Las palabras de Sigurd hicieron que Ubbe permaneciera en silencio unos segundos, porque no esperaba aquello, esperaba una carcajada acompañada de alguna orden absurda para entrenar hasta hundir el barco en dos. Esperaba una palmada brutal en la espalda y un “la próxima vez pega más fuerte”. Incluso esperaba que se burlara un poco de él por haber acabado cubierto de barro como un niño después de una pelea en el pantano.
Pero no aquello.
La enorme mano de Sigurd descansó sobre su hombro y, por primera vez desde que había terminado el combate, Ubbe sintió cómo parte del peso que llevaba encima comenzaba a aflojarse lentamente, entonces bajó la mirada durante un instante, y las palabras “has sido el que mejor pelea ha dado de los cuatro” seguían resonando en su cabeza.
Una pequeña sonrisa cansada apareció en su rostro.
- Heh… siempre sabes qué decir, Captain…
Dejó escapar el aire lentamente antes de negar con la cabeza.
- De verdad pensaba que podía llevar a mi equipo hasta la final, también quería hacerlo por todos vosotros, baby...
Sus dedos se cerraron un instante sobre la barandilla de las gradas mientras miraba la arena iluminada por los preparativos del combate final.
- Pero youre right… jamás había visto algo así. Ese tipo… era como si estuviera hecho literalmente de ese barro...
Soltó una breve risa entre dientes, aunque todavía se notaba el cansancio en su voz.
- La próxima vez que vea una de esas frutas raras, vendré preparado. I promise.
Levantó entonces la vista hacia Sigurd y, esta vez, la sonrisa fue mucho más sincera.
- Gracias, hermano.
Durante un momento permaneció simplemente allí, al lado de su capitán, observando la arena en silencio con el combate a todo trapo, después volvió a reír cuando escuchó la amenaza de Sigurd de comerse a Shin si perdía el combate.
- GAHAHAHA, ¡más le vale ganar, porque sé que hablas en serio!
La carcajada grave de Ubbe resonó entre los suyos, mucho más ligera que cualquiera de las que había soltado desde que terminó la semifinal, seguía dolido por la derrota, claro, seguía pensando que no había estado a la altura de lo que quería representar, pero escuchar el orgullo en la voz de Sigurd le recordó algo importante, El Ragnarok no era solo una bandera que cargar sobre los hombros, era una familia que seguía caminando a su lado, incluso cuando las batallas no terminaban con una victoria, y con ese mismo pensamiento, sus ojos se desviaron entonces hacia Odiseo. El recuerdo de los cuarenta y nueve hombres que habían caído en la llegada a la tierra prometida. Cuarenta y nueve, no eran simples números.
Cuarenta y nueve compañeros que habían confiado en alguien hasta el final, comparado con aquello, perder una semifinal dolía… sí, pero no era el fin del mundo. Le habia hecho una promesa a Odiseo, y la cumpliria costase lo que costase, Ubbe se haría mas fuerte, eso era algo que el mundo no podría frenar, aprenderia a pelear aquellas fuerzas de la naturaleza, le haria frente a cualquier enemigo, no perdería a mas hombres. Ubbe dejó escapar un largo suspiro y golpeó suavemente el hombro de Odiseo con el dorso de la mano.
- Heh… supongo que unos juegos no son nada comparados con sobrevivir a una historia como la tuya, baby.
Odiseo asintió con la cabeza pues sabia que su general seguiría atormentandose por ello durante bastante tiempo.
Volvió la vista hacia la arena justo cuando una nueva explosión de luz iluminaba el estadio. El combate final parecía haberse convertido en una auténtica locura. Destellos, transformaciones, gritos del público y una lluvia constante de ataques imposibles cruzaban el escenario de un lado a otro, el no dijo nada, porque aunque sus ojos estuvieran puestos sobre la arena, su mente seguía muy lejos de allí. Seguía atrapada entre el barro de Jin, las palabras de Sigurd, los rostros de los hombres del Ragnarok y todas las preguntas que Skypiea había dejado abiertas en su cabeza, y el rugido del estadio continuaba creciendo a su alrededor. Ubbe apenas lo escuchaba, pero lo que sí escuchó, casi sin querer, fue el sonido de un violín.
