22-08-2026, 12:29 PM
―Estaré preparada, te lo aseguro, ¡no te preocupes! ―garantizo mientras el balanceo de mi cola se vuelve más enérgico por la emoción contenida―. ¡Seré una medio mink muy, muy orgullosa!
Sin embargo, Kibai continúa con unas preguntas bastante extrañas pero que, dicho por él mismo, son importantes… Para estar segura de la respuesta, tardo unos segundos en pensar bien antes de contestar, pero aun así…
―¿Una energía oculta…? ¿Como… magia? ―inquiero con el rostro ligeramente inclinado, tratando de hacer memoria. Un hormigueo…―. No, no creo haber sentido nada parecido… Y sobre la luna llena… Mmm… Bueno, cuando era pequeña es verdad que me costaba más dormir cuando había luna llena. ¡Había mucha luz y eso me hacía tener ganas de seguir jugando y hacer muchas cosas! Esas noches eran un dolor de cabeza para mi maestro ―reí suavemente al recordarlo―. Pero nada que se parezca a lagunas, ¡tengo muy buena memoria, de hecho! ¿Por qué es importante…? ―lo observo con curiosidad.
Pero, además de preguntas, también hay consejos que escucho con atención. El primero me confunde un poco… En la Marina me enseñaron a seguir órdenes por la misma razón. Si alguien es un superior, debe de saber más y tendrá razones para ordenar lo que ordena…, pero eran órdenes, no consejos. ¿Será porque también es un soldado raso…?
Segundo consejo: no pensar. Al principio también me confundía, pero conforme fue explicando, comprendí que se trataba de experimentar todas las sensaciones sin juzgarlas ni preocuparse por ellas. Ser una con la jungla, ¡sí, señ…!
«¡¿Conejito…?!». Mis orejas se agacharon al tiempo que mi cola se dejó caer con esa frase. Bueno, sí, si la vida de mis camaradas estuviera en peligro, podría matar a un conejito para salvarles la vida, pero hacerlo sin llorar era pedir mucho…
―Mmm… Si tenemos que cazar…, ¿podría ser al menos algo que se pueda defender? No sé, un animal algo peligroso… Así al menos estaríamos eliminando un peligro en la selva, ¿no…? Digo, entiendo lo del ciclo vital y todo, pero creo que eso ayudaría más a los habitantes de la zona. Además…, admito que preferiría que no se tratase de ninguna hembra con crías muy pequeñas a su cargo, aunque entiendo que no siempre habrá oportunidad de comprobarlo…
¿Me pondría triste matarlo de todas formas? Sí, pero luchar por mi integridad y la de mi compañero me ayudaría a estar centrada durante el combate y no arrepentirme tanto luego…
Sonreí un poquito con su siguiente explicación. Sí, es cierto que me costaría por mi crianza, pero aunque intentase no ser demasiado estricto conmigo, yo quería sorprenderlo cuando me viera esforzarme. No sé las expectativas que tendrá conmigo, pero sean las que sean, me gustaría superarlas.
Me sorprende verlo echar las mantas hacia un lado y coloco mis pies sobre el suelo en cuanto él hace lo mismo con los suyos. Permanezco alerta, rígida, lista para acercarme si me necesitaba.
―Kibai, de verdad que creo que no deberías… ―pero sabía que, dijera lo que dijese, me ignoraría si realmente se veía preparado para levantarse.
Por suerte, no lo hizo. En cuanto veo echarse de nuevo sobre la cama, todo mi cuerpo se relaja.
―No te preocupes, ¡ya habrá tiempo para eso! ―trato de animarlo mientras mi cola vuelve a agitarse con suavidad―. Ya es un milagro que te hayas despertado en tan poquitas horas. Eres muy fuerte y resistente, pero tampoco es buena idea que te fuerces más de la cuenta. Piensa que, cuanto más descanses ahora, antes te recuperarás y antes podrás hacer vida normal y enseñarme todas esas cosas. ¡Todo eso tardará más si terminas con una recaída por no sanar bien!
Mmm… ¿Qué podría hacer para distra…? ¡Oh, ya sé, ya sé!
―¡Kibai, Kibai! ¡Mira esto, creo que te puede gustar! ―exclamo al tiempo que casi salto de la silla para ponerme en pie y colocarme en el centro de la habitación, en la parte más amplia―. ¡Mira, mira! ―Acto seguido, activo mi fruta en forma híbrida, de manera que mi cuerpo crece (menos mal que el techo es alto) y se cubre por completo de pelaje en tonos de gris y negro. Entre las novedades más llamativas, están las manchas negras alrededor de mis ojos y los anillos en la cola. ¡Incluso mi nariz y colmillos han cambiado!―. ¿Qué opinas? ¡Así puedo parecer más una mink mapache! Sé que no es lo mismo, ¡pero mira qué garras más chulas! ¡Son superafiladas! ―anuncio al tiempo que le extiendo un brazo para que las vea más de cerca mientras muevo los dedos para mostrarlas―. ¡¿Crees que puede ser útil para el entrenamiento?!
