16-08-2026, 10:41 PM
Kisuke lo sabía, aún era demasiado lento moviéndose como para sorprender siquiera a un tipo como aquel. Su ataque, aunque poderoso, apenas había servido para romper el arma de aquel estrafalario tipo, que parecía bastante molesto por haber perdido su arma, con el que seguramente se empalmaba maltratando a las chicas. Kisuke escupió a un lado dispuesto a atacar de nuevo, pero, cual cucaracha aquel tipo no se iba a quedar quieto. Soltó una maldición para sí mismo, consciente de que aún le faltaba muchísimo entrenamiento cuando no era capaz ni de derribar a un tipo como el reloj con patas aquel. Vio sin mucha sorpresa como huía pidiendo auxilio a su jefe como un cobarde escaleras arriba. Aquello sin dudas era lo que esperaba de alguien como él, vistos los dos especímenes anteriores. Aquella ratas, porque no tenían ni el suficiente valor siquiera para afrontar sus malas decisiones, no iban a plantear una pelea ni medio justa siquiera.
"Este se piensa que yo he nacido ayer..."
Claramente, aquel tipo pensaba llevarle a una encerrona junto a su temido jefe, lo cual trató de disfrazar de una desesperada huida. Pero el antiguo pescador tenía suficiente Grand Line a sus espaldas como para reconocer este tipo de burdas tretas. No iba a ofrecerse fácilmente a aquel mink león, que seguro estaba ansioso por eliminarlos a los dos, por lo que cuando Panda dijo que se ponía con el tema de las rehenes, aprovechando aquella maniobra del reloj, pues el tipo cerrojo les había indicado donde estaban supuestamente las rehenes, Kisuke le susurró, a través del ratón, mientras se marchaba.
-Sácalas, pero fuera de la mina, Panda... En cuanto termines vuelve, que tendremos que repartir estopa aqui...
Había algo que le preocupaba al respecto del tema de las rehenes, porque el tipo cerrojo bien pudo haberles engañado de alguna manera, aunque según su percepción el tipo estaba siendo honesto cuando les dijo aquella información. No osbtante, si se daba aquel caso, Kisuke confiaba plenamente en el juicio y las capacidades de su amigo, no en vano, era miembro del ejército revolucionario y llevaba navegando desde antes de que él se hiciese a la mar, por lo que no habría problemas en ese caso.
"El Peluchito sabrá que hacer... Ese cabrón es más listo que yo... Kuhahaha..."
Por su parte, el antiguo pescador tenía que decidir que iba a hacer si no se iba a dejar atraer donde el reloj quería llevarle. Mantuvo su percepción del kenbunshoku activa y se dedicó a inspeccionar el vestíbulo y las escaleras, en busca de posibles trampas y tratando de memorizar bien las dimensiones y obstáculos de aquella estancia. Conocer bien el terreno de combate era una regla básica y no iba a desaprovechar aquella ventaja que les estaba dando el señor reloj con su cobardía, y el mink león con su indolencia. Ese cabrón no sabía con quien estaba tratando aún. Tras inspeccionar el vestíbulo, se puso en el centro de la sala y se quedó de brazos cruzados, esperando que alguno de aquellos dos se atreviese a dar la cara. Sacó un cigarro y se lo prendió.
-Susu no jigoku...
Desenvainó a Yamigiri con toda la parsimonia del mundo. No tenía muy claro que debía hacer. No quería poner en riesgo el trabajo de Panda, por lo que era imperioso que aquellos tipejos estuviesen controlados en todo momento, no podía permitir que su hermano de armas fuese atacado mientras trataba de sacar a las chicas de su encierro. Por lo que en esta ocasión ni siquiera te contuvo.
-¡¡VAMOS GATITO!! ¡¡VEN AQUI SI TIENES PELOTAS YA QUE TANTO TE GUSTA USARLAS TE HARÉ UN LLAVERO CON ELLAS, PEDAZO DE CABRÓN ACOJONAO!!
