[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#51
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Estoy justo aquí, María.

La voz del masculino eclipsó todo lo demás: ruido, personas, música. Los orbes ámbar de la semi sirena detallaron aquel rostro hermoso, y cuando la mano le dio un suave toque en la frente, no supo como procesarlo. No dolió físicamente pero causo una onda expansiva desde ese punto hasta más allá de su alma. Decían que el aleteo de una mariposa podía causar desastres al otro lado del mar. ¿Era a esto a lo que hacían referencia? Aunque tuviera todo el tiempo del mundo en ese momento, no sabría como unir las piezas que los grillos en su cabeza iban soltando. La adrenalina, las sorpresas, la emoción a flor de piel de aquellos juegos… no la ayudaban a descifrar lo que sus confusos sentimientos le gritaban en un idioma que nunca había escuchado.

Sólo tienes que mirarme.

¿Necesitaba entenderlo ahora? No, quizás nunca lograría comprender la conexión inexplicable con el hombre frente a ella. Tal vez, después de todo, si era una estrella, no Beltegeuse sino fugaz, que aparecía en su vida cada cierto tiempo para hacerla estremecer y experimentar sentires sin nombre, sin nada previo con qué compararlos, y por eso lo llevaba a no buscar el significado, no cuando siempre fue más fácil escuchar a los grillos que enfrentar lo desconocido con consciencia, porque la inconsciencia era mucho más fácil.

Ámbar sobre cerúleo. Esos ojos tan únicos, profundos, las ventanas a una espiral que podía arrastrarla a tierras desconocidas. El aire entró a sus pulmones como siempre lo hizo pero esa vez fue consciente de ello, deteniéndose con una duda sobre su pecho que latía en busca de algo desconocido, de algo a lo que no podía ponerle nombre ahí mismo. ¿Tristeza? ¿Nostalgia? ¿Ira? ¿Alegría? ¿Cansancio? No, no encontraba como definirlo, el suave exhalar que dejo sus labios, vino más de su espíritu que de su cuerpo y con ello una sonrisa de monalisa que la hizo ser la primera en romper el contacto… ¿Estaba volviendo el malestar de antes? ¿Por qué volvía su estomago a doler? — … te veo… creo — musitó a las palabras del hombre, mientras miraba a un lado, a nadie en particular, luego regresó su atención a él, viéndolo debajo de sus preciosas pestañas… con un brillo sin nombre, que deseaba explotar y expandirse ¿Tendría la oportunidad?

Al parecer no, cuando estaba a punto de comentarle sobre la Estrella Beltegeuse, alguien los interrumpió. La risa que tanto le gustaba la sacó de la burbuja con el masculino. Un lugar conocido y seguro: Su esposo de mentiras. Eso la hizo despertar del ensoñamiento, uno que nunca antes experimentó… y aunque fuera valiente y precipitada, a veces hasta ella se asustaba… era medio humana después de todo, la zona de confort la abrazaba y anclaba a la locura de su vida —  Bertram Gaufrid — la mestiza llamaba por su nombre a pocas personas, el pelirrojo era uno de ellos. Por alguna razón, desde el foso y la imagen mental que construyó de él, no pudo sacarle un apodo. Se trataba de una recreación de los grillos sobre aquellos a los que veía poco, como sucedía con el peluche marrón o el príncipe Einar —  … ¿te sientes mal también? ¿te dolía el estómago? Me sentía más con nauseas, Algodón de Azúcar dijo que podía ser el cambio de altitud, sea lo que sea eso… — preguntó genuinamente preocupada por el caballero marine —  … pensé que me sentía bien pero hace poco sentí otra vez cosas raras en mi estomago — le comentó asociando lo que generó el albino en ella con el malestar curado que tuvo en la arena — ¿Comandante Luces? — repitió para si misma. Luego llevó la mano a los labios propios para soltar una baja y preciosa risa ante el apodo. Al parecer, el Malvavisco debía ascender en su escala de motes también, a uno mas radiante, brillante y ajustado al aura divina que lo rodeaba… inalcanzable como una estrella, aunque él dijera que estaba ahí, aunque el tocará su frente para sentirse real.

