27-07-2026, 02:06 AM
(Última modificación: 27-07-2026, 02:11 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3941]
El espectáculo de Akira fue el último en presentarse, dándolo todo para llamar la atención y elevar el marcador en beneficio de su grupo.
Kiyoshi Maeda fue el vencedor de la prueba. No obstante, los números dictados por el más grande de los presentadores evidenciaron un irrefutable hecho: el equipo seis se coronaba como el número uno del torneo. Ese acto alegró los corazones de quienes lo conformaban. “¡Bien hetho Akita!” Gritó con un tono eufórico el de mechones castaños, mientras saltaba con ánimo para elevar su puño en señal de victoria.
La felicidad fue latente ante la situación, incluso el amable gigantón presentó su buena actitud festejando con el grupo y para cuando Akira regresó al cubículo, Ryota lo recibiría con alegría, tomándolo del cuello con su brazo. “¡Que bien lo hitidte Bro! ¡¿Qué fue todo ede edpectácudo?! ¡Kekekeke!” Expreso dejándose llevar por la emoción, hasta que los vocablos del dictador volvieron a apoderarse de la situación.
Si bien eran el equipo con mayor número de puntos, solo habían conseguido avanzar hasta la siguiente fase, donde competirían directamente contra los otros equipos que continuaban en la carrera de puntos. “Ahora si va a iniciar.” Pensó Ryota, soltando a su compañero para emocionarse por lo que estaría por llegar. ¿Combates 1 vs 1? ¿Pruebas de habilidad estratégica o bélica? Sí, todo ello y más, pues el Dirigente anunció los combates dos contra dos entre los demás equipos clasificados. Quienes lograsen vencer, recibirían la oportunidad de medirse contra el campeón del equipo seis.
El júbilo que estalló en las gradas solo hizo que el corazón del de ojos color miel se revolucionara, por escasos segundos, no sintió el malestar que atormentaba su cuerpo, porque los verdaderos juegos estarían por iniciar. No existiría en la faz de la tierra un solo guerrero que se jactara de serlo, capaz de abandonar una increíble lucha ante miles de espectadores para probar sus verdaderas capacidades. No, claro que no, todo luchador con una pizca de orgullo propio querría competir en ese momento y la única pregunta sería: ¿Cómo se elegiría?
¿O no?
Sí, ¿no?
Quién sabe, porque justo en ese momento Ryota sintió un fuerte retorcijón en el estómago que le obligó a ir al baño, víctima del virulento malestar que los dominaba a todos. Por ello, no pudo escuchar la altruista decisión de Sigurd al nominar al comandante marine por sobre sí mismo. De haberlo alcanzado a oír, probablemente se habría sentido mal por creer, aunque solo fuera por unos minutos, que el gigante era alguien violento, amante del combate, de los extremos, o capaz de anteponer decisiones irracionales a la razón. Bien lo decía mamá, las personas son como una caja de bombones; nunca sabes lo que te va a tocar.
Tras abandonar el cubículo como un asesino silencioso, Ryota caminó sin detenerse en dirección al baño más cercano en la gran edificación o al que tuviera acceso.
Una vez sentado en el trono, hizo sus respectivas necesidades pensando en la importante decisión que los demás integrantes del grupo seis debían estar debatiendo. De seguro un conflicto de egos, o una competencia interna para seleccionar al mejor. “Bueno, mejor me apresuro antes de que me dejen fuera de eso.” Creyó con ingenuidad, sin entender el cruel destino al que la diosa llamada Garnefortuna lo había arrojado.

