Descubriendo nuevas fuerzas[Fic Entrenamiento Busoushoku Haki][PR]
#1
Día 6, Primavera, Año 18, Skypiea
 
El joven marine había estado unos cuantos días entrenando el haki, concretamente 3 días debido a su naturaleza propia pues ese haki en cuestión al parecer va más orientado a lo que es la percepción del entorno, la capacidad de distinguir lo real de lo falso, las emociones e intenciones de los demás, incluso puede llegar a permitirte saber si alguien te está mintiendo o no con mayor facilidad. El joven pelirrojo en este momento tiene un dominio básico de dos de los tres tipos existentes de haki, siendo el Kenbunshoku el primero que entrena pues el otro es algo con lo que simplemente nació, una capacidad que no parece ser común ni frecuente en el mundo. La joven que le enseñó el haki, que pese a ser unos 4 años mayor que el cazador sigue siendo considerada joven, le dijo que podía enseñarle tanto el Kenbunshoku como el Busoushoku Haki, siendo que dejó al arquero de la marina la decisión de cual quería aprender primero, siendo que el pelirrojo eligió el Kenbunnshoku por ser el que más encaja con su forma de ser y actuar, un cazador que adaptó sus conocimientos de caza al rastreo, persecución y arresto de criminales como cuando se dedicaba a cazar animales desde que tiene memoria. Básicamente es extender tus sentidos y percepción hacia fuera de tu cuerpo, como si expandieras tu presencia y tu consciencia abarcando más zonas, inclusive las que de forma natural no logras cubrir, siendo que cubres el hecho de no saber si hay alguien si está escondido y en silencio.
 
Tras el primer entrenamiento, el joven marine de pelos rojizos regresa rápidamente al barco a comprobar que esté todo en orden y si sus compañeros están allí y no les falte nada. Antes de llegar al barco se cruza con el resto de marines y entre unas cosas y otras acabaron pasando la mañana juntos antes de que el contramaestre regrese al barco. Por la tarde se volvió a reunir con sus compañeros a conversar y pasarlo bien, además de tomar un descanso para tomar el entrenamiento, regresando al barco para descansar y terminar de comprobar que todo está en orden una vez más.
 
Día 7, Primavera, Año 18, Skypiea
 
Al día siguiente, tras comprobar que todo está en orden se dispone a regresar, pero al salir de regreso su fiel montura decide que quiere dar un paseo por lo que el marine sonríe y le acaricia suavemente tras las orejas diciendo
 
-De acuerdo pequeño, te llevaré a dar un paseo y conocer un poco de la isla sir.-
 
Tras esas palabras Bertram reúne la comida y agua necesarios para que su fiel walkie blanco pueda pasar días junto a él sin problema y alimentarse bien durante su entrenamiento de haki, pues aún le queda uno de los dos hakis que aprender de manos de la joven Jalindra. Primero acompaña a su fiel mascota andando a su lado para que llegue a tierra, luego, una vez en terreno firme, el joven monta en el hipopótamo blanco y completamente peludo avanzando con calma pero más rápido que si estuviera corriendo, pues las patas de su compañero son más largas y potentes que las suyas. Mientras avanza por el camino que ya conoce de memoria el joven se rasca tras la cabeza, un pequeño gesto que a veces es incapaz de controlar y lo hace de manera total y completamente involuntaria, como el respirar en la inmensa mayoría de personas. El joven tiene ese movimiento totalmente interiorizado, al igual que la costumbre de observar todos los detalles que le rodean y estar siempre alerta. El joven arquero de pelos rojos como el fuego aun recuerda el entrenamiento del kenbunshoku haki además de todo lo que vivió de pequeño aprendiendo a ser cazador, la forma de concentrarse y absorber los conocimientos además de su control sobre su cuerpo es bastante fino y preciso, algo que debe agradecer a las enseñanzas de su abuelo, quien insistió en enseñarle a aprovechar todo lo que pueda servir de enseñanza o para mejorar sus capacidades. Insistía en que uno nunca debía descartar las oportunidades que se le presenten de aprender algo.
 
Los pasos de su compañero peludo avanzan más veloces de lo que el joven arquero de la marina se esperaba, por lo que lo que le llevó una hora y medio más o menos, el camino desde donde entrenó con Jalindra hasta su barco, al hacer el camino de regreso le tomó apenas unos 20 minutos, durante los cuales el joven siguió aplicando el kenbunshoku, recordando las palabras de su maestra y de su abuelo, ambos coincidiendo que nunca está de más en poner en práctica las capacidades cuando se tiene oportunidad, y más aún cuando están recién aprendidas para afianzar su control de las mismas y asegurarse de no cometer errores estúpidos en situaciones más complejas. El joven contramaestre de flechas eléctricas se baja de la espalda de su fiel compañero a las puertas de la residencia de su maestra, quien se halla de pie en la misma con los brazos cruzados y una mirada contenta y decidida en el rostro, seguramente porque ya sabe a qué vino el marine. El joven acaricia su fiel compañero que se mantiene a su lado y dice mientras se rasca tras su cabeza
 
-He venido a aprender el otro haki maestra, aunque espero no me lleve tanto tiempo como el otro sir. Perdone mi rudeza, no me presenté como es debido todavía, mi nombre es Bertram Gaufrid.-
 
Bertram no es de los que se apresuran en lo que vienen siendo temas delicados como reunir información, rastrear sus presas, entrenar o afrontar una misión. Sin embargo, el joven de cabellos rojizos no tiene mucho control al respecto, el emperador les ha dado un plazo máximo de una semana para aprender todo lo que pueden aprender del lugar, por lo que el joven marine no puede permitirse pasar mucho tiempo ni tampoco malgastar los segundos, por lo que en lugar de descansar un día entre el primer haki aprendido y empezar a entrenar el siguiente, el joven decidió simplemente comprobar que todo estuviera en orden en el barco y volver a entrenar sin preocupaciones. La joven birkaniana sonríe como si fuese lo que esperaba y dice
 
