13-08-2026, 01:48 AM
(Última modificación: 13-08-2026, 01:57 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3941]
No hizo falta responder cuando ella sabía todo lo que él pensaba. Tan solo bastó con demostrar la complicidad mediante una mirada que dijo más que cualquier palabra, dejando en el aire secretos que solo ambos conocían.
La intromisión de Miyori cerca de sus asientos rompió el previo análisis del encuentro. Los ojos de color ámbar se elevaron hacia la artista de cabellera cobriza que ofreció su teléfono con la promesa de una futura ayuda.
Antes de que el castaño pudiera tomarlo, la mano de Runin se encargó de recibir el fragmento de papel como si del guardián cerbero se tratara. “Las mujeres en serio son aterradoras…” Pensó sonriente, despidiéndose de Miyori con un agradecimiento y su mano llena de salsas por las papas que había comido. Entonces, escuchó atento a las palabras de su contraria, que de alguna forma sonaron cómplices en un secreto que esta vez no supo entender.

“Creo que vende mermelada, quizás se refería a eso.”
Concluyo abandonando el tema y volviendo la mirada hacia el combate.
Runin jamás sabría si Ryota era tan solo un estúpido al que le era difícil captar las indirectas o un genio sin precedentes que actuaba de esa forma para esquivar cada uno de sus problemas.
De regreso al encuentro, los últimos movimientos entre ambos luchadores quedaron en el pasado. La vibrante voz del emperador resonó por todo el estadio dando por finalizado el combate y ofreciéndoles unas palabras a los dos participantes.
Ryota guardó silencio al igual que todos aquellos que se encontraban en las gradas para escuchar atentos al emperador. “Kenbunshoku haki…” Fueron las palabras que resonaron en su cabeza al entender que se trataba de una especie de habilidad, que permitió al mandatario de la isla, entender las emociones de ambos competidores. “¿Ese es el poder para hacer trampa?…” dedujo sorprendido, no solo por la información revelada sino por el veredicto final.

“Waos… Perdímos.”
El equipo dos se alzó victorioso habiendo vencido al equipo seis en puntos debido a que ambos finalistas no consiguieron ninguna valoración positiva en su enfrentamiento. Un hecho más que sorpresivo para varios entre las gradas, sin embargo, los motivos del mandatario eran entendibles.
El torneo jamás se trató de una muestra de poder, o técnica marcial, en realidad varios de los mejores exponentes de ello se habían quedado fuera de los enfrentamientos principales. Por lo que era válido deducir que era un evento deportivo, una exhibición para los habitantes de la isla del cielo que buscaba traer diversión, conexión y paz entre las razas.
Lo normal seria que el campeón, fuera alguien que representara todos esos valores y por lo poco que conocía del peli blanco, era difícil imaginarlo como un exponente de ello. “Bueno, quizás me habría pasado lo mismo… y muy probablemente al Vikingo también, así que el mejor de todos siempre fue Akira.” Suspiró con una sonrisa relajada, extendiendo los brazos hacia el cielo para levantarse de su asiento y ver en dirección a Barald.
Ryota había perdido, pero estaba lejos de sentirse como un perdedor. Runin, Barald e incluso Tezca, los tres junto con él, llegaron a la última instancia del torneo y uno de ellos consiguió ganar el ansiado deseo. A ojos de Ryota, los Hanu Mahana dieron una increíble exhibición y quien dijo que ganaría los juegos, finalmente los ganó.

“Baaaaaarald, mi amigo, mi pana, mi compa, mi brother, crack, lince, maquina asesina, destructor de ladys, hacedor de viudas, rompecorazonez, tiburón salvaje bionico, terminator, chayan ¿ya te dije que eres el mejor amigo que he tenido?.”
Expreso, lanzándose sobre su compañero en un enérgico abrazo mostrando por completo sus intenciones en medio de elogios y títulos. “Vamos, bro, pide de deseo una casita de oro, nos la llevamos al Aloha Kai y nos forramos en el casino más cercano, di que sí, di que sí...” exclamó sonriente, para apartarse ligeramente, dejando su mano en el hombro, cuando el de cabellos negros lo hubiera apartado para levantarse.

“Bien jugado, bro, win is win ¿verdad?”
Rio amistosamente, recordando las palabras que compartieron tras el incidente con el custodio.
Fue entonces, cuando Uker se acercó al espadachín de ojos rojos, adentrándose en el pequeño grupo formado por los mahana. Ryota se apartó un paso para darle espacio y ver en dirección al capitán de los Sepultura.
Eros, al igual que Kiyoshi y Varo Ganchin quizás compartían el mismo entusiasmo por saber que uno de los suyos se alzaba con la victoria.

“Ganamos, al final ambas tripulaciones ganaron kekeke la ruta 1 fue la ruta de la suerte.”
Río con verdadero agrado, para terminar, recordando su apuesta con el mink. “Ah Varo, te debo dinero bro.” Se acercó hasta él, metiendo la mano en su billetera, sacando de esta los diez mil berrys que habían apostado por la victoria de Uker.

