Había hecho muchas cosas en la vida que se me habían atragantado.. Sobrevivido a aquel caótico viaje hacia los cabos gemelos, ayudar a Viktor en la isla de Toko, conocer al Almirante Tucrow en Impel Down, presenciar los Juegos de Skypiea, conocer al Almirante Markus en Marineford y perder la fruta que el destino me dejó para mi, atravesar terremotos con el pecho por delante, luchar contra un Yonko en Sabaody, conocer al Almirante Yugu, conquistar Mystoria con mis compañeros... pero nada había sido tan indigesto como aquella tarde en la que unas alas negras se cernieron sobre mi y tuve que cortarles el vuelo.
Y había presenciado demasiadas veces la muerte o las despedidas. Había presenciado la muerte de Minato en los Cabos Gemelos sin haber podido hacer nada. Había sido testigo de cómo Vulkan, mi primer compañero, se ahogaba y nos dejaba atrás por haber sido completamente incapaz de diferenciar la realidad de su realidad. La despedida de Sephiroth o Ikirami, destinados a otros cuarteles, y la posterior muerte de mi compañero Sephiroth a manos de aquellos malvados Mushoku. La despedida de Daisen y Tenma, reubicados a distintas zonas del mundo, y la muerte de Ryze y James en el Archipiélago Sabaody. Sólo Karlglass había seguido a mi lado después de este largo viaje, y aunque Apolo y Fuguwu se convirtieron en compañeros indispensables también, ahora me veía obligado a estar separado de ellos para cumplir lo que la cadena de mando pedía de mi: Convertirme en un Zoodiacool.
El Almirante Markus había puesto un gran peso sobre mis hombros al hacerme consumir un poder como el que tengo ahora... esta extraña criatura de doble conciencia que, aunque me hacía sentir poderoso, no me resultaba tan cómoda como mi transformación original en serpiente. Era algo que echaba de menos... era la fruta que el destino había puesto en mis manos y con ella había llegado a ser Vicealmirante y había mantenido, como había podido, a mi división hacia delante. Tanto que habíamos entrado a formar parte de entre las diez mejores divisiones del mundo. La división 9, afiliada al Almirante Tucrow. El mismo que me había reclutado para su cuerpo especial, para ocupar el rol de "La Serpiente" y el mismo que me había hecho reencontrarme con mi compañero Tenma en esta división especial. Especial tanto por lo rara que era, como por lo diferente y poderosa. El Zoodiacool no tenía normas ni rumbo, era un grupo que simplemente seguía a Tucrow. No había lazos entre ellos más allá del respeto y la admiración por el Almirante, y la fijación y el capricho de este por sus miembros. Y aun así, era un grupo que funcionaba orgánicamente y de forma excelsa. Era una fuerza de élite.
Nuestra misión aquí, era transportar a Yojimbo, aquel privilegiado con un linaje antiguo y desconocido para él que un día tuvo la mala fortuna de ponerse en mi camino. El mismo día en el que lo mandé a este pozo infecto para siempre. Hoy habíamos ido hasta Impel Down para transportarlo hacia Marineford, órdenes del propio Almirante Markus - respaldado por su padre, el Almirante de Flota - para ejecutarlo y retransmitirlo públicamente al mundo entero para escarmentar a su tripulación por haber derrotado a un Shichibukai bajo las órdenes del sistema del Gobierno Mundial.
Y hoy alguien más había tenido la idea de tratar de llevarse a este príncipe sin trono hacia otro lugar, pero el Zoodiacool lo íbamos a impedir. Tucrow nos puso al mando de Ryu Nanashi, quien distribuyó los efectivos como buenamente consideró y dio las instrucciones adecuadas, pero a mi el Almirante me pidió que custodiase las puertas. Aun le recuerdo agitando los brazos mientras me decía aquellas palabras
— "Esto es cosa de la mind y del power de la puesta en scene my bro... Si tú estás en la door cuando salgamos de la jail, y ese nigga manila te ve el first esperando para subirlo aboard el barco, se va a shit en los pants" —
Me crucé de brazos y miré hacia el cielo, pasándome la lengua por las comisuras de los labios... oh, echaba de menos fumar... o echaba de menos mi costumbre de abrir y cerrar mi zippo, ese que le di a Viktor en mi despedida de la división. Esperaba que estuviesen bien, que Karlglass los llevase por el buen camino y que siguieran creciendo como Marines. Tarde o temprano nuestros caminos volverían a cruzarse, y nos contaríamos todas las anécdotas de nuestros viajes, riendo y bebiendo. Recordando a los que ya no están.
En ese momento las puertas de Impel Down se abrieron de par en par, y de entre la oscuridad de ese lugar emergió una figura. Más delgado, con el cabello más largo, con las ropas de preso rasgadas y rotas... pero libre de cadenas y con las alas, esas malditas Alas Negras, abiertas de par en par en su espalda.
Yojimbo, la horma de mi zapato. El pirata que había perseguido desde que abandonamos aquel Blue y que estaba seguro de que había dejado enterrado para siempre, el pirata que iba a escoltar hasta su ejecución, salía libre por si mismo y solo de esta prisión.
Nos separaban cincuenta metros desde su puerta hasta mi posición, parado en medio del muelle con veinte metros a cada lao, en el centro del ancho de la plataforma. El sol a mis espaldas proyectaba mi sombra hacia las puertas y esta se abalanzaba encima de Yojimbo conforme aparecía tras esa entrada.
Abrí los ojos de par en par y tensé mis músculos ¿dónde estaba el aniki Tucrow? ¿y el resto del Zoodiacool? ¿los había derrotado a todos él sólo? ¿y por qué salía sólo? ¿sus compañeros habían caído en el transcurso de la batalla? No entendía nada. Descrucé los brazos y me coloqué en una guardia preventiva, similar a la del boxeo pero más baja y relajada, cerrando los puños y frunciendo algo el ceño.
No entendía nada, pero no hacía falta entenderlo. Era mi responsabilidad parar a este criminal, aquí y ahora, y acabar por cumplir nuestra misión de escoltarlo para servir de ejemplo para los demás piratas.
— Hmmm no tengo ni idea de qué ha pasado ahí dentro, Yojimbo, pero no vas a dar un paso más fuera de esa cárcel — dije, mientras el viento golpeaba nuestros flancos y sacudía levemente nuestros cabellos y ropajes. La capa de Vicealmirante ondeó en mi espalda — Para hacerlo tendrás que pasar... — una ola rompió contra la pared del muro al mismo tiempo por ambos lados de la plataforma del muelle, elevándose varios metros
— POR ENCIMA DE MI CADÁVER —
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