-Sabía no tardarías en regresar, siendo uno de los visitantes del mar azul y participante del torneo esperaba que no tuvieras todo el tiempo del mundo para quedarse, es más, sabía el plazo máximo por lo que sabía que en cualquier momento podrías aparecer o alguno de los demás, y que tendríais prisa. Afortunadamente el Busoushoku Haki, o haki del armamento, es más sencillo de explicar y enseñar según me dijeron mis alumnos. Consiste en usar tu espíritu, lo mismo que usaste para expandir tu presencia y percibir lo que te rodea, pero para generar una capa en tu cuerpo que te permite hacer cosas que antes no podías, como afectar a luchadores con alguna capacidad que les permita evitar los daños, como una akuma no mi, por ejemplo la del joven finalista que se enfrentó al grandullón que se convierte en águila. Ahora bien, al contrario que con el Kenbunshoku, en este caso entrenarás conmigo en todo momento, siendo que mi trabajo será arrojarte objetos, empezando por pequeñas piedras, y no parar hasta que logres evitar sentir el golpe de la misma forma que sería si tuvieras puesta una armadura. En ese momento incrementaré el tamaño del objeto hasta llegar a una piedra que yo considere apropiada para el nivel que percibo que tienes actualmente. Tu compañero puede descansar dentro, con la comida y bebida que supongo habrás traído pues pareces de los que cuidan a los animales que le acompañan, de esa manera estará a salvo de los depredadores y de que lo confundan con un animal salvaje. Puedes dejar también tus armas con él, no las necesitarás en este entrenamiento, nos centraremos en que logres darle forma a esa especie de armadura y luego en que puedas aplicarla a pequeños objetos, pues eso te servirá para usarlo con tus flechas en el futuro. Por el tema de presentarte no te preocupes, seguí el torneo y recuerdo tu participación, fue una forma ingeniosa de aumentar tu rango la tuya.-
 
Bertram sonríe y hace una reverencia de agradecimiento por poder mantener a su compañero a salvo y entra al lugar, siguiendo a la joven hasta el lugar donde le indica que deje a Rasmussen a salvo, preparando la comida y el agua para el día sabiendo que no acabará con todo de una sentada y pudiendo centrarse en el entrenamiento, sin miedo a que por ello su amigo acabe herido o muerto, algo que no se perdonaría en la vida. El joven coloca la comida en un depósito que tiene preparado para eso y el agua en un gran cubo, dejándolo en una zona donde no va a ser arrebatado por los animales de fuera ni tirado como consecuencia del entrenamiento del joven marine y dueño del hipopótamo lanudo de Drum. El joven arquero deja sus armas al cuidado de su compañero, quien siempre que tiene algo de valor del arquero cerca lo cuida con esmero, aunque siempre teniendo en cuenta que para el marine su bienestar está por encima de cualquier objeto que puede reparar o fabricar uno nuevo.
 
Tras dejarlo todo listo, el joven empieza a caminar detrás de Jalindra, sus rojos y profundos ojos fijándose en el entorno, su camiseta empapada en sudor y sus pantalones ajustándose por el mismo motivo, haciéndole pensar en cómo reaccionaría Maria si lo viera en esa forma ahora mismo. El joven mantiene sus ojos moviéndose por todo el entorno, fijándose en cada mínimo detalle que ve, cada pequeño detalle es procesado inmediatamente por el marine que mantiene su alma de cazador activa en todo momento, buscando siempre señales de peligro o del rastro de sus presas incluso en lugares donde, como es el caso del lugar donde está ahora, no hay nada que rastrear ni peligro. Los movimientos de ambos jóvenes son calmados, parsimoniosos sin tener prisa por llegar, pero manteniendo un ritmo fluido para no detenerse. Ambos son conscientes de que no tienen todo el tiempo del mundo, a la vez que saben perfectamente que apresurar las cosas no es la mejor de las ideas, por lo que mantienen un ritmo calmado, sin prisa pero sin pausa para evitar errores o confusiones que hagan que terminen por demorarse más.
 
 La joven maestra, una chica respetada por todos los de la zona por su talento y su dedicación a enseñar a los demás guía al joven marine a la misma zona donde entrenó el anterior haki, solo que en esta ocasión su trabajo no será percibir lo que le rodea ni estará solo, sino que su objetivo será lograr aguantar los golpes sin que estos lleguen a impactar en su cuerpo, o más bien, lograr que con el haki los golpes actúen como si chocaran contra una armadura y no la piel del pelirrojo. Muchos tendrían sus dudas de ese método de entrenamiento, pensarían que es muy brusco o arriesgado, pero en realidad no es más que el método más eficiente, pues de esa manera el alumno se ve en una situación de peligro controlada donde empezar a desarrollar el haki, en lugar de aprenderlo de una forma más segura, pero sin añadir el efecto que habrá en un combate real, el hecho de que no siempre va a encontrarse con alguien dispuesto a controlar su fuerza, por lo que debería aprender a reaccionar en situaciones de real riesgo. Nada más llegar Jalindra mira al arquero y dice
 