…

“Uh?”
Cuando se dispuso a acercar su mano hasta el dispensador de papel, entendió que su participación en el evento había terminado.
No quedaba.
Ahora, a merced de la voluntad de los dioses, Ryota debía protagonizar un combate mucho mas intenso y problemático. - Esperar que algún alma caritativa llegara hasta allí para entregarle un rollo de papel y poder salir airoso. - ¿Campeón del torneo? ¿MVP de las finales? Todo eso fue opacado por el brillante anhelo de salir de allí con la zona posterior limpia.
“Este… disculpen… ¿Hola? ¿alguien?...” Comenzó repetirlo cada vez que escuchaba la puerta de los baños abrirse. Quizá fueran aquellos tímidos susurros, que parecían palabras que salían desde la ultratumba, pero, de alguna forma, todos los que llegaban se marchaban sin siquiera responderle. Así transcurrieron los primeros treinta minutos, luego cuarenta y finalmente cincuenta… Para entonces, Ryota ya había perdido toda esperanza, de hecho, se encontraba tallando su epitafio en la pared del baño con la parte metálica del loge pose.
“Si alguien, llega a encontrar mi cuerpo alguna vez… por favor díganle a Runin Kitay, que espero se pudra en el infierno por golpear mis testículos, a Barald Kane que me debe 100 millones más por casi hacer que nos maten, a Tezca que espero su novio le ponga el cuerno por ignorarme y a Yuuki que es una weona llorona por golpearle al mvp de nuestra tripulación. Y a Cardan, Tocho Morocho y El mejor Tezca, díganles que fueron lo mejor que me paso alguna vez…”

“Nunca los olvidare…”
Ryota cerró sus ojos, esperando el final… un final que, claro, no llegaría pues solo era producto de su aburrimiento sentado en la taza del baño. Sin embargo, justo en ese momento la diosa de la fortuna volvió a sonreírle.
Alguien más entró a los baños. Un último intento, una última oportunidad de salir de allí con dignidad. “Hey, disculpa, ¿podrías pasarme algo de papel?” Pregunto con la misma timidez que siente una colegiala buscando el número del chico que le gusta. El silencio se hizo incómodo, hasta que una voz contraria resonó.
Entonces, sobre la parte superior del separador, una mano amiga se asomó con un rollo de papel que dejó caer sobre las manos del castaño.
Un ángel, un enviado de la mismísima diosa, un héroe al que le debía ahora la vida.
Al término de asearse (y lavarse bien las manos), Miyamoto Ryota por fin salió como un hombre renovado de los baños. Se había perdido el debate de la decisión, el concierto, la algarabía, pero se sentía descansado y con una buena actitud para afrontar lo que llegara tras ese horrible trago. “Me pregunto a quién habrán seleccionado, dudo mucho que me esperasen, así que solo queda disfrutar de la final.” Se dijo a sí mismo relajado, nadie podía competir contra la mala suerte, así que solo quedaba caminar en dirección al lugar de las gradas donde se encontraban sus compañeros, amigos y nakamas.
Una vez allí, ubico a Tocho Morocho, Cardan, Barald, Runin, Yuuki, El Mejor Tezca y el Original. Junto a la misma sección se encontraban Los Sepultura y varios más, era momento de estar juntos los que no continuarían compitiendo, apreciar los combates dobles para poder ver quiénes se llevaban la condecoración del torneo.
“Sup.” Saludo una vez llego con todos, recibiendo el efusivo saludo del relinchar, los siseos viperinos y el chico regordete. “Kekeke gracias por las porras bros, perdonen porque parece que no estaré en los combates.” Agacho ligeramente la cabeza en señal de disculpa, rascándose la cabeza.

“La suerte no estuvo de mi lado esta vez.”
No sentía una obligación como capitán, menos por algo como el ego, tan solo le pesaba que las porras de sus amigos hubieran caído en un saco roto. “Al menos si gana el representante de mi equipo, me darán un deseo, algo es algo, aunque la competencia es bastante dura...” Volvió a recuperar un semblante más relajado, observando ahora a la mujer de mechones negros. “Después de todo sigues en competición, ¿pelearas en los 2 contra 2?” Pregunto expectante a la respuesta, para luego darle sus buenos deseos a la peli negra.

