¡Sigue el camino de baldosas azules... azules como los marines! :: PR
#4
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Seguir el camino.
El de color azul marine.

Las instrucciones eran fáciles solo debía el mundo dejar de distorsionarse, dar vueltas y hacerla marear. ¿Estaba flotando de nuevo? Cerró los ojos con fuerza mientras apretaba el papel con el contacto de la cebra coqueta. Al abrirlos el cielo volvía a estar arriba, el suelo volvía a estar abajo. No había ninguna manada de cebras aladas pero el papelito seguía existiendo. Dudo por un momento. ¿Quién era ella para no llamar a la cebra imaginaria de su cabeza? Lo guardo entre su camisa, justo en el lado izquierdo del seno derecho. Echó su cabello hacia atrás. Respiró profundo. Debía seguir el camino amarillo. ¡AZUL, MARI, AZUL! Si, eso dijo, debía seguir el camino azul marine... azul como el mar, azul como los ojos de una estrella radiante y brillante.

La mujer no sabía a dónde ir así que fue al oeste. ¡HACIA EL OTRO LADO! De nuevo la voz… ¿Por qué le gritaba? ¿Qué iba a saber ella cual era la dirección? Si bajas la mirada lo verás. Siguió la instrucción, ahí estaba… comenzaba a pocos centímetros de sus preciosos zapatos rosados. Oh, el camino azul marine. Debo seguirlo. Murmuró llevando una mano a sus labios. ¿Por qué debía seguirlo? Él había dicho despertar. ¿De qué debía despertar? Auuugh balbuceó sintiendo una punzada en el estómago, justo a la altura del ombligo. Se llevo las manos a este, el rostro se frunció. Si, ya recordaba. La oscuridad. El Miedo. Sus nakamas. ¡Quería verlos! Los vería… ¿estaban al final del camino azul? No lo sabía pero iba a descubrirlo. Puso un pie delante de otro pie dando inicio a su caminata. Minutos, horas, semanas, días, lustros, milenios. No supo cuánto tiempo transcurrió. Iba saltando, y tatareando una nana que escucho antes, en algún lugar remoto.

No, no, no. ¿Qué haré? Soy tan tonto como una piedra. ¿Cómo lo hago? María se detuvo cuando de la nada, o siempre estuvo ahí a un lado del camino, un espantapájaros con alas blancas y cabello azabache llamo su atención. Ese ser de cara pálida le recordó al Príncipe Einar. ¡Una cara conocida! Sin dudarlo la mestiza salto a sus brazos. El sujeto se petrifico. ¿Qué haces? interrogo sin saber qué hacer. Pensé que no volvería a verte, te he extraño mucho, un millón más dos millones. ¿Por qué no respondes mis llamadas? Tengo tanto que contarte. Le habló con evidente cariño la damita. No sé quien eres, no te conozco. Refutó el espantapájaros. Soy yo, María Merlot. La chica se separó viéndolo con sus grandes ojos ámbar. Lo siento, no te conozco. No tengo tiempo para esto. Tengo que resolver como separar estos dos aros. La apartó con cuidado, volviendo a su misión de entender como uno un circulo quedaba atrapado con otro circulo. Por un momento la joven quedo confundida. Llevó la mano a su cabeza. Cerro los ojos con fuerza buscando los grillos habituales. Nada. Silencio. Cuando los abrió de nuevo el Príncipe Espantapájaros Einar seguía ahí intentando separar los dos aros.

¡Sigue el camino, María, el camino!