-Si bien te dije que crearás una especie de armadura tengo que aclarar que de momento y teniendo en cuenta las capacidades que has demostrado tanto en los juegos como en el anterior entrenamiento, lo más probable es que únicamente desbloquees la capacidad de golpear a usuarios de akuma que de otra manera no podrías, tal y como hizo el que peleó contra el chico de luz en la final. Al igual que con el último entrenamiento te diré lo mismo, tras dominar la base si sigues entrenando y esforzándote, tu control del mismo mejorará, y podrás usarlo de manera más fluida, sin tener que pensarlo demasiado y será algo tan natural como respirar. A partir de conseguir dominar este haki dependerá de ti el como utilizarlo y saber en qué momentos lo vas a necesitar, pero te recuerdo que lo que te enseñaré tiene la única capacidad de golpear a los usuarios logias, nada más.-
 
El joven pelirrojo asiente y se retira la camiseta dejándola a un lado para estar más cómodo, y tras hacerlo mantiene la atención en el entorno como de costumbre, sus oídos atentos a los sonidos del bosque que rodea el lugar prestando atención a los sonidos de la fauna local, el sonido del viendo pasando por las ramas de los árboles y su propio corazón latiendo tranquilamente en ese lugar donde está a punto de ser atacado, de manera controlada y sin real intención de hacerle heridas permanentes y irreparables, pero con la suficiente fuerza para que el joven marine tenga que empezar a desarrollar el haki si no quiere acabar lleno de moratones y con complicaciones para moverse sin sentir dolor al hacerlo. El joven se sienta en el suelo, en posición de seiza siendo que de esa forma se fuerza a concentrarse más, siendo la postura que siempre adoptaba cuando entrenaba algo nuevo con su abuelo. El joven mantiene la espalda erguida, su columna totalmente recta y sus hombros relajados mientras sus ojos observan con atención la joven que tiene delante con varias piedras pequeñas a su alrededor, preparada para iniciar el entrenamiento, pero antes dice -Un aviso antes de empezar, emplearé el haki yo para que lo notes en tu cuerpo y puedas entender un poco como se siente dicho haki para facilitar que lo puedas empezar a controlar.-
 
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El joven marine asiente decidido, con la mirada llena de determinación y la memoria llena de recuerdos que solo incrementan sus ganas de avanzar y mejorar, pero sobre todo, el deseo de encontrarla en cuanto pueda. La joven toma unas cuantas piedras y lanza una al aire unas pocas veces antes de arrojarla con fuerza al marine, la primera fue sin haki haciendo que el marine la note directamente en su torso, para luego empezar a lanzar piedras cargadas con el haki hacia el torso, todas ellas a la misma velocidad y con la misma fuerza, siendo que el joven cazador nota una ligera diferencia en los golpes, los de ahora son como algo más pesados, como si ignoraran la resistencia natural del marine o algo estuviese continuamente empujando las piedras conforme avanzan para que ganen más fuerza. El joven se mantiene en su posición de seiza, su mente firme y afilada, los ojos aún desbordando determinación, su torso repleto de marcas de las piedras y el dolor extendiéndose por su cuerpo, pero el joven no flaquea, al contrario, cuanto más le golpean las piedras más decidido está en lograr empezar a dominar esa habilidad. Poco a poco su cuerpo se va acomodando y acostumbrando al dolor, y al mismo tiempo empieza a absorber la sensación que deja el haki y el pelirrojo empieza a asimilarla, como cuando tenía que aprender a dominar el arco y empezaba a asimilar el tacto de la cuerda para poder saber hasta que punto podía estirarlo de forma correcta y funcional.
 
La joven observa atentamente al marine al que está entrenando, buscando identificar el momento en el que tenga que parar para evitar heridas graves y no poder entrenar más por varios días, pues la idea es llevarlo hasta el límite sin llegar a hacer que pierda días de entrenamiento por estar en recuperación. Bertram mantiene la calma, sin dejarse llevar por el dolor ni perder la calma, sino canaliza el dolor y los sentimientos que empiezan a aflorar a un objetivo alcanzando un estado en el que mantiene un equilibrio entre la calma y el descontrol, logrando canalizar con mayor facilidad la energía y acostumbrarse más a la sensación de los golpes. El joven poco a poco va notando con más detalle la diferencia entre la primera roca y las siguientes, aunque por mucho que lo intente aun no logra materializar la armadura, ni siquiera notarla. En el interior de su mente hay una voz diciendo que se rinda, que solo está sufriendo tontamente y que no sacará nada de eso, que solo está perdiendo el tiempo y no puede buscar a Titta mientras esté ahí parado. La voz es la de un antiguo compañero de su época de aprender a ser cazador, cuando ese mismo se rendía rápido ante cualquier problema y terminó por dejar de aprender y dedicándose a otra cosa, pero justo a la par salen varias imágenes y voces que le alientan a seguir, la primera su abuelo, recordándole todo lo que le enseñó y lo importante que es mantenerse firme en las adversidades, que es donde uno experimenta la mayor mejora. Junto a su abuelo aparecen dos rostros, los cuales son los que le impulsan siempre a mejorar, en un lado el rostro de Titta, su hermana adoptiva y el motivo por el que dejó la isla atrás y se lanzó al mar como marine, y en el otro lado Maria Merlot, la peculiar, alegre y hermosa medio sirena que conoció por coincidencias del destino y que con una simple frase, que seguramente no pensó mucho, cambió por completo el destino del joven arquero, pues sus facciones, su alegría y prácticamente lo que vio de ella eran el reflejo vivo de Titta, haciendo que incluso después de descubrir que era pirata fuese incapaz de verla como alguien malvado.
 
