05-08-2026, 06:07 AM
(Última modificación: 05-08-2026, 06:10 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3941]
La cálida sensación en su espalda lo reconfortó conforme ascendía por los escalones. Esa misma calidez le hizo viajar al pasado, rememorando ese primer encuentro en donde cuidó de ella hasta el despertar. “Runin...” Pensó en su nombre y en todos los momentos que llegaron después de eso. “Ahora lo tengo más claro que nunca…” Incluso vinieron a su mente las ocasiones en las que intentó escapar de lo que sentía, con el único deseo de jamás renunciar a su libertad. Sin embargo, nunca pudo alejarla, sus destinos estaban entrelazados por el dios del mar y ahora, tan solo no podía imaginar una existencia que no la mantuviera a su lado. “Al final... las mujeres en serio dan miedo.” Reflexiono, sintiendo el suave beso que la morena colocó sobre su mejilla.
Runin era una fuerte montaña que se alzaba orgullosa e inquebrantable, mientras que Ryota era más un rio, cuyas aguas fluían libres y serenas, sin imponer su voluntad con fuerza o arrogancia. Ambos eran diferentes, como el cielo y la tierra, pero encontraban en esa diferencia las razones suficientes para hacer que el secreto de sus corazones funcionara.
Su pequeño e íntimo encuentro, llegó al final cuando el constante avance por fin los llevó de nuevo hasta el lugar de las gradas, donde los demás miembros de su tripulación y nuevos amigos se encontraban. (Salvo aquellos que ya habían partido, Tezca y Jin.) La primera en brindar un saludo fue Miyori, dio un amable gesto de bienvenida para la pareja. Acto que fue respondido con una amena sonrisa por parte de Ryota en agradecimiento por su amabilidad.
El ligero peso en la espalda desapareció y aprovecho el momento para presentar a los miembros de los Sepultura. “Ah, cómo estuviste peleando, te lo perdiste, pero te los presento. Él es el capitán de los Sepultura, Eros, su subcapitán Kiyoshi…” Detuvo la presentación para acercarse a su oído y susurrar. “Es alguien complicado, pero es buen tipo... o eso dice Eros.” Añadió en voz baja para continuar. “Miyori, el tercer lugar de la prueba de precisión… y la es una larga historia de Eros.” No pudo evitar reír al final de sus palabras. “Varo Ganchin, nos ha estado dando licor y ahora le debo dinero kekeke y bueno, a Uker ya lo conoces.” Terminó las formalidades para que ella pudiera conocerlos, Eros fue bastante educado como para no hacer lo mismo cuando debía.
Finalizadas las presentaciones, Runin hizo una seña para que ambos se sentaran juntos. Las palabras emitidas hicieron al varón asentir, prometiendo que lo haría. “Vino, uh, bueno, de hecho, mi botella debe estar por aquí…” Busco con la mirada, pero en su auxilio apareció Toxzco, entregando la botella al capitán.

“Nakamilla, dejadme deciros que vuestra actuación en la afrenta ha sido de lo más fascinante. Contemple con exaltación la ardua contienda, y confieso que mi corazón se precipitó en un frenesí de admiración ante la furia de cada uno de vuestros golpes. Desde ya me pongo, con la más humilde de las disposiciones bajo vuestro ampajirijillo y cuidadillo.”
Las educadas palabras del regordete hombre se llevaron la atención del castaño, viéndole realizar una venia con cierto esplendor y etiqueta. Tras ello, les sonrió para buscar su asiento.

“Seh, ¿difícil de creerlo, no? El gordis parece ser bastante culto y educado.”
Dijo en tono cómplice, elevando la botella de vino hacia la morena.
Las demás interacciones con Barald, Tocho Morocho y la pregunta sobre el paradero de Tezca quedaron en el pasado. Ryota elevó la mirada para tratar de encontrar a este último entre las personas, pero no consiguió encontrar otra fina cabellera tan llamativa como al de Tozxco. “Quizás se fue con su novio, tampoco lo veo.” Terminó por rendirse y dejarse caer en el asiento junto a Runin, justo a tiempo para recibir los aterciopelados vocablos que la joven dedicó en la cercanía de su oído.

