[Fic Hasshoken] Cabezonería: Ahora es personal.
#1
Día 90 de primavera del año 18

Los días habían pasado con una velocidad asombrosa, las horas se habían convertido en segundos y los segundos en instantes. Desde que había salido de aquel pseudo monte, tras haber estado entrenado con Sira Matcha, el joven había estado dándole vueltas al asunto. Era curioso como había podido hacer un hiper foco de tal magnitud en una sola cosa durante tanto tiempo. ¿Se acababa de topar con una nueva realidad de sí mismo acaso? Era posible, casi un noventa por ciento, de que descubriese que le gustan las artes marciales, más que el hecho de pegar con lo primero que su cuerpo proyecte. Y no es que no le gustase pegar por pegar, al final se había criado con eso presente, si no que le gustaba pegar y pegar bien, que era la diferencia más clara entre un peleador callejero, hecho a sí mismo, y un peleador disciplinado. De todas formas, le gustaba tener su propio estilo de hacer las cosas, eso no iba a cambiar, pero podía implementar la disciplina en el descontrol de sus movimientos, haciendo que sus golpes fuesen eficaces, raros e impredecibles, o al menos eso es lo que quería gestar en su mente el peliblanco.

Por un tiempo, quizás semanas, Kai se retiró a lo que él llamaba hogar. Una pequeña madriguera que se había improvisado en mitad de un bosquecillo. Había conseguido dar con un túnel y, aprovechando el relieve y los recursos de la zona, se había conseguido hacer algo cómodo, aunque temporal, un sitio donde podía descansar más o menos a gusto. Aunque las noches allí en ocasiones se hacían frías y largas, porque el más mínimo ruido le ponía en alerta. ¿Le iban a robar? ¿Le estaban atacando? ¿Un animal? O peor. ¿Una persona? El chico siempre se había manejado solo y casi siempre había caminado por la acera de la soledad, no porque le hubiese tocado, si no porque quería. No se fiaba mucho de las personalidades de Spider Miles, porque eran como la suya. Se iban a aprovechar de cualquier hilo suelto del que pudiesen tirar solo para sacar algo de provecho y sobrevivir. La vida era así muchas veces y en Spider Miles era la rutina, el hambre agudiza el ingenio y las cicatrices lo vuelven a uno más resistente. Aunque a este paso, iba a tener una cabeza de acero, porque a pesar de haber cumplido con su cometido de aprender el movimiento que le había enseñado Matcha, había seguido practicando en la comodidad de su rocoso hogar.

Kai no entendía de geología, pero desde luego que tras dos palmadas en una pared había entendido, por sus huevos morenos, que aquello no se iba a caer jamás en la vida y que podría aguantar los envites de cien jabalíes enfurecidos, así convirtió aquello que llamaba hogar, era más un ocupa, en una zona de entrenamiento también.

El movimiento era tan simple como respirar, pero el proceso que debía hacer su mente era algo más tedioso, porque no se había terminado de acostumbrar del todo a hacer algo extra, como lo suponía el Hasshoken, con el cuerpo. Debía ser algo que se activase como cuando uno se quiere tirar una flatulencia, que solo con el mero hecho de pensarlo, pudiese liberar todas aquellas vibraciones con fuerza. Entonces el peliblanco recogió su postura, bajó su centro de gravedad y flexionó las rodillas. Posicionó su cuerpo ligeramente hacia delante, como si buscase una salida, solo que la salida en este caso era una pared de pura roca. Llevó sus manos hacia delante cerrando los ojos, como había visto hacer a muchos de los artistas marciales en práctica de los dojos, aunque realmente aquello no le servía para su cometido actual, para la película que tenía montada en su cabeza si. Inhaló aire, rápido y mal y lo dejó escapar por su boca, con un extra de vibraciones y un ligero aroma a pollo frito que había comido hace unas horas. Y cuando su almuerzo escapó en forma de gas, abrió los ojos, con la certeza de que era el momento, su cuerpo estaba preparado, su mente estaba dispuesta a ordenarle a sus músculos que se convirtiese en un humano vibrador y, pese a que no fuese tal y como planease, lo sintió.