Sin embargo, Kibai continúa con unas preguntas bastante extrañas pero que, dicho por él mismo, son importantes… Para estar segura de la respuesta, tardo unos segundos en pensar bien antes de contestar, pero aun así…
―¿Una energía oculta…? ¿Como… magia? ―inquiero con el rostro ligeramente inclinado, tratando de hacer memoria. Un hormigueo…―. No, no creo haber sentido nada parecido… Y sobre la luna llena… Mmm… Bueno, cuando era pequeña es verdad que me costaba más dormir cuando había luna llena. ¡Había mucha luz y eso me hacía tener ganas de seguir jugando y hacer muchas cosas! Esas noches eran un dolor de cabeza para mi maestro ―reí suavemente al recordarlo―. Pero nada que se parezca a lagunas, ¡tengo muy buena memoria, de hecho! ¿Por qué es importante…? ―lo observo con curiosidad.
Pero, además de preguntas, también hay consejos que escucho con atención. El primero me confunde un poco… En la Marina me enseñaron a seguir órdenes por la misma razón. Si alguien es un superior, debe de saber más y tendrá razones para ordenar lo que ordena…, pero eran órdenes, no consejos. ¿Será porque también es un soldado raso…?
Segundo consejo: no pensar. Al principio también me confundía, pero conforme fue explicando, comprendí que se trataba de experimentar todas las sensaciones sin juzgarlas ni preocuparse por ellas. Ser una con la jungla, ¡sí, señ…!
«¡¿Conejito…?!». Mis orejas se agacharon al tiempo que mi cola se dejó caer con esa frase. Bueno, sí, si la vida de mis camaradas estuviera en peligro, podría matar a un conejito para salvarles la vida, pero hacerlo sin llorar era pedir mucho…
―Mmm… Si tenemos que cazar…, ¿podría ser al menos algo que se pueda defender? No sé, un animal algo peligroso… Así al menos estaríamos eliminando un peligro en la selva, ¿no…? Digo, entiendo lo del ciclo vital y todo, pero creo que eso ayudaría más a los habitantes de la zona. Además…, admito que preferiría que no se tratase de ninguna hembra con crías muy pequeñas a su cargo, aunque entiendo que no siempre habrá oportunidad de comprobarlo…
¿Me pondría triste matarlo de todas formas? Sí, pero luchar por mi integridad y la de mi compañero me ayudaría a estar centrada durante el combate y no arrepentirme tanto luego…
Sonreí un poquito con su siguiente explicación. Sí, es cierto que me costaría por mi crianza, pero aunque intentase no ser demasiado estricto conmigo, yo quería sorprenderlo cuando me viera esforzarme. No sé las expectativas que tendrá conmigo, pero sean las que sean, me gustaría superarlas.
Me sorprende verlo echar las mantas hacia un lado y coloco mis pies sobre el suelo en cuanto él hace lo mismo con los suyos. Permanezco alerta, rígida, lista para acercarme si me necesitaba.
―Kibai, de verdad que creo que no deberías… ―pero sabía que, dijera lo que dijese, me ignoraría si realmente se veía preparado para levantarse.
Por suerte, no lo hizo. En cuanto veo echarse de nuevo sobre la cama, todo mi cuerpo se relaja.
―No te preocupes, ¡ya habrá tiempo para eso! ―trato de animarlo mientras mi cola vuelve a agitarse con suavidad―. Ya es un milagro que te hayas despertado en tan poquitas horas. Eres muy fuerte y resistente, pero tampoco es buena idea que te fuerces más de la cuenta. Piensa que, cuanto más descanses ahora, antes te recuperarás y antes podrás hacer vida normal y enseñarme todas esas cosas. ¡Todo eso tardará más si terminas con una recaída por no sanar bien!
Mmm… ¿Qué podría hacer para distra…? ¡Oh, ya sé, ya sé!
―¡Kibai, Kibai! ¡Mira esto, creo que te puede gustar! ―exclamo al tiempo que casi salto de la silla para ponerme en pie y colocarme en el centro de la habitación, en la parte más amplia―. ¡Mira, mira! ―Acto seguido, activo mi fruta en forma híbrida, de manera que mi cuerpo crece (menos mal que el techo es alto) y se cubre por completo de pelaje en tonos de gris y negro. Entre las novedades más llamativas, están las manchas negras alrededor de mis ojos y los anillos en la cola. ¡Incluso mi nariz y colmillos han cambiado!―. ¿Qué opinas? ¡Así puedo parecer más una mink mapache! Sé que no es lo mismo, ¡pero mira qué garras más chulas! ¡Son superafiladas! ―anuncio al tiempo que le extiendo un brazo para que las vea más de cerca mientras muevo los dedos para mostrarlas―. ¡¿Crees que puede ser útil para el entrenamiento?!
Ayudante de enfermería
