12-08-2026, 07:42 AM
La gran final llegó a sus últimos compases. En la arena, la bestia física de los piratas se aferró con uñas y dientes a la única opción real que tenía de derrotar al brillante marine: reducirlo. Hasta entonces, esa estrategia le había funcionado y Enji pensó seriamente que la pelea estaba decidida. No supo cuándo, ni cómo, eso cambió. La mole de músculos salió proyectada varios metros sobre el nivel del suelo tras una explosión salida de la misma nada y Shin, convertido en una saeta de luz imposible de seguir, abrazó nuevamente la libertad. Ese momento, en sus ojos, decidió el combate nuevamente, como lo había hecho antes el agarre de Bartolomeow. Las tornas giraron a favor del comandante y, ahora sí, Enji asumió que todo estaba dicho.
¿O no?
«Aquí nadie se rinde, eh…»
Vio como el enorme buccaneer volvía a la carga. Vio montones de luces y centellas volando. Vio cuánto pudo ver y terminó apretando los párpados para tratar de mirar un poco más.
«Que divertido»
Explosiones, tierra volando, siluetas demasiado veloces como para seguirlas con los ojos. ¿Qué estaba sucediendo exactamente allí abajo? No tenía idea. Probablemente ninguno la tenía. Reaccionaban a las cosas cuando ya habían sucedido, cegados por la velocidad y los fogonazos de luz que ocurrían por toda la arena. ¿Estaba ganando Shin? ¿Lo habían vuelto a atrapar? ¿Lo echarían si le escupía a Navur desde allí? ¿Le daban siquiera los pulmones para escupir tan lejos? Demasiadas preguntas, demasiadas dudas y muy pocas respuestas.
Un líquido amarillo empezó a correr por su cara. Uno frío.
La canción que entonaba se detuvo en seco, levantó la mirada y su sonrisa, algo más maniática que de costumbre, se ensanchó, tornándose completamente siniestra.
—Juancho, Juancho, Juancho… ¡¿TE ACABAS DE ORINAR SOBRE MI CABEZA?! —La vena de su frente creció hasta resaltar como la raíz de un enorme árbol—. ¡Ven aquí! —Sujetó a Juan del caparazón y lo bajó de su cabeza, sosteniéndolo panza arriba sobre su palma—. ¡Hijo de tu…! Espera, ¿por qué huele a cerveza? —Alzó la ceja al mismo tiempo que sus botas pisaban restos de vidrio en el suelo. Acercó la nariz a su hombro, empapado en ese líquido frío, y olfateó—. Y lupulada… mierda. ¿Volcaste la cerveza? Ese cigarrillo ya te está empezando a deteriorar la cabeza.
No sabía que era peor: ser orinado por una tortuga o perder medio litro de cerveza. Se lo preguntaba seriamente.
Aprovechando que tenía a Juan sobre su palma, Enji lo arrojó hacia arriba solo unos pocos centímetros y con los dedos le dió rotación a su cuerpo, que luego atrapó haciéndole equilibrio a su caparazón sobre la punta de su dedo índice.
—Parece que está por terminar —comentó en un tono más alto, dirigido no solo a Juan sino a todos los marines que estaban cerca—. O al menos eso creo. ¿Ustedes ven qué mierda está pasando ahí abajo? —preguntó a todo el contingente, algo frustrado. Desde que llegaron a los cielos que no podía ver a nadie hacer nada—. Porque ya les digo que yo no. Ni un poco. Solo «¡Pum!», explosiones y «¡Pum!», pájaros. Parece un show de magos bastante barato.
El venenoso cartel de “Justice Rules” seguía en el aire, sostenido por la constante presión de su mano derecha comandando el líquido.
¿O no?
«Aquí nadie se rinde, eh…»
Vio como el enorme buccaneer volvía a la carga. Vio montones de luces y centellas volando. Vio cuánto pudo ver y terminó apretando los párpados para tratar de mirar un poco más.
«Que divertido»
Explosiones, tierra volando, siluetas demasiado veloces como para seguirlas con los ojos. ¿Qué estaba sucediendo exactamente allí abajo? No tenía idea. Probablemente ninguno la tenía. Reaccionaban a las cosas cuando ya habían sucedido, cegados por la velocidad y los fogonazos de luz que ocurrían por toda la arena. ¿Estaba ganando Shin? ¿Lo habían vuelto a atrapar? ¿Lo echarían si le escupía a Navur desde allí? ¿Le daban siquiera los pulmones para escupir tan lejos? Demasiadas preguntas, demasiadas dudas y muy pocas respuestas.
Un líquido amarillo empezó a correr por su cara. Uno frío.
La canción que entonaba se detuvo en seco, levantó la mirada y su sonrisa, algo más maniática que de costumbre, se ensanchó, tornándose completamente siniestra.
—Juancho, Juancho, Juancho… ¡¿TE ACABAS DE ORINAR SOBRE MI CABEZA?! —La vena de su frente creció hasta resaltar como la raíz de un enorme árbol—. ¡Ven aquí! —Sujetó a Juan del caparazón y lo bajó de su cabeza, sosteniéndolo panza arriba sobre su palma—. ¡Hijo de tu…! Espera, ¿por qué huele a cerveza? —Alzó la ceja al mismo tiempo que sus botas pisaban restos de vidrio en el suelo. Acercó la nariz a su hombro, empapado en ese líquido frío, y olfateó—. Y lupulada… mierda. ¿Volcaste la cerveza? Ese cigarrillo ya te está empezando a deteriorar la cabeza.
No sabía que era peor: ser orinado por una tortuga o perder medio litro de cerveza. Se lo preguntaba seriamente.
Aprovechando que tenía a Juan sobre su palma, Enji lo arrojó hacia arriba solo unos pocos centímetros y con los dedos le dió rotación a su cuerpo, que luego atrapó haciéndole equilibrio a su caparazón sobre la punta de su dedo índice.
—Parece que está por terminar —comentó en un tono más alto, dirigido no solo a Juan sino a todos los marines que estaban cerca—. O al menos eso creo. ¿Ustedes ven qué mierda está pasando ahí abajo? —preguntó a todo el contingente, algo frustrado. Desde que llegaron a los cielos que no podía ver a nadie hacer nada—. Porque ya les digo que yo no. Ni un poco. Solo «¡Pum!», explosiones y «¡Pum!», pájaros. Parece un show de magos bastante barato.
El venenoso cartel de “Justice Rules” seguía en el aire, sostenido por la constante presión de su mano derecha comandando el líquido.
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