Los ojos del marine siguen firmes, se puede ver claramente en ellos que no está flaqueando, al contrario, parece que a cada piedra que le golpea su determinación aumenta, casi como si en lugar de dolor los golpes le sirvan para incentivarse. Mientras la joven sigue lanzando piedras, tomando descansos para no forzar demasiado al marine ni su brazo, el joven mantiene la calma y concentración, y mientras su cuerpo va adaptándose a los golpes y asimilando la sensación del haki de Jalindra, sus otros sentidos se fijan en otros detalles, el sonido del viento en las hojas de los árboles, los animales haciendo su vida fuera de ese lugar, el fresco aroma de la hierba y la humedad en el aire. Cada detalle que percibe es interpretado y guardado si es importante, y desechado sino, pero todo lo que pasa a su alrededor tiene un efecto en el joven. Poco a poco el joven empieza a notar la temperatura cambiando, las sombras van creciendo y el sol va bajando poco a poco, pero la joven no se detiene, sigue lanzando piedras mientras el arquero las recibe, cada vez que le golpea una piedra nota un matiz diferente, como si a cada golpe descifrara algo nuevo del haki, como cuando lees las pistas de un misterio y cada vez descubres un dato nuevo que te guía hacia la solución.
 
El joven sigue concentrado en desvelar el secreto y no nota que las horas van pasando, su cuerpo parece no notar el hambre, ni tampoco la joven, pues su ritmo no baja, al contrario lo aumenta y es ahí cuando la situación cambia, pues el joven arquero ya no está simplemente recibiendo y descifrando, sino que dentro suya empieza a notar algo distinto, como una brasa empezando a calentar, similar a cuando el carbón está empezando a prender y empieza a emanar algo de calor pero no llega a hacer fuego todavía. El joven lo nota y se da cuenta que ya empieza a surtir efecto el entrenamiento, pero sabe de sobra que aún le queda un largo camino por recorrer hasta poder usarlo, pues primero tiene que lograr formar la armadura, y luego, conseguir usarlo a voluntad sin que sea un simple acto reflejo o el resultado de un impulso instintivo. Dejando de lado ese hecho, el pelirrojo se concentra para no perder de vista el objetivo ni olvidar como se siente en ese momento, pues tiene toda la impresión de que ese sentimiento va a ser la clave para poder desarrollar el haki.
 
Las piernas del joven se mantienen firmes, pese a que la postura en la que está generalmente resulta incómoda para la mayoría de personas y provoca que las piernas se sientan entumecidas y descoordinadas, para el arquero no es algo que ocurra fácilmente, acostumbró su cuerpo a aguantar largos ratos en la misma posición, inclusive posiciones poco cómodas o que provocan situaciones como entumecimiento, calambres y demás resultados de un pobre riego sanguíneo. La joven maestra lo mira y, sin dejar de arrojar las piedras, dice -Cuando vi la postura que tomabas pensé que no sabías lo que hacías, que estabas poniendo una excusa para cuando quisieras detenerte antes de tiempo, pero he de reconocer que aguantas bastante bien una de las posturas más incómodas que conozco, siendo frecuentemente usada como castigo. Se nota que tienes tu cuerpo bien entrenado y acostumbrado, además de tener una voluntad bastante fuerte.-
 
El joven sonríe y dice -Desde pequeño me acostumbré a pasar largas horas en la misma postura, pues una de las cosas más básicas para un buen cazador es aprender a mezclarse con el entorno y quedarse inmóvil, esperando el momento para atacar sin que la presa te descubra sir. Debido a ello mi cuerpo desarrolló un gran aguante a todo tipo de posturas incómodas, siendo que puedo aguantar varias horas en la misma postura sin muchos problemas.-
 
El joven concentra su mente en la sensación que sigue ahí, medio ardiendo en el centro de su pecho, como si su propio corazón quisiera emitir una gran cantidad de energía hacia afuera y expulsar todo lo que golpea la piel del arquero de flechas eléctricas. Los músculos del joven empiezan a reaccionar automáticamente a los golpes de las piedras, pero no como lo hacen de normal, sino que parecen tener algo más de fuerza o energía, como si algo los estuviera recubriendo y reforzando desde dentro, protegiéndolos para que no se dañen. Con cada golpe en su torso, los músculos alrededor se contraen para reducir el impacto, como cuando uno cae y dobla las piernas para reducir el impacto del suelo sobre el cuerpo amortiguándolo con ese movimiento. El joven mantiene la mente tranquila, equilibrando su energía y canalizando las enseñanzas de su abuelo, un hombre sabio que a pesar de tener casi 80 años cuando murió, pocos se atrevían a desafiarlo pues era uno de los arqueros más hábiles del clan, y todo por su filosofía que consistía en mantener alineados y en armonía cuerpo, mente y alma, una forma de ver la vida y el entrenamiento eficiente y muy peligrosa, pues logra hacer que los efectos adversos no sean tan severos, evita que te dejes achantar por las adversidades y empieces a aprender de ellas, estudiarlas y usarlas a tu favor.
 
En ese exacto momento el cuerpo del joven recordó el entrenamiento que siguió aproximadamente a los 9 años con su abuelo, donde le hacía aguantar todo el tiempo que podía en diversas posiciones incómodas, complejas y con facilidad para provocar entumecimiento, desequilibrio y diversos efectos que en mitad del bosque serían letales, mientras le recordaba que cuanto antes su cuerpo se acostumbrara a ese tipo de situaciones, mejor. La joven maestra de haki no lo es sin motivo, sabe exactamente el estado del joven arquero, tanto físico como mental, por ello es que es capaz de saber si puede o no seguir con el entrenamiento por más tiempo. Las piedras siguen llegando sin descanso al cuerpo del marine, pero cada vez se notan diferentes, como si no tuvieran el mismo peso que antes y fueran más ligeras o suaves, y la sensación que siente el joven de orbes rojizos es cada vez más fuerte, como un cálido abrazo que se extiende desde su interior hacia fuera. Pese a que el avance parece prometedor la joven birkaniana sigue pudiendo saber lo que pasa por la cabeza del joven, por lo que es perfectamente consciente del debate interno que tiene y sonríe de una manera que parece indicar está satisfecha con como está resultando el enfrentamiento interno del marine. Por su parte Bertram es totalmente consciente de que esa división interna no es mala, de hecho es algo que hace que el marine tenga una fortaleza mental más elevada que otros que conoce, pues al enfrentar a sus dudas y miedos es capaz de evitar que esas mismas dudas y miedos le impidan valorar la información y tomar la decisión más acertada.
 
