11-08-2026, 08:01 PM
Parecía que la diplomacia funcionaba, al menos en una parte. El tipo estrafalariamente vestido como un candado no tenía intención de abrirles la puerta, a pesar de haber usado la contraseña, porque sabían de sobra quienes eran ellos, lo cual tenía sentido, y tampoco es que el antiguo pescador tuviese muchas esperanzas al usar aquella argucia. No obstante, empezó a contarles muchos datos de interés. Aparte del principal culpable, quien era el que generaba ese terror irracional tanto en él como en el hombre candelabro, había otro tipo bastante hundido en esa mierda, que resultó ser el tipo-reloj que les había comentado el muchachillo que había acudido a ellos buscando ayuda.
"Por fin información útil de verdad..."
Lo siguiente que contó el candado, hizo que Kisuke hirviese de ira y empezase a aflorar en él esa sed de sangre que le invadía cuando se enteraba de atrocidades como aquella. Como se había temido al saber que dos de las potenciales víctimas eran mujeres, y, según todos los indicios, el resto de las afectadas, también, estaban ante un claro caso de abusos sexuales y quien sabía que macabros fetiches más, porque según iba hablando el hombre candado, más turbio se estaba volviendo aquel asunto. Kisuke suspiró tratando de calmarse porque era capaz de derribar la puerta y empezar a cortar cabezas a diestro y siniestro sin pensar, tenía que mantener la cabeza fría, al menos por el momento. Finalmente les dio la localización de las chicas, al menos las vivas, dijo sin tapujos, por lo que ya, para empezar, era demasiado tarde para alguna de las muchachas. Una de las cosas que había hecho a Kisuke entrar en la Armada Revolucionaria era la de acabar con aquellos hijos de puta con poder que se creían impunes para violentar y abusar de las mujeres. Aquello en concreto, le sacaba de sus casillas especialmente.
"Mataré a esos hijos de puta..."
Pero justo en ese momento entró en escena el candelabro, haciendo la mayor estupidez que podría haber hecho, gritando a grito pelado que los Toros Negros estaban allí y acto seguido un terrible rugido, como el de una bestia muy enfadada, resonó por todo el desfiladero donde estaba oculto el castillo. Kisuke se llevó al mano a la empuñadura de Yamigiri inmediatamente dispuesto a rebanarle el pescuezo al lamentable tipo, pero Panda ya había salido a por él gritandole, por lo que le dejaría hacer al mink; mientras, el se concentró en lo que le dictaminaba su haki y podía percibir muchas presencias irrumpiendo en su radar sensorial, mientras detectó dos más poderosas que el resto, una varias veces más intensa que la otra. Había que aprovechar el tiempo y la prioridad estaba clara, las rehenes. Haciendo uso del ratón que todavía permanecía en el hombro del úrsido, Kisuke le dio sus órdenes en voz baja.
-Pandita, las chicas, después de limpiar con la basura, vete a por ellas y sácalas de aquí, yo entretendré a los peces gordos...
En ese momento, justo cuando el mink aterrizó a su lado después de haber acabado con el candelabro, las puertas se abrieron y Kisuke se transformó al instante en hollín, incrementando su percepción a un nivel superior y bajando su rango a 10 metros, para pasar de largo de la horda que les atacaba e ir directamente a por el tipo que estaba comandándoles, el famoso hombre reloj. Pudo ver en su forma incorpórea como un mink león se retiraba; ese debía ser el cabrón que estaba detrás de todo esto. No quería perder de vista a los dos peces gordos, y menos aún al hijo de puta que había perpetrado todo aquello.
"¿Vas a salir con el rabo entre las piernas, gatito?"
Pensó esto mientras se convertía en su forma corpórea de nuevo a 7 metros del hombre reloj, y sacando a Yamigiri y Onikiba de su vaina, mientras activaba su busoshoku imbuyendo su haki en la hoja de ambas katanas dispuesto a ir con todo a por el hombre reloj, que era el objetivo que tenía más a mano. A la vez que hacía esto, una nube de hollín empezó a envolver con su oscuro manto los filos de sus preciadas katanas.
-Susu no koromo...
Kisuke no estaba para tonterías por lo que adoptó una posición particular con sus espadas y se abalanzó hacia el hombre reloj con un salto, con las katanas colocadas en forma de equis, dispuesto a embestir con toda la furia de los Toros Negros a aquel miserable.