Al principio apenas le prestó atención. Era solo una melodía perdida entre el estruendo de la arena, los gritos del público y las explosiones de luz que seguían sacudiendo el combate final. Pero, poco a poco, aquella música comenzó a abrirse paso entre el ruido hasta hacerse imposible de ignorar.
Ubbe levantó ligeramente la cabeza.
En una parte de las gradas, varios marines coreaban el nombre de Shin con una energía desbordante, golpeando el suelo y las barandillas al ritmo de sus propios cánticos. Y, como respuesta, un grupo de piratas había empezado a cantar con voces roncas y desafinadas, acompañados por el violín de aquella pelirroja tan sorprendente que había conocido durante los juegos; Orange Girl.
Una sonrisa nostálgica apareció bajo la barba del gigantesco buccaneer cuando reconoció por fin la melodía, pues era el Sake de Binks.
- Yohohoho… yohohoho…
La tarareó muy bajito entre dientes, casi sin darse cuenta, moviendo apenas uno de los dedos al ritmo de la canción mientras apoyaba los brazos sobre la barandilla. Aquella melodía siempre conseguía lo mismo: recordarle al mar, a las noches interminables en cubierta, a los barriles de cerveza y cola compartidos con el Ragnarok y a una sensación de libertad que solo existía cuando el viento soplaba sobre un barco pirata, gracias a eso durante unos segundos, el peso de la derrota y las muertes pareció alejarse un poco.
Sus dedos rozaron distraídamente la cinta anudada alrededor de su brazo y, casi por instinto, volvió a buscar entre las gradas aquella cabeza completamente rapada. Maki.
La encontró enseguida, sosteniendo la cerveza que le había enviado unos minutos antes.
La enorme sonrisa de Ubbe apareció de inmediato en su rostro, aunque no hizo ningún gesto exagerado esta vez; simplemente la observó desde la distancia mientras el Sake de Binks seguía sonando de fondo.
Resultaba extraño; había llegado a Skypiea pensando únicamente en pelear, hacerse más fuerte y llevar la bandera del Ragnarok lo más alto posible. Y, sin embargo, una de las cosas que más rondaban ahora su cabeza era una chica calva que le había regalado una simple cinta y le había deseado buena suerte antes de bajar a la arena.
"Heh… maybe this sky island is more dangerous than I thought, baby…"
La risa grave escapó de su garganta mientras seguía tarareando la canción, dejando que, por primera vez desde que terminó el combate, el ruido del estadio dejara de sonar como una derrota y empezara a sonar un poco más como una aventura.
Se acomodó las gafas de sol con un dedo y comenzó a abrirse paso entre los espectadores. Su enorme tamaño hacía que la gente tuviera que apartarse casi por instinto mientras avanzaba lentamente entre las filas de asientos, todavía algo dolorido por el combate, pero con una ligereza en el pecho que no había sentido en toda la tarde.
La observó un momento antes de rascarse la nuca con cierta torpeza, algo poco habitual en alguien tan grande y seguro de sí mismo cuando estaba peleando.
- Oye Baby… estaba pensando una cosa.
Desvió la mirada apenas un segundo hacia la arena, donde el ruido del estadio seguía envolviendo el ambiente, y luego volvió a mirarla directamente.
-Cuando termine todo este lío de los juegos… me gustaría verte en un ambiente un poco más tranquilo...
Una sonrisa algo más divertida apareció mirándola, juguetón.
- Y, en vez de seguir enviándonos cervezas de una punta de la grada a la otra… quizá podríamos compartir una juntos, baby.
No había fanfarronería en sus palabras, ni una frase ensayada.