La joven observa al joven marine y mantiene el ritmo, percatándose de que la energía del joven parece menguar con cada impacto, y sin embargo su determinación y voluntad parecen mantenerse firmes. Los ojos rojos del marine brillan como si el rojo fuese el fuego mismo ardiendo con fuerza, como si tuviera más energía que al inicio, siendo que en realidad la joven sabe que el pelirrojo está agotándose poco a poco con el entrenamiento. Poco a poco el propio marine nota como su energía va drenándose como el agua en un cubo con un pequeño agujero, no es nada instantáneo ni tampoco veloz, pero es algo sin pausa, que eventualmente harán que el joven caiga agotado, incapaz de moverse o mantenerse consciente. Aunque realmente nota como se va agotando, como poco a poco sus fuerzas van desvaneciéndose, algo en su interior parece ganar fuerza, algo que surge desde lo más profundo de su ser, la energía que empezó a notar en el centro de su pecho, junto a su corazón, la cual parece incrementarse poco a poco, aunque no parece hacerlo lo suficientemente rápido para compensar el desgaste de la energía.
 
El cuerpo del arquero es resistente, y tiene una buena cantidad de energía, sin embargo, todo tiene su límite, y forzar el cuerpo más allá de dicho límite no es buena idea. La joven es consciente de eso, y por eso es que insiste en entrenarlo con calma, manteniendo un ritmo que le permita avanzar pero no lo obligue a sobre esforzarse, pues entiende que no todos tienen su misma capacidad de aprender y dominar el haki al nivel que tiene con facilidad. Los ojos del marine se mantienen firmes y decididos, pero su cuerpo empieza a notar el cansancio, y el hambre empieza a apretar, su frente empieza a sudar y sus piernas se sienten pesadas, por lo que la joven se detiene al mismo tiempo que el sol termina de esconderse, dando paso a una noche llena de estrellas y la luna brillando en el cielo, en su cuarto menguante haciendo que aun se pueda ver con claridad, por lo que la joven lo mira y dice
 
-Lo dejaremos aquí por hoy, seguir no será productivo ya que hará que te agotes demasiado y no puedas alimentarte, de manera que ve a comer y descansar, continuaremos mañana en cuanto desayunes. Puede que sientas que no has avanzado lo suficiente, que solo has sufrido daños, pero créeme cuando te digo que has progresado considerablemente teniendo en cuenta el poco tiempo que llevamos entrenando. Pude notar el cambio en tu interior, vi exactamente el momento en el que algo empezó a despertar en tu cuerpo, aférrate a esa sensación y en muy poco tiempo estarás usando el haki con la misma soltura y naturalidad con la que usas tu arco joven arquero.-
 
Tras esas palabras la joven se retira, seguramente comerá algo y se marchará a dormir, por lo que Bertram se levanta, se sacude la tierra de los pantalones y se retira a cazar algo, intentando mantener la atención en la sensación en su pecho. Primero toma su arco con su fiel compañero peludo, quien lo saluda efusivamente al verlo llegar y se alegra cuando el marine le acaricia tras las orejas y le dice
 
-Algún día volverás a ver a la peliazul de Whiskey Peak que tantos mimos te dio, solo que ahora su pelo es rosado. Pero sigue siendo la misma muchacha alegre, despistada y hermosa que antes sir.-
 
Bertram toma su arco y un par de flechas y se adentra ligeramente en el bosque, sus pasos calmados y buscando alguna criatura pequeña para preparar una cena ligera pero que le ayude a recuperar energía mientras duerme. Pillará uno que pueda dejar algo para desayunar, sabiendo como mantenerlo y evitar que se eche a perder de un día al otro. El joven se mueve por el bosque con total soltura y naturalidad, como si hubiese nacido en el bosque, algo que casi es cierto, pero sí que se crió adentrándose y aprendiendo a coexistir con la naturaleza, adaptándose al entorno y estudiando el equilibrio natural de la zona para evitar causar estragos. Bertram emplea el recién aprendido haki para ver donde se encuentra la presa que busca, agilizando así el proceso. No tarda demasiado en localizar un pequeño conejo, bastante grande para la cena y poder preparar un buen desayuno, sin más propiedades que saciar el hambre y tener un sabor medianamente decente. El joven arquero se mueve lo más discreta y sigilosamente que puede, recordando lo que aprendió con su abuelo y perfeccionó a lo largo de años de cacería, tanto en solitario como en grupo. El joven no tarda en acercarse a su presa, y con una calma y precisión propias de un cazador experimentado, el joven lanza una flecha que atraviesa el cuello del animal acabando rápidamente con su vida, sin sufrimiento. Tras eso el contramaestre se acerca al animal y lo recoge, recuperando también la flecha al no haber sufrido daños estructurales.
 
