T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos?
#11
El joven recluta Gregorovich acató las órdenes de su Mariscal y su Comandante con envidiable disciplina marcial, haciendo una vez más el saludo del Ejército antes de afirmar verbalmente que les esperaría en su casa con algo de comer. Qué muchacho tan simpático, pensaba Bambú. Se alejó a trote ligero antes siquiera de que el mismo panda pudiera halagar su revolucionaria actitud y en la distancia pudo ver su aura, tan asustada, tan agradecida, haciéndose más pequeña hasta desaparecer del rango de visión del mink.

Una vez dentro de la cueva, Kisuke parecía orientarse perfectamente gracias a la sensibilidad de sus ojos, de modo que parecía no necesitar antorcha alguna. Apartó su propia antorcha mientras su camarada creaba uno de sus famosos ratones de hollín. Bambú extendió su mano y dejó que el polvoriento animal trepase por su brazo hasta su hombro izquierdo, el hombro de la Revolución. —Le mantendré informado, comandante. —Prometió el úrsido bicolor antes de encaminarse hacia la aventura. A lo largo de su camino, tuvo que hacer un esfuerzo considerable por no quedarse parado mirando las interesantísimas vetas de mineral que se iba encontrando por el camino. Había carbón, pirita e incluso azufre y puede que sus ojos estuvieran pasando por alto algo incluso más interesante. Quisiera poder llevarse algunas de esas piedras al despacho, ya que la pirita y el azufre eran muy bonitos en su estado natural. Sin embargo, no se detuvo en ningún momento e hizo bien, porque de repente, desde las profundidades de la mina, una triste melodía empezó a llegar a sus oídos. ¿Quién la cantaría en aquel lugar tan recóndito? —Estoy escuchando una melodía, voy a investigar. —Le susurró al ratoncito en su hombro izquierdo al tiempo que giraba en esta dirección a lo largo de su camino. A lo lejos de la cueva podía apreciar un tenue brillo, cada vez más intenso, que delataba la presencia de alguna fuente de luz al fondo. Media centena de pasos le llevaron hasta la apertura del túnel, que rápidamente devino en una estancia circular con una caja de música de la cual venía la melodía que estaba sonando. Al lado de la caja, completamente dormido, había un... ¿un hombre candelabro? —Me he encontrado con alguien. —Susurró, de nuevo al ratón. —Es un hombre vestido como un candelabro... —¿De qué iba toda esta historia? Se sentía estúpido contándole esto a Kisuke, pero era protocolo informar de todo lo que veía.

Dejó que Kisuke hiciera con esa información lo que estimase conveniente, pero él sabía cómo tenía que proceder a continuación. Se acercó poco a poco a la caja de música mientras el hombre continuaba durmiendo, tratando de no hacer ruido para no despertarlo, y levantó la aguja que recorría ininterrumpidamente el disco para silenciar la melodía por completo. Se giró hacia el bello durmiente. —Buenos días, lamento interrumpir tu sueño reparador, pero estoy buscando a una chica llamada Charllote. —Se mantuvo a un par de metros de distancia del sujeto. Sólo su brazo izquierdo estaba levantado, aunque más por costumbre de llevar la antorcha que por otra cosa, ya que la estancia estaba iluminada y no la necesitaba. —Entiendo que eres compañero del agradable hombre reloj que la reclutó, ¿verdad? —No hizo ningún movimiento brusco, no usó el tono más intimidante que tenía en su repertorio. Estaba siendo razonable. Porque Bambú era así, razonable. Pero no por ello aquel hombre candelabro debía de estar tranquilo. Un mal movimiento podría suponer un destino aciago para aquel hombre.

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RE: T8-P.A. ¿Adónde van los desaparecidos? - por Max D. Bambú - 27-07-2026, 11:35 AM

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