21-08-2026, 07:52 PM
Escucho atentamente la sabiduría de Kibai en la cocina, asegurándome de aprender todo lo que puedo mientras mi cola se balancea de un lado a otro. ¡No sabía que el oído podía usarse tanto en la cocina! ¡Es tan, tan guayyyy! Aunque es verdad que desde siempre he tenido cierto “instinto” en la cocina para saber cuándo estaban las cosas… ¿Será que he aprendido esas pequeñas diferencias sin darme realmente cuenta mientras estaba atendiendo a otras elaboraciones? ¡Tengo tantísimas ganas de comprobarlo!
―¡Es increíble, Kibai! ¡Ojalá alguien me hubiera explicado todo esto antes! ¡No puedo aguantar, tengo muchísimas ganas de volver a cocinar en cuanto pueda y prestar superatención a cada sonido! ¡Vivaaaaaaa! ―Mis brazos se alzaron altos para celebrar el nuevo descubrimiento. ¡Será como redescubrir cómo cocinar! ¡Qué divertidoooo!
No mucho después, la conversación pasa a girar alrededor de los minks. ¡Kibai tiene que saber muchísimo del tema! No solamente es uno, sino que viene de una isla donde toooodos lo son. Me hizo feliz que la idea de enseñarme pareciera gustarle, pero una exclamación de sorpresa acompaña mi expresión con su comentario. ¡¿Cómo que no habría espacio para desenredantes, aceites ni peinados?!
―¡¿No?! ¡¿Cómo que no?! ―exclamo anonadada―Pero… pero… pero usarán productos distintos entonces, ¿no? Algo que sea de esa isla… Quizás no haya tampoco cremas, pero sí algún tratamiento especial… ¿no? ―Lo observo largos segundos, sin estar segura de si está hablando en serio o si solamente está jugando, gastándome una broma por desconocimiento―. Debe de ser durísimo ser mink allí... ―murmuro sin pensar siquiera en si me oirá o no.
Pero, por supuesto, es importantísimo informarlo de todo lo que ocurrió durante su inconsciencia, así que no tardo en darle los detalles más importantes. ¡Y saber lo que puede hacer esa fruta le impacta tanto como a mí! ¡Ay, sienta tan bien cuando alguien más aparte de Shin comparte mi sorpresa y emoción por las cosas!
―¡¿Verdad que sí?! ¡Es impresionante! Yo no llegué a verlo porque ya me estaba yendo, y aunque no llegué a escuchar los precios, dijo que sus servicios eran mucho más costosos que los de los otros dos. Debe de ser cierto si lo dijo en medio de todo el coliseo, ¿no?
Observo a Kibai examinando sus garras y supongo que está pensando más o menos en lo mismo que reflexioné yo en su momento.
―Me cuesta mucho entender por qué alguien querría cambiar su raza… Los gyojin y ningyo pueden respirar bajo el agua y nadan muy rápido; muchos minks tenéis garras y colmillos, o incluso cuernos, y yo tengo muy buen oído y me encanta mi cola…, pero incluso los humanos, sin nada de eso, tienen sus ventajas. Por ejemplo, creo que se les da muy bien mentir. Yo tuve que aprender a hacerlo en la adolescencia, sobre todo si quería entrar a ser marine, ¡pero al principio se me daba muy mal! Tienes que estar atenta a la cola, las orejas, los ojos… Los humanos solo tienen que estar atentos a su propia cara, voz y manos. Aunque, en realidad... ―Tras un par de segundos de reflexión mirando al techo, vuelvo mis iris a él para continuar―. En realidad, sí creo que muchos humanos podrían querer ser otra raza. Los lunarian hacen lo mismo y vuelan muy alto, los buccanner y onis también y son muy grandes y fuertes, los tontattas igual y caben por espacios pequeñitos…
Sí, cuanto más lo pienso, más creo que quizás ellos son los que tienen más papeletas de ir a buscar los servicios de ese gyojin.
El resumen de Kibai me hace sonreír de nuevo pues, ciertamente, todo acabó bien, ¡y mi cola se agita de nuevo sola en cuanto dice que parezco lista y me puede enseñar! Sin embargo, mi rostro se gira en una mezcla de confusión y curiosidad. «¿Una pregunta…?».
El movimiento de mi cola se detuvo con aquel último tono de voz. Sus colmillos asomaron y mis músculos se tensaron con el brillo azul de su mirada afilada. Mis orejas se habían puesto en alerta, prestándole toda mi atención. Aun estando convaleciente, lo envuelve esa aura de depredador…
La pregunta llegó a mis oídos casi deslizándose. Permanezco un par de segundos analizándola al mismo tiempo que a su rostro, preguntándome por qué podría no gustarme…
Finalmente, la comisura izquierda de mis labios se alzó al tiempo que mis pupilas también se afilaron con decisión.
