24-07-2026, 04:43 AM
(Última modificación: 24-07-2026, 04:59 AM por Onizuka Jin.
Razón: Agregar Karma Fetiche
)
El moreno contemplaba a Tezca, satisfecho por escuchar las felicitaciones del varón. Ese hombre sí sabía cómo reconfortarlo. —Gracias, puedo ser muy veloz cuando quiero... Y todavía te falta mucho más por ver. — Le guiñó un ojo, ahora enfocándose en el Marine, Enji. El apodo le resultó, cuanto menos, divertido. Pocos tenían la osadía o siquiera la genialidad de mencionarlo por la cicatriz que estaba en su rostro. Acomodó sus manos en los bolsillos, divertido, casi sonando a una invitación lo que pronunciaba. ¿Cómo no iba a parecerlo? —Tendré que ver qué tanto resiste y qué tan rápido toma usted ese whisky, señor Marine. — Miró de nuevo al rubio. Primero, por supuesto, estaba ese varón. Por supuesto, no pasó desapercibidos a los otros dos acompañantes. Reconocía bien el de las gafas, al menos de haberlo visto con aquel hombre de las hachas, el rubio. No sabía si podría ser más hostil o no que él, quién sabe.
—A los siguientes que salgan, les deseo mucha suerte en las pruebas y en estos juegos, especialmente espero que se lo sigan pasando bien. — Al menos, ahora, podía estar tranquilo respecto al grupo de Tezca, quien parecía que había logrado combinar con un equipo con quien podría estar cuidándolo bien. ¿Por qué, si no, habría hecho gólems para todos? Su nivel con el Akuma había mejorado muchísimo después de todo ese tiempo, recordándose a sí mismo qué tanto camino le quedaba todavía por recorrer.
Por desgracia, no podía disfrutar más tiempo de su compañía, por mucho que así lo deseara. Elevó su diestra, ahora sí, terminando de despedirse de todos los de ese grupo. —Espero poder conocerlos mejor en otro momento. Si quieren anotar mi número, se los daré encantado, o se lo pueden pedir a él. — Señaló, una vez más, a Tezca, con los ojos. Elevó, al fin, su diestra, y terminó de despedirse del grupo.
Al regresar, esperando los resultados, escuchó todos y cada uno de ellos. Sus cejas se elevaron al ver que, claramente, el indiscutible campeón en esa prueba había sido aquella tortuga que había entrado torpemente. Debía admitirlo, no se lo esperaba en absoluto, pero estaba satisfecho de dicho resultado. Incluso cuando lo escuchó pedirle otro cigarrillo. ¿Con que había sido un buen incentivo? Fabuloso entonces. Con eso era más que satisfactorio.
Acomodó su mano en el bolsillo, retirando del interior su cajita de metal en que reposaban varios de los cigarrillos que había ordenado. Retiró uno de ellos, extendiéndolo hacia la tortuga, colocándola directamente en los labios del “animal” (si es que se podía llamar así realmente). —Gran trabajo, Juan. Has sido fantástico. Mucho mejor de lo que esperaba. — elevó su zurda, con el mechero, para ayudarlo a encender el cigarrillo con diversión y satisfacción. Stroud, por otro lado, seguía manteniendo ese aire cargado de autoridad y... ¿algo de molestia? Abrió la boca, interesado en preguntarle algo... siendo que fue interrumpido por la nueva prueba que se comenzó a anunciar esta vez.
Prueba de Certeza y, la única que quedaba en ese grupo que no había participado había sido la propia Nyra. Buscó a la joven con la mirada, de reojo, más por curiosidad que otra cosa. Parecía... Tensa. Nerviosa. Demasiado. Elevó su diestra hacia la joven, colocándola sobre su hombro, dando un par de toques y su voz sonó, esta vez, mucho más suave, del mismo modo con que solía hablarle al rubio.
Palabras de ánimo que trataba de ofrecer a la joven ante el nerviosismo, viendo ahora, fijamente, las pruebas que tenía frente a él. Allí estaba, el primer participante, claro como el agua, firme y seguro además de, por supuesto, más que reconocible. Kiyoshi Maeda. Recordaba su trabajo en silencio, la forma en la que había visto al joven usar su arma por primera vez en su contra. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al recordar el dolor, y la sensación que provocó el dolor, la sangre y... Carraspeó, cerrando los ojos unos segundos. No, tenía que contenerse, estaba en medio de un trabajo, frente a un equipo de mayormente Marines... Sí, eso era.
Se cruzó de brazos, el cigarrillo todavía entre sus labios, dando una larga calada, con la mirada fija en el pirata y subcapitán Sepulturero. Observa su pose, su posición, la forma de mantenerse seguro, de apuntar y... El disparo, impecable, impactante e impresionante. Estaba sin palabras, debía admitirlo. Conocía su puntería, pero verlo ahora era una gran diferencia. ¿Qué tanto había mejorado en todo ese tiempo? ¿Cómo había llegado tan lejos? Se mantenía concentrado, con la mirada fija en el joven, incluso cuando gritó, sin miedo alguno. Observa al joven regresar e ir a por alguien más en alguno de los cubículos. Desde esa distancia, no puede ver del todo de quién se trata, pero es posible que hable con otro Sepulturero, es la única conclusión que puede sacar y, de entre ellos, solo hay uno que no conoce, a no ser, por supuesto, que haya algún nuevo integrante que no conozca.
