13-08-2026, 06:50 PM
Dharma había estado quieto por largos minutos. Escuchó las palabras de Ubbe tras regresar de su combate; no tenía nada malo que decirle, pero tampoco se le ocurría nada más. Los días en el mar y mas preciso, en solitario le había acostumbrado a ser de pocas palabras, tampoco es que tuviera mal genio, pero simplememente era la falta de confianza, era la parte mas obvia, aunque realmente esto casi siempre había sido así. Al menos hasta que tuviera un rato de poder conocer a los demas y bajar un poco la guardia, la confianza tenia que aumentar y ser muy certera, respecto a que aquellos seres con los que entablara algún tipo de conversación, la misma no iba a ser tan fluida de buenas a primeras.
El tiempo transcurría y la siguiente batalla había sucedido. Tuvo oportunidad de observar varias frutas haciendo demostración de sus habilidades; ese tipo de datos eran interesantes, pero la batalla en sí fue algo insípida. Por lo tanto, no había prestado la atención debida, más que para algunos momentos oportunos. Como en muchos deportes, no todo el tiempo sucede lo importante; Dharma tenía mejores cosas que hacer dentro de su cabeza. Por otra parte, el que estaba con todos los ánimos era su nuevo conocido Sigurd, si bien parecía un tipo demasiado excéntrico, pero de una manera que no le incomodaba en absoluto, tenía mucha vitalidad y poder en sus acciones, parecía alguien totalmente libre y confiado. Muy parecido a Dharma, pero en diferente versión de carácter. Al igual que lo era el otro Buccaneer.| No era una pelea a muerte... no era una pelea real... | Decía el pelinegro respondiendo a las palabras del colosal rubio, con un tono de voz tranquilo como siempre.
Mientras sus orbes esmeralda se hacían mostrar lentamente, tras su larga meditación, el espadachín había estado sentado ahí en las gradas sin moverse para nada, una concentración digna de un buen monje. Algunas cosas no salen de uno, las mejores son las que más tardan en irse y también las peores. Pero al menos esa pelea parecía haber llegado a su fin y con ello el teatro que había montado el susodicho emperador. | Hmm... mientras sea el salir de este lugar tan aburrido y simplón... la gente ignora todo lo que sucede en el mundo real... eso no es libertad... es solo inocencia combinada con estupidez. | Respondía ante las últimas palabras de Sigurd e iniciando un tipo de platica consigo mismo, reafirmando su inconformidad de estar en un evento tan trivial, quizá acompañado de la sensación de no haber logrado nada importante. Aceptando su invitación, por decirlo de alguna forma. Además de que realmente estaba harto de tener que viajar de incógnito o merodeando algún navío.
Todo porque desconocía cómo moverse en el mar; la ineptitud no era algo que tolerara fácil el oriundo de Wano, pero había aprendido a aceptar sus limitaciones, pues todos tienen un rol en este mundo que pueden desarrollar. Quizá algún día su destino sea dirigido exclusivamente por él mismo. A unos cuantos metros de distancia estaba el tranquilo por ahora y calmado espadachín; su presencia, aun así, era de alguien con cierta oscuridad y pocos ánimos de ser importunado. Se mantenía detrás de la colosal figura del que portaba una ostentosa hacha que parecía portar con mucho orgullo. Dharma no sentía ese apego por sus armas, pero entendía la importancia de ellas. Quizá algún día podría tener alguna que tuviese un nombre o el brindárselo. Pero por ahora sus espadas eran simplemente eso. Armas que, en su simplicidad, habían proveído de la muerte a decenas y cientos de seres a costa de los designios del otrora sirviente de la sabiduría, el enigmático y serio espadachín.