Las plantas de sus pies se doblaron hacia delante con naturalidad, sus rodillas aumentaron la flexión convirtiéndolo por instantes en un resorte humano, sus manos viajaron hacia atrás como un ave plegando sus alas y cayendo en picado y entonces... un salto al vacío. Los resortes se liberaron y el luchador salió propulsado hacia la pared con la velocidad de una bala de cañón tras estamparse en el agua y perder velocidad. Bajó su mentón y lo siguiente que se escuchó fue el eco que sucedió al golpe. Su cabeza impactó de lleno contra la roca del túnel, no llegaron las grietas pero si un pequeño desprendimiento rocoso, de apenas el tamaño de un puño, que caería a sus pies propagando aun más eco por la cueva y, al final, un leve tintineo. Las vibraciones terminando de viajar por la roca, de fundirse con el entorno. Kai sonrió, casi orgulloso de sí mismo, y se llevó las manos a la cintura, como si hubiese hecho un buen trabajo. Y de hecho, así había sido, pero no por perfeccionar el movimiento.

Era una de las pocas veces en su vida en la que el joven había puesto empeño en hacer y aprender algo nuevo, por lo que lo satisfactorio que había sido trabajar en algo y que funcione había liberado una gran dosis de dopamina en el joven quien pocas veces se había esforzado en algo. Siempre se había guiado por su curiosidad y por la experiencia repetida, así que había sido algo nuevo y que, probablemente, intentaría más veces. ¿Y si se atrevía a aprender más cosas de Sira Matcha? ¿Volvería a tener resultados? ¿Volvería a conseguirlo? No todo el mundo conseguía aprender el arte de aquella disciplina marcial, o al menos eso le había comentado su breve maestra.

Todos sus pensamientos de autosuperación y trabajo duro desaparecieron en cuanto su estómago rugiendo hizo acto de presencia, algo que indicaba, que igual era la hora de comer, no la normal, pero si la suya.

Alargó su diestra hasta el suelo con tal de tomar el trozo de piedra que se había desprendido de la rocosa pared y la observó un segundo antes de que sus pasos lo llevasen hasta la entrada de su ''madriguera''. La roca tenía algunas grietas, pero en su mayoría tenía lados lisos. ¿Eso era bueno o era malo? Todavía no terminaba de comprender aquel poderío, pero estaba seguro de una cosa. Lo quería hacer suyo a como diese lugar. Los siguientes minutos fueron un paseo entre la maleza, una vez hubo atravesado el umbral de la cueva, hasta que por fin pudo observar algunas presencias a lo lejos, las personas de la isla. Se perdió nuevamente entre las calles una vez pudo alcanzar el núcleo del poblado. Karate tenía algo que lo atrapaba, se había metido en algún que otro problema, pero por lo general allí la gente no se metía en lo ajeno, o eso al menos había podido vivir él. Y eso era, cuanto menos aburrido, acostumbrado a traqueteo constante de personas a su alrededor y de tener que estar guardándose las espaldas a sí mismo. Se había acostumbrado a otro tipo de vida, otro ritmo. - Tengo que salir de aquí cuanto antes o me voy a volver un muermo de persona - Recitó para si mismo a la vez que a su nariz llegaba una ligera brisa cárnica.  Unos metros más allá, casi al final de la tranquila calle, había una especie de puesto callejero móvil, así que se acercó. Un par de metros de madera ensamblado y erigido robustamente sobre un par de ruedas bloqueadas que hacía de apoyo principal, en el tablero principal que hacía de encimera había incrustado una pequeña barbacoa con unas brasas encendidas y, sobre este, había girando sin parar un par de pollos atravesados. No habló con el vendedor, tan solo le levantó el índice para que se pudiera trabajar, como si fuera todo un dictador al que le tenían miedo. El vendedor tomó la manivela e hizo girar aquella carne con aun más lentitud, momento en el que Kai se quedaría en un extraño trance. Su mirada perdida indicaba que no estaba en la realidad que lo rodeaba, estaba en sus recuerdos, reviviendo imágenes que había visto.

Había salido del bosque y era la primera vez que recordaba haber visto a Sira, a lo lejos, con aquellos muñecos de prácticas, tras hablar, antes de empezar con su aprendizaje. La pelea. Estaba sin aire tras aquel cabezazo y después... Giraba como una peonza, pero su pie se detuvo justo a centímetros de golpear su cara. - Coño, eso es. ¡Tengo que aprender eso! ¿Cómo coño se me había olvidado? - Su mirada volvía a la realidad y, al mismo instante, la clavó sobre el vendedor que ya había sacado uno de los pollos, troceado y ensartado en otro palo para que el joven se lo llevase. - ¿Te lo puedes creer? - Tomó el conglomerado de pollo y se fue caminando a marcha ligera, como si naturalmente no hubiese pagado y se estuviese haciendo el loco, una vez más. Aquel hombre no estaba entendiendo nada de nada y, por un instante pensó en perseguir al luchador, pero desistió enseguida por alguna razón.

