06-08-2026, 08:31 AM
Aquel hombre estaba mucho más asustado de lo que Kisuke podía haber imaginado, y ante la aparición del antiguo pescador, empezaron a sonar los "trombones de la liberación", con una potencia descomunal y que fueron el preludio del hedor del pánico del hombre candelabro. Vamos, que, literalmente, el hombre se había cagado encima al ver aparecer al Comandante de los Ejercitos del Oeste de la Armada Revolucionaria. Pero a pesar de que la situación había excedido los cálculos del espadachín revolucionario, aquel oloroso y asqueroso contratiempo, en cierta medida, había funcionado, puesto que el tipo empezó a hablar, olvidándose de aquel horrible y extraño acento, con desesperación.
"Bueno, por fin empezamos a sacar cosas en claro..."
El hombre, aterrorizado les contó de un castillo al que se podía llegar yendo por el túnel de más a la izquierda, donde, al parecer llevaban a las chicas. Sí, en plural. Aquella situación iba tomando forma. Aquel hombre al parecer se sentía culpable por no pedir ayuda pero, según decía, su trabajo no se lo permitía. Su aura emitía unas fluctuaciones muy extrañas, quizá por su mente quebrada por el pánico. A saber que amenazas habría sufrido aquel pobre diablo, aunque parecía evidente que se sentía terriblemente culpable por lo que allí estaba pasando. Kisuke frunció el ceño al sentir el estado mental de aquel tipo, y la rabia empezó a bullir en él. No iba a permitir que el responsable, o responsables, de toda aquella situación salieran impunes. Al final, el hombre pidió que les mataran, con una determinación que no había sentido en ningún momento antes en su interacción con aquel hombre. Kisuke le devolvió una mirada muy seria. Panda por su parte, dijo que no le correspondía a él tomar esa decisión.
-Si quieres morir, podrás hacerlo, pero no será por nuestra mano. Cuando estés libre de las amenazas que has sufrido, tendrás que afrontar las consecuencias de lo que aquí ha pasado. Nosotros no somos verdugos ni jueces...
Entonces Panda usó su haoshoku para desmayar a aquel pobre sujeto, y lo llevó unos metros lejos del charco de sus propios fluidos. Le tendió en el suelo para dejarle descansar, mientras se volvía hacia su comandante mientras le comentaba como veía él la situación.
-Le dejaremos así. Si cuando esto acabe sigue aquí, le llevaremos a que sea juzgado por su implicación en el caso, y la justicia de Mogaro deberá decidir... Si no sigue aquí, bueno... tampoco es que este tio suponga ninguna amenaza...
Panda usó sus habilidades para abrir un atajo hacia su destino. Kisuke agarró con fuerza y rabia la empuñadura de su katana, Yamigiri, deseando encontrar de una vez al responsable de todo esto y hacerle pagar. Al parecer había más de una chica implicada en aquella extraña situación, y también era plausible que hubiese más gente amenazada a colaborar como aquel infeliz sujeto que acababan de encontrarse. Alguien iba a pagar muy caro por todo aquello, eso era algo que tenía muy claro Kisuke Kageyama, así que siguió a su peludo compañero a través del agujero que estaba abriendo en la roca para ir hacia su nuevo destino.
"Bueno, por fin empezamos a sacar cosas en claro..."
El hombre, aterrorizado les contó de un castillo al que se podía llegar yendo por el túnel de más a la izquierda, donde, al parecer llevaban a las chicas. Sí, en plural. Aquella situación iba tomando forma. Aquel hombre al parecer se sentía culpable por no pedir ayuda pero, según decía, su trabajo no se lo permitía. Su aura emitía unas fluctuaciones muy extrañas, quizá por su mente quebrada por el pánico. A saber que amenazas habría sufrido aquel pobre diablo, aunque parecía evidente que se sentía terriblemente culpable por lo que allí estaba pasando. Kisuke frunció el ceño al sentir el estado mental de aquel tipo, y la rabia empezó a bullir en él. No iba a permitir que el responsable, o responsables, de toda aquella situación salieran impunes. Al final, el hombre pidió que les mataran, con una determinación que no había sentido en ningún momento antes en su interacción con aquel hombre. Kisuke le devolvió una mirada muy seria. Panda por su parte, dijo que no le correspondía a él tomar esa decisión.
-Si quieres morir, podrás hacerlo, pero no será por nuestra mano. Cuando estés libre de las amenazas que has sufrido, tendrás que afrontar las consecuencias de lo que aquí ha pasado. Nosotros no somos verdugos ni jueces...
Entonces Panda usó su haoshoku para desmayar a aquel pobre sujeto, y lo llevó unos metros lejos del charco de sus propios fluidos. Le tendió en el suelo para dejarle descansar, mientras se volvía hacia su comandante mientras le comentaba como veía él la situación.
-Le dejaremos así. Si cuando esto acabe sigue aquí, le llevaremos a que sea juzgado por su implicación en el caso, y la justicia de Mogaro deberá decidir... Si no sigue aquí, bueno... tampoco es que este tio suponga ninguna amenaza...
Panda usó sus habilidades para abrir un atajo hacia su destino. Kisuke agarró con fuerza y rabia la empuñadura de su katana, Yamigiri, deseando encontrar de una vez al responsable de todo esto y hacerle pagar. Al parecer había más de una chica implicada en aquella extraña situación, y también era plausible que hubiese más gente amenazada a colaborar como aquel infeliz sujeto que acababan de encontrarse. Alguien iba a pagar muy caro por todo aquello, eso era algo que tenía muy claro Kisuke Kageyama, así que siguió a su peludo compañero a través del agujero que estaba abriendo en la roca para ir hacia su nuevo destino.
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