambiar su expresión facial, intentando sentir a través de ese otro sentido el cual había despertado, uno que jamás había experimentado. El silencio se apoderó de nuevo de la sala y durante minutos, Barald quedó en ese estado de meditación hasta que consiguió apagar del todo todos y cada uno de sus sentidos, los apago tanto que parecía casi estar dormido allí sentado. Elevó su zurda señalando con el dedo hacia Kaelith que se había desplazado de su trono en cuestión de minutos, pudo ver por un momento su aura, justamente a varios metros, en un lugar diferente al que se encontraba de inicio. - Izquierda - Sintió la presencia de Kaelith, solo por un momento al encontrarse en ese estado de calma y concentración justo cuando había dejado de escuchar completamente, justo cuando había entrado en ese estado de "trance" o lo que sería como una especie de meditación. - ¿Vale chico me escuchas? - Kaelith le habló directamente a lo que Barald contesto de inmediato. - Si, ahora si, me cuesta apagar los sentidos, tengo que acostumbrarme a ver el mundo desde esta perspectiva - - Bueno, aunque solo fuera por un momento pudiste verlo, no es un mal paso, voy a moverme por todo el dojo y tu deberás encontrarme, si abres los ojos tu entrenamiento habrá finalizado y te marcharas de aquí por no poder controlarte a ti mismo. - - No vine aquí a darme la vuelta, necesito ese poder. - ¿Por qué lo quieres pequeño mortal de ojos rojos? - - El poder es la llave a todas las puertas del mundo, hoy mañana y siempre. Llevo una vida entera manejando mis emociones y mis impulsos pero últimamente no encuentro la calma para doblegarme ¿tanto me cambió mi viaje hasta aquí? Soy un pirata del South Blue el mar menor donde lo aprendí todo ... Ahora el mundo es más grande de lo que mis ojos me permiten ver y lo que antes manejaba ahora me queda grande, mi voluntad no me permite ser débil y el mundo al que pienso enfrentarme tampoco, quiero estar preparado, la muerte no es mi destino y si por alguna razón estuviera equivocado, lo eludiré. -
![[Imagen: sadrasdsadasdas.jpg]](https://i.ibb.co/S4hkHZV7/sadrasdsadasdas.jpg)
- Tengo una familia que proteger y un trono que reclamar, solo yo dominaré la nueva era de los piratas. -
Un rey capaz de guiarlos a todos al frente de un batallón de guerra en primera línea junto a su ejercito dispuesto a morir por todos y cada uno de ellos porque a un rey no le hace rey ninguna sangre real, ni los palacios, los lujos, mucho menos una corona. Solo los elegidos por la voluntad son capaces de tener el honor de ser reyes.
- Derecha - Extendió de nuevo su dedo índice en la dirección que estaba percibiendo la presencia de Kaelith, ahora más alejado que antes, poco a poco se sentía mas cómodo detectando presencias, e incluso estaba siendo capaz de escuchar sus palabras sin desconcentrarse, aunque aun no abría los ojos. - Eres demasiado arrogante para ser tan insignificante pequeño mortal del mar azul ¿a caso crees que eres especial? Tan solo eres un mierda más de todos los que pasan por aquí, he visto muchos como tu por aquí hablando de grandeza para luego abandonar su cometido, dime, si tanto quieres dominar la nueva era de los piratas ¿que harás cuando la realidad apacigüe tu ambición? - El azabache mantenía su estado previo, aun seguía en un estado de calma total concentrado para sentir la presencia de todo cuanto entrara en las inmediaciones del dojo, haciendo uso del Kenbunshoku, su ritmo cardiaco no cambiaba, permanecía constante en una tensión baja así como estaba costumbrado desde su nacimiento. - La realidad es la que yo impongo por encima del resto así lo entendí cuando era un niño, solo los fuertes cambian la realidad que otro les impone y todo se resume a eso, por eso, si la realidad que otro me imponga quiere frenarme, yo me alzaré porque no me importa morir ¿crees en la reencarnación? tome las decisiones correctas o incorrectas, sea en esta vida o en la siguiente, me alzaré por encima de todos, porque mi voluntad nunca morira. - Tras una pausa, Barald volvió a señalar en dirección a la esquina inferior izquierda detrás de el, rotando su torso. - Esa es tu posición, ahora puedo ver tu aura con más claridad, puedo hablar sin perder esa percepción ... también se que tu aura no es proporcional a tu tamaño real, puedo verla, es más