“Ojalá te ganen por conseguir más puntaje que yo.”
De nuevo mintió; era obvio tras haberle dado los guantes. En realidad esperaba que hubiera forma de que la joven amazona pudiera llegar a la final, pero, él no escribía las reglas en ese lugar.
El espectáculo de Akira fue el último en presentarse, dándolo todo para llamar la atención y elevar el marcador en beneficio de su grupo.
Kiyoshi Maeda fue el vencedor de la prueba. No obstante, los números dictados por el más grande de los presentadores evidenciaron un irrefutable hecho: el equipo seis se coronaba como el número uno del torneo. Ese acto alegró los corazones de quienes lo conformaban. “¡Bien hetho Akita!” Gritó con un tono eufórico el de mechones castaños, mientras saltaba con ánimo para elevar su puño en señal de victoria.
La felicidad fue latente ante la situación, incluso el amable gigantón presentó su buena actitud festejando con el grupo y para cuando Akira regresó al cubículo, Ryota lo recibiría con alegría, tomándolo del cuello con su brazo. “¡Que bien lo hitidte Bro! ¡¿Qué fue todo ede edpectácudo?! ¡Kekekeke!” Expreso dejándose llevar por la emoción, hasta que los vocablos del dictador volvieron a apoderarse de la situación.
Si bien eran el equipo con mayor número de puntos, solo habían conseguido avanzar hasta la siguiente fase, donde competirían directamente contra los otros equipos que continuaban en la carrera de puntos. “Ahora si va a iniciar.” Pensó Ryota, soltando a su compañero para emocionarse por lo que estaría por llegar. ¿Combates 1 vs 1? ¿Pruebas de habilidad estratégica o bélica? Sí, todo ello y más, pues el Dirigente anunció los combates dos contra dos entre los demás equipos clasificados. Quienes lograsen vencer, recibirían la oportunidad de medirse contra el campeón del equipo seis.
El júbilo que estalló en las gradas solo hizo que el corazón del de ojos color miel se revolucionara, por escasos segundos, no sintió el malestar que atormentaba su cuerpo, porque los verdaderos juegos estarían por iniciar. No existiría en la faz de la tierra un solo guerrero que se jactara de serlo, capaz de abandonar una increíble lucha ante miles de espectadores para probar sus verdaderas capacidades. No, claro que no, todo luchador con una pizca de orgullo propio querría competir en ese momento y la única pregunta sería: ¿Cómo se elegiría?
¿O no?
Sí, ¿no?
Quién sabe, porque justo en ese momento Ryota sintió un fuerte retorcijón en el estómago que le obligó a ir al baño, víctima del virulento malestar que los dominaba a todos. Por ello, no pudo escuchar la altruista decisión de Sigurd al nominar al comandante marine por sobre sí mismo. De haberlo alcanzado a oír, probablemente se habría sentido mal por creer, aunque solo fuera por unos minutos, que el gigante era alguien violento, amante del combate, de los extremos, o capaz de anteponer decisiones irracionales a la razón. Bien lo decía mamá, las personas son como una caja de bombones; nunca sabes lo que te va a tocar.
Tras abandonar el cubículo como un asesino silencioso, Ryota caminó sin detenerse en dirección al baño más cercano en la gran edificación o al que tuviera acceso.
Una vez sentado en el trono, hizo sus respectivas necesidades pensando en la importante decisión que los demás integrantes del grupo seis debían estar debatiendo. De seguro un conflicto de egos, o una competencia interna para seleccionar al mejor. “Bueno, mejor me apresuro antes de que me dejen fuera de eso.” Creyó con ingenuidad, sin entender el cruel destino al que la diosa llamada Garnefortuna lo había arrojado.

…

“Uh?”
Cuando se dispuso a acercar su mano hasta el dispensador de papel, entendió que su participación en el evento había terminado.
No quedaba.