La voz retumbo. Ella negó con la cabeza. Miró por última vez a su “no amigo” y volvió al camino. ¿A dónde vas? La voz del espantapájaros la alcanzó. A despertar, si sigo el camino azul marine lo lograre. La voz me lo dice. Le explicó sin detenerse. ¿Una voz? ¿Cómo un mago que puede cumplir tus deseos? Cotilló manteniendo el paso de la muchacha con los aros unidos sostenidos por su diestra. No lo sé, creo que sí. Solo debo seguir el camino azul marine y volveré a ver a mis nakamas. Le sonrió, la primera sonrisa en ese extraño sueño, o muerte, que sabía ella a donde la había enviado el primo anciano parapeto. ¿Puedo acompañarte? Tengo un deseo. Necesito un cerebro. Estos aros no se separarán solos. Le mostró los dos objetos unidos. Claro, vamos juntos por el camino azul marine. Aceptó la joven, pasando su mano por el brazo del Espantapájaros y caminando a brincos por el sendero que se abría ante ellos.

Minutos después. Ambos amigos se detuvieron. En el medio del camino un individuo vestido con hojalatas estaba sentado y de él provenía un lastimero sonido. Estaba llorando. ¿Qué te pasa? Preguntó la semi sirena soñadora. No tengo corazón. Respondió volteando para encarar al dúo. La boca de María se abrió, reconociendo esa cara y ese cabello. ¿Tomate eres tú? Cuestionó al hombre de hojalatas. ¿Tomate? No, soy de hojalatas, señorita. Y no tengo corazón. Seré un ser frio, apático. ¡Oh, que tristeza! Se lamentó limpiando las lágrimas de kétchup que salían de sus orbes verdes. Definitivamente se parecía muchísimo a aquel marine que una vez conoció. No llores, no desperdicies así el kétchup. Lo consoló la de larga cabellera, sentándose a su lado y abrazándolo con cariño, un cariño que él correspondió. El espantapájaros al ver eso decidió proponer algo. Ven con nosotros, vamos a ver a un mago. Esta al final del camino. A María la despertará. A mí me dará un cerebro. A ti puede darte un corazón.

Así fue como de dos pasaron a tres recorriendo aquel camino de baldosas de colores azul  marine. El amable hojalatero cargo la cesta de la mujer, así ella puso pasar un brazo por cada nuevo amigo. Iban saltando y cantando mientras el paisaje se distorsionaba y volvía a formarse como si de plastilina se tratará.

GRRRR GRRRR GRRRR

El gruñido los hizo detener. Los tres se miraron sin saber que hacer. Debe ser el viento. Dijo el María. O quizás mi estómago. Comentó el hojalatero. O ese León de allá. Señaló el espantapájaros. Se acercaron, porque parecía necesitar ayuda. Hola Miua Miua. Saludo la mujer. El gatote salto asustado al escucharla, escondiéndose detrás de sus garras. No me hagan nada, por favor. Suplicó temblando. No te haremos nada, no te asustes, me harás llorar. Intento consolar el Tomate de Hojalata. ¿Qué tienes? ¿Por qué estas asustado? Preguntó la mestiza. ¿Existir no es motivo suficiente para estar asustado? Puede pasar algo, cualquier cosa, no lo sé, tengo miedo. Evidente el temor en su voz. Los tres se vieron. Entonces ven con nosotros. Vamos a buscarle un despertador a la señorita, un corazón al hojalatoso, un cerebro para mí, y podemos pedirle al mago valentía para ti. Propuso inteligentemente el Espantapájaros.

María asintió.
Tomate de Hojalata también, limpiando sus lágrimas de alivio.
El León, que tenía una melena rojiza como la de Thrym-sama. Lo pensó pero termino aceptando.

Ahora eran cuatro en ese camino. Felices. Sonriendo. Cantando. Claro, eso no disminuía el dolor en la zona abdominal de la mestiza, y a medida que se acercaba más y más al final del camino, ese dolor aumentaba. Ojala pudiera entender que pasaba, aunque ese mundo psicodélico la hacía sentir… que podía pasar una eternidad ahí sin aburrirse.



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RE: ¡Sigue el camino de baldosas azules... azules como los marines! :: PR - por Maria Merlot - 19-08-2026, 06:48 AM

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