29-07-2026, 06:49 PM
Tras intercambiar varias frases con Zhang, la birkiana subió varios peldaños más en busca de un rincón lo bastante amplio para que cupieran todos. De esta forma, tras subir varias filas, terminó topándose con el viejo mink quien parecía venir con un amigo y a quien, en un primer instante, no logró reconocer al no prestarle la suficiente atención.
—No hay de qué —respondió ella, acompañando las palabras con un mudo ademán de agradecimiento con la cabeza—. Fuiste tú quien dejó en mejor posición a los Mano Vacía —añadió con una leve sonrisa.
Fue entonces cuando su mirada se posó en el acompañante de Zhang para saludarlo a él también. Sin embargo, para su absoluta sorpresa, no era otro que el mismisimo Heras; sus ojos se abrieron de par en par y, durante un segundo, su mente pareció quedarse en blanco, incapaz de procesar el reencuentro.
—...¿Heras? —alcanzó a articular, tomaba su mano como buenamente podía y examinaba aquel rostro familiar.
Por suerte, el asombro duro poco y pronto pudo reaccionar dibujando en medio de su bronceada tez una sonrisa radiante y sincera que indicaba lo contenta que estaba de volver a verlo. De hecho, le apetecía enormemente volver a conversar con aquel lunarian que tan buena impresión le había dejado durante su estancia en los Blues, así que sin esperar mucho más, habló con su nakama para que liderara el camino hacia los asientos.
—Por supuesto, Zhang —dijo, siendo ahora a él a quien prestaba poca atención mientras le ofrecía una jarra de cerveza—. Allí hay sitio de sobra para nosotros.
Y con el mentón señaló una zona no muy lejana, a escasos diez pasos de donde se arremolinaba el variopinto grupo que había acompañado a Maki hasta Shandora junto a ellos.
Tras ello, y recordando que no compartía idioma con Heras, sonrió y le hizo un gesto para que cogiera una de aquellas jarras de cerveza.
«Al menos él sobrevivió», pensó. «No todos han muerto...»
Después, una vez hubo cumplido con el ritual de hospitalidad, permaneció un momento de pie, erigiéndose en una suerte de faro improvisado para Mahou, que aún no se había dejado ver... al igual que Yuuki. Así que, en un movimiento lento y casi desidioso, Bai echó una ojeada hacia el lugar donde viera por última vez a la otra birkiana, barrió las gradas con la vista y, finalmente, optó por reunirse con los dos hombres tras no encontrarla. Al fin y al cabo, ahora que lo pensaba bien, Mahou tenía el Den Den Mushi para dar con ellos en cuanto quisiera.
—Por cierto, he traido algo más de comer.
Ya acomodada en su asiento, Bai sacó la fruta que había comprado cuando volvía del baño. Sin embargo, al hacerlo, el pañuelo de Kiyoshi que llevaba guardado entre el cinturón y su ropa, cuidadosamente doblado para que no se perdiera, estuvo a punto de caer al suelo durante aquel brusco movimiento.
—Sujétamela, por favor, Heras —dijo, como si el muchacho pudiera entenderle mientras le tendía la jarra de cerveza y vino junto a la fruta.
Volvió a colocar el pañuelo en su sitio y le extendió la mano al lunarian para que le diera lo que ella creyó que era una jarra con agua. No obstante, tan pronto como la llevó a su nariz, el aroma la delató y Bai soltó una pequeña risotada ante su propia torpeza.
—¿Vino? —inquirió con complicidad a sus dos acompañantes, haciendo gala de esa vieja máxima de que el pan y el vino siempre se comparten.
—Por cierto, Zhang —comentó mientras le daba el primer trago a la bebida —Recuérdame que a la vuelta me acerque al joven tirador que estaba conmigo. Tengo algo que es suyo.
—No hay de qué —respondió ella, acompañando las palabras con un mudo ademán de agradecimiento con la cabeza—. Fuiste tú quien dejó en mejor posición a los Mano Vacía —añadió con una leve sonrisa.
Fue entonces cuando su mirada se posó en el acompañante de Zhang para saludarlo a él también. Sin embargo, para su absoluta sorpresa, no era otro que el mismisimo Heras; sus ojos se abrieron de par en par y, durante un segundo, su mente pareció quedarse en blanco, incapaz de procesar el reencuentro.
—...¿Heras? —alcanzó a articular, tomaba su mano como buenamente podía y examinaba aquel rostro familiar.
Por suerte, el asombro duro poco y pronto pudo reaccionar dibujando en medio de su bronceada tez una sonrisa radiante y sincera que indicaba lo contenta que estaba de volver a verlo. De hecho, le apetecía enormemente volver a conversar con aquel lunarian que tan buena impresión le había dejado durante su estancia en los Blues, así que sin esperar mucho más, habló con su nakama para que liderara el camino hacia los asientos.
—Por supuesto, Zhang —dijo, siendo ahora a él a quien prestaba poca atención mientras le ofrecía una jarra de cerveza—. Allí hay sitio de sobra para nosotros.
Y con el mentón señaló una zona no muy lejana, a escasos diez pasos de donde se arremolinaba el variopinto grupo que había acompañado a Maki hasta Shandora junto a ellos.
Tras ello, y recordando que no compartía idioma con Heras, sonrió y le hizo un gesto para que cogiera una de aquellas jarras de cerveza.
«Al menos él sobrevivió», pensó. «No todos han muerto...»
Después, una vez hubo cumplido con el ritual de hospitalidad, permaneció un momento de pie, erigiéndose en una suerte de faro improvisado para Mahou, que aún no se había dejado ver... al igual que Yuuki. Así que, en un movimiento lento y casi desidioso, Bai echó una ojeada hacia el lugar donde viera por última vez a la otra birkiana, barrió las gradas con la vista y, finalmente, optó por reunirse con los dos hombres tras no encontrarla. Al fin y al cabo, ahora que lo pensaba bien, Mahou tenía el Den Den Mushi para dar con ellos en cuanto quisiera.
—Por cierto, he traido algo más de comer.
Ya acomodada en su asiento, Bai sacó la fruta que había comprado cuando volvía del baño. Sin embargo, al hacerlo, el pañuelo de Kiyoshi que llevaba guardado entre el cinturón y su ropa, cuidadosamente doblado para que no se perdiera, estuvo a punto de caer al suelo durante aquel brusco movimiento.
—Sujétamela, por favor, Heras —dijo, como si el muchacho pudiera entenderle mientras le tendía la jarra de cerveza y vino junto a la fruta.
Volvió a colocar el pañuelo en su sitio y le extendió la mano al lunarian para que le diera lo que ella creyó que era una jarra con agua. No obstante, tan pronto como la llevó a su nariz, el aroma la delató y Bai soltó una pequeña risotada ante su propia torpeza.
—¿Vino? —inquirió con complicidad a sus dos acompañantes, haciendo gala de esa vieja máxima de que el pan y el vino siempre se comparten.
—Por cierto, Zhang —comentó mientras le daba el primer trago a la bebida —Recuérdame que a la vuelta me acerque al joven tirador que estaba conmigo. Tengo algo que es suyo.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
