07-08-2026, 08:03 PM
— Agarra bien esos baldes. Que de eso depende que podamos pagar el crédito que saqué hace poco en el banco. Últimamente han sido días malos. Pero hoy por fin pudimos pescar unos cuantos kilos de pescado —me dijo mi padre mientras caminábamos por las calles del pueblo llevando baldes de pescado para venderle a algunos revendedores.
— Para ti es fácil decirlo. Me dejaste los baldes más pesados a mi. Tsk —le respondí.
— Deja de quejarte. Que ejercitar los músculos de vez en cuando no está mal. Ademas ya casi llegamos.
Sinceramente, había días malos, días horribles, y luego estaban los malditos dias en los que me tocaba ir al pueblo con mi padre y soportar el calor, los gritos de la gente, niños corriendo que me tropezaban sin disculparse y un sinfín de cosas que me disgustaban. Que fastidio, maldición.
Estabamos intentando cruzar una de las calles, cuando de repente la luz del sol se fue de golpe. ¿Una nube pasajera? No, era una especie de sombra gigantesca que cubrió la calle entera en la que me encontraba.
— Tsk. ¿Ahora qué pasa? —murmuré, deteniéndome a regañadientes y soltando un suspiro cargado de fastidio mientras levantaba la vista con flojera y lentitud.
Tuve que inclinar el cuello hacia atrás hasta casi dislocarme la columna vertebral. Y seguí subiendo la mirada... y subiendo... hasta que me di cuenta de que aquello no era un edificio. Era “una persona”. O un monstruo con forma humanoide.
Me quedé allí parpadeando sorprendido, procesando lo que estaban viendo mis ojos.
— Papá… Creo que el cafe con leche de esta mañana tenia algo raro. Estoy viendo cosas un poco locas. Tsk —le dije a mi padre—. Mejor demos vuelta y hagamos como que no vimos nada.
Me di la vuelta sin importar lo que dijera mi padre con la intención de irme de allí. Pero los problemas llegaron primero. Veinte personas armadas nos habían rodeado.
— Miren eso. No me imaginaba encontrar una gigante en esta isla. Se debe vender a buen precio en el mercado negro buajjajajajajaja —dijo uno de los veinte tipos.
— Ya le terminó de caer mierda al abanico —pensé suspirando con fastidio al quedar justo entre la mujer gigante y los veinte hombres.
— Para ti es fácil decirlo. Me dejaste los baldes más pesados a mi. Tsk —le respondí.
— Deja de quejarte. Que ejercitar los músculos de vez en cuando no está mal. Ademas ya casi llegamos.
Sinceramente, había días malos, días horribles, y luego estaban los malditos dias en los que me tocaba ir al pueblo con mi padre y soportar el calor, los gritos de la gente, niños corriendo que me tropezaban sin disculparse y un sinfín de cosas que me disgustaban. Que fastidio, maldición.
Estabamos intentando cruzar una de las calles, cuando de repente la luz del sol se fue de golpe. ¿Una nube pasajera? No, era una especie de sombra gigantesca que cubrió la calle entera en la que me encontraba.
— Tsk. ¿Ahora qué pasa? —murmuré, deteniéndome a regañadientes y soltando un suspiro cargado de fastidio mientras levantaba la vista con flojera y lentitud.
Tuve que inclinar el cuello hacia atrás hasta casi dislocarme la columna vertebral. Y seguí subiendo la mirada... y subiendo... hasta que me di cuenta de que aquello no era un edificio. Era “una persona”. O un monstruo con forma humanoide.
Me quedé allí parpadeando sorprendido, procesando lo que estaban viendo mis ojos.
— Papá… Creo que el cafe con leche de esta mañana tenia algo raro. Estoy viendo cosas un poco locas. Tsk —le dije a mi padre—. Mejor demos vuelta y hagamos como que no vimos nada.
Me di la vuelta sin importar lo que dijera mi padre con la intención de irme de allí. Pero los problemas llegaron primero. Veinte personas armadas nos habían rodeado.
— Miren eso. No me imaginaba encontrar una gigante en esta isla. Se debe vender a buen precio en el mercado negro buajjajajajajaja —dijo uno de los veinte tipos.
— Ya le terminó de caer mierda al abanico —pensé suspirando con fastidio al quedar justo entre la mujer gigante y los veinte hombres.
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