T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
#20
Con un sentido del dramatismo sublime, la aparición de su comandante colapsó la poca compostura que podía guardar ya aquel pobre hombre candelabro y propició que se cagara encima. No hay forma bonita de decirlo, porque fue lo que ocurrió. Con una sonora flatulencia, los esfínteres de Jean Paul cedieron y una masa de volumen indeterminado asaltó sus pantalones como quien asalta un banco mal cerrado. El desagradable olor a orín parecía un aromático jardín de flores al lado del asqueroso olor de un pino recién plantado, y Bambú tuvo que recriminar el impulso primigenio de taparse la nariz con los dedos y respirar por la boca. La maldición del conocimiento se la jugó una vez más. En uno de los cientos de los miles de libros que había devorado a lo largo de su vida, Bambú aprendió un dato de lo más interesante que ahora regresaba a él como una daga envenenada. Resulta que para percibir los olores del mundo, la nariz tiene que recibir una ínfima parte de aquello que huele a través de las moléculas odoríferas que se desprenden de la sustancia en cuestión. Es muy bonito pensarlo cuando estás oliendo una fragante flor de vainilla, pero cuando lo que hueles es excreciones humanas, lo único que te revela ese conocimiento es que tu nariz está absorbiendo parte de dichas excreciones, aunque sean a nivel molecular. Después de aprender ese dato que nunca le hizo bien alguno, Bambú quedó convencido de que la ignorancia era el mejor remedio contra la infelicidad y que ser completa e irremediablemente estúpido era una bendición divina que debía atesorarse.

Kisuke exigió la información que se venía reclamando desde hacía ya unos buenos diez minutos y que nunca llegaría demasiado temprano. Al parecer Jean Paul, que finalmente perdió el acento, trabajaba de candelabro viviente en un castillo. ¿Había un castillo oculto en aquella montaña? Qué barbaridad. Al parecer se escaqueaba por las mañanas para dormir y por eso lo encontraron en esta estancia sumido en el más profundo de los sueños. Había dormido más de la cuenta y parecía que ya llegaba tarde a su trabajo, un trabajo horrible cuya naturaleza consistía en alumbrar las atrocidades que cometía otra persona. Frunció el ceño ante lo que estaba relatando aquel extravagante sujeto. No cuestionaba la veracidad de sus palabras, porque el haki le revelaba que decía la verdad, y eso era lo peor de todo. Su mente estaba completamente fracturada y ante ellos sólo quedaba un hombre completamente derrotado. Un hombre que no era culpable de nada salvo de una cosa: de inacción. Hay actos que pueden llegar a perseguirte toda tu vida, y algunos de las peores son los que no llegas a llevar a cabo.

Su aura atemorizada y rota pareció tomar momentáneamente la forma de un león. ¿Era un león el responsable de todo este desastre? ¿O un humano disfrazado de león? En cualquier caso, Jean Paul les reveló no sólo el camino hacia el castillo, sino también la forma de superar a su guardián. —Ya sabemos qué es lo que escuchó Gregorovich... —Murmuró Bambú, casi como si hablase consigo mismo. Habría partido de inmediato hacia la entrada de la cueva si Jean Paul no les hubiera pedido que le matasen. Desvió la mirada hacia Kisuke. Bambú tenía el semblante solemne que ameritaba una situación como aquella. Sin decir nada, entrecerró ligeramente sus ojos negros y volvió a mirar a Jean Paul mientras sacaba su propia cajetilla de tabaco del bolsillo trasero. Se acercó la antorcha al rostro para prenderse el cigarrillo con un cierto temor a que el metano en la estancia les hiciera volar a todos por los aires. —Este tipo de decisiones no me corresponden a mí. —El cigarro brilló con la intensidad de la primera calada.


Empezó a caminar hacia Jean Paul, en cuya mirada y espíritu no cabían la menor de las dudas de cara al destino que deseaba, sin embargo, pasó de largo a su lado. —Descansa en paz, Jean Paul. —Su haoshoku se liberó como una brisa a un metro de distancia y se instante tan rápido como había llegado. La mente de Jean Paul estaba tan saturada de horrores inimaginables que no bastó más que un leve empujón para derrumbarla. Su cuerpo inconsciente cayó hacia atrás y Bambú le agarró del cuello de la camisa para arrastrarlo dos metros hacia atrás antes de dejarlo descansar en el suelo, lejos del charco de orín que había bajo sus pies. —Usted decide, comandante. No me parecía razonable discutir su destino con él mirándonos. —Se justificó, aunque sabía que Kisuke le entendía mejor que nadie. —No creo que haya una opción correcta. Le espera una vida de tormento allá a donde vaya. —Se giró hacia Kisuke dando su segunda calada. —En cualquier caso abriré un atajo hasta la entrada. —Por suerte para ambos, Bambú tenía un excelente sentido de la orientación. Detectó rápidamente la pared que les llevaría hasta la entrada misma de la cueva y con una mano empezó a empujarla, creando un túnel donde antes había una pared rugosa llena de minerales y adentrándose en su interior, secretamente alegre de alejarse de aquel ambiente viciado.

Datos
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 13301 + 0 = 13301
Energia: 9370 + 0 = 9370
Espiritu: 3878 - 50 = 3828


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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - por Max D. Bambú - 04-08-2026, 04:53 PM

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