―Sí. Sí quiero aprender sobre mi parte mink. ¡No importa lo peligroso que sea o si no puedo usar desenredante mientras entrene! ―exclamo con absoluta seriedad con los puños cerrados antes de alzarlos―. ¡Quiero aprender más sobre mi parte mink y ser la mejor humink del mundo!
―¡Es increíble, Kibai! ¡Ojalá alguien me hubiera explicado todo esto antes! ¡No puedo aguantar, tengo muchísimas ganas de volver a cocinar en cuanto pueda y prestar superatención a cada sonido! ¡Vivaaaaaaa! ―Mis brazos se alzaron altos para celebrar el nuevo descubrimiento. ¡Será como redescubrir cómo cocinar! ¡Qué divertidoooo!
No mucho después, la conversación pasa a girar alrededor de los minks. ¡Kibai tiene que saber muchísimo del tema! No solamente es uno, sino que viene de una isla donde toooodos lo son. Me hizo feliz que la idea de enseñarme pareciera gustarle, pero una exclamación de sorpresa acompaña mi expresión con su comentario. ¡¿Cómo que no habría espacio para desenredantes, aceites ni peinados?!
―¡¿No?! ¡¿Cómo que no?! ―exclamo anonadada―Pero… pero… pero usarán productos distintos entonces, ¿no? Algo que sea de esa isla… Quizás no haya tampoco cremas, pero sí algún tratamiento especial… ¿no? ―Lo observo largos segundos, sin estar segura de si está hablando en serio o si solamente está jugando, gastándome una broma por desconocimiento―. Debe de ser durísimo ser mink allí... ―murmuro sin pensar siquiera en si me oirá o no.
Pero, por supuesto, es importantísimo informarlo de todo lo que ocurrió durante su inconsciencia, así que no tardo en darle los detalles más importantes. ¡Y saber lo que puede hacer esa fruta le impacta tanto como a mí! ¡Ay, sienta tan bien cuando alguien más aparte de Shin comparte mi sorpresa y emoción por las cosas!
―¡¿Verdad que sí?! ¡Es impresionante! Yo no llegué a verlo porque ya me estaba yendo, y aunque no llegué a escuchar los precios, dijo que sus servicios eran mucho más costosos que los de los otros dos. Debe de ser cierto si lo dijo en medio de todo el coliseo, ¿no?
Observo a Kibai examinando sus garras y supongo que está pensando más o menos en lo mismo que reflexioné yo en su momento.
―Me cuesta mucho entender por qué alguien querría cambiar su raza… Los gyojin y ningyo pueden respirar bajo el agua y nadan muy rápido; muchos minks tenéis garras y colmillos, o incluso cuernos, y yo tengo muy buen oído y me encanta mi cola…, pero incluso los humanos, sin nada de eso, tienen sus ventajas. Por ejemplo, creo que se les da muy bien mentir. Yo tuve que aprender a hacerlo en la adolescencia, sobre todo si quería entrar a ser marine, ¡pero al principio se me daba muy mal! Tienes que estar atenta a la cola, las orejas, los ojos… Los humanos solo tienen que estar atentos a su propia cara, voz y manos. Aunque, en realidad... ―Tras un par de segundos de reflexión mirando al techo, vuelvo mis iris a él para continuar―. En realidad, sí creo que muchos humanos podrían querer ser otra raza. Los lunarian hacen lo mismo y vuelan muy alto, los buccanner y onis también y son muy grandes y fuertes, los tontattas igual y caben por espacios pequeñitos…
Sí, cuanto más lo pienso, más creo que quizás ellos son los que tienen más papeletas de ir a buscar los servicios de ese gyojin.
El resumen de Kibai me hace sonreír de nuevo pues, ciertamente, todo acabó bien, ¡y mi cola se agita de nuevo sola en cuanto dice que parezco lista y me puede enseñar! Sin embargo, mi rostro se gira en una mezcla de confusión y curiosidad. «¿Una pregunta…?».
El movimiento de mi cola se detuvo con aquel último tono de voz. Sus colmillos asomaron y mis músculos se tensaron con el brillo azul de su mirada afilada. Mis orejas se habían puesto en alerta, prestándole toda mi atención. Aun estando convaleciente, lo envuelve esa aura de depredador…
La pregunta llegó a mis oídos casi deslizándose. Permanezco un par de segundos analizándola al mismo tiempo que a su rostro, preguntándome por qué podría no gustarme…
Finalmente, la comisura izquierda de mis labios se alzó al tiempo que mis pupilas también se afilaron con decisión.
―Sí. Sí quiero aprender sobre mi parte mink. ¡No importa lo peligroso que sea o si no puedo usar desenredante mientras entrene! ―exclamo con absoluta seriedad con los puños cerrados antes de alzarlos―. ¡Quiero aprender más sobre mi parte mink y ser la mejor humink del mundo!
Ayudante de enfermería