“Siempre podemos irnos a…”
Antes de terminar su diálogo, el cuerpo de Ryota atravesó un extraño fenómeno de manera repentina. Todo el alcohol en su sistema, hasta el momento ignorado por la adrenalina de ver a la persona que amaba en peligro, por fin comenzaba a ganar la victoria ante la adrenalina.
Sus mejillas se tornaron aún más rojizas, la mirada adoptó un semblante perdido y una sonrisa tontorrona apareció en sus labios. “Irnohs a… no eshpera chikistrikis… aún tengo que eshperar que la pelea final termine…” Frunció el entrecejo al mismo tiempo que sus palabras se deslizaban ciceantes por su paladar, producto del alcohol que corría por su organismo.
“¿No te lo conté? Mi gruipo shego al a final, pero no she a quien eligieron para pelear… porque tuve que ir al baño…” Confesó a Runin usando un tono pensativo. Luego desvió la mirada hacia la arena para darse cuenta en ese momento de a quién enviaron al enfrentamiento. “Uhhhh eshe viejo…” Reaccionó al verle. “Shi ehs un cuarto de bueno de lo que cree que ehs, sheguro ganara… shi no, nohs van a pegar un baile que flipahs chaval…” Lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, acercándose a Runin para recostarse en su hombro. “Sho sholo quería ganar… mi cashita de oro, ahora que Barald no me va preshtar más dinero…” Se quejaba, dejando que su cabeza se deslizara hacia el pecho de Runin. “Ehs un cabron ese bro, sholo porque me los gahsto en apuehstash, fiehstahs y mu..." Se callo de repente, estaba borracho, no era suicida. "Mushica, maldito envidiosho, cabron, culero…” Ignoraba por completo que el peli negro se encontraba al otro costado, en el asiento de al lado.

“Sholo quería unohs cuantohs chientos de millonehs de berryhs para gashtarlohs en un cashino… no creo que pida tanto ¿no? Quizhas un par de mayor domohs, pero no mahs… algo humilde, creo que me lo mereshco…”
Conforme hablaba, frotaba más su rostro contra su compañera; podía estar ebrio, pero aun asi aprovechaba cada situación que podía.
La cálida sensación en su espalda lo reconfortó conforme ascendía por los escalones. Esa misma calidez le hizo viajar al pasado, rememorando ese primer encuentro en donde cuidó de ella hasta el despertar. “Runin...” Pensó en su nombre y en todos los momentos que llegaron después de eso. “Ahora lo tengo más claro que nunca…” Incluso vinieron a su mente las ocasiones en las que intentó escapar de lo que sentía, con el único deseo de jamás renunciar a su libertad. Sin embargo, nunca pudo alejarla, sus destinos estaban entrelazados por el dios del mar y ahora, tan solo no podía imaginar una existencia que no la mantuviera a su lado. “Al final... las mujeres en serio dan miedo.” Reflexiono, sintiendo el suave beso que la morena colocó sobre su mejilla.
Runin era una fuerte montaña que se alzaba orgullosa e inquebrantable, mientras que Ryota era más un rio, cuyas aguas fluían libres y serenas, sin imponer su voluntad con fuerza o arrogancia. Ambos eran diferentes, como el cielo y la tierra, pero encontraban en esa diferencia las razones suficientes para hacer que el secreto de sus corazones funcionara.
Su pequeño e íntimo encuentro, llegó al final cuando el constante avance por fin los llevó de nuevo hasta el lugar de las gradas, donde los demás miembros de su tripulación y nuevos amigos se encontraban. (Salvo aquellos que ya habían partido, Tezca y Jin.) La primera en brindar un saludo fue Miyori, dio un amable gesto de bienvenida para la pareja. Acto que fue respondido con una amena sonrisa por parte de Ryota en agradecimiento por su amabilidad.
El ligero peso en la espalda desapareció y aprovecho el momento para presentar a los miembros de los Sepultura. “Ah, cómo estuviste peleando, te lo perdiste, pero te los presento. Él es el capitán de los Sepultura, Eros, su subcapitán Kiyoshi…” Detuvo la presentación para acercarse a su oído y susurrar. “Es alguien complicado, pero es buen tipo... o eso dice Eros.” Añadió en voz baja para continuar. “Miyori, el tercer lugar de la prueba de precisión… y la es una larga historia de Eros.” No pudo evitar reír al final de sus palabras. “Varo Ganchin, nos ha estado dando licor y ahora le debo dinero kekeke y bueno, a Uker ya lo conoces.” Terminó las formalidades para que ella pudiera conocerlos, Eros fue bastante educado como para no hacer lo mismo cuando debía.
Finalizadas las presentaciones, Runin hizo una seña para que ambos se sentaran juntos. Las palabras emitidas hicieron al varón asentir, prometiendo que lo haría. “Vino, uh, bueno, de hecho, mi botella debe estar por aquí…” Busco con la mirada, pero en su auxilio apareció Toxzco, entregando la botella al capitán.