El muchacho devoró el pinchito de pollo como si llevase más de cinco horas sin comer mientras pensaba en lo que había visto en el pasado. Intentando hacer memoria de aquel movimiento, el que había querido aprender pero el cual se habían negado. Justamente. Por lo que sea. Igual le caía mal a Sira, igual lo estaba subestimando. El albino entrecerró sus ojos, casi como si desconfiase. En su mente poco podía aclarar, aquel movimiento había sido precedido por otro, con una caída al suelo entre medias y con una velocidad que los ojos de Kai no podían seguir. Por eso era espectacular. - No, ahora sí que sí me lo tiene que enseñar. ¿Cómo lo habrá hecho? Seguro que se ha apoyado con las manos. No. Seguro ha sido sobre su espalda. No, no, no. Ha sido con un salto - Teorizaba en su mente mientras, inconscientemente, se estaba dirigiendo hacia el camino que, unos días atrás, había desandado tras el entrenamiento. - ¿No había un famoso carnicero que pegaba patadas así? - Seguía hablando consigo mismo hasta el punto en el que prácticamente había cruzado el camino de la obscura arboleda que precedía al amplio claro de entrenamiento.

Se detuvo al ver la presencia nuevamente de varias sombras. Sira Matcha. - Que cute - Volvió a repetir lo mismo que en su anterior encuentro. ¿Estaría pasando algo dentro de esa mente de adolescente? Y luego vería las otras, los dummies. ¿Pero estos se movían? - Que creepy - Entrecerró los ojos pensando que así podría distinguir algo mejor en la lejanía. No funcionó, por lo que tuvo que adelantarse unos cuantos pasos hacia el claro. Entonces se aclaró.

Los muñecos de práctica, no eran muñecos de práctica. Eso lo cambia todo.

Puede que al albino le gustase un poquitín aquella chica, pero eso no significaba que tendría que correr en su rescate. ¿O quizás si? Nah, no era necesario. Se metió las manos en los bolsillos y se siguió adelantando hasta que las tres personas se percataron de su presencia. Sira y los otros dos se habían quedado mirando al joven, confusos y alerta. A los ojos de Kai se reveló entonces lo que estaba sucediendo, o lo que parecía. Estaban luchando, no entrenando. La joven maestra tenía marcas visibles de heridas, más leves que otra cosa, y algo de sangre su blanca tez. - Wow. ¿Ya me estás engañando? - Dijo con sarna el peleador callejero. La cara de Matcha no era para nada amigable, es más, siquiera estaba mirando fijamente al albino. Su expresión era dura y sus ojos asesinos, estaba en problemas, pero se notaba que no iba a ceder ni un ápice en aquella lucha, al menos no hasta que su corazón dejase de bombear. - Deberías irte - Kai la miró levantando una ceja. - Es que he venido a que me enseñes ese en lo que pareces un beyblade - - ¿Un qué? - Esgruñó las cejas ligeramente. - ¡Como una peonza! - - Como ves, estoy un poco ocupada - - ¡Callaos! - - Bueno, te echo un cable - Inmediatamente adoptó una guardia baja, bajando su centro de gravedad y encarando uno de los dos sujetos. Estaban cubiertos por completos con ropas oscuras, casi como si fuesen ninjas. Kai redibujó en su mente aquella fórmula mágica, las ondas concéntricas dispersándose desde un punto en concreto y fue entonces cuando propinó un poderoso salto hacia delante, recortando la distancia que quedaba entre su objetivo y él y, una vez llegado a la distancia necesaria, propinó un fuerte cabezazo que impactó de lleno contra la boca del estómago de aquel sujeto, quien rápidamente se llevó las manos a la barriga, como si le hubiese arrancado algo de cuajo. Un segundo después, de rodillas, se podía escuchar como intentaba reclamar todo aquel aire que le habían arrebatado. Levantó su pierna diestra y dirigió una patada recta hacia la cara de su nuevo contrincante, pero, muy a su desgracia, para cuando se quiso dar cuenta el otro de los sujetos, el que estaba con Sira, había salido volando impactando sobre su compañero y habían terminado por desaparecer ambos de la escena. De fondo se escucharía ''...despega de nuevo...''.