-Nitoryuu... Arashi no nami
Tras el ataque, retrocedió dos metros, con las espadas en guardia dispuesto a saldar aquel asunto de la manera más violenta y rápida posible. Habían cabreado al Comandante de los Ejercitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, y lo iban a pagar muy caro.
"Por fin información útil de verdad..."
Lo siguiente que contó el candado, hizo que Kisuke hirviese de ira y empezase a aflorar en él esa sed de sangre que le invadía cuando se enteraba de atrocidades como aquella. Como se había temido al saber que dos de las potenciales víctimas eran mujeres, y, según todos los indicios, el resto de las afectadas, también, estaban ante un claro caso de abusos sexuales y quien sabía que macabros fetiches más, porque según iba hablando el hombre candado, más turbio se estaba volviendo aquel asunto. Kisuke suspiró tratando de calmarse porque era capaz de derribar la puerta y empezar a cortar cabezas a diestro y siniestro sin pensar, tenía que mantener la cabeza fría, al menos por el momento. Finalmente les dio la localización de las chicas, al menos las vivas, dijo sin tapujos, por lo que ya, para empezar, era demasiado tarde para alguna de las muchachas. Una de las cosas que había hecho a Kisuke entrar en la Armada Revolucionaria era la de acabar con aquellos hijos de puta con poder que se creían impunes para violentar y abusar de las mujeres. Aquello en concreto, le sacaba de sus casillas especialmente.
"Mataré a esos hijos de puta..."
Pero justo en ese momento entró en escena el candelabro, haciendo la mayor estupidez que podría haber hecho, gritando a grito pelado que los Toros Negros estaban allí y acto seguido un terrible rugido, como el de una bestia muy enfadada, resonó por todo el desfiladero donde estaba oculto el castillo. Kisuke se llevó al mano a la empuñadura de Yamigiri inmediatamente dispuesto a rebanarle el pescuezo al lamentable tipo, pero Panda ya había salido a por él gritandole, por lo que le dejaría hacer al mink; mientras, el se concentró en lo que le dictaminaba su haki y podía percibir muchas presencias irrumpiendo en su radar sensorial, mientras detectó dos más poderosas que el resto, una varias veces más intensa que la otra. Había que aprovechar el tiempo y la prioridad estaba clara, las rehenes. Haciendo uso del ratón que todavía permanecía en el hombro del úrsido, Kisuke le dio sus órdenes en voz baja.
-Pandita, las chicas, después de limpiar con la basura, vete a por ellas y sácalas de aquí, yo entretendré a los peces gordos...
En ese momento, justo cuando el mink aterrizó a su lado después de haber acabado con el candelabro, las puertas se abrieron y Kisuke se transformó al instante en hollín, incrementando su percepción a un nivel superior y bajando su rango a 10 metros, para pasar de largo de la horda que les atacaba e ir directamente a por el tipo que estaba comandándoles, el famoso hombre reloj. Pudo ver en su forma incorpórea como un mink león se retiraba; ese debía ser el cabrón que estaba detrás de todo esto. No quería perder de vista a los dos peces gordos, y menos aún al hijo de puta que había perpetrado todo aquello.
"¿Vas a salir con el rabo entre las piernas, gatito?"
Pensó esto mientras se convertía en su forma corpórea de nuevo a 7 metros del hombre reloj, y sacando a Yamigiri y Onikiba de su vaina, mientras activaba su busoshoku imbuyendo su haki en la hoja de ambas katanas dispuesto a ir con todo a por el hombre reloj, que era el objetivo que tenía más a mano. A la vez que hacía esto, una nube de hollín empezó a envolver con su oscuro manto los filos de sus preciadas katanas.
-Susu no koromo...
Kisuke no estaba para tonterías por lo que adoptó una posición particular con sus espadas y se abalanzó hacia el hombre reloj con un salto, con las katanas colocadas en forma de equis, dispuesto a embestir con toda la furia de los Toros Negros a aquel miserable.
-Nitoryuu... Arashi no nami
Tras el ataque, retrocedió dos metros, con las espadas en guardia dispuesto a saldar aquel asunto de la manera más violenta y rápida posible. Habían cabreado al Comandante de los Ejercitos del West Blue de la Armada Revolucionaria, y lo iban a pagar muy caro.
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