“Convence a Uker para que pida otra casa de oro y usamos todo ese dinero en algún casino, bro, si ganamos, tendríamos la vida resuelta.”
¿El buen Varo Ganchin se dejaría tentar por el demonio de las apuestas? Probablemente no, pero en un momento de tanta alegría y ya habiendo hecho una buena relación entre ambas tripulaciones dada por el alcohol y su eterna estancia en las gradas, tomo el atrevimiento de tratarlo de forma cercana.
No hizo falta responder cuando ella sabía todo lo que él pensaba. Tan solo bastó con demostrar la complicidad mediante una mirada que dijo más que cualquier palabra, dejando en el aire secretos que solo ambos conocían.
La intromisión de Miyori cerca de sus asientos rompió el previo análisis del encuentro. Los ojos de color ámbar se elevaron hacia la artista de cabellera cobriza que ofreció su teléfono con la promesa de una futura ayuda.
Antes de que el castaño pudiera tomarlo, la mano de Runin se encargó de recibir el fragmento de papel como si del guardián cerbero se tratara. “Las mujeres en serio son aterradoras…” Pensó sonriente, despidiéndose de Miyori con un agradecimiento y su mano llena de salsas por las papas que había comido. Entonces, escuchó atento a las palabras de su contraria, que de alguna forma sonaron cómplices en un secreto que esta vez no supo entender.

“Creo que vende mermelada, quizás se refería a eso.”
Concluyo abandonando el tema y volviendo la mirada hacia el combate.
Runin jamás sabría si Ryota era tan solo un estúpido al que le era difícil captar las indirectas o un genio sin precedentes que actuaba de esa forma para esquivar cada uno de sus problemas.
De regreso al encuentro, los últimos movimientos entre ambos luchadores quedaron en el pasado. La vibrante voz del emperador resonó por todo el estadio dando por finalizado el combate y ofreciéndoles unas palabras a los dos participantes.
Ryota guardó silencio al igual que todos aquellos que se encontraban en las gradas para escuchar atentos al emperador. “Kenbunshoku haki…” Fueron las palabras que resonaron en su cabeza al entender que se trataba de una especie de habilidad, que permitió al mandatario de la isla, entender las emociones de ambos competidores. “¿Ese es el poder para hacer trampa?…” dedujo sorprendido, no solo por la información revelada sino por el veredicto final.

“Waos… Perdímos.”
El equipo dos se alzó victorioso habiendo vencido al equipo seis en puntos debido a que ambos finalistas no consiguieron ninguna valoración positiva en su enfrentamiento. Un hecho más que sorpresivo para varios entre las gradas, sin embargo, los motivos del mandatario eran entendibles.
El torneo jamás se trató de una muestra de poder, o técnica marcial, en realidad varios de los mejores exponentes de ello se habían quedado fuera de los enfrentamientos principales. Por lo que era válido deducir que era un evento deportivo, una exhibición para los habitantes de la isla del cielo que buscaba traer diversión, conexión y paz entre las razas.
Lo normal seria que el campeón, fuera alguien que representara todos esos valores y por lo poco que conocía del peli blanco, era difícil imaginarlo como un exponente de ello. “Bueno, quizás me habría pasado lo mismo… y muy probablemente al Vikingo también, así que el mejor de todos siempre fue Akira.” Suspiró con una sonrisa relajada, extendiendo los brazos hacia el cielo para levantarse de su asiento y ver en dirección a Barald.
Ryota había perdido, pero estaba lejos de sentirse como un perdedor. Runin, Barald e incluso Tezca, los tres junto con él, llegaron a la última instancia del torneo y uno de ellos consiguió ganar el ansiado deseo. A ojos de Ryota, los Hanu Mahana dieron una increíble exhibición y quien dijo que ganaría los juegos, finalmente los ganó.

“Baaaaaarald, mi amigo, mi pana, mi compa, mi brother, crack, lince, maquina asesina, destructor de ladys, hacedor de viudas, rompecorazonez, tiburón salvaje bionico, terminator, chayan ¿ya te dije que eres el mejor amigo que he tenido?.”
Expreso, lanzándose sobre su compañero en un enérgico abrazo mostrando por completo sus intenciones en medio de elogios y títulos. “Vamos, bro, pide de deseo una casita de oro, nos la llevamos al Aloha Kai y nos forramos en el casino más cercano, di que sí, di que sí...” exclamó sonriente, para apartarse ligeramente, dejando su mano en el hombro, cuando el de cabellos negros lo hubiera apartado para levantarse.

“Bien jugado, bro, win is win ¿verdad?”
Rio amistosamente, recordando las palabras que compartieron tras el incidente con el custodio.
Fue entonces, cuando Uker se acercó al espadachín de ojos rojos, adentrándose en el pequeño grupo formado por los mahana. Ryota se apartó un paso para darle espacio y ver en dirección al capitán de los Sepultura.
Eros, al igual que Kiyoshi y Varo Ganchin quizás compartían el mismo entusiasmo por saber que uno de los suyos se alzaba con la victoria.

“Ganamos, al final ambas tripulaciones ganaron kekeke la ruta 1 fue la ruta de la suerte.”
Río con verdadero agrado, para terminar, recordando su apuesta con el mink. “Ah Varo, te debo dinero bro.” Se acercó hasta él, metiendo la mano en su billetera, sacando de esta los diez mil berrys que habían apostado por la victoria de Uker.

“Convence a Uker para que pida otra casa de oro y usamos todo ese dinero en algún casino, bro, si ganamos, tendríamos la vida resuelta.”
¿El buen Varo Ganchin se dejaría tentar por el demonio de las apuestas? Probablemente no, pero en un momento de tanta alegría y ya habiendo hecho una buena relación entre ambas tripulaciones dada por el alcohol y su eterna estancia en las gradas, tomo el atrevimiento de tratarlo de forma cercana.
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