21-08-2026, 06:14 PM
Kibai esbozó una pequeña sonrisa mientras reacomodaba su posición en la cama mientras escuchaba a Nyra.
― Tranquila, la cocina es cuestión de tres cosas: paciencia, experiencia y valentía. Si consigues reunir las tres, podrás hacer cualquier plato que te propongas. Solo debes de continuar practicando y sobre todo experimentando, equivocándote y aprendiendo de tus errores, el resto sale solo.
El mink se dio un leve toque en la nariz antes de señalar las orejas de la humink.
― Yo uso mi olfato para la cocina, pero no es el único sentido útil para este gran arte. Creo recordar que dijiste en el sendero de camino a la ciudad que tenías un buen oído. Pues yo te digo que si lo tienes, procura usarlo. La comida te habla, aunque te parezca que no. La carne crepitará de distinta manera cuando se endurezca por estar demasiado tiempo en el fuego. Las especias chisporrotearán justo antes de quemarse, y cualquier masa de pastel y hojaldre crujirá en el horno cuando la levadura haga su efecto y comience a inflarse. Todo está ahí, solo debes de ser capaz de percibirlo, y será mucho más facil que tus platos salgan con una calidad más que envidiable.
Mientras Nyra iniciaba su monólogo acerca del cuidado del pelo de su cola (que le habría valido un fuerte coscorrón en la cabeza de haber estado en Zou rodeada de auténticos minks caninos) Kibai se permitió un segundo de abstracción: aquella joven era muy distinta de la otra humink que había conocido, la chica mono de los Cabos Gemelos que al parecer era amiga de Bai. La chica mono parecía un mono y se comportaba como un mono, es más, para el gusto de Kibai se comportaba DEMASIADO como un mono, pero aquella marine era algo bastante distinto, como si fuese simplemente una joven humana que hubiese descubierto un día que tenía cola de animal.
― Será esto lo que ocurre cuando gente como ella son criados por humanos? ― pensó para si mientras enarcaba una ceja al ver como Nyra abrazaba su propia cola. Su comportamiento era infantil para ser un mink, eso desde luego. Su gente aprendía a desenvolverse por si solos desde casi el aprender a andar, y aunque su madre le castigaba cuando montaba una pifia, tampoco era que se extrañase mucho si el pequeño Kibai pasaba dos o tres días sin aparecer por casa.
Con la última sugerencia de Nyra, el mink tuvo que contener una nueva risa para que las costillas no le siguiesen doliendo.
― Podría... Es más, esta isla es perfecta para ello, al haber tanta jungla, pero te aseguro que ahí no habrá espacio para desenredantes, ni para aceites, ni para peinados matutinos y vespertinos.
Aunque antes que puediese seguir, la joven pasó a un tema mucho más interesante, todo lo que había sucedido después de que Kibai se quedase inconsciente por el golpe de Pawurs. El mink esuchó, enarcando la ceja cada vez más alto en un gesto de incredulidad creciente.
― Espera espera espera... Cambio de género hasta lo podría entender, no es que sea algo completamente loco para una Akuma no Mi, visto lo visto, pero de raza? O sea, me podría haber convertido en un Lunarian, por ejemplo? O a ti en un Tontatta? Eso si que me parece una locura...
Examinando sus propias garras, Kibai reflexionó acerca de lo que escuchaba: aquella capacidad en combate sería devastadora. El estaba acostumbrado a su propio cuerpo, a ser potenciado por el Electro, a emplear sus garras, o sus colmillos inlcuso. Que una Fruta del Diablo pudiese arrebatarle irremediablemente todo aquello... Casi que mejor que no se cruzase más con aquel pulpo, o pulpa, o pulpe o lo que demonios fuese.
― Bien, me alegro que todo acabase bien al final, no tenía ganas de que se armase una buena gresta y yo aquí echándome la siesta. Pero me recuerda otra cosa: tal y como he dicho antes, podría enseñarte muchas cosas, y pareces una chica lista, estoy segura de que no te costaría demasiado pero creo que, en base a lo que me has contado de ti, debo acerca una pregunta, y te aconsejo que medites bien la respuesta...
Con un punto de maldad fingida, Kibai se permitió el lujo de colocar un tono algo más oscuro en su voz, a la vez que esbozaba una sonrisa que dejaba ver sus colmillos y una pequeña chispa azulada (ya que no se atrevía ni por asomo a invocar el Electro por lo que a su cuerpo le convenía) cruzaba por sus ojos.
― Estás segura de que quieres saber más de tu parte mink, Nyra? Porque hasta ahora creo, y visto lo visto no me equivoco, que te has centrado demasiado en tu parte humana. Puede que el choque no te guste demasiado.
El mink clavó su mirada esmeralda en los ojos de Nyra, con las pupilas verticales estrechándose hasta convertirse en rendijas clavadas en los brillantes iris azules de la humink, aguardando por su respuesta.