grande que tu cuerpo, pero no puedo ver la mía todavía ¿como puedo comparar la fuerza de una presencia si no puedo ver la mia propia? - - El muy cabrón aprende rápido ... ¿cuanto lleva aquí? ¿20 minutos? - Kaelith supo que no tendría que esforzarse demasiado con el tipo que tenía delante tan solo darle ciertas pautas a seguir. - Vuelve a apagar todos tus sentidos y esta vez, no me busques a mi, intenta detectarte a ti mismo. - - Esta bien, así lo haré - Barald en ese preciso momento decidió hacer caso al maestro, cruzo ambos brazos manteniendo los ojos cerrados intentando mantener ese estado de calma, ni si quiera se concentraba en respirar, aquello le mantendría distraído. El viento, cualquier crujido de la madera del dojo o incluso los propios pasos de Kaelith dejaron de sonar para el. No fue al instante, quizá si tardara unos cuantos minutos en encontrar el silencio y la calma total. Para usar el Kenbunshoku con más facilidad, entrar en un estado de calma como ese les ayudaba a poder sentir con el y que el fuera tan calmado le ayudaba bastante, no paso demasiado tiempo cuando pudo ver su propia presencia que emanaba de el como si fuera un relampago. - Y ¿este es el color de mi voluntad? no puedo ver nada a través de ella, es oscura, opaca, no se transparenta ni tiene huecos, es proporcionalmente más grande que yo, pero la de Kaelith es mucho mayor a esta. - Un humano, un simple mortal sin poderes especiales ni bendiciones demoníacas extraordinarias, tan solo esfuerzo y dedicación y una moral de acero, viejos macheteros del mar del sur estarían orgullosos de el. - Ahora si que soy capaz de ver mi presencia y a comparación con tu presencia soy más pequeño, por lo que cualquier hombre guiado por el sentido común en mi situación, no se enfrentaría a ti puesto que su propio haki de observación le informa que no tiene posibilidades. - - ¿Tu te enfrentarías a mi? - - Obvio pelearía a muerte si esa fuera mi voluntad por más que mi kenbunshoku me dijera lo contrario yo no le temo a ninguna muerte por más terrorífica que sea, pero tu no eres mi enemigo, decidiste enseñarme algo valioso, lo recordaré - - No albergas duda en tus palabras pirata, tampoco miedo, eres de corazón valiente pero recorres un camino sangriento. No te importa lo que te ocurra a ti mismo porque no temes morir pero si temes que otros mueran y yo te daré consejo, protege a los tuyos de ti mismo, tu ambición es tan grande que acabaras perdiendo lo que más te importa. - Ante aquellas palabras Barald quedo callado, ahora expandiendo su haki de observación mas allá del dojo, amplificándose 100 metros a la redonda desde su posición, pudiendo ver mucho más allá. Aquello sucedió cuando empezó a concentrarse aun más. Poco a poco, parecía dominar el kenbunshoku haki en su forma más básica y primitiva, la de sentir las presencias de todo ser vivo en un radio determinado de acción como si fuera un radar capaz de informarle de la localización de esos seres, las presencias de todos los que detectaba en las inmediaciones no destacaban en nada a excepción de Kaelith, todos y cada uno de ellos parecían ser personas de a pie con presencias comunes, nada fuera de lo normal. - Util, demasiado útil, el kenbunshoku me permite identificar y localizar seres vivos sin poder verles - - ¿Ya notaste todo chico? Tu expresión cambió - - Si, detecto a ciertas personas alrededor del dojo, puedo ver su presencia ¿quieres que te los indique? - - No hace falta, nada más puedo enseñarte Barald ahora esta en ti seguir desarrollando tu afinidad con el haki de observación, te he enseñado los principios básicos de este y también que es el haki, tienes la información necesaria y has dado los pasos que debías dar para dominar esta forma básica del Kenbunshoku, usalo con sabiduría, el poder de la observación es poderoso te da una gran ventaja si sabes usarlo, no obstante, esto acaba de empezar, no es algo que puedas aprender tan facil, tendras que acostumbrarte a ello. Todo en esta vida es perserverancía y dedicación, esfuérzate en usarlo en cualquier situación, no necesitaras tanta concentración para hacerlo en cuanto te acostumbres, realmente, todavía eres como un niño recién nacido que ha abierto sus ojos por primera vez, acostumbrate a la luz, a la presión, a dominarte a ti mismo. Ahora marchate.