Solo la sinceridad sencilla y directa de alguien que, después de una larga batalla, había decidido que prefería aprovechar aquel momento antes que seguir dándole vueltas a una derrota.
Pero no aquello.
La enorme mano de Sigurd descansó sobre su hombro y, por primera vez desde que había terminado el combate, Ubbe sintió cómo parte del peso que llevaba encima comenzaba a aflojarse lentamente, entonces bajó la mirada durante un instante, y las palabras “has sido el que mejor pelea ha dado de los cuatro” seguían resonando en su cabeza.
Una pequeña sonrisa cansada apareció en su rostro.
- Heh… siempre sabes qué decir, Captain…
Dejó escapar el aire lentamente antes de negar con la cabeza.
- De verdad pensaba que podía llevar a mi equipo hasta la final, también quería hacerlo por todos vosotros, baby...
Sus dedos se cerraron un instante sobre la barandilla de las gradas mientras miraba la arena iluminada por los preparativos del combate final.
- Pero youre right… jamás había visto algo así. Ese tipo… era como si estuviera hecho literalmente de ese barro...
Soltó una breve risa entre dientes, aunque todavía se notaba el cansancio en su voz.
- La próxima vez que vea una de esas frutas raras, vendré preparado. I promise.
Levantó entonces la vista hacia Sigurd y, esta vez, la sonrisa fue mucho más sincera.
- Gracias, hermano.
Durante un momento permaneció simplemente allí, al lado de su capitán, observando la arena en silencio con el combate a todo trapo, después volvió a reír cuando escuchó la amenaza de Sigurd de comerse a Shin si perdía el combate.
- GAHAHAHA, ¡más le vale ganar, porque sé que hablas en serio!
La carcajada grave de Ubbe resonó entre los suyos, mucho más ligera que cualquiera de las que había soltado desde que terminó la semifinal, seguía dolido por la derrota, claro, seguía pensando que no había estado a la altura de lo que quería representar, pero escuchar el orgullo en la voz de Sigurd le recordó algo importante, El Ragnarok no era solo una bandera que cargar sobre los hombros, era una familia que seguía caminando a su lado, incluso cuando las batallas no terminaban con una victoria, y con ese mismo pensamiento, sus ojos se desviaron entonces hacia Odiseo. El recuerdo de los cuarenta y nueve hombres que habían caído en la llegada a la tierra prometida. Cuarenta y nueve, no eran simples números.
Cuarenta y nueve compañeros que habían confiado en alguien hasta el final, comparado con aquello, perder una semifinal dolía… sí, pero no era el fin del mundo. Le habia hecho una promesa a Odiseo, y la cumpliria costase lo que costase, Ubbe se haría mas fuerte, eso era algo que el mundo no podría frenar, aprenderia a pelear aquellas fuerzas de la naturaleza, le haria frente a cualquier enemigo, no perdería a mas hombres. Ubbe dejó escapar un largo suspiro y golpeó suavemente el hombro de Odiseo con el dorso de la mano.
- Heh… supongo que unos juegos no son nada comparados con sobrevivir a una historia como la tuya, baby.
Odiseo asintió con la cabeza pues sabia que su general seguiría atormentandose por ello durante bastante tiempo.
Volvió la vista hacia la arena justo cuando una nueva explosión de luz iluminaba el estadio. El combate final parecía haberse convertido en una auténtica locura. Destellos, transformaciones, gritos del público y una lluvia constante de ataques imposibles cruzaban el escenario de un lado a otro, el no dijo nada, porque aunque sus ojos estuvieran puestos sobre la arena, su mente seguía muy lejos de allí. Seguía atrapada entre el barro de Jin, las palabras de Sigurd, los rostros de los hombres del Ragnarok y todas las preguntas que Skypiea había dejado abiertas en su cabeza, y el rugido del estadio continuaba creciendo a su alrededor. Ubbe apenas lo escuchaba, pero lo que sí escuchó, casi sin querer, fue el sonido de un violín.