Gritó aquellas palabras a pleno pulmón sin cortarse ni un pelo, esperando herir el orgullo de aquel cabrón abusador. No se merecía menos que aquellas palabras pero Kisuke pensaba darle más, mucho más que aquellas burdas palabras. Odiaba con todo su ser a ese tipo de gente, y pensaba acabar con él de la manera más dolorosa y humillante posible, no se merecía menos. Se mantuvo en guardia, con la espada alzada y el Kenbunshoku activo en un radio de 15 metros a su alrededor, incrementando ligeramente su radio para estar mejor preparado ante cualquier ataque sorpresa que aquellos cabrones cobardes le pudiesen intentar hacer.
"Este se piensa que yo he nacido ayer..."
Claramente, aquel tipo pensaba llevarle a una encerrona junto a su temido jefe, lo cual trató de disfrazar de una desesperada huida. Pero el antiguo pescador tenía suficiente Grand Line a sus espaldas como para reconocer este tipo de burdas tretas. No iba a ofrecerse fácilmente a aquel mink león, que seguro estaba ansioso por eliminarlos a los dos, por lo que cuando Panda dijo que se ponía con el tema de las rehenes, aprovechando aquella maniobra del reloj, pues el tipo cerrojo les había indicado donde estaban supuestamente las rehenes, Kisuke le susurró, a través del ratón, mientras se marchaba.
-Sácalas, pero fuera de la mina, Panda... En cuanto termines vuelve, que tendremos que repartir estopa aqui...
Había algo que le preocupaba al respecto del tema de las rehenes, porque el tipo cerrojo bien pudo haberles engañado de alguna manera, aunque según su percepción el tipo estaba siendo honesto cuando les dijo aquella información. No osbtante, si se daba aquel caso, Kisuke confiaba plenamente en el juicio y las capacidades de su amigo, no en vano, era miembro del ejército revolucionario y llevaba navegando desde antes de que él se hiciese a la mar, por lo que no habría problemas en ese caso.
"El Peluchito sabrá que hacer... Ese cabrón es más listo que yo... Kuhahaha..."
Por su parte, el antiguo pescador tenía que decidir que iba a hacer si no se iba a dejar atraer donde el reloj quería llevarle. Mantuvo su percepción del kenbunshoku activa y se dedicó a inspeccionar el vestíbulo y las escaleras, en busca de posibles trampas y tratando de memorizar bien las dimensiones y obstáculos de aquella estancia. Conocer bien el terreno de combate era una regla básica y no iba a desaprovechar aquella ventaja que les estaba dando el señor reloj con su cobardía, y el mink león con su indolencia. Ese cabrón no sabía con quien estaba tratando aún. Tras inspeccionar el vestíbulo, se puso en el centro de la sala y se quedó de brazos cruzados, esperando que alguno de aquellos dos se atreviese a dar la cara. Sacó un cigarro y se lo prendió.
-Susu no jigoku...
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-¡¡VAMOS GATITO!! ¡¡VEN AQUI SI TIENES PELOTAS YA QUE TANTO TE GUSTA USARLAS TE HARÉ UN LLAVERO CON ELLAS, PEDAZO DE CABRÓN ACOJONAO!!
Gritó aquellas palabras a pleno pulmón sin cortarse ni un pelo, esperando herir el orgullo de aquel cabrón abusador. No se merecía menos que aquellas palabras pero Kisuke pensaba darle más, mucho más que aquellas burdas palabras. Odiaba con todo su ser a ese tipo de gente, y pensaba acabar con él de la manera más dolorosa y humillante posible, no se merecía menos. Se mantuvo en guardia, con la espada alzada y el Kenbunshoku activo en un radio de 15 metros a su alrededor, incrementando ligeramente su radio para estar mejor preparado ante cualquier ataque sorpresa que aquellos cabrones cobardes le pudiesen intentar hacer.
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