22-08-2026, 01:51 AM
Era obvio que no tenía nada de lo que preocuparse. Contemplaba a la mujer que lo acompañaba, agradecido de disfrutar de su tacto y su compañía. Siguió su paso, pensando durante el camino en otras formas de poder ayudar a Tezca acelerar un poco más el aprendizaje. —Sea la ropa que sea, más bien estoy seguro de que cualquier cosa que te pongas te quedará bien, incluso con el nuevo cuerpo. — Le sonrió de vuelta, apretando con un poco más de firmeza su mano y elevándola para besar la dorsal de la misma con un gesto cálido. —Me encantará verte estrenar esa ropa nueva que te compraré y saber que cuando vuelvas al barco llevarás todo lo que te compraré. Si es necesario tener dos o tres maletas, también estaré encantado.
Miró a la mujer mientras los pasos se aligeraban un poco más, aparentemente ella contemplaba su entorno, buscando miradas de otros. No le hacía falta el Kenbunshoku que todavía tenía activo para saber que lo estaba intentando y, obviamente, frustrando. Fingió una demencia que no existía, solo para observar la enorme cantidad de gente que había a su alrededor.
Se dejó arrastrar, en silencio, hasta que ella soltó su mano. La vio, con su Kenbunshoku, adelantarse a una tienda, mientras él aprovechaba para contemplarla desde su posición, mezclándose con la gente.
La intentaría confundir, caminando entre la gente. Podía verla frustrarse, mirar ropa, mientras él caminaba, esta vez en otra dirección, para encontrar un par de prendas de ropas masculinas. En ese caso, para sí mismo. Por eso mismo Tezca no tuvo respuesta cuando habló. Tampoco se encontraba demasiado lejos, iniciando solo con unos veinte metros de distancia aproximadamente. No sería la primera ni la última vez que lo hiciera, y así sería hasta que lograse dar con el momento en que la muchacha al fin pudiera comprender cómo funcionaba. Forzarla a encontrarlo. A veces esa habilidad que había aprendido en su clan de camuflarse e infiltrarse le resultaba de lo más útil.
Caminó por la tienda, viendo desde su Haki a la propia Tezca, reconociéndola, por supuesto, gracias a su preciosa aura, aprovechando para ver qué tipo de ropa podría quedarle a él. Sus ojos se pasearon entre hileras de tela, perfectamente organizados, con la gente pasando y hablando de un lado a otro. Ni siquiera sabía ni entendía de ropa, y solo estaba acostumbrado a tonos oscuros y trajes, algo que ni siquiera estaba. ¿Qué podría llegar a gustarle a Tezca?
Probó con algo divertido, solo para ver su reacción, tomando una camiseta azul hawaiana, más clara que sus propios ojos, probablemente ni quedaba bien con él, pero solo quería evitar que el enfado de Tezca fuera mayor. Quizás podría hacerla reír un poco.
Elevó la mirada en el momento que percibió su aura emanar emociones negativas. No sabía que era frustración, por supuesto no podía llegar a saber qué sentimientos tenía, pero sí que las sacudidas de su aura ya le decían que era buen momento para hacer su preocupación. Caminó, con sigilo, aprovechando para caminar de vuelta hasta donde se encontraba la mujer. Podía verla con un vestido entre sus manos una vez estaba a escasos metros, solo que “retiró” su camuflaje al hablar, pero en vez de a sus espaldas, se encontraba frente a ella.
Elevó la hortera hawaiana, acercándola a su piel pálida, casi confundiéndose con la misma. Descendió la camisa, esperando su reacción para, ahora sí, prestarle atención al vestido que mostraba. —Creo que te quedaría bien. ¿Y qué tal un color rojo? ¿O tal vez verde? — Claro que al ver la falda exageradamente corta no le hizo especialmente gracia. Sus ojos analizaron el vestido. ¿Cómo era posible que siquiera pudiera una mujer caminar sin que se le vieran las nalgas con vestidos así? Claro que Jin no sabía que su opinión se daba bajo la influencia de sus propios celos.
Miró a la mujer mientras los pasos se aligeraban un poco más, aparentemente ella contemplaba su entorno, buscando miradas de otros. No le hacía falta el Kenbunshoku que todavía tenía activo para saber que lo estaba intentando y, obviamente, frustrando. Fingió una demencia que no existía, solo para observar la enorme cantidad de gente que había a su alrededor.
Se dejó arrastrar, en silencio, hasta que ella soltó su mano. La vio, con su Kenbunshoku, adelantarse a una tienda, mientras él aprovechaba para contemplarla desde su posición, mezclándose con la gente.

"Lo siento cariño, pero así seguro me intentarás buscar incluso si te enfadas.”
La intentaría confundir, caminando entre la gente. Podía verla frustrarse, mirar ropa, mientras él caminaba, esta vez en otra dirección, para encontrar un par de prendas de ropas masculinas. En ese caso, para sí mismo. Por eso mismo Tezca no tuvo respuesta cuando habló. Tampoco se encontraba demasiado lejos, iniciando solo con unos veinte metros de distancia aproximadamente. No sería la primera ni la última vez que lo hiciera, y así sería hasta que lograse dar con el momento en que la muchacha al fin pudiera comprender cómo funcionaba. Forzarla a encontrarlo. A veces esa habilidad que había aprendido en su clan de camuflarse e infiltrarse le resultaba de lo más útil.
Caminó por la tienda, viendo desde su Haki a la propia Tezca, reconociéndola, por supuesto, gracias a su preciosa aura, aprovechando para ver qué tipo de ropa podría quedarle a él. Sus ojos se pasearon entre hileras de tela, perfectamente organizados, con la gente pasando y hablando de un lado a otro. Ni siquiera sabía ni entendía de ropa, y solo estaba acostumbrado a tonos oscuros y trajes, algo que ni siquiera estaba. ¿Qué podría llegar a gustarle a Tezca?
Probó con algo divertido, solo para ver su reacción, tomando una camiseta azul hawaiana, más clara que sus propios ojos, probablemente ni quedaba bien con él, pero solo quería evitar que el enfado de Tezca fuera mayor. Quizás podría hacerla reír un poco.
Elevó la mirada en el momento que percibió su aura emanar emociones negativas. No sabía que era frustración, por supuesto no podía llegar a saber qué sentimientos tenía, pero sí que las sacudidas de su aura ya le decían que era buen momento para hacer su preocupación. Caminó, con sigilo, aprovechando para caminar de vuelta hasta donde se encontraba la mujer. Podía verla con un vestido entre sus manos una vez estaba a escasos metros, solo que “retiró” su camuflaje al hablar, pero en vez de a sus espaldas, se encontraba frente a ella.

—¿Y tú, qué opinas de esta camisa? ¿Me quedaría bien?
Elevó la hortera hawaiana, acercándola a su piel pálida, casi confundiéndose con la misma. Descendió la camisa, esperando su reacción para, ahora sí, prestarle atención al vestido que mostraba. —Creo que te quedaría bien. ¿Y qué tal un color rojo? ¿O tal vez verde? — Claro que al ver la falda exageradamente corta no le hizo especialmente gracia. Sus ojos analizaron el vestido. ¿Cómo era posible que siquiera pudiera una mujer caminar sin que se le vieran las nalgas con vestidos así? Claro que Jin no sabía que su opinión se daba bajo la influencia de sus propios celos.
Cajita de Tabaco
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