18-08-2026, 05:43 PM
(Última modificación: 18-08-2026, 05:52 PM por Magnus Brand.)
Magnus no tardó en apurar el último trago de su copa. Era la primera vez en mucho tiempo que bebía algo que no fuese su vodka casero hecho a partir de patata fermentada.
«Sigo sin saber qué es esto, pero sabe a gloria», pensó mientras el tabernero le preguntaba que qué le traía por aquí.
Magnus ni siquiera le había prestado atención. Sacó su encendedor nuevo y se puso a jugar con él pasándoselo entre los dedos de su mano izquierda. Se rascó la cicatriz del pecho, cuyo picor solía coincidir con el mono del tabaco, y se encendió un cigarro.
—Eh, hijo de puta, aquí se puede fumar. ¿Verdad? Y ponme otra copa, que tengo la garganta más seca que las botas de un marine burócrata —Preguntó Magnus amablemente mientras se encendía el cigarro y daba su primera calada. Parecía no importarle la respuesta del tabernero, pero tenía la costumbre de preguntar.
Magnus inspeccionó la taberna y sus inmediaciones con la mirada mientras fumaba. Se percató del repentino parón de la discusión que estaba ocurriendo fuera y sentía cierta curiosidad. Tal vez estaría bien preguntarle al tabernero. Lo habría hecho si no fuese porque hubo otra cosa que llamó aún más su atención: un retrato mal hecho colgado en la pared de un tío con un bigote largo, unas gafas de sol y un gorro.
—Por cierto, ¿has hecho tú ese dibujo? Quería darle la enhorabuena al artista. ¿Qué te traes entre manos? Podría echarte una mano si hiciéramos un trato —dijo Magnus con confianza. Le vendría bien moverse un poco para quitarse el aburrimiento de encima. Si además pudiera sacar algún tipo de beneficio, pues mejor.
Magnus parecía confiado en su fuerza. Y normal, teniendo en cuenta que era un tipo realmente grande y que parecía curtido en combate. Nunca le había importado partirle la cara al que se lo mereciera. No era partidario de la violencia gratuita, pero con que hubiera un poco de justificación era suficiente para él.
«Sigo sin saber qué es esto, pero sabe a gloria», pensó mientras el tabernero le preguntaba que qué le traía por aquí.
Magnus ni siquiera le había prestado atención. Sacó su encendedor nuevo y se puso a jugar con él pasándoselo entre los dedos de su mano izquierda. Se rascó la cicatriz del pecho, cuyo picor solía coincidir con el mono del tabaco, y se encendió un cigarro.
—Eh, hijo de puta, aquí se puede fumar. ¿Verdad? Y ponme otra copa, que tengo la garganta más seca que las botas de un marine burócrata —Preguntó Magnus amablemente mientras se encendía el cigarro y daba su primera calada. Parecía no importarle la respuesta del tabernero, pero tenía la costumbre de preguntar.
Magnus inspeccionó la taberna y sus inmediaciones con la mirada mientras fumaba. Se percató del repentino parón de la discusión que estaba ocurriendo fuera y sentía cierta curiosidad. Tal vez estaría bien preguntarle al tabernero. Lo habría hecho si no fuese porque hubo otra cosa que llamó aún más su atención: un retrato mal hecho colgado en la pared de un tío con un bigote largo, unas gafas de sol y un gorro.
—Por cierto, ¿has hecho tú ese dibujo? Quería darle la enhorabuena al artista. ¿Qué te traes entre manos? Podría echarte una mano si hiciéramos un trato —dijo Magnus con confianza. Le vendría bien moverse un poco para quitarse el aburrimiento de encima. Si además pudiera sacar algún tipo de beneficio, pues mejor.
Magnus parecía confiado en su fuerza. Y normal, teniendo en cuenta que era un tipo realmente grande y que parecía curtido en combate. Nunca le había importado partirle la cara al que se lo mereciera. No era partidario de la violencia gratuita, pero con que hubiera un poco de justificación era suficiente para él.
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