El albino miró a Matcha y está le devolvió una mirada guerrera. - No necesitaba tu ayuda... - Sus hombros y su cuerpo parecía que iban a cargar de repente contra Kai, por lo que sintió un escalofrío, más que nada porque sabía ligeramente de lo que podía ser capaz. - Pero gracias - Su actitud cambió repentinamente, sacaría la punta de su lengua y dos dedos de su mano se alzarían para regalarle al joven el símbolo de la paz. - Fiuuu - Suspiró el luchador. - ¿A qué ha venido eso? - Señaló la dirección en la que habían salido despedido los intrusos. - No tengo ni idea, han venido reclamando algo que no sé a que se referían - Se llevó una mano a la cadera. - Pues te estaban metiendo en problemas, maetla - Entrecerró los ojos y fijó la mirada sobre el peliblanco. - No eran fuertes, pero eran dos. Evita siempre un dos versus 1, Kai - Dijo dándose media vuelta y dirigiéndose al dojo, probablemente para curar alguna herida leve. - ¿Qué necesitas? ¿Te has vuelto a perder? - - Ya te lo he dicho, quiero que me enseñes esa cosa en la que das volteretas - - Eso quiere decir que ya has dominado la anterior. Buto - El joven se cruzó de brazos y su expresión cambio a una de chulería. - OBviamente - Una pequeña pausa. - Al noventa por ciento - Terminó por detallar. - Bueno, está bien. Pero necesito limpiarme un momento. ¿Estás herido? - El peliblanco volvió a adoptar aquella expresión chulesca. Chupó sus mejillas por dentro, marcando así sus pómulos, y estiró los músculos de su cara abriendo la mandíbula. - No - Matcha no lo había visto porque estaba de espalda, pero el joven se había quedado forzando aquella cara durante unos segundos hasta que vio que no le estaban prestando atención. - Perfecto, ahora vengo - Abrió la puerta del dojo y la cerró una vez cruzó el umbral, dejando al joven fuera quien comenzó a pasear por el pasto alrededor de aquellos muñecos de práctica.

Se detuvo al lado de uno de los pobres muñecos que sufrían los golpes de la maestra y, con su mano enguantada, comenzó a examinar el primero. Podía ver perfectamente que estaban hechos de una mezcla entre hilos de madera y bambú, porque los colores parecían diferentes y similares al mismo tiempo. Sus dedos y palma recorrieron el objeto y podía notar, pese a lo grueso de su guante, como el material se ondulaba hacia dentro y fuera, probablemente de los impactos recibidos. El material era flexible, seguramente podía amortiguar los golpes. O al menos eso empezaba a pensar hastía que decidió revisar la parte trasera. No lo había visto en primera instancia, pero allí donde había un impacto que abollaba el muñeco en su parte delantera había un hueco por detrás. Una simulación de un cráter en miniatura donde podían verse astillados la madera y bambú. - Hasshoken… - Musitó añadiendo a su comprensión un poco más de lo que aquello significaba. Había atravesado la primera barrera de defensa y había terminado por dañar más allá de lo primero que se encontraba a su paso. Asintió satisfecho y durante los siguientes minutos se pasaría entrenando a hacer fintas y agarres a los muñecos. Para cuando Matcha decidiese salir, con algún apósito que otro, se encontraría a Kai tumbado en el suelo con un muñeco sobre sí realizando el típico mata león alrededor de lo que suponía era su cuello. - Ghrrya - Apretó con fuerza hasta que se dio cuenta de dos cosas, escuchar el crack de la madera del dummy y, por otro lado, a Matcha mirándolo con curiosidad. - El que rompe paga - Sonrió frívolamente, como si quisiera ser maja pero estaba claro que no iba a tolerar que le estuviesen rompiendo su material de entrenamiento. - Estaba practicando... eh... una nueva técnica del Hasshoken. Si. Si - Liberó el muñeco de su presa, cayendo a un lado, dejando un sonido seco sobre el pasto. - Ya, no lo creo. Para entrenar tu propia técnica no tienes que venir aquí. ¿Venías a que te siguiese enseñando no? ¿Ya quieres subir de escalón? - Se notaba cierto orgullo en sus preguntas, cierta ilusión porque alguien se terminara interesando tanto por el estilo de combate que probablemente haya heredado de su padre, y el padre de su propio padre. Y así hasta llegar a sus ancestros.

