22-08-2026, 06:15 AM
Así que ella tenía 19 años, había creído que más en cuanto escuchó su historia, pero lo cierto es que la primera vez que vio su cartel de recompensa podría haberla confundido con una adolescente mucho más joven. - Pues, yo tengo casi 29 años. Estuve en Baterilla desde los 12 hasta los 21 más o menos, así que sí suena improbable que nos hayamos cruzado, pero tampoco vi a tu familia que yo recuerde -. Ella se encarga de recalcar aún más lo extraño de la situación, explicando el negocio de su familia. Sabiendo que muchas veces se aventuraba a los puertos para buscar ingredientes, todo era aún más raro. - No recuerdo haber visto nunca en mi vida a alguien con ese color exacto de cabello, mucho menos el apellido Hoshino mencionado desde que salí de Flevance -.
Pero ahora ella contaba otra parte de su relato, un maestro de música enseñándole en el bosque. Cualquiera podría decir que era algo extraño, pero si lo escucharan hablar de que su maestro lo adoptó como un hijo y le enseñó formas de matar para luego decirle que no debía usarlas pues también podría pensar que era una locura. - Supongo que solo nos tocaba encontrarnos aquí -. No podía encontrar otra explicación que no fuera la mala suerte o el destino, parecía improbable que no se hubiera juntado con ese otro trozo de su familia pese a tenerlos tan cerca durante tanto tiempo.
Aún así, el hombre sonrió en cuanto ella puntualizó la posibilidad de que su presente sea diferente si se hubieran encontrado antes. - Mi padre era el cocinero. Incomparable, insuperable incluso tras tantos años de su muerte, siempre ayudando a quien podía, siempre dando un plato de comida al hambriento -. Tras decir eso, dejó su vaso en la mesa y se recostó en el respaldo de su silla. - Mi maestro me enseñó todo lo que sé sobre combate. A defenderme y defender a otros, a golpear y no ser golpeado, a empuñar una espada con un objetivo fijo, pero no cegado por la rabia -. Sonrió un poco mientras hablaba. - Me resulta difícil creer que sería alguien diferente, sus muertes me dejaron huellas que hasta puedo sentir en mi propia mente. Comencé a dar pequeños toques en la cabeza cuando felicitaba a alguien, algo que mi madre hacía, mejoré como cocinero porque era la única forma de conectarme con mi padre, y continúo en mi camino como espadachín porque esas fueron las enseñanzas más fuertes de mi maestro -. Observó su mano, sabiendo que lo que decía podía sonar a una locura, pero que no evitaba que él sintiera todo eso como algo real y propio.
- Sus muertes y el sufrimiento que trajeron pueden ser algo horrible, pero me hicieron ser quien soy ahora. Dudo que haberlos encontrado a mis 20 años hubiera cambiado algo de eso -.
En cuanto el tema cambió a una más relajado, el hombre sonrió y cerró los ojos, como si quisiera recordar algo. - Lo siento, tu primo es más solitario de lo que debería en varios aspectos -. Esperaba que eso respondiera su duda, pero solo por si acaso continuó hablando. - Me he enamorado antes, pero nunca se concretó nada. Desde que soy pirata me es difícil siquiera pensar en algo así sabiendo cual es mi objetivo final -. Le seguía pareciendo una locura el simple pensamiento de tener una familia, todo por su propia meta personal. - ¿Te imaginas lo doloroso que debe ser saber que un ser amado preferiría vivir para siempre y verte morir? Suena que pasarías a ser uno de tantos, incluso otra tumba más en la mente de un inmortal. No suena a un futuro que quisiera para nadie -. Mientras terminaba de mencionar eso, volvió su vista hacia la ventana de antes, viendo en esta su propio rostro más que el paraíso de nubes que se mostraba afuera.
- ¿Y tú? -. Preguntó tras solo unos instantes. - Yo ya dije que no tengo nada, es tu turno de contar lo mismo o más -. No iba a pedirle que le cuente 10 cosas si él contó 0, por lo que le pedía eso mismo, 0 o más si ella deseaba.
Pero ahora ella contaba otra parte de su relato, un maestro de música enseñándole en el bosque. Cualquiera podría decir que era algo extraño, pero si lo escucharan hablar de que su maestro lo adoptó como un hijo y le enseñó formas de matar para luego decirle que no debía usarlas pues también podría pensar que era una locura. - Supongo que solo nos tocaba encontrarnos aquí -. No podía encontrar otra explicación que no fuera la mala suerte o el destino, parecía improbable que no se hubiera juntado con ese otro trozo de su familia pese a tenerlos tan cerca durante tanto tiempo.
Aún así, el hombre sonrió en cuanto ella puntualizó la posibilidad de que su presente sea diferente si se hubieran encontrado antes. - Mi padre era el cocinero. Incomparable, insuperable incluso tras tantos años de su muerte, siempre ayudando a quien podía, siempre dando un plato de comida al hambriento -. Tras decir eso, dejó su vaso en la mesa y se recostó en el respaldo de su silla. - Mi maestro me enseñó todo lo que sé sobre combate. A defenderme y defender a otros, a golpear y no ser golpeado, a empuñar una espada con un objetivo fijo, pero no cegado por la rabia -. Sonrió un poco mientras hablaba. - Me resulta difícil creer que sería alguien diferente, sus muertes me dejaron huellas que hasta puedo sentir en mi propia mente. Comencé a dar pequeños toques en la cabeza cuando felicitaba a alguien, algo que mi madre hacía, mejoré como cocinero porque era la única forma de conectarme con mi padre, y continúo en mi camino como espadachín porque esas fueron las enseñanzas más fuertes de mi maestro -. Observó su mano, sabiendo que lo que decía podía sonar a una locura, pero que no evitaba que él sintiera todo eso como algo real y propio.
- Sus muertes y el sufrimiento que trajeron pueden ser algo horrible, pero me hicieron ser quien soy ahora. Dudo que haberlos encontrado a mis 20 años hubiera cambiado algo de eso -.
En cuanto el tema cambió a una más relajado, el hombre sonrió y cerró los ojos, como si quisiera recordar algo. - Lo siento, tu primo es más solitario de lo que debería en varios aspectos -. Esperaba que eso respondiera su duda, pero solo por si acaso continuó hablando. - Me he enamorado antes, pero nunca se concretó nada. Desde que soy pirata me es difícil siquiera pensar en algo así sabiendo cual es mi objetivo final -. Le seguía pareciendo una locura el simple pensamiento de tener una familia, todo por su propia meta personal. - ¿Te imaginas lo doloroso que debe ser saber que un ser amado preferiría vivir para siempre y verte morir? Suena que pasarías a ser uno de tantos, incluso otra tumba más en la mente de un inmortal. No suena a un futuro que quisiera para nadie -. Mientras terminaba de mencionar eso, volvió su vista hacia la ventana de antes, viendo en esta su propio rostro más que el paraíso de nubes que se mostraba afuera.
- ¿Y tú? -. Preguntó tras solo unos instantes. - Yo ya dije que no tengo nada, es tu turno de contar lo mismo o más -. No iba a pedirle que le cuente 10 cosas si él contó 0, por lo que le pedía eso mismo, 0 o más si ella deseaba.