Capitulo 4: El rey detrás de todo
No iba a olvidar todas y cada una de las palabras que Kaelith había tenido para el durante su estancia en el dojo, ahora, tras conocer el Kenbunshoku emprendía de nuevo su camino por Shandora en la búsqueda de convertirse en emperador del mal o que se yo. De su boca salía el humo constante de uno de sus cigarrillos, ahora, de nuevo con su gabardina negra clásica y oliendo a perfume del caro, daba un paso tras otro expandiendo su control del Kenbunshoku para acostumbrarse a su uso y que le fuera de mayor utilidad, estaba en el aprender a usarlo mejor que otros. Mientras se movía, ampliaba su presencia unos 50 metros para monitorizar cada ser vivo que hubiera alrededor de su posición. Ahora que se encontraba en una zona más céntrica de la isla del cielo le era complicado fijarse en todas las presencias que detectaba puesto que eran muchas. Mientras eso sucedía, recordaba su conversación con Kaelith. Barald era sabio, escuchaba la voz de quien tenía algo que enseñarle sin ego para aprender como el mejor de los adeptos, pero de todas las cosas que le había dicho había una que no salía de su cabeza, la que más le importaba al fin y al cabo. La vida del espadachín para el podía ser efímera, no le importaba, pero todos los que a su alrededor compartían su vida con el si que le importaban y quizás si debería de tener más cuidado por todos y cada uno de ellos.
![[Imagen: RxwTylo.jpeg]](https://i.imgur.com/RxwTylo.jpeg)
- ¿Yo soy su mayor peligro? -
Podía ver la verdad después de todo lo ocurrido hasta ahora. Su expresión volvió a cambiar de nuevo para ahora, pararse justo con una pared y apoyarse, intentando seguir observando todas y cada una de las presencias mientras seguía envuelto en sus pensamientos. De todas las cosas que su mente procesaban quedo pensativo en una. - Un rey que lleva a su pueblo a la muerte ¿realmente es un rey? No hay mayor mal que un rey inepto ... - Recordó las palabras del custodio del emperador, Navar, y tras aquello se dio cuenta de que estaba siendo un terco, cegado por su propia ambición, debía controlar sus impulsos así como venía haciendo siempre, siempre tomaba las decisiones correctas, siempre tenía buen juicio. - Tenía razón, no puedo ser un imbécil, tengo que volver a actuar con cabeza - pero últimamente había algo dentro de el que le hacía no poder controlarse, su voluntad estaba controlándolo aunque el no se diera cuenta de este asunto. - ahora soy capaz de ver las presencias, incluso la mía, veo todo tipo de colores en todas y cada una de ellas pero ... la mía ¿por qué es así? - Es cierto que no podía ver ningún color parecido, si que veía tonalidades oscuras pero ¿tan oscuras? no sabía si aquello era significativo de algo, ni Kaelith pareció decir nada al respecto fuera de lo común. De pronto su ojo derecho empezó a sufrir el tic nervioso que solía acompañarle a todas partes, pero esta vez, no era un tic nervioso como tal. Llevo su diestra hasta el ojo para intentar apaciguar el tremendo dolor que empezó a sentir, era tan intenso que le hicieron descender la espalda por la pared en la que estaba apoyado para flexionar las rodillas y quedar sentado. - Pero que cojon...- El dolor se intensificaba cada vez más y más hasta el punto de que empezaba a no poder soportarlo. - Me va a estallar ... pero ¿que es lo que me pasa? - Aquel dolor insufrible no era más que un reflejo que poco a poco se haría cada vez más frecuente ¿por qué? ¿es que estaba enfermo? ... no era eso, no. Barald no recordaba nada, tal vez no lo haría nunca, tan solo era una señal porque cada vez estaba más cerca de despertarlo, más cerca de desatar aquello que dormía plácidamente esperando su momento y que a través de su ojo derecho veía todo lo que el mundo podía ofrecerle. El dolor cesó de un momento a otro lo que dejó que el azabache se incorporara de nuevo y volviera en si, tan solo habían sido unos segundos pero para el fue un dolor intenso que sintió durante minutos. Así tal y como era su creencia, la aparición su tic recurrente era un signo de un mal presagio para el, algo malo iba a ocurrir ... pero nunca había sido tan fuerte como en esta ocasión - ¿Tendrá que ver con el haki? - No se hizo más preguntas ya que no encontraba respuesta alguna, sin embargo aquello le estaba avisando de algo, algo muy importante.
![[Imagen: fdsfdsfwds.jpg]](https://i.ibb.co/h0M1GqM/fdsfdsfwds.jpg)
- ¿Ya pudiste ver mi cuerpo? dahahahahaha sigue así, tu y yo no tendremos límites, libérame pronto y pondré el mundo a nuestros pies -
Off
![[Imagen: FIRMA.jpg]](https://i.ibb.co/SXXG5bYt/FIRMA.jpg)
