[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#39
[personajeinvalido=3941]

Todavía se encontraba en el cubículo cuando el reflujo contraatacó con fuerza, regalándole una punzada ácida que pronto le abrasó la garganta, depositando un repulsivo rastro de bilis sobre la lengua.



«No, no, no...», pensó a continuación, tapándose la boca con urgencia y sofocando la arcada a duras penas al tiempo que se replegaba sobre sí como si de aquella manera pudiera contener el violento espasmo estomacal.

Tan centrada estaba en contener lo que debía quedarse dentro que, para cuando Kiyoshi se acercó, su primer instinto fue sobresaltarse. No obstante, al ver el gesto del muchacho, Bai se recompuso rápido y agradeció el apoyo de sus manos que la guiaron con cuidado hacia el suelo. Después, tras quedar sentada, bajó la mirada hacia el pañuelo blanco que él le tendía y, finalmente, le dedicó una sonrisa cansada pero sincera. ¿Sería, quizás, para que se tapara al toser? ¿O tal vez para usarlo como una barrera contra los malos olores del lugar? Fuera como fuese, Bai se acomodó en el piso y se llevó la tela al rostro, permitiendo que el penetrante olor a aséptico tranquilizara el doloroso repiqueteo de sus sienes por un momento.

—Gracias, Kiyoshi —murmuró con los ojos cerrados al tiempo que se inclinaba en una especie de reverencia.

Algo que, en realidad, no tendría que haber hecho.

Al inclinarse, un leve mareo estomacal le golpeó, provocando que la tregua apenas durase unos segundos antes de que una nueva y violenta arcada la golpeara por dentro. La bilis volvió a subir y el intento del joven quedó ahogado por el zumbido de los propios pensamientos de Bai. No había tiempo para descansar ni para esperar a que nadie hiciera de intermediario. Así que, ignorando las órdenes de quedarse quieta, Bai se puso en pie tambaleante, se aferró al pañuelo y, tras asentir a Kibai, desapareció como si se tratara de un espectro por los pasillos interiores en busca de un servicio donde poder vaciar el estómago de una vez por todas.

Minutos después, aún apoyada sobre el lavabo, Bai se enjuagó la boca con abundante agua fría, intentando borrar cualquier vestigio del malestar antes de emprender el regreso junto a sus compañeros.

Por suerte, su estómago se sentía muchísimo más aliviado y ya solo quedaba un resquicio, una pequeña necesidad, de ingerir algo de alimento antes de volver a someter al cuerpo a cualquier clase de esfuerzo físico.

Por eso mismo, al salir, pese a que trató de desandar sus propios pasos y volver junto a los participantes, también se desvió lo estrictamente necesario para comprar algo de fruta. Una vez hecho esto, subió por las gradas cuando cayó en la cuenta de que, con las prisas, no había avisado a sus nakamas de adónde diablos se había metido y, en ese momento, ocupando gran parte del pasillo que descendía hacia la arena, Bai decidió quedarse plantada en el medio, estática como una estatua, rebuscando entre sus ropas para sacar su Den Den Mushi.

En ello estaba cuando una figura pasó por su lado a una velocidad vertiginosa. Irradiando una energía tan desbordante que Bai tuvo que apartarse de un salto para evitar ser golpeada.

Era Maki, pero... ¿A dónde iría?

Bai se encogió de hombros, preguntándose qué demonios hacía aquella mujer volviendo tan feliz al mismo sitio del que los acababan de echar y, sin darle más vueltas al asunto, marcó el número de Zhang.

Llamada


Aun con el comunicador entre sus manos, la birkiniana volteó hacia todos lados, percatándose de que había alguien más a quien reconocer en aquel lugar. Era el mismísimo lunarian de Karate. Levantó la mano cuando creyó que este miraba hacia donde ella estaba y le hizo un gesto invitándole a acercarse.

Llamada


Sin esperar realmente una respuesta, Bai se acercó al puesto mientras cortaba la llamada. Una vez allí, y siendo que con el hombre tampoco se podía comunicar, señaló con el mentón tres jarras de cerveza mientras guardaba el Den Den. Después, buscando algo ligero para asentarse el estómago, observó cómo el vendedor llenaba una pequeña jarra de cerámica desde un barril. En ese momento, Bai aprovechó para echar una mirada indiscreta al interior; debido a su daltonismo y a la opacidad del barro, el líquido pálido le pareció agua ligeramente enturbiada.

—Será por el color de la jarra —murmuró al tiempo que el hombre le preguntaba con gestos si también le servía de aquello.

Bai asintió.

Sin embargo, justo cuando el comerciante iba a llenar la jarra de barro con lo que ella creía que era agua, unas notas musicales le hicieron mirar hacia el improvisado escenario. Y al hacerlo, no solamente se fijó en la pelirroja, cuyo cabello apenas se veía con gracia gracias a su vista, sino también en la otra birkiniana a quien había conocido gracias a los juegos.

—¡Yuuki! —gritó aleteando sin querer.

Parecía despistada, quizás incluso perdida, pero confiaba en que con un segundo grito la escuchara.

—¡Yuuki!

Después, apresurándose para disfrutar del espectáculo, pagó a toda prisa y subió por las gradas equilibrando el cargamento junto a la fruta en busca de un espacio para todos.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Bai Mudan - 27-07-2026, 11:05 AM

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