“Nakamilla, dejadme deciros que vuestra actuación en la afrenta ha sido de lo más fascinante. Contemple con exaltación la ardua contienda, y confieso que mi corazón se precipitó en un frenesí de admiración ante la furia de cada uno de vuestros golpes. Desde ya me pongo, con la más humilde de las disposiciones bajo vuestro ampajirijillo y cuidadillo.”
Las educadas palabras del regordete hombre se llevaron la atención del castaño, viéndole realizar una venia con cierto esplendor y etiqueta. Tras ello, les sonrió para buscar su asiento.

“Seh, ¿difícil de creerlo, no? El gordis parece ser bastante culto y educado.”
Dijo en tono cómplice, elevando la botella de vino hacia la morena.
Las demás interacciones con Barald, Tocho Morocho y la pregunta sobre el paradero de Tezca quedaron en el pasado. Ryota elevó la mirada para tratar de encontrar a este último entre las personas, pero no consiguió encontrar otra fina cabellera tan llamativa como al de Tozxco. “Quizás se fue con su novio, tampoco lo veo.” Terminó por rendirse y dejarse caer en el asiento junto a Runin, justo a tiempo para recibir los aterciopelados vocablos que la joven dedicó en la cercanía de su oído.

“Siempre podemos irnos a…”
Antes de terminar su diálogo, el cuerpo de Ryota atravesó un extraño fenómeno de manera repentina. Todo el alcohol en su sistema, hasta el momento ignorado por la adrenalina de ver a la persona que amaba en peligro, por fin comenzaba a ganar la victoria ante la adrenalina.
Sus mejillas se tornaron aún más rojizas, la mirada adoptó un semblante perdido y una sonrisa tontorrona apareció en sus labios. “Irnohs a… no eshpera chikistrikis… aún tengo que eshperar que la pelea final termine…” Frunció el entrecejo al mismo tiempo que sus palabras se deslizaban ciceantes por su paladar, producto del alcohol que corría por su organismo.
“¿No te lo conté? Mi gruipo shego al a final, pero no she a quien eligieron para pelear… porque tuve que ir al baño…” Confesó a Runin usando un tono pensativo. Luego desvió la mirada hacia la arena para darse cuenta en ese momento de a quién enviaron al enfrentamiento. “Uhhhh eshe viejo…” Reaccionó al verle. “Shi ehs un cuarto de bueno de lo que cree que ehs, sheguro ganara… shi no, nohs van a pegar un baile que flipahs chaval…” Lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, acercándose a Runin para recostarse en su hombro. “Sho sholo quería ganar… mi cashita de oro, ahora que Barald no me va preshtar más dinero…” Se quejaba, dejando que su cabeza se deslizara hacia el pecho de Runin. “Ehs un cabron ese bro, sholo porque me los gahsto en apuehstash, fiehstahs y mu..." Se callo de repente, estaba borracho, no era suicida. "Mushica, maldito envidiosho, cabron, culero…” Ignoraba por completo que el peli negro se encontraba al otro costado, en el asiento de al lado.

“Sholo quería unohs cuantohs chientos de millonehs de berryhs para gashtarlohs en un cashino… no creo que pida tanto ¿no? Quizhas un par de mayor domohs, pero no mahs… algo humilde, creo que me lo mereshco…”
Conforme hablaba, frotaba más su rostro contra su compañera; podía estar ebrio, pero aun asi aprovechaba cada situación que podía.
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