17-08-2026, 04:31 AM
— ¡Ru-ha! Temo que los hados del tiempo han decidido poner en el sendero de mi vida las trabas para llegar a tiempo, más el día sigue presente y la luz del mañana siempre llega, ¡ru-ha! —, emocionada respondió y al mismo tiempo observó y analizó esa enorme diferencia de tamaño que los separaba, aún si la rubia, Shirohime, era alta; la altura que presentaba el mink de pelaje bicolor la superaba y le daba un aire de imponencia que pocos, serían capaces de lograr.
Y a una considerable distancia se iba acercando el capitán, tan imponente como siempre, Kelvin, nunca defraudaba. Sin embargo, la acotación del caballero logró que la dama mirara al compañero más lejos de ambos, Kelvin, con una amplia sonrisa y esa determinada mirada en sus ojos. El brillo que no desaparecía por cualquier cosa, ese calor que buscaba demostrar como la portadora del estandarte blanco imaginario de la salvación hacia el nuevo mundo. Una utopía, una fantasía, un mundo... — Un mundo ideaaal. ~ Un mundo ideaaal. ~ Aquellos que demuestran gloria al pasaaar, Kelvin ha llegado tarde. ~ ¡Pero sin perder su temple, es aquello que no pierde al avanzaaar~! —, emocionada, ansiosa, exageró su tono y comenzó a entonar una melodía simple. Una canción improvisada mientras alzaba ligeramente el pecho y mantenía firme su postura, — ¡¡Ruuuu-ha!! —, poco le importaba, le era irrelevante que su grandioso compañero llegase tarde al entrenamiento porque mientras llegase, al final, lo importante era que demuestre esa valía tan digna de su labor. Decidió pasar una mano detrás de su oreja y acomodar unas cuantas hebras de cabello, alzar el mentón y con la otra mano libre, la diestra, extenderla con los dedos abiertos en dirección al capitán mientras su brazo estirado se hallaba, — ¡Ven, mi capitán! ¡Caballero galante, justiciero andante! ¡Avanza... avanza y llega hacia tu destino, ru-ha! —, agregó. Y esperaba, deseaba que su compañero llegue, aunque era consciente de que si en unos pocos pasos se lo propondría; estaría allí en un verdadero periquete.
¡Saludo marcial!
Puso sus manos en posición, movió los dedos como si se tratasen de patas de araña a los lados de su cabeza, sacó la lengua y guiñó uno de sus ojos, el derecho, mientras ejercía ese honorable saludo, — ¡Buuuuuu! —, y un poco de humor al asunto de su parte jamás vino mal. Ahora ya hechas las presentaciones, lo que restaba era comenzar con el entrenamiento como tal, y ella, no podía ser menos, pero incluso antes; la voz áspera y grave del mink, daba la impresión de que le estaba regañando a su compañero. Hasta ella lo pensó, lo creyó y...
No lo creyó.
— ¿¡RU-HAAAAAA!? ¿¡ÉSA ES LA BAMBÚPULTA!? —, exageró su actuar, puso dos de sus manos cerca de su boca como un megáfono y sus ojos abiertos como platos, decidió comportarse de manera exagerada, mostrarse sorprendida, anonadada, — ¡Ru-ha, ru-ha, ru-ha! —, y lo más pronto que pudo decidió apuntar y disparar con su arma, Le Reinés, en dirección a la separación entre ambos pies del mariscal usando una bala de su arma. Su intención no era dispararle para que se aleje o dañarle, sino que bajara la mirada para que Kelvin tenga la oportunidad de comenzar, — ¡¡Keeeeeelviiiiiin!! —, de él, dependía todo.
Y a una considerable distancia se iba acercando el capitán, tan imponente como siempre, Kelvin, nunca defraudaba. Sin embargo, la acotación del caballero logró que la dama mirara al compañero más lejos de ambos, Kelvin, con una amplia sonrisa y esa determinada mirada en sus ojos. El brillo que no desaparecía por cualquier cosa, ese calor que buscaba demostrar como la portadora del estandarte blanco imaginario de la salvación hacia el nuevo mundo. Una utopía, una fantasía, un mundo... — Un mundo ideaaal. ~ Un mundo ideaaal. ~ Aquellos que demuestran gloria al pasaaar, Kelvin ha llegado tarde. ~ ¡Pero sin perder su temple, es aquello que no pierde al avanzaaar~! —, emocionada, ansiosa, exageró su tono y comenzó a entonar una melodía simple. Una canción improvisada mientras alzaba ligeramente el pecho y mantenía firme su postura, — ¡¡Ruuuu-ha!! —, poco le importaba, le era irrelevante que su grandioso compañero llegase tarde al entrenamiento porque mientras llegase, al final, lo importante era que demuestre esa valía tan digna de su labor. Decidió pasar una mano detrás de su oreja y acomodar unas cuantas hebras de cabello, alzar el mentón y con la otra mano libre, la diestra, extenderla con los dedos abiertos en dirección al capitán mientras su brazo estirado se hallaba, — ¡Ven, mi capitán! ¡Caballero galante, justiciero andante! ¡Avanza... avanza y llega hacia tu destino, ru-ha! —, agregó. Y esperaba, deseaba que su compañero llegue, aunque era consciente de que si en unos pocos pasos se lo propondría; estaría allí en un verdadero periquete.
¡Saludo marcial!
Puso sus manos en posición, movió los dedos como si se tratasen de patas de araña a los lados de su cabeza, sacó la lengua y guiñó uno de sus ojos, el derecho, mientras ejercía ese honorable saludo, — ¡Buuuuuu! —, y un poco de humor al asunto de su parte jamás vino mal. Ahora ya hechas las presentaciones, lo que restaba era comenzar con el entrenamiento como tal, y ella, no podía ser menos, pero incluso antes; la voz áspera y grave del mink, daba la impresión de que le estaba regañando a su compañero. Hasta ella lo pensó, lo creyó y...
No lo creyó.
— ¿¡RU-HAAAAAA!? ¿¡ÉSA ES LA BAMBÚPULTA!? —, exageró su actuar, puso dos de sus manos cerca de su boca como un megáfono y sus ojos abiertos como platos, decidió comportarse de manera exagerada, mostrarse sorprendida, anonadada, — ¡Ru-ha, ru-ha, ru-ha! —, y lo más pronto que pudo decidió apuntar y disparar con su arma, Le Reinés, en dirección a la separación entre ambos pies del mariscal usando una bala de su arma. Su intención no era dispararle para que se aleje o dañarle, sino que bajara la mirada para que Kelvin tenga la oportunidad de comenzar, — ¡¡Keeeeeelviiiiiin!! —, de él, dependía todo.
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Baúl de los recuerdos
