22-08-2026, 12:34 AM
Su historia parecía ser la de todo artista que buscaba seguir su sueño. Poca seguridad día a día, cantando en bares o plazas para ganarse algo, incluso meramente para pagar el servicio. Había conocido varios en sus años trabajando en tabernas o bares, incluso a algunos en trabajos más elegantes cuando ricachones o gente de gran poder compraba sus servicios para alguna reunión o cena de gala.
Pero su historia no era solo eso, parecía un relato donde la mala suerte perseguía a la protagonista una y otra vez. Primero con esos músicos borrachos, luego con un batido que resulto tener un origen poco común. - Bueno, no se si decir que eras afortunada por cruzarte a esa mujer o todo lo contrario por todo lo demás -.
Dio un sorbo a su bebida, observando a la mujer y dudando por un momento de si contarle o no lo que llevaba un rato pensando. - Bueno, eso es obvio -. Pero primero respondió al halago que ella le lanzó, encogiéndose de hombros y dejando salir una sonrisa confiada. - No conozco a nadie tan bueno en esto como yo -. Una confianza y seguridad que durante las pruebas no se había visto, que tampoco era común notarla en otros ámbitos, pero que existía, extrañamente, solo en estas ocasiones.
- Sabes… -. Pero, algo más debía ser dicho. - Dijiste que creciste en Baterilla. Es curioso, cuando me enteré de dónde venía Eros tuve el mismo pensamiento que cuando me contaste eso, pero definitivamente no los recuerdo en esos tiempos -. Sonrió, dejando esa idea en el aire un momento, como si quisiera que ella notara lo que iba a decir antes de que saliera por su propia boca. - Mi maestro, el hombre que me encontró, de quien era la mansión donde me crie por años y en donde pude encontrar una nueva familia… Todo eso, sucedió en Baterilla -.
Parecía algo dado por el mismo destino. ¿Cómo es posible que luego de todo un infierno y de perder a su familia, terminara más cerca de lo que quedaba de esta y no se diera cuenta nunca? - Definitivamente no te crucé antes, tampoco a nadie de tu familia o los hubiera reconocido como lo hice contigo. Tampoco recuerdo cruzarme a Eros, tal vez viví muy separado de ustedes, pero… -. Desvió su mirada, ahora hacia una ventana de la habitación, que dejaba ver el paisaje de nubes que se formaban como un mar debajo del barco. - Es como si el destino se estuviera riendo en mi cara -.
Pero su historia no era solo eso, parecía un relato donde la mala suerte perseguía a la protagonista una y otra vez. Primero con esos músicos borrachos, luego con un batido que resulto tener un origen poco común. - Bueno, no se si decir que eras afortunada por cruzarte a esa mujer o todo lo contrario por todo lo demás -.
Dio un sorbo a su bebida, observando a la mujer y dudando por un momento de si contarle o no lo que llevaba un rato pensando. - Bueno, eso es obvio -. Pero primero respondió al halago que ella le lanzó, encogiéndose de hombros y dejando salir una sonrisa confiada. - No conozco a nadie tan bueno en esto como yo -. Una confianza y seguridad que durante las pruebas no se había visto, que tampoco era común notarla en otros ámbitos, pero que existía, extrañamente, solo en estas ocasiones.
- Sabes… -. Pero, algo más debía ser dicho. - Dijiste que creciste en Baterilla. Es curioso, cuando me enteré de dónde venía Eros tuve el mismo pensamiento que cuando me contaste eso, pero definitivamente no los recuerdo en esos tiempos -. Sonrió, dejando esa idea en el aire un momento, como si quisiera que ella notara lo que iba a decir antes de que saliera por su propia boca. - Mi maestro, el hombre que me encontró, de quien era la mansión donde me crie por años y en donde pude encontrar una nueva familia… Todo eso, sucedió en Baterilla -.
Parecía algo dado por el mismo destino. ¿Cómo es posible que luego de todo un infierno y de perder a su familia, terminara más cerca de lo que quedaba de esta y no se diera cuenta nunca? - Definitivamente no te crucé antes, tampoco a nadie de tu familia o los hubiera reconocido como lo hice contigo. Tampoco recuerdo cruzarme a Eros, tal vez viví muy separado de ustedes, pero… -. Desvió su mirada, ahora hacia una ventana de la habitación, que dejaba ver el paisaje de nubes que se formaban como un mar debajo del barco. - Es como si el destino se estuviera riendo en mi cara -.