Al principio apenas le prestó atención. Era solo una melodía perdida entre el estruendo de la arena, los gritos del público y las explosiones de luz que seguían sacudiendo el combate final. Pero, poco a poco, aquella música comenzó a abrirse paso entre el ruido hasta hacerse imposible de ignorar.
Ubbe levantó ligeramente la cabeza.
En una parte de las gradas, varios marines coreaban el nombre de Shin con una energía desbordante, golpeando el suelo y las barandillas al ritmo de sus propios cánticos. Y, como respuesta, un grupo de piratas había empezado a cantar con voces roncas y desafinadas, acompañados por el violín de aquella pelirroja tan sorprendente que había conocido durante los juegos; Orange Girl.
Una sonrisa nostálgica apareció bajo la barba del gigantesco buccaneer cuando reconoció por fin la melodía, pues era el Sake de Binks.
- Yohohoho… yohohoho…
La tarareó muy bajito entre dientes, casi sin darse cuenta, moviendo apenas uno de los dedos al ritmo de la canción mientras apoyaba los brazos sobre la barandilla. Aquella melodía siempre conseguía lo mismo: recordarle al mar, a las noches interminables en cubierta, a los barriles de cerveza y cola compartidos con el Ragnarok y a una sensación de libertad que solo existía cuando el viento soplaba sobre un barco pirata, gracias a eso durante unos segundos, el peso de la derrota y las muertes pareció alejarse un poco.
Sus dedos rozaron distraídamente la cinta anudada alrededor de su brazo y, casi por instinto, volvió a buscar entre las gradas aquella cabeza completamente rapada. Maki.
La encontró enseguida, sosteniendo la cerveza que le había enviado unos minutos antes.
La enorme sonrisa de Ubbe apareció de inmediato en su rostro, aunque no hizo ningún gesto exagerado esta vez; simplemente la observó desde la distancia mientras el Sake de Binks seguía sonando de fondo.
Resultaba extraño; había llegado a Skypiea pensando únicamente en pelear, hacerse más fuerte y llevar la bandera del Ragnarok lo más alto posible. Y, sin embargo, una de las cosas que más rondaban ahora su cabeza era una chica calva que le había regalado una simple cinta y le había deseado buena suerte antes de bajar a la arena.
"Heh… maybe this sky island is more dangerous than I thought, baby…"
La risa grave escapó de su garganta mientras seguía tarareando la canción, dejando que, por primera vez desde que terminó el combate, el ruido del estadio dejara de sonar como una derrota y empezara a sonar un poco más como una aventura.
Se acomodó las gafas de sol con un dedo y comenzó a abrirse paso entre los espectadores. Su enorme tamaño hacía que la gente tuviera que apartarse casi por instinto mientras avanzaba lentamente entre las filas de asientos, todavía algo dolorido por el combate, pero con una ligereza en el pecho que no había sentido en toda la tarde.
La observó un momento antes de rascarse la nuca con cierta torpeza, algo poco habitual en alguien tan grande y seguro de sí mismo cuando estaba peleando.
- Oye Baby… estaba pensando una cosa.
Desvió la mirada apenas un segundo hacia la arena, donde el ruido del estadio seguía envolviendo el ambiente, y luego volvió a mirarla directamente.
-Cuando termine todo este lío de los juegos… me gustaría verte en un ambiente un poco más tranquilo...
Una sonrisa algo más divertida apareció mirándola, juguetón.
- Y, en vez de seguir enviándonos cervezas de una punta de la grada a la otra… quizá podríamos compartir una juntos, baby.
No había fanfarronería en sus palabras, ni una frase ensayada.
Solo la sinceridad sencilla y directa de alguien que, después de una larga batalla, había decidido que prefería aprovechar aquel momento antes que seguir dándole vueltas a una derrota.
HEY BABY
![[Imagen: ksMOGZu.png]](https://i.imgur.com/ksMOGZu.png)
