20-08-2026, 02:23 PM
(Última modificación: 20-08-2026, 02:25 PM por Magnus Brand.)
—Con que Tibias, eh... —Dijo Magnus para sí mismo mientras empezaba a esbozar una sonrisa.
Siguió bebiendo mientras se terminaba su cigarro.
Tras esto, tiró su cigarro al suelo e inmediatamente se encendió otro con su flamante encendedor con forma de sirena durmiente.
Magnus esbozó una sonrisa.
«Joder, cómo echaba de menos esto», pensó. Llevaba días sin poder atizar a nadie. La última vez fue aquella patada que le dio a un esclavista en esta misma isla, pero eso claramente no fue suficiente.
«No soy partidario de la violencia gratuita, pero...», se decía Magnus a sí mismo. Siempre se mentía de esta manera. Cuando decía "gratuita" se refería a que necesita al menos una excusa mínima, pero a veces se la buscaba él mismo.
Llevaba días a base de pasear sin rumbo, beber y fumar. Tampoco es que le pareciera una mala vida, pero necesitaba un poco de acción. Mirar al horizonte y escribir poemas es solo entretenido hasta cierto punto.
Magnus empezó a reflexionar sobre la situación. ¿El tabernero? Un hijo de puta simpático. De los que ya apenas quedan. No es un hippie de mierda de los que no permiten fumar en sus tabernas. ¿El resto de clientes? Unos cabronazos bastante agradables. Por fin hay gente que coincide con su sentido del humor y sus formas. Aquí podría sentirse como en casa. ¿Los matones que han entrado por la puerta? Unos hombrecillos que han venido a joderle la tarde.
«¿300.000 berries al mes? ¿Quiénes son? ¿El gobierno mundial?». Cualquiera que supiera un poco de economía sabría que un impuesto así repercutiría directamente en los clientes u obligaría a cerrar la taberna. A Magnus no le apetecía ninguna de las dos opciones.
Era la situación perfecta. No solo tenía una excusa para ejercer violencia, sino que además tenía un motivo real. Si había algo que Magnus odiase con pasión era la esclavitud, pero si tuviera que decir otra cosa, serían los putos impuestos. Nada le hacía hervir la sangre más que un impuesto que jodiese la libertad de negociación entre personas libres.
Magnus se levantó de la silla mirando con una sonrisa al matón de la puerta. Se terminó el más de medio cigarro que le quedaba de una sola calada.
Se apagó el cigarro en la cicatriz del pecho para tener las manos libres. Se encontraba a unos 5 metros de su objetivo. Sin decir nada, echó a correr. El matón aún no había terminado su ráfaga de "¡A pagar, a pagar!", y vio como se aproximaba hacia él una mole de 5 metros de altura y más de 300 kilos de peso.
Al llegar, aún en carrera, Magnus tensó la musculatura de su tren inferior, acumulando una fuerza explosiva en piernas y cadera para liberarla en una patada lateral con su pierna derecha directa al pecho del matón en cuestión, que cayó al suelo de espaldas.
Sin darle mucha importancia a la situación, Magnus se encendió otro cigarro. Tomó una primera calada y exhaló el humo mirando al techo.
Volvió a dirigir la mirada hacia el matón con tranquilidad.
—Dime dónde está Tibias, bastardo. Y lárgate de aquí antes de que ponga todo esto perdido con tu sangre
Siguió bebiendo mientras se terminaba su cigarro.
Tras esto, tiró su cigarro al suelo e inmediatamente se encendió otro con su flamante encendedor con forma de sirena durmiente.
Magnus esbozó una sonrisa.
OST
«Joder, cómo echaba de menos esto», pensó. Llevaba días sin poder atizar a nadie. La última vez fue aquella patada que le dio a un esclavista en esta misma isla, pero eso claramente no fue suficiente.
«No soy partidario de la violencia gratuita, pero...», se decía Magnus a sí mismo. Siempre se mentía de esta manera. Cuando decía "gratuita" se refería a que necesita al menos una excusa mínima, pero a veces se la buscaba él mismo.
Llevaba días a base de pasear sin rumbo, beber y fumar. Tampoco es que le pareciera una mala vida, pero necesitaba un poco de acción. Mirar al horizonte y escribir poemas es solo entretenido hasta cierto punto.
Magnus empezó a reflexionar sobre la situación. ¿El tabernero? Un hijo de puta simpático. De los que ya apenas quedan. No es un hippie de mierda de los que no permiten fumar en sus tabernas. ¿El resto de clientes? Unos cabronazos bastante agradables. Por fin hay gente que coincide con su sentido del humor y sus formas. Aquí podría sentirse como en casa. ¿Los matones que han entrado por la puerta? Unos hombrecillos que han venido a joderle la tarde.
«¿300.000 berries al mes? ¿Quiénes son? ¿El gobierno mundial?». Cualquiera que supiera un poco de economía sabría que un impuesto así repercutiría directamente en los clientes u obligaría a cerrar la taberna. A Magnus no le apetecía ninguna de las dos opciones.
Era la situación perfecta. No solo tenía una excusa para ejercer violencia, sino que además tenía un motivo real. Si había algo que Magnus odiase con pasión era la esclavitud, pero si tuviera que decir otra cosa, serían los putos impuestos. Nada le hacía hervir la sangre más que un impuesto que jodiese la libertad de negociación entre personas libres.
Magnus se levantó de la silla mirando con una sonrisa al matón de la puerta. Se terminó el más de medio cigarro que le quedaba de una sola calada.
Se apagó el cigarro en la cicatriz del pecho para tener las manos libres. Se encontraba a unos 5 metros de su objetivo. Sin decir nada, echó a correr. El matón aún no había terminado su ráfaga de "¡A pagar, a pagar!", y vio como se aproximaba hacia él una mole de 5 metros de altura y más de 300 kilos de peso.
Al llegar, aún en carrera, Magnus tensó la musculatura de su tren inferior, acumulando una fuerza explosiva en piernas y cadera para liberarla en una patada lateral con su pierna derecha directa al pecho del matón en cuestión, que cayó al suelo de espaldas.
Sin darle mucha importancia a la situación, Magnus se encendió otro cigarro. Tomó una primera calada y exhaló el humo mirando al techo.
Volvió a dirigir la mirada hacia el matón con tranquilidad.
—Dime dónde está Tibias, bastardo. Y lárgate de aquí antes de que ponga todo esto perdido con tu sangre
Off
![[Imagen: qWhXPFX.png]](https://i.imgur.com/qWhXPFX.png)