María Merlot no pensó mucho sobre que ambos hombres se conocieran, siendo marines parecía lo más lógico… ¿Conocerían al Tomate, Al Regaliz, Al Kiwi, Al Tipo Guapo del Periódico? Tal vez sí, seguro todos participarían en esa comida de la cual comentaba el Perfecto Marine Pelirrojo.

¿Navidad? ¿Qué es eso, BerBer? ¿Tienes fiebre?

¿Fiebre? Esa pregunta hizo enfocar la atención de la mestiza en su esposo de mentiras, fruncir el ceño con preocupación, sin restarle belleza. ¿Debía llamar a Hyakinthos? Lo hubiera hecho pero el intercambio entre ambos fue más rápido que su decisión, y más cuando a su lado apareció una persona inesperada.

¡Toc, toc! Hola, Reina. Soy Masami.

La atención de la mestiza, la que estaba en el intercambio de los dos hombres fue desviada hacia un tercero. ¡El compañero de equipo de su Unnie! La avalancha de palabras, energía y alegría la invadió, sonriéndole de regreso y sobreponiéndose a lo incomodo que fue ser tocada sin previo aviso, sino lo hubiera visto antes desprender la vibra agradable en el Cha Cha Chá hubiese rechazado el toque. ¡Masami! Le gustaba como sonaba. María rio ante su diatriba y más cuando nombro su lado cebra, uno que no le desagradable pero la hacia sentir maldita. Pocas personas hablaban tanto como ella, y menos transmitían tantos colores, flores y dulzura. ¿Acaso esto era amor a segunda vista? — ¿Fruta del diablo? — repitió confundida, no sabia que era eso pero… había consumido una fruta que la maldijo, muy buena referencia a algo muy odiable — Antes me gustaban mucho las frutas pero ya no. ¿A que son geniales las cebras?  En el agua soy mucho más rápida ojalá hubiera habido una piscina aunque... — se calló no quería ir por ese camino, de recodar que ya no podía nadar, no valía la pena a esa altura.

Me llamo Masato Ami, pero todo el mundo me dice Masami. Soy de la división 80 de la marina, el cantante, el de las maracas, por si no se notó, Fufufu!!

¿Cantante? ¿Maracas? ¿División 80? — Si, si, si. Lo note, ese Cha Cha Chá fue maravilloso aunque ese gatito negro pareció no saber apreciarlo, quizás necesita que le cantes y maraquees más, eso o que le hagan mimos en su pancita — intercambió palabras con él sin dejar de sujetar sus manos. ¡Que fácil hablar con alguien parecido a su propia personalidad! Tanto así que paso por alto el enfrentamiento verbal de los marines masculinos. Aunque algo cotillo sobre “tramposo, ayudas, contramaestres, luces”.

Eh, María.

La voz del “No por Mucho Tiempo Mas: Malvavisco”  la hizo prestarle nuevamente toda su atención, girándose hacia él, soltando a Masami en el proceso — ¿Si? — preguntó esperando una de sus sonrisas fáciles, sus gestos encantadores, su radiante estampa. Otra vez, esa mirada intensa sobre ella. La hizo sentir… mal del estómago. Cuando rompió la distancia, se sorprendió pero no se apartó. La luz del malvavisco no venía de algo visible, sino de una energía mucho más fuerte que la hacia orbitar a su alrededor.

El toque suave.
Esta vez en su mentón.
Una corriente la embargo.
La respiración se detuvo.
El malestar revoloteo con fuerzas.
El mundo dejo de girar…
Un beso en la mejilla…
Uno muy cerca del inicio de sus labios…
Blanco, vacío, silencioso.