Ahora, a merced de la voluntad de los dioses, Ryota debía protagonizar un combate mucho mas intenso y problemático. - Esperar que algún alma caritativa llegara hasta allí para entregarle un rollo de papel y poder salir airoso. - ¿Campeón del torneo? ¿MVP de las finales? Todo eso fue opacado por el brillante anhelo de salir de allí con la zona posterior limpia.
“Este… disculpen… ¿Hola? ¿alguien?...” Comenzó repetirlo cada vez que escuchaba la puerta de los baños abrirse. Quizá fueran aquellos tímidos susurros, que parecían palabras que salían desde la ultratumba, pero, de alguna forma, todos los que llegaban se marchaban sin siquiera responderle. Así transcurrieron los primeros treinta minutos, luego cuarenta y finalmente cincuenta… Para entonces, Ryota ya había perdido toda esperanza, de hecho, se encontraba tallando su epitafio en la pared del baño con la parte metálica del loge pose.
“Si alguien, llega a encontrar mi cuerpo alguna vez… por favor díganle a Runin Kitay, que espero se pudra en el infierno por golpear mis testículos, a Barald Kane que me debe 100 millones más por casi hacer que nos maten, a Tezca que espero su novio le ponga el cuerno por ignorarme y a Yuuki que es una weona llorona por golpearle al mvp de nuestra tripulación. Y a Cardan, Tocho Morocho y El mejor Tezca, díganles que fueron lo mejor que me paso alguna vez…”

“Nunca los olvidare…”
Ryota cerró sus ojos, esperando el final… un final que, claro, no llegaría pues solo era producto de su aburrimiento sentado en la taza del baño. Sin embargo, justo en ese momento la diosa de la fortuna volvió a sonreírle.
Alguien más entró a los baños. Un último intento, una última oportunidad de salir de allí con dignidad. “Hey, disculpa, ¿podrías pasarme algo de papel?” Pregunto con la misma timidez que siente una colegiala buscando el número del chico que le gusta. El silencio se hizo incómodo, hasta que una voz contraria resonó.
“Toma, tonto.”
Entonces, sobre la parte superior del separador, una mano amiga se asomó con un rollo de papel que dejó caer sobre las manos del castaño.

Un ángel, un enviado de la mismísima diosa, un héroe al que le debía ahora la vida.
Al término de asearse (y lavarse bien las manos), Miyamoto Ryota por fin salió como un hombre renovado de los baños. Se había perdido el debate de la decisión, el concierto, la algarabía, pero se sentía descansado y con una buena actitud para afrontar lo que llegara tras ese horrible trago. “Me pregunto a quién habrán seleccionado, dudo mucho que me esperasen, así que solo queda disfrutar de la final.” Se dijo a sí mismo relajado, nadie podía competir contra la mala suerte, así que solo quedaba caminar en dirección al lugar de las gradas donde se encontraban sus compañeros, amigos y nakamas.
Una vez allí, ubico a Tocho Morocho, Cardan, Barald, Runin, Yuuki, El Mejor Tezca y el Original. Junto a la misma sección se encontraban Los Sepultura y varios más, era momento de estar juntos los que no continuarían compitiendo, apreciar los combates dobles para poder ver quiénes se llevaban la condecoración del torneo.
“Sup.” Saludo una vez llego con todos, recibiendo el efusivo saludo del relinchar, los siseos viperinos y el chico regordete. “Kekeke gracias por las porras bros, perdonen porque parece que no estaré en los combates.” Agacho ligeramente la cabeza en señal de disculpa, rascándose la cabeza.

“La suerte no estuvo de mi lado esta vez.”
No sentía una obligación como capitán, menos por algo como el ego, tan solo le pesaba que las porras de sus amigos hubieran caído en un saco roto. “Al menos si gana el representante de mi equipo, me darán un deseo, algo es algo, aunque la competencia es bastante dura...” Volvió a recuperar un semblante más relajado, observando ahora a la mujer de mechones negros. “Después de todo sigues en competición, ¿pelearas en los 2 contra 2?” Pregunto expectante a la respuesta, para luego darle sus buenos deseos a la peli negra.

“Ojalá te ganen por conseguir más puntaje que yo.”
De nuevo mintió; era obvio tras haberle dado los guantes. En realidad esperaba que hubiera forma de que la joven amazona pudiera llegar a la final, pero, él no escribía las reglas en ese lugar.
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