Kai se reclinó ligeramente hasta sentarse sobre la misma hierba sobre la que estaba tumbado, apoyando las palmas de sus manos tras la espalda y con ambas piernas estiradas, como si estuviese en la playa tomando el sol. - Bueno si. ¿Y qué? ¿Pasa algo? Me gusta ver como les saco el aire cuando peleo. Es muy satisfactorio ver cuando eso le pasa a los demás y no a ti - Se señaló a sí mismo. - El como lo uses me es indiferente - Como si el joven solo se pelease de vez en cuando. - Me interesa enseñar este arte y el conocimiento que ha pasado de generación en generación - Acompañó de una ligera risa nasal. - Pues al lío - Se levantó de un pequeño salto. - ¿Eso que has hecho antes era Buto? - Miró algo extrañada al joven. - Si. ¿Por? Me ha salido de locos. ¿No has visto como se ha quedado tirado en el suelo? Lo he dejado seco como la mojama - - Es solo que, es un poco raro como lo has hecho - El chico se cruzó de brazos. - Bueno, cada uno lo hace a su manera - Entrecerró sus ojos ligeramente. - Como sea. Te voy a explicar como funciona el siguiente escalón que tienes que recorrer, pero primero debes verlo bien. Mira con atención, lo haré más lento para que lo puedas ver bien. Alumno - Era la primera vez que lo llamaba así. Matcha apoyó sus manos en el suelo y después la punta superior de su cabeza.

- En esta técnica usas como único punto de apoyo tu cabeza, por eso pareces una peonza como tu dices. Y después... - Ella procedió a levantar todo su peso sobre su cabeza, su larga trenza cayó sobre el pasto. - Tienes que guardar equilibrio, tienes que saber ubicarte en el espacio, pues todo estará del revés ahora para ti - - Jum, jum - Respondió con una mano en el mentón. Acto seguido la mujer usando sus propios brazos se empezó a impulsar, usando su cabeza como punta sobre la que girar. al principio se trataba de un movimiento lento, pero poco después comenzó a aumentar la velocidad paulatinamente, hasta el punto en que ya no usaría su cuerpo si no su propia inercia y cuerpo para ir aumentando la velocidad más aún. Pronto su coleta empezó a elevarse hasta quedar en el punto en el que se pegaba a su cuerpo, sus manos y pies se juntaban entre sí y, para cuando quiso darse cuenta, el cuerpo de la mujer no era más un borrón de aire y velocidad. La ropa del joven se comenzó a mover, como si el aire hubiese empezado a soplar, pero enseguida notó como el aire no estaba siendo soplado, si no atraído. Por un momento sintió la curiosidad de meter un dedo en aquel peligroso torbellino, pero enseguida se le quitó la idea, no quería una mano rota. - ¡Y golpeas a tu oponente! Buto Kaiten - Finalizó la mujer que como una flecha rotó hasta uno de los muñecos y lo golpeó con una fuerza descomunal, tanto que aquella cosa saldría volando diez metros, si no más. El albino dejó caer su mandíbula al ver que la mujer detenía su rotación y usaba la propia inercia para volver a estar sobre las plantas de sus pies con normalidad. - ... - El silencio se hizo por unos segundos y, de la nada, comenzó a aplaudir lenta y delicadamente. - Eso.. no lo había visto... en mi vida. Que pedazo de trompo te has marcado - La mujer intentó disimular tosiendo el tono rojizo que comenzaría a adornar su piel. - La idea es que con un movimiento simple caigas sobre tu cabeza para comenzar a girar por inercia, es un poco complicado en medio de un combate, pero es más fácil si llevas la iniciativa de la pelea... - Al comenzar a entrar en su mundo de tecnicismos y movimientos volvía a recobrar sus colores. - ...en esencia es un movimiento con la suficiente inercia y potencia como para abrir distancia entre tú y tu contrincante. Después puedes seguir con Buto o si, en un futuro, algún otro maestro te enseña el siguiente movimiento, pues otro - Se terminó de cruzar de brazos en una mezcla entre inconformidad e intranquilidad.