De camino de vuelta el marine observa su entorno, sintiendo nostalgia de su isla natal y sabiendo que echará en falta ese tipo de entorno y bosque. Una vez de regreso a la zona, el joven toma el cuchillo y un bol antes de hacer un corte en la yugular del animal para que, al colgarlo boca abajo, se desangre dentro del recipiente y la sangre no dañe el sabor de la carne. Mientras el conejo pierde sangre el joven pelirrojo toma unas cuantas ramas de la zona, algunas hojas secas y unas piedras, distribuyéndolas cuidadosamente y formando una fogata improvisada. El joven marine toma el conejo ya desangrado y con el mismo cuchillo le saca la piel con cuidado, empezando por la herida del cuello y moviéndolo con el cuchillo inclinado en un ángulo que hace que el cuchillo avance suavemente sin dañar ni la piel ni la carne, hasta que está todo fuera. Tras eso, el joven empieza a limpiar el interior del conejo, abriendo su estómago y sacando los órganos, dejando solamente la carne y los huesos dentro. El joven toma el conejo ya limpio y usa algo del agua que lleva encima para terminar de limpiarlo bien y clavarlo en una estaca y colocarlo a una distancia razonable del fuego para que se vaya haciendo poco a poco. Mientras observa la cena prepararse acaricia a su fiel compañero pensando en cómo podrá lograr despertar el haki y dominarlo antes de que sea tarde y tenga que marcharse sin lograr dominarlo. Finalmente el conejo está ya listo, por lo que el joven separa la porción de la noche, dejando la mayor parte para un desayuno completo y lleno de energía para empezar el entrenamiento con fuerza. Antes de comer la cena el joven envuelve la carne hecha en algo de papel y tela, y lo coloca en una alforja con agua para mantener una temperatura más baja y no verse muy afectada por el calor. Tras eso el joven come su cena acompañado de Rasmussen, que se acerca a él y apoya su cabeza sobre sus hombros con suavidad para no hacer demasiado peso. Bertram come con calma, saboreando la carne apenas sazonada con algo de sal que tenía encima al no ser cocinero tampoco puede hacer nada demasiado elaborado. Tras terminar de comer el joven limpia la zona, echa la sangre en una zona cercana y la piel algo más alejada, luego regresa y, tras apagar el fuego, se acuesta junto a Rasmussen, quien también se encuentra tumbado para descansar, apoyando Bertram su cabeza contra el pelaje del walkie blanco.
 
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Al contrario que en otras noches donde el joven duerme casi con la mente en blanco, en esta ocasión recuerdos empiezan a llenar su memoria, empezando por sus días en el bosque, cazando junto a su abuelo, sus amigos y el resto del clan, cada uno con un estilo diferente y cada uno de ellos colaborando con el resto para el mejor resultado posible. El bosque estaba en silencio durante las cacerías, pero luego en el pueblo las risas y conversaciones llenaban los salones donde se reunían y las hogueras donde contaban historias o simplemente pasaban la noche. Poco a poco los recuerdos van cambiando y lentamente el joven Bertram de los recuerdos va creciendo, la gente va cambiando, pero el ambiente alegre y cercano seguía igual, todos apoyándose y disfrutando de la vida tranquila en armonía con la naturaleza, nadie atacaba a nadie, y cuando uno se quedaba atrás o necesitaba ayuda todos se lanzaban a ayudarlo, eran como una gran familia. Sin embargo, conforme los recuerdos avanzan en los años también lo hacen los sucesos, hasta que finalmente un recuerdo llena completamente la mente del marine, quien sin darse cuenta empieza a llorar en silencio, lágrimas escapando de sus ojos cerrados y escurriendo por su rostro llegando al pelaje del pobre animal que acerca la cara al marine al notarlo triste, ayudando a calmar al joven arquero, pero Bertram sigue llorando al tener aún marcado ese recuerdo en su mente.
 
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La noche avanza con el joven marine entristecido por los recuerdos, pero al mismo tiempo eso potencia su determinación y hace que aún mientras duerme la sensación de su pecho siga ardiendo, incluso lo haga ahora con más fuerza. Su respiración se mantiene calmada, su cuerpo relajado y solo su mente algo inquieta, pero no es nada con lo que no pueda lidiar, sobre todo porque de fondo escucha la voz de su abuela diciendo -Ánimo cariño, sé que podrás superar todos los obstáculos que te encuentres, ni tu abuelo ni tus padres se detenían, y heredaste su talento, siendo que tu abuelo vio en ti el potencial de superarle incluso a él.-
 
El viendo mece las hojas suavemente y los animales nocturnos hacen un sonido lejano que tranquilizan al marine, quien se siente cómodo viviendo cerca de la naturaleza siendo que es cuando mejor duerme y descansa. El joven de tener esos recuerdos en otro lado, como una habitación en una ciudad seguramente no descansaría nada bien. En el barco descansa mejor por estar cerca del mar y ser algo más natural que la pura civilización. La suavidad del pelaje de Rasmussen, la naturaleza que lo rodea y el recuerdo de sus abuelos animándole, el saber que Titta sigue viva en alguna parte, y no menos importante, el saber que Maria lo echaría de menos logran calmar su mente y su mente empieza a cambiar la escena, deja atrás el recuerdo de cuando encontró a sus abuelos y pasa a ver una imagen que no es un recuerdo, ya que no es algo que haya pasado, pero es algo que internamente el joven quiere que pase, una tarde tranquila disfrutando de la playa o de compras junto a Titta y Maria, acompañados de Hyakintos que es importante para Maria.
 