― Tranquila, la cocina es cuestión de tres cosas: paciencia, experiencia y valentía. Si consigues reunir las tres, podrás hacer cualquier plato que te propongas. Solo debes de continuar practicando y sobre todo experimentando, equivocándote y aprendiendo de tus errores, el resto sale solo.
El mink se dio un leve toque en la nariz antes de señalar las orejas de la humink.
― Yo uso mi olfato para la cocina, pero no es el único sentido útil para este gran arte. Creo recordar que dijiste en el sendero de camino a la ciudad que tenías un buen oído. Pues yo te digo que si lo tienes, procura usarlo. La comida te habla, aunque te parezca que no. La carne crepitará de distinta manera cuando se endurezca por estar demasiado tiempo en el fuego. Las especias chisporrotearán justo antes de quemarse, y cualquier masa de pastel y hojaldre crujirá en el horno cuando la levadura haga su efecto y comience a inflarse. Todo está ahí, solo debes de ser capaz de percibirlo, y será mucho más facil que tus platos salgan con una calidad más que envidiable.
Mientras Nyra iniciaba su monólogo acerca del cuidado del pelo de su cola (que le habría valido un fuerte coscorrón en la cabeza de haber estado en Zou rodeada de auténticos minks caninos) Kibai se permitió un segundo de abstracción: aquella joven era muy distinta de la otra humink que había conocido, la chica mono de los Cabos Gemelos que al parecer era amiga de Bai. La chica mono parecía un mono y se comportaba como un mono, es más, para el gusto de Kibai se comportaba DEMASIADO como un mono, pero aquella marine era algo bastante distinto, como si fuese simplemente una joven humana que hubiese descubierto un día que tenía cola de animal.
― Será esto lo que ocurre cuando gente como ella son criados por humanos? ― pensó para si mientras enarcaba una ceja al ver como Nyra abrazaba su propia cola. Su comportamiento era infantil para ser un mink, eso desde luego. Su gente aprendía a desenvolverse por si solos desde casi el aprender a andar, y aunque su madre le castigaba cuando montaba una pifia, tampoco era que se extrañase mucho si el pequeño Kibai pasaba dos o tres días sin aparecer por casa.
Con la última sugerencia de Nyra, el mink tuvo que contener una nueva risa para que las costillas no le siguiesen doliendo.
― Podría... Es más, esta isla es perfecta para ello, al haber tanta jungla, pero te aseguro que ahí no habrá espacio para desenredantes, ni para aceites, ni para peinados matutinos y vespertinos.
Aunque antes que puediese seguir, la joven pasó a un tema mucho más interesante, todo lo que había sucedido después de que Kibai se quedase inconsciente por el golpe de Pawurs. El mink esuchó, enarcando la ceja cada vez más alto en un gesto de incredulidad creciente.
― Espera espera espera... Cambio de género hasta lo podría entender, no es que sea algo completamente loco para una Akuma no Mi, visto lo visto, pero de raza? O sea, me podría haber convertido en un Lunarian, por ejemplo? O a ti en un Tontatta? Eso si que me parece una locura...
Examinando sus propias garras, Kibai reflexionó acerca de lo que escuchaba: aquella capacidad en combate sería devastadora. El estaba acostumbrado a su propio cuerpo, a ser potenciado por el Electro, a emplear sus garras, o sus colmillos inlcuso. Que una Fruta del Diablo pudiese arrebatarle irremediablemente todo aquello... Casi que mejor que no se cruzase más con aquel pulpo, o pulpa, o pulpe o lo que demonios fuese.
― Bien, me alegro que todo acabase bien al final, no tenía ganas de que se armase una buena gresta y yo aquí echándome la siesta. Pero me recuerda otra cosa: tal y como he dicho antes, podría enseñarte muchas cosas, y pareces una chica lista, estoy segura de que no te costaría demasiado pero creo que, en base a lo que me has contado de ti, debo acerca una pregunta, y te aconsejo que medites bien la respuesta...
Con un punto de maldad fingida, Kibai se permitió el lujo de colocar un tono algo más oscuro en su voz, a la vez que esbozaba una sonrisa que dejaba ver sus colmillos y una pequeña chispa azulada (ya que no se atrevía ni por asomo a invocar el Electro por lo que a su cuerpo le convenía) cruzaba por sus ojos.
― Estás segura de que quieres saber más de tu parte mink, Nyra? Porque hasta ahora creo, y visto lo visto no me equivoco, que te has centrado demasiado en tu parte humana. Puede que el choque no te guste demasiado.
El mink clavó su mirada esmeralda en los ojos de Nyra, con las pupilas verticales estrechándose hasta convertirse en rendijas clavadas en los brillantes iris azules de la humink, aguardando por su respuesta.
La Caja de Pandora