El siguiente en realizar la prueba es, de nuevo, otro Marine. No, en serio, ¿cuántos Marines hay en estos juegos? Sus ojos se mantienen, igual que con el Maeda, fijos en el varón que ahora posee flechas. Su forma de disparar también resulta, cuanto menos, de lo más impactante.
La siguiente es, sin duda, la muchacha que acababa de conocer gracias a Hyákinthos. Aquella joven de cabellos anaranjados. Apartó el cigarrillo, dejando escapar el humo de sus pulmones, atento a ver lo que resultaba esa prueba, y qué tan buena iba a ser. Parecía que esa estaba llena de personas con muy buenas capacidades. Del mismo modo que el Marine, la muchacha utiliza flechas que parecen acertar de forma sorprendente. Un aplauso se ganaba esa mujer, sin lugar a duda.
Nuevamente, hay otro participante. Este tampoco le resulta famil-... Oh, un momento... Sí que le resulta familiar. ¿No estaba inconsciente cuando hizo el viaje en el Grand Line? Le resultaba familiar, de forma borrosa, pero sí que recordaba el viaje cuando todavía estaba con la tripulación de Hyákinthos. Lo recordaba, mayormente, porque pensó en ese momento que parecía un mapache, y fue la misma idea. ¿Quizás solo lo confundió? Quién sabe... Pero algo... algo va mal. Extrañamente mal... ¿Quizás fumó demasiado? No, nunca el tabaco es demasiado, mucho menos le provoca un dolor... ¿Era diarrea? ¿De dónde había salido? ¿Y por qué? Su zurda descendió, sintiendo de repente náuseas. Tuvo que apartar el cigarrillo, expulsar el humo, hasta el punto de toser. ¿Qué diantres era eso? ¿Quizás un algo que había comido mal? ¿Pero tan de repente? No fue capaz de ver, por desgracia, la prueba de ese Mink mapache, pero sí distinguir al siguiente participante que, por muy mal que se estuviera sintiendo, no iba a perder de vista.
Ese rubio liberador, que le hizo olvidar por unos segundos el malestar, esa mirada tras esas hermosas gafas características que solo él poseía, ese cuerpo tan maravilloso, esa ropa que tanto captaba su atención. Tan hermoso... No, no tanto, MÁS hermoso que el propio sol. Pasó la dorsal de su mano por debajo de su mentón, retirando el sudor que provocaba soportar ese malestar, con los ojos, ahora fijos, en Tezca. Elevó su zurda, extendiéndola en lo alto, con una sonrisa de oreja a oreja, poco característica en el yakuza, pero habitual para el rubio.
Su voz se elevó por encima del cubículo, en una voz elevada, sacudiendo su brazo en alto de derecha a izquierda. De poder, tendría un cartel delante con su nombre. ¿Podría crearlo? Ay, ojalá, pero todavía no tenía tanta habilidad. Deseaba tenerla, solo para crear algo para él por primera vez. ¿El resultado? No podía importarle menos, solo enfocó los ojos en la prueba del hombre, quien, para él, siempre hacía un trabajo excelente, fuera que la prueba salía o no bien. Incluso cuando lo vio finalizar, elevó el pulgar en su dirección, con un solo pensamiento. “Lo has hecho maravillosamente.”
El siguiente participante entra en escena... ¿O la siguiente? No sabe decir si es hombre o mujer. ¿Es relevante? Por supuesto que no. Tampoco es que lo (o la) conozca. El malestar sigue allí, ¿tendría algo para ello? Se sentía bastante mal con esa sensación, y a duras penas podía concentrarse. Sus esfuerzos fueron para Tezca... Y quería reservar las fuerzas para contemplar también a Nyra, por si lo hacía bien o no. Aquella persona, sin embargo, tampoco había fallado. Miró de reojo a Nyra, respirando un poco más, regresando a darle un par de palmadas a la joven.
—Señorita Nyra, hará un trabajo excelente. Tengo fe de que, igual que yo, mínimo logrará superar la prueba. Respire profundamente, y exhale. Le saldrá bien. — Claro que, la sentía nerviosa, desde hacía rato. Siguió creyendo que eran los Juegos, las pruebas. Dio un par de palmadas más, acercando el cigarrillo para dar una calada.
La vio salir hacia la prueba, y contempló sus pasos... Hasta que habló. Un momento. ¿Cómo que primer disparo de su vida? Miró a los otros dos acompañantes de reojo, para luego observar a Nyra. —¿Ustedes sabían que no había usado en su vida un arma de fuego? ¿Cómo no les dan clases básicas a los Marines? — Tampoco parecía muy concentrada... Ni siquiera había retirado el seguro del arma... Suspiró, con una mano en el lado de su cicatriz. Va, tenía que darle un voto de confianza. Si Juan ganó el primer puesto, Nyra también podía hacerlo. Va. Confiar un poco en ella, y quizás lograrían estar entre los primeros puestos.
Al verla regresar después de la prueba, la contempló, satisfecho por la prueba. Al menos había acertado. —Lo hizo excelente, señorita Nyra. Estoy seguro de que dio todo lo que pudo. Gran trabajo, señorita.
—A los siguientes que salgan, les deseo mucha suerte en las pruebas y en estos juegos, especialmente espero que se lo sigan pasando bien. — Al menos, ahora, podía estar tranquilo respecto al grupo de Tezca, quien parecía que había logrado combinar con un equipo con quien podría estar cuidándolo bien. ¿Por qué, si no, habría hecho gólems para todos? Su nivel con el Akuma había mejorado muchísimo después de todo ese tiempo, recordándose a sí mismo qué tanto camino le quedaba todