Verano, me encanta, desde que estoy en Skypea adoro cada momento en esta ciudad, adoro cada oportunidad. Salir y caminar, disfrutar aunque no todo era miel sobre hojuelas. Tras haber tenido una visita media me habían diagnosticado controlar un poco mis actividades. Debía en cierta manera controlar mis diversiones, por lo menos hasta llegar de nuevo a las tierras del mar azul. Por lo dicho por el médico que me atendió hacer mientras esté así hinchado podría dejarme secuelas. No me arriesgaría en absoluto a ello. Tenía que cuidar algo tan preciado, de cierta manera me hizo cambiar mi manera de pensar y considerar que debo cuidarme más.
Salí a buscar algo de alimentos, no solo para mí. También para llevarlo con los demás, Sangolao, Bai, Mahou, ellos me habían dado su compañía y eso se sintió tan bien. La retribución me nació, lo estaba pasando con su compañía que solo deseaba poder devolverles un poco de mi. El señor Sangolao era un gran conversador y me dejaba ideas que siempre alborotaban mis pensamientos. Lo odiaba, pero estaba allí, no era la típica persona que quería irse, se quedaba junto a mi, no le importó de un inicio quien era yo y eso me hizo sentir bien.
Off
—¿Eeh? —
No me esperaba que mientras miraba el precio de las manzanas unas manos llegaron a mis ojos. Textura que no reconocí y me vi tomado por sorpresa. Pero oir su voz me recordó al desierto, al calor, me hizo sonreír con un gusto. Yo no lo podía creer, ella estaba aquí y no la había visto desde hace tanto tiempo.
— No puedo creerlo, claro que se quien es. ¿De verdad eres tú?.—
Yo no me moví, tampoco dije su nombre. llevé mis manos a las suyas. Las tomé con suavidad y llevé sus manos a mis labios para besarlas. Antes de darme la vuelta. — No imaginé que te volvería a ver, que alegría. — Mi cara mostraba una sonrisa radiante al verla directamente. Sus ojos azules con esclerótica negra, una mirada hipnotizante. — Tenemos mucho que ponernos al día tu y yo… —
Encontrarme con una persona a la cual sentía mucha alegría de ver. La había conocido en un momento difícil a nivel emocional y que pudiera alcanzarme aquí arriba implicaba que ella no dejó de moverse en ningún momento. Nuestra conversación nos hizo contarnos muy poco, no por que no quisiéramos, si no que nuestro tiempo tenía que ser aprovechado. Claro que le comenté que me había visto con un médico. De la misma manera de mi búsqueda por entrenamientos ya que deseaba alcanzar lo que el hombre Bartolomeo había alcanzado en su momento. Algo que me había asombrado y me gustaría llegar pronto.
Nos retiramos un poco, lo de las frutas podría esperar. De hecho, ahora tengo amigos que puedo presentarle a Mizuki y una Mizuki que presentarle a mis nuevos amigos. ¿Creo que estaba comenzando a disfrutar la compañia? Hmm… no hay irnos tan lejos tampoco.
— ¿Me tomas el pelo? Yo soy el campeón indiscutido del estilo marcial de los tres caminos en Karate. — Lo dije entre risas, tengo un premio que lo comprueba pero claro, no era cierto, era una pieza que había obtenido por que otro muchacho la había robado. Miré a la querida gyojin. Su explicación era algo que yo no había obtenido con mucho detalle. Era un estilo que había aprendido por repetición con el maestro Dan y la maestra de su maestro Dan. Sus palabras me marearon un poco hasta que comencé a razonar un poco.
— Ya va Mizuki, más lento. Vibraciones de mi propio cuerpo. ¿Cómo así? ¿Me lo enseñas? El estilo marcial, como con los Kimonos, yo entrené en un Dojo. El maestro Dan me decía mucho sobre las vibraciones. Pero, no lo terminé de digerir.— Fue como mi review sobre mi relación con el Hasshoken ya que había aprendido de las manos de un experto pero yo como estudiante dejaba que desear.
caja de peces que me robé
