T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
#39
Quince de las dieciséis presencias que había en aquel sótano se materializaron frente a sus ojos en cuanto llegó al sótano. No era fácil de apreciar, porque su sombra se proyectaba por encima de la jaula que las privaba de su libertad, pero a simple vista parecían ser todas mujeres. Todas increíblemente aterrorizadas, faltas de esperanza y magulladas física y psicológicamente. Cuando Bambú se fijó en la clase de ropas que llevaban y en las evidentes heridas que plagaban sus cuerpos, apretó los dientes y frunció el ceño, evocando una expresión furibunda que no era propia de él. La decimosexta presencia empezó a aplaudir sin demasiado acierto. Salió de la oquedad que quedaba entre la jaula y la pared del fondo, la cual debía ser lo bastante ancha como para poder acoger a aquel canalla miserable. Era un hombre, quizás humano por la estatura, aunque con el ridículo disfraz que llevaba era imposible saberlo a ciencia cierta. Era bajito para Bambú, quizás llegando al metro setenta y cinco con suerte. Su complexión tiraba hacia lo atlético y a juzgar por el látigo que portaba en su mano izquierda debía de ser más diestro que fuerte, como le pasaba a muchas personas que peleaban con armas del estilo. Cuestionaba las intenciones de Bambú, alegando que las muchachas estaban bien en aquel lugar. El restallido de su látigo provocó unos gritos asustados y una sonrisa siniestra nació en el rostro de aquel individuo. Los puños del panda se cerraron con fuerza. Su sangre estaba en ebullición. Aquel hombre disfrazado de látigo representaba la opresión contra la que luchaba el Ejército Revolucionario con todas sus fuerzas. Se presentó como Wiplash y, naturalmente, conocía el nombre del panda. Su sexto sentido le alertó de algo que sus ojos no podrían percibir: el movimiento en línea recta de aquel sujeto hasta una distancia de dos metros de él con plenas intenciones hostiles. Imbuyó sin perder ni un segundo de tiempo su mano izquierda con el característico color negro del haki armadura. Su guante reflejaba en su negro absoluto la luz candente de las antorchas que iluminaban aquella estancia. El hombre látigo empezó a acercarse, pero Bambú no se quedaría quieto esperándolo. Cuando Wiplash estaba a siete metros de él, es decir, a cinco metros de terminar su recorrido, Bambú se adelantó cuatro metros hacia delante, trazando sensiblemente una diagonal hacia su propia izquierda y encontrándose con Wiplash a dos metros de rematar su propio recorrido con la intención de darle un latigazo en la cara.

Algo más de un metro los separaba, pero Bambú era muy grande y no tendría problema alguno en alcanzar a su objetivo desde esa distancia. Sus piernas se flexionaron, rebajando su altura ligeramente. Su brazo izquierdo se hinchó visiblemente, evidencia de la fuerza que estaba ejerciendo sobre sus movimientos, y se pandapultó hacia delante desde la cadera. Su mano abierta buscaba con la palma el rostro de Wiplash a la altura de la nariz. El impacto resonó en toda la estancia con una sequedad grave. El cuerpo del hombre látigo se desplazó hacia atrás catorce metros de distancia, pero en ningún momento llegó a perder el equilibrio. —Las personas como tú me dan asco. —Sentenció Bambú. Sus piernas todavía estaban flexionadas. Su brazo se había replegado y ahora se encontraba ligeramente flexionado hacia atrás paralelo al derecho, ambos en la misma postura con los codos a la altura de las caderas y los puños cerrados hacia delante. Sin aviso alguno, el panda saltó en línea recta hacia delante mientras su cabeza y su mano derecha se recubrían del mismo color que la izquierda. Su torso giró en medio del aire 90º hacia la izquierda y sus puños cerrados se situaron paralelas a la cabeza, dándole apariencia de un tridente úrsido. Su puño derecho impactó en la cara de Wiplash, justo donde había impactado el Malemare; su cabeza fue directa a su estómago y su mano izquierda se encontró con la rodilla derecha del opresor. La segunda sequedad grave que inundó con su sonido la habitación se acentuó con un desagradable crujido proveniente de la cabeza de aquel individuo tan desagradable, que salió despedido por el segundo impacto con tanta fuerza que chocó contra una de las paredes del sótano. Bambú aterrizó con su pierna izquierda en el suelo, irguiéndose al momento con los puños cerrados a la altura de las caderas, apuntando hacia el suelo. —Os bebéis todo el poder que os conceden vuestros señores como si no hubierais catado un vaso de agua en semanas. —Mientras hablaba, el panda avanzaba hacia delante caminando. Cuando llegó a donde estaba Wiplash le agarró del cuello con la mano izquierda y lo levantó del suelo como si fuera un trapo sucio. —Y abusáis de él completamente ebrios porque no hay consecuencias a la vista. Es patético. —Su puño derecho se hundió en el estómago del malherido Wiplash. Su sufrimiento no duraría mucho más, porque al contrario que él, Bambú no era ningún monstruo. —Pero este castillo de naipes que os habéis construido con vuestras febriles ensoñaciones de poder se derrumba ante la menor de las brisas. —Aflojó el agarre en el cuello de Wiplash y dejó que cayera al suelo por su propio peso. De repente Preypiercer se encontraba en su mano derecha y parecía brillar, a la luz de las antorchas, con una tenue luz rojiza que contorneaba el negro del haki armadura que ahora la imbuía. Sin necesidad de pensarlo ni de dirigirla, la propia lanza parecía buscar el cuello de Wiplash. —Y nosotros no somos una mera brisa, somos las llamas de la Revolución que lo consumirán todo. —Fue rápido, fácil y directo. Preypiercer se hundió en la garganta de Wiplash con toda la fuerza que fue capaz de imprimir en ella Bambú, incrustándose en el proceso en el suelo del sótano.

La consciencia de Wiplash se desvaneció tan rápido que Bambú no estaba seguro de si seguía vivo o no, pero ya no importaba. Desclavó a Preypiercer y la volvió a envainar. Seguramente aquel imbécil tenía las llaves de la celda, así que se agachó para registrarle y hacerse con ellas. —Ya no tenéis que temer nada. No mientras nosotros estemos aquí...

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 10976 + 0 = 10976
Energia: 8840 - 1583 = 7257
Espiritu: 2989 - 432 = 2557


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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - por Max D. Bambú - 20-08-2026, 06:55 PM

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