- Un momento... - Se hizo el silencio. - ¿Otro maestro? ¿Tú no me puedes enseñar todos los movimientos del Hasshoken? ¿Tantos hay? Pero si tu eres una crack, va enséñamelos todos - Gesticulaba. El peliblanco pensó desde el principio que podía enseñarle al completo el arte del Hasshoken, no tenía sentido que tuviese que ir de maestro en maestro. - No, yo no te puedo enseñar todos los movimientos - Sus labios se arrugaron. - Son cinco técnicas que tiene la disciplina y... uno que no todos conocen o son capaces de realizar, son técnicas superiores a las que no todos tienen acceso. Ni siquiera yo... - A Kai eso le suponía que tenía que ir en busca de los otros para seguir añadiendo movimientos a su colección, en cambio para Sira, quizás había rascado donde no debía rascar, parecía más entristecida que orgullosa. - Bueno. ¿Dónde están entonces? ¿En la costa? ¿En los otros dojos? He visto un par de camino, bueno hay un montón de dojos en realidad, pero el resto parece más bien normalitos y están abarrotados de gente gritando... - Por un momento se había perdido entre sus pensamientos intrusivos. - No. - Cortó de golpe el monólogo de Kai quien se mantuvo en silencio, parecía que iba a seguir hablando. - No te puedo decir exactamente dónde están, porque puede que se hayan movido, o puede que simplemente debas encontrarlos tú. Eso quizás sea también parte del entrenamiento - Se giró dejando danzar la coleta tras de sí. - Basta de cháchara, es hora de que empieces con tu entrenamiento. Voy a estar supervisándote desde lejos, yo también tengo cosas que hacer - Su tono dejaba entrever molestia, seguramente el albino había dicho algo que no debía decir en voz alta. Solía pasar.

Los pasos de la chica se iban alejando y el contoneo de la trenza, y las caderas, de la mujer se iban haciendo cada vez más evidentes, algo que el joven no pudo dejar pasar ciertamente. ¿Le estaba empezando a gustar? Puede ser, pero el adolescente probablemente tenía las hormonas por las nubes y él no quería quedarse anclado a un sitio, ni casarse, ni tener hijos.... ¡Basta! - No, no, no, no. Bueno.... ¡No! - Se dios dos palmadas a los lados de la cara para espabilarse. - Cómo era... - Hizo una sentadilla y apoyó los brazos, toda una estampa. - Buen chico - Sonó de fondo, muy en la lejanía, Matcha riéndose por lo bajini. - ¡Cállate! - Esta vez fue el luchador quien se sonrojó. - Estúpida - Le metió un cabezazo al pasto y clavó bien clavada su sien, apoyó las palmas de sus manos con seguridad y entonces poco a poco comenzó a elevar su tren superior, en primera instancia, y el tren inferior, momentos después. Para cuando se quiso dar cuenta estaba haciendo el pino, nada espectacularmente difícil para alguien como él. No era muy alto, pesaba poco, tenía una forma física más que aceptable. Utilizó su diestra para darse un pequeño empujón y ver como era aquello de girar, mas no se movía ni un ápice. - ¿Vas a cavar un túnel o qué? - Más risas en la lejanía. El joven había clavado tanto su cabeza sobre el pasto, que girar sería imposible. - ¡Que te calles! - En un suspiro, la maestra cruzó el campo de entrenamiento, recorriendo la distancia que los separaba como una exhalación y entonces. - ...kaiten! - El joven se desancló del suelo con la facilidad con la que se descorcharía una botella de champán y, con la misma inercia, saldría volando diez metros más allá. - ¡AGH! - Se quejó el luchador en el suelo. - Así se hace Kai. - En su mirada se notaba que no le había gustado el tono con el que le había hablado. - Sisisi, vale, si - Levantó la palma de la mano pidiendo clemencia a su maestra. - Arriba, hazlo bien. - Ahora se notaba la severidad en sus palabras.