Lentamente la noche va avanzando, el cielo se va volviendo paulatinamente más claro y poco a poco las estrellas dejan de verse, al ser una fuente de luz más tenue que la del sol, que empieza a salir con su fuerte y vívido brillo tan importante para la vida en este mundo en el que nos encontramos. El joven, acostumbrado a despertarse de esa forma tan natural, abre los ojos con calma, se limpia un poco de los restos de las lágrimas de la noche antes de estirarse y acariciar a su compañero que también se está despertando, sin problemas ni complicaciones, siendo algo natural en él. El marine saca el conejo de la alforja donde lo guardó y la comida de Rasmussen, rellenando el recipiente preparado para ello así como el del agua, y empieza a desayunar junto a su fiel montura que disfruta de un desayuno apropiado haciendo pequeños ruidos de alegría al pasar tiempo con su compañero marine, pues el arquero de flechas eléctricas no se ve como el dueño del hipopótamo ni al mismo como una mascota o herramienta, es un compañero leal que le ha ayudado en múltiples ocasiones, como en el ataque del francoatirador que atacaba al pueblo de Bighorn.
 
El joven marine se encuentra sentado junto a su montura, comiendo lo que guardó del conejo de anoche mientras acaricia el pelaje de Rasmussen, quien come felizmente acompañando al marine la comida preparada especialmente para él. El contramaestre desayuna con calma, aun recordando los sueños de anoche pues fueron tan vívidos que para él eran reales en parte, y disfruta de la suave brisa de la mañana acompañando el amanecer y el cantar de los pájaros. Sus ojos observan la zona donde seguramente aparecerá Jalindra para continuar con el entrenamiento del haki, algo que le urge pues prefiere dejarlo ya solucionado con tiempo en lugar de apurar demasiado y arriesgarse a no poder terminar el entrenamiento, haciendo que todo el esfuerzo hecho hasta el momento en el que se vea forzado a marcharse fuese totalmente en vano. Pese a que tiene prisa el joven sabe que comer muy deprisa y sin cuidado es peligroso, con grandes riesgos de atragantamiento e indigestión por no darle tiempo al cuerpo a asumir que tiene que empezar la digestión.
 
El joven marine termina de desayunar con calma, y se deshace de los restos de la forma que le enseñaron de pequeño, dejándolo en una zona del bosque donde o lo come alguna especie carroñera, o se descompone y sirve de abono para el bosque, igualmente favorecerá al medio ambiente. De regreso al dojo de Jalindra, el joven se termina de lavar la cara y las manos con algo del agua que tiene encima justo a tiempo de percibir a la maestra acercarse, por lo que el joven marine sonríe y se pone erguido mirando como se acerca, y dice
 
-Ya estoy listo para empezar sir.-
 
La joven asiente y se encaminan de regreso al mismo punto que antes, donde el joven mantiene la misma postura que el día anterior, toma aire y hace una señal con la cabeza indicando que puede empezar, a lo que la maestra toma piedras del mismo tamaño y empieza a lanzarlas, siguiendo usando el haki en ellas para que el arquero siguiera notando la sensación que da el mismo. El joven mantiene la mirada fija y tenta, la respiración totalmente controlada y su mente concentrada, teniendo las imágenes que más le motivan grabadas a fuego en sus retinas y su mente, los rostros de sus abuelos sonriendo y un hipotético encuentro entre Maria y Titta yendo ambas de compras como grandes amigas. Poco a poco el cuerpo del joven va reaccionando a las piedras, pero algo extraño pasa, cuanto más reacciona a ellas menos las nota, hasta el punto en el que si no estuviera viendo a las rocas impactar contra su cuerpo ni sabría que le están lanzando objetos.
 
Jalindra al percatarse de ello toma un grupo de piedras de mayor tamaño, y al mismo tiempo las lanza con más fuerza y velocidad que antes, haciendo que el marine note los fuertes impactos sucederse una y otra vez contra su cuerpo, no tan duros como las primeras piedras, pero sí que se nota el impacto. El joven mantiene la mirada firme, y lejos de molestarse por volver a notar las piedras y tomarlo como un retroceso, más bien su voluntad y determinación se potencian, y sus ojos lo reflejan con un fuerte brillo como una antorcha en una cueva completamente oscura. La joven birkaniana parece satisfecha y contenta con la mirada del marine, así como con la calma que percibe en su mente, por lo que sigue lanzando las rocas cada vez más seguidas, haciendo que parezca que varias de ellas impactan al mismo tiempo en el cuerpo del marine, quien aguanta firme y no muestra ningún reflejo ni ninguna señal de sentir dolor por los impactos. La joven maestra del haki no se detiene, sigue lanzando piedras contra el marine quien mantiene  la postura y aguanta firmemente las piedras lanzadas contra él, notando ahora con aún más fuerza esa extraña energía brotar de su interior.
 
Y al contrario que antes, el marine no solo la nota crecer, sino que en ese momento está logrando canalizarla a voluntad, siendo que logra concentrar casi toda la energía en los puntos donde más nota las piedras golpeando. El joven agudiza la visión, siguiendo el movimiento del brazo antes de que lance la piedra para deducir donde irá la piedra para intentar potenciar el haki en esa zona, pues la fuerza que nota surgir de su interior se parece bastante a la que proviene de las rocas que le van golpeando. El joven procura controlar lo más perfectamente que puede, sabiendo que aunque logre dominar la base tiene un largo camino por delante para terminar de controlarlo del todo, incluso el haki básico pues es lo único que está aprendiendo. De forma gradual y progresiva el joven empieza a tener un mayor dominio del haki, siendo que la maestra se detiene en un momento y coloca un balde con lo que parece ser una nube dentro, de las mismas que parecen formar algunos ríos en la zona, diciendo
 
-Antes de seguir quiero que trates de tomar esa nube, para ello debes poder concentrar el haki en tus manos, no necesitas cubrir todo el cuerpo, solo la parte que lo necesita.-
 
