14-08-2026, 12:46 AM
Un chico de pelo blanco era el único sospechoso que estaba en la dirección de la que vino la piedra. Fue él, era obvio, parecía alguien excéntrico y rebelde. Aparentaba ser de mi edad. ¿Pero por qué me lanzaría una piedra? ¿Inmadurez? De un momento a otro mientras observaba a aquel muchacho un hombre encargado del despacho en las embarcaciones del muelle lo alzó y lo lanzo en mi dirección. Justo a mis pies. Con su cara contra el suelo parecía estar murmurando cosas y haciendo amenazas, al mismo tiempo que una de sus manos estaba tocando incómodamente uno de mis pies.
— ¿Debería preguntarle por qué mierdas me lanzó la piedra? ¿O debería preguntar quién es? Capaz y lo conocí de algún lado pero no lo recuerdo. ¿Qué debería hacer? —pensé mirando hacia abajo, al muchacho—. No, mejor no. Si le pregunto el nombre, tendré que escuchar una historia que capaz termine siendo muy larga para mi gusto. Hoy mi batería social está en cero por ciento. Es mejor hacer como si fuera una piedra más del suelo...
Pestañé un par de veces esperando que se quitara de encima de mi pie, pero como seguia alli hablando pues, di un tirón con el pie para sacudírmelo de encima. Lo hice con suficiente fuerza como para lanzarlo varios metros más lejos, casi casi haciéndolo caer al agua, aunque esa si no fue mi intención.
— Tsk... —fue el único sonido que salió de mi boca cuando pude liberar mi pie.
Si hay algo que valoro de las personas es que dejen tierra de por medio y respeten mi amado espacio personal. Lo mejor en ese momento era dar media vuelta como los soldados e ignorar la existencia de ese peliblanco, así que eso hice. Me sacudí y comencé a caminar rascándome la cabeza, sin embargo algo me detuvo. Un estruendo en el mar. Justo en la embarcación en la que iba mi padre en dirección a Isla Karate. Estaban cerca por lo que se pudo escuchar claramente el estruendo y los gritos, mientras alguien del puerto gritaba que unos malhechores estaban intentando atracar el barco.
— Mierda… ¡Papá! — pensé tomando un bote pequeño de vela ligera individual, en el que a lo sumo cabían dos personas. Gracias a Dios todo el mundo estaba distraído y pude subirme a él y empecé a desatarlo, con la clara intención de acercarme al barco en el que iba mi padre. No era precisamente un robo de barco, era un préstamo.
— ¿Debería preguntarle por qué mierdas me lanzó la piedra? ¿O debería preguntar quién es? Capaz y lo conocí de algún lado pero no lo recuerdo. ¿Qué debería hacer? —pensé mirando hacia abajo, al muchacho—. No, mejor no. Si le pregunto el nombre, tendré que escuchar una historia que capaz termine siendo muy larga para mi gusto. Hoy mi batería social está en cero por ciento. Es mejor hacer como si fuera una piedra más del suelo...
Pestañé un par de veces esperando que se quitara de encima de mi pie, pero como seguia alli hablando pues, di un tirón con el pie para sacudírmelo de encima. Lo hice con suficiente fuerza como para lanzarlo varios metros más lejos, casi casi haciéndolo caer al agua, aunque esa si no fue mi intención.
— Tsk... —fue el único sonido que salió de mi boca cuando pude liberar mi pie.
Si hay algo que valoro de las personas es que dejen tierra de por medio y respeten mi amado espacio personal. Lo mejor en ese momento era dar media vuelta como los soldados e ignorar la existencia de ese peliblanco, así que eso hice. Me sacudí y comencé a caminar rascándome la cabeza, sin embargo algo me detuvo. Un estruendo en el mar. Justo en la embarcación en la que iba mi padre en dirección a Isla Karate. Estaban cerca por lo que se pudo escuchar claramente el estruendo y los gritos, mientras alguien del puerto gritaba que unos malhechores estaban intentando atracar el barco.
— Mierda… ¡Papá! — pensé tomando un bote pequeño de vela ligera individual, en el que a lo sumo cabían dos personas. Gracias a Dios todo el mundo estaba distraído y pude subirme a él y empecé a desatarlo, con la clara intención de acercarme al barco en el que iba mi padre. No era precisamente un robo de barco, era un préstamo.