Al cabo de unos minutos se levantó, cuando su maestra se hubo alejado lo suficiente como para poder maldecir en su mente y que no lo escuchase la otra. - Maldita sea... - Masticó entre dientes. Lo que tenía claro era una cosa, y es que había mucha gente que era tremendamente superior a él, una vez más no había visto siquiera acercarse y golpearlo. Una vez más, su cuerpo había sido sobrepasado. Una vez más estaba en el suelo tirado. Le dio un puñetazo al suelo, incapaz de ignorar su propia frustración y, desde esa misma posición apoyó la sien en el suelo y levantó el resto de su cuerpo con el apoyo de sus palmas. Durante las primeras horas de su entrenamiento el albino se limitaba simplemente a tratar de mantener el equilibro y acostumbrarse a tener todo del revés. Esto le resultó sencillo, a diferencia del siguiente paso, donde se retiraría sus dos sustentos para intentar buscar el balance con el simple movimiento de su cuerpo. Era complicado, y las variadas caídas y desbalances de su cuerpo lo hicieron ver, pero con el paso de las horas su cuerpo instintivamente buscaba equilibrarse y mantenerse. Algo que cuando por fin logró hizo que parase su entrenamiento y se retirase al dojo a las órdenes de su maestra. Debía descansar el cuerpo y la mente, además debía mirar si Matcha no le había roto un par de costillas antes.

Los siguientes días, quizás una semana habían sido entrenamientos dirigidos a los conceptos simples nuevamente, perfeccionar el concepto dentro de la cabeza de Kai, aumentar la naturalidad con la que tenía que ejecutar las vibraciones, entrenarlas como un músculo, como el respirar. Esto lo iba intercalando con las primeras intenciones de comenzar a rotar, que, en un principio era imposible, pues rotar destruía el balance que había construido, pero con el tiempo y la testarudez del albino, terminaría por conseguir aquella proeza física.

- Vamos arriba, es momento de entrenar, a ver lo que has avanzado - Sira zarandeó el cuerpo magullado del albino que, casi como si hubiesen disparado al lado de su oído, se sobresaltaría y, casi por instinto y repetición o también lo podríamos llamar trauma, se colocaría haciendo el pino sobre su propia cabeza, tras haber dado una vuelta hacia atrás desde su futón. - ¡La hamburguesa es mía! - Espetó medio adormilado y entonces, terminó de despertar, cayendo sobre sus cuatro extremidades, casi como un gato, deshaciendo el pino. - ¿Qué ha pasado? - Sira se llevó la mano a la boca, tapando sus labios, como si quisiera ocultar la risa floja que le había entrado. - Hay que entrenar, ya veo que lo tienes listo prácticamente. Vístete, te espero fuera para que me enseñes tus progresos - La mujer se alejó del joven, ya estaba lista, desayunada y preparada para comenzar el día, mientras Kai aun estaba por quitarse las legañas de los ojos. Tardó poco en vestir las ropas, que por algún casual estaba limpia y hasta doblada, algo que sorprendió al pirata, pero que sin duda no le dio más atención de la que debía. Habrá sido un mago.

Sus manos encallecidas, su cabeza probablemente ya debía haber hecho uno alrededor de todo su cráneo, su cuerpo lastimado, pero su energía se desbordaba de su cuerpo, una lástima que no la pudiese aprovechar al cien por cien. Abrió la puerta del dojo, anduvo los pasos que había hecho su maestra hasta quedar junto a ella y los muñecos. - Buto… - Su cuerpo, casi como si se hubiese anticipado antes que su pensamiento, se preparó. Dio un paso y deslizó, tras un raro acercamiento al suelo, su cabeza sobre el pasto y, aprovechando el mismo movimiento para quedar completamente invertido, comenzó a rotar sobre su cabeza. - ¡....kaiten! - Junto las palmas y los pies y, solo entonces, comenzó a girar con una fuerza y velocidad completamente sobrehumanas.

Un rápido acercamiento hacia el muñeco.
Un golpe terrible fruto de la inercia y su propia fuerza.
Unas ondas de choque que se transmitían por todo su cuerpo.

El objeto voló una gran cantidad de metros, los suficientes como para saber, que el joven Kai, había concluido su entrenamiento y que, por el momento, se debía despedir de su crush para seguir creciendo como luchador e intentar poner a los que tenía en contra, bajo el yugo de su puño.
Leyenda de una Leyenda
- Narro -
- Hablo -
- Pienso - 
- *Burp* Eructo -
- *Fhiii* Pedo Ninja - 
- *FWRA* Pedo Pesado - 
[Imagen: Chat-GPT-Image-2-ago-2026-17-55-55.png]


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[Fic Hasshoken] Cabezonería: Ahora es personal. - por Kai T. Gomi - 14-08-2026, 11:03 PM

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