El marine no entiende muy bien como va a poder tomar la nube aunque concentre el haki en su mano, pero igualmente no es quien para llevarle la contraria a su maestra por lo que dirige la energía que nota fluyendo en su cuerpo hacia su mano derecha, a la vez que lentamente la hunde en el cubo notando algo raro, es como si la nube fuese diferente al tacto, aunque no permite que la sorpresa lo desconcentre, despeja la sorpresa a un lado y concentra su atención en cumplir con la tarea impuesta por su maestra, siendo que con la mano hundida en lo que parece ser una nube, no tiene muy claro si realmente lo es, permanece quieto unos momentos, luego junta su dedo pulgar y su índice como si formara una pinza para tomar un hilo del cubo antes de retirar la mano del interior, sin saber a ciencia cierta qué resultado esperar de ello. El joven observa el cubo sin saber que pensar, mientras que la maestra lo observa con atención, su rostro mostrando seguridad y confianza, como si en su mente el joven ya está preparado para lograr hacer lo que pide, algo que parece ser una señal de que ya puede usar el haki básico, en ese preciso momento. El joven pelirrojo retira la mano despacio, como un cirujano en una operación, exactamente de la misma manera que el propio arquero se mueve cuando está haciendo un trabajo extremadamente delicado en el que cualquier error o desvío puede ser fatal.
 
La mano del joven se eleva con cuidad, su mente pensando que un movimiento en falso y todo su esfuerzo desaparecerá por completo, como si elevara un cristal extremadamente fino y delicado, que con cualquier perturbación puede romperse. Los ojos rojos del marine se fijan en la superficie de lo que rellena el cubo y la zona vacía que hay justo encima, siendo obviamente donde se moverá la mano una vez salga del interior de esa sustancia parecida a una nube. Lentamente el brazo va saliendo y luego la mano, dejándose ver primero el empeine de la mano, luego los dedos y finalmente los dos dedos que forman la pinza, momento en el que Bertram no espera realmente nada diferente, pero para su enorme y tremenda sorpresa, entre sus dedos se ve como una especie de hilo del mismo color que la nube del cubo, firme, no sólida, pero tampoco completamente intangible, similar a lo que sucede con un líquido no newtoniano pero sin serlo y no por las mismas razones, ya que a esa velocidad si fuese como dicho material no estaría ocurriendo eso Bertram no sabe como procesar lo que está pasando. Jalindra, en cambio muestra un cambio claro en su rostro, de confianza y seguridad a algo distinto, pero no peor, una sonrisa y una expresión de alegría tremenda, la cual cuando el marine la ve recuerda exactamente la última vez que la vio, es exactamente la misma expresión que tenía su abuela cuando el joven le fabricó su primera cocina tras romperse la que tenían, y ver que era incluso más eficiente que la que tenían.
 
El marine mira con cuidado a su maestra antes de decir -Maestra, hice lo que me pidió y por su rostro creo es correcto para mi asumir que ya he completado el entrenamiento con esto y ya puedo usar el Busoushoku Haki básico sir.- La joven observa al marine que aún sostiene la nube en sus dedos, su rostro aún esbozando esa sonrisa de satisfacción y alegría antes de decir -Así es, pero antes de terminarlo quiero comprobar si puede hacerlo sobre objetos, pues es algo totalmente necesario para ti ya que peleas con proyectiles.-
 
El joven asiente y suélta la nube, pues así le indica que lo haga Jalindra antes de tenderle una roca y decirle que trate de arrojarle la roca a ella cubriéndola de haki, ella no usaría el suyo para comprobar si el pelirrojo realmente logra envolverla con el haki o aún es pronto. Bertram toma la piedra, la observa con calma y luego mira hacia su maestra, como si midiendo la distancia y averiguando si podrá llegar, pero tras un tiempo meditando cree que si podrá hacerlo, por lo que concentra el haki en la piedra y la lanza con fuerza hacia la maestra que recibe el golpe en su abdomen y sonríe al notarlo, algo que otros tomarían de manera equivocada, pero la joven mira al marine y dice -Felicidades Bertram, has logrado aprender ambos hakis en el poco tiempo que has pasado conmigo, aunque has dedicado bastante tiempo a ello si tomamos en consideración el corto plazo que os dieron para permanecer en la zona.-
 
El joven se levanta finalmente, el torso con marcas del entrenamiento, pero menos de las que el joven realmente esperaba tener al finalizarlo, y se acerca a la joven para, a unos dos pasos de distancia, hacer una profunda reverencia mientras dice -Muchísimas gracias maestra Jalindra, gracias a ti pude aprender a usar los dos hakis. Jamás olvidaré lo que hizo por mi.- Tras eso el joven levanta la cabeza esbozando una sonrisa alegre y totalmente satisfecha alegrándose aún más al saber lo contenta que se veía Jalindra al verle terminar de dominar el haki nuevamente. Pese a haber terminado el joven no es de los que simplemente se van una vez termina el entrenamiento, siempre espera que le digan que puede retirarse, y esta no es la excepción, por lo que permanece quieto en su sitio hasta que Jalindra le dice que ya puede retirarse, y que disfrute del tiempo que le queda en la isla y aproveche para visitar más de ella antes de que tenga que regresar al mar azul, incidiendo en que no dude en investigar el bosque pues se percató de lo cómodo y contento que estaba el marine en mitad del bosque.
 
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berchanpandared



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Descubriendo nuevas fuerzas[Fic Entrenamiento Busoushoku Haki][PR] - por Bertram Gaufrid - 21-08-2026, 11:08 AM

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