[Presente Relativo - Entrenamiento] Hoy es un buen día para mo- para entrenar
#4
El tiempo transcurría con densa lentitud mientras Bambú aguardaba a sus pupilos para comenzar con el arduo entrenamiento. Era un panda paciente, pero también era un maestro severo y las faltas a la puntualidad no serían toleradas sin una dura reprimenda de por medio. Shirohime se tomó su tiempo en aparecer, pero finalmente logró avistarla en la distancia, llamativa como siempre. La única prenda que llevaba que ocultaba ligeramente su cuerpo era el manto de los Toros Negros que le regaló Kisuke en lo que sin duda fue una solemne ceremonia de iniciación. Él no había tenido todavía el detalle ni con Berry ni con Kelvin, porque tenía que mandar que confeccionaran uno especialmente grande para el gigante y no quería que se sintiera apartado siendo el único que no lo tenía. La princesa también iba conjuntada con un sombrero, botas y gafas de sol, como si estuviera yendo a la playa a tomar el sol. Si se quitara el manto de los Toros, por debajo no habría más que ropa interior. En la Revolución había gente muy curiosa. Las dos mujeres que tenían entre sus filas eran exhibicionistas de manual y encima se exhibían la una a la otra constantemente. La princesa se personó en el lugar del entrenamiento con aspecto animado. Al menos esa parte de su personalidad nunca se llegaba a perder. Era extremadamente alegre y vivía sus propias fantasías con tal viveza que incluso podrían llegar a ser contagiosas. —Salud y República, recluta. Veo que llega tarde al entrenamiento, pero es la primera en llegar, así que, en realidad, debo ser yo que llego demasiado temprano honhonhon. —Se levantó del suelo entre risas. Shirohime estaba a tan solo cinco metros de él. En el horizonte, a más de cien metros de distancia, podía ver a Kelvin acercarse a paso lento. Por suerte, el paso lento para un gigante seguía siendo bastante rápido para un humano. Cada zancada suya debía de ser más de una decena de metros. —Y por ahí viene nuestro grandioso capitán. Lamentablemente no le está dando el ejemplo adecuado, recluta. —Sentenció el mink, que llevaba en el corazón la cadena de mando y para él un capitán tenía que llegar antes que sus subordinados a los entrenamientos. Sobre todo si un superior estaba ya esperándoles.

Kelvin se posicionó a quince metros por delante de Bambú, haciendo que éste echase su cabeza hacia atrás y su mirada ligeramente hacia arriba para poder mirar a los ojos a su subordinado. Ahora que ambos habían llegado, ejecutó el saludo marcial de la Revolución a la perfección en dirección a cada uno de ellos individualmente. —No se preocupe, capitán Nagumo. Un arma bien mantenida es tan esencial como un buen desayuno por las mañanas. Le estaba comentando a la recluta Hild que es de buen recibo llegar a tiempo a los entrenamientos y que usted, como capitán, debe estar a la altura de las expectativas. —Su tono, por la característica voz profunda que tenía el panda, podría parecer severo, pero en realidad Bambú se estaba metiendo un poco con ellos. —Permítame ayudarle con eso. —Fue el único aviso que dio. De repente, el entrenamiento había comenzado. Otros entrenamientos más livianos habrían incluido una extensa introducción a la materia, antes de una práctica controlada sobre la misma, para rematar con un profundo análisis de los errores cometidos y el camino a seguir para la mejora personal. Sin embargo, esa clase de juegos infantiles se habían quedado atrás con el paso al Nuevo Mundo.

Bambú desapareció de la vista de ambos y se plantó justo debajo de Kelvin. Extendió ambos brazos hacia los lados, tratando de abarcar toda la distancia posible, y abrazó el tobillo del gigante ejerciendo un agarre de acero sobre su extremidad, sin llegar a poder rodear toda la pierna por el inmenso tamaño de aquel ser. ¿Cuánto debía de pesar? Una tonelada por lo menos, pero Bambú podía levantar mucho más que eso. Sus músculos se expandieron conforme el mink ejercía todas sus fuerzas para levantar a Kelvin del suelo y con un tosco y brutal movimiento, giró 360º sobre su propio eje para coger algo de inercia antes de lanzar al gigante hacia los cielos. Kelvin recorrió cuarenta y cuatro metros de distancia una trayectoria mayormente vertical, aunque ligeramente inclinada para no caerle encima ni a Bambú ni a Shirohime. Mientras Kelvin realizaba uno de los peores viajes de su vida, Bambú se giró hacia la muchacha de piel pálida y lustrosa. —Cuando quieras. —En su rostro, una sonrisa afilada.

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RE: [Presente Relativo - Entrenamiento] Hoy es un buen día para mo- para entrenar - por Max D. Bambú - 27-07-2026, 01:31 AM

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