Ahora, buscando una nueva manera de seguir la aventura, era interesante; era de cierta forma lo más interesante que pudo haber encontrado aquí: dos hijos de la raza más extraña y conocida por su gran fortaleza, que ese par dignificaba sin duda alguna. Con los cuales no se había llevado mal, a decir verdad. Cada uno con sus formas de ser, incluido el pelinegro, esperando de cierta forma a que resolviera sus ultimas cosas que hacer el par antes de salir de ese lugar. Pues también estaba la incertidumbre de alguna forma, de que aquella paz organizada por el soberano de los cielos pudiera escapar.
El tiempo transcurría y la siguiente batalla había sucedido. Tuvo oportunidad de observar varias frutas haciendo demostración de sus habilidades; ese tipo de datos eran interesantes, pero la batalla en sí fue algo insípida. Por lo tanto, no había prestado la atención debida, más que para algunos momentos oportunos. Como en muchos deportes, no todo el tiempo sucede lo importante; Dharma tenía mejores cosas que hacer dentro de su cabeza. Por otra parte, el que estaba con todos los ánimos era su nuevo conocido Sigurd, si bien parecía un tipo demasiado excéntrico, pero de una manera que no le incomodaba en absoluto, tenía mucha vitalidad y poder en sus acciones, parecía alguien totalmente libre y confiado. Muy parecido a Dharma, pero en diferente versión de carácter. Al igual que lo era el otro Buccaneer.| No era una pelea a muerte... no era una pelea real... | Decía el pelinegro respondiendo a las palabras del colosal rubio, con un tono de voz tranquilo como siempre.
Mientras sus orbes esmeralda se hacían mostrar lentamente, tras su larga meditación, el espadachín había estado sentado ahí en las gradas sin moverse para nada, una concentración digna de un buen monje. Algunas cosas no salen de uno, las mejores son las que más tardan en irse y también las peores. Pero al menos esa pelea parecía haber llegado a su fin y con ello el teatro que había montado el susodicho emperador. | Hmm... mientras sea el salir de este lugar tan aburrido y simplón... la gente ignora todo lo que sucede en el mundo real... eso no es libertad... es solo inocencia combinada con estupidez. | Respondía ante las últimas palabras de Sigurd e iniciando un tipo de platica consigo mismo, reafirmando su inconformidad de estar en un evento tan trivial, quizá acompañado de la sensación de no haber logrado nada importante. Aceptando su invitación, por decirlo de alguna forma. Además de que realmente estaba harto de tener que viajar de incógnito o merodeando algún navío.
Todo porque desconocía cómo moverse en el mar; la ineptitud no era algo que tolerara fácil el oriundo de Wano, pero había aprendido a aceptar sus limitaciones, pues todos tienen un rol en este mundo que pueden desarrollar. Quizá algún día su destino sea dirigido exclusivamente por él mismo. A unos cuantos metros de distancia estaba el tranquilo por ahora y calmado espadachín; su presencia, aun así, era de alguien con cierta oscuridad y pocos ánimos de ser importunado. Se mantenía detrás de la colosal figura del que portaba una ostentosa hacha que parecía portar con mucho orgullo. Dharma no sentía ese apego por sus armas, pero entendía la importancia de ellas. Quizá algún día podría tener alguna que tuviese un nombre o el brindárselo. Pero por ahora sus espadas eran simplemente eso. Armas que, en su simplicidad, habían proveído de la muerte a decenas y cientos de seres a costa de los designios del otrora sirviente de la sabiduría, el enigmático y serio espadachín.
Ahora, buscando una nueva manera de seguir la aventura, era interesante; era de cierta forma lo más interesante que pudo haber encontrado aquí: dos hijos de la raza más extraña y conocida por su gran fortaleza, que ese par dignificaba sin duda alguna. Con los cuales no se había llevado mal, a decir verdad. Cada uno con sus formas de ser, incluido el pelinegro, esperando de cierta forma a que resolviera sus ultimas cosas que hacer el par antes de salir de ese lugar. Pues también estaba la incertidumbre de alguna forma, de que aquella paz organizada por el soberano de los cielos pudiera escapar.
OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