La joven parpadeo varias veces, llevó su diestra justo al sitio donde antes estuvieron los labios del albino. Escucho sus palabras, solo su voz llegaba a ella, el ruido de fondo se amortiguó. ¿Estaba intentando apuntar a otro lado, qué lado? ¿Su contacto Den Den? ¡Era un Marine! ¡Ella una pirata! ¡Su Unnie la mataría! ¡Algodón de Azúcar la regañaria! ¿Importaba? En ese momento no, no cuando la caricia sutil de sus dedos sobre su piel la atrajo a su territorio, por un segundo entrecerró los ojos dejándose abrazar por esa calidez… ¿Siempre se sintieron así las caricias? No, nunca… eran asquerosas, repulsivas, nauseabundas. Frotar hasta desgastarse la piel es lo que seguía para ella luego de ser tocada por otros pero ahora… algo en su interior le susurró, que tal vez y solo tal vez, no lavaría durante el resto del día esa zona — Si — habló bajo muy bajo con la voz envuelta en una dulzura tan propia de ella pero a la vez tan distinta a lo habitual. Escuchó cada dígito, lo grabó en su mente. ¿Lo usaría? ¿Sería tan insensata?

Dado que mis compañeros marines son expertos en interrumpir, les daré el gusto.

La ausencia de su toque la atrajó de nuevo a la realidad. Poco a poco la música del concierto volvió a amenizar el encuentro. Los gritos, vitoreos, y la festividad volvieron a cobrar vida, al igual que el sujeto de cabello negro y su esposo de mentiras. La mestiza sonrió, algo confundida… no sabía que paso, fue como salir del plano actual, viajar y regresar. Cada día más real su apodo (Reina de Estrellas), cada día más real su ensoñación — … mi deuda contigo crece y crece, arroz y una historia. Lo cumpliré, Malvavisco. Así me lleve toda una vida — la sonrisa que le dedicó no fue amplia y encantadora, fue ladeada y cargada de una promesa que iba a cumplir, aunque ello le llevará mil años.

Cuando se fue, se sintió como si la luz cálida del atardecer desapareciera pero aun quedaban su barra, Masami y su esposo de mentiras, al que observó por un momento — … ¿Te quedarás, Bertram Gaufrid? — le preguntó, volviendo a sentarse, dándole  a entender que el puesto a su lado derecho estaba libre. La atención de la joven regresó a Masami, quien le había comentado que su cara le parecía familiar — … Cha Cha Chá no te recuerdo, los de la mala memoria son mis nakamas. Solo conozco a dos ángeles, uno de ellos mi Príncipe Einar, sus alas son como las tuyas, creo…— conversó con él, como si fueran dos amigos de larga data sin verse.

El concierto acabo. Cosas pasaron en la arena. Una carpa. El Dirigente anunciando la continuación. Indicaciones aquí y allá. Un discurso de un hombre como Brownie. Las palabras la hicieron pensar en… cuanto había por desentramar en esa isla tan peculiar. ¿Clases sociales? Ahora que decía algo así, si podía observar cierta diferencia en las vestimentas y uno que otro trato más favorable a los de tez negra. El evento, las semifinales comenzaron — … ¡Vamos Bombón! — gritó desde su posición, esperaba que la mujer ganará en honor al grupo #9, las palabras que le dedicó antes, la harían pensar pero no ahora sino más adelante — ¡Es cierto! Mi Campeón estaba en tu cubículo… ¿Dónde lo dejaste, Bertram Gaudrid? ¿Viste su peinado? Se lo hice yo, el mechón rosado es mio, el anaranjado de Vivi, si mi Unnie no estuviera calva también tendría uno verde — le explicó al pelirrojo, luego volteo a ver a Masami — ¿Quieres que te trence el cabello? Te veras precioso con un estilo más… angelical, mira como algunos tienen rastas — le propuso ya imaginando cuanto podría hacer con ese maravilloso cabello largo azabache. ¿Debería regresar con sus nakamas? No, aun no, solo un poco más con ellos…



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Maria Merlot - 28-07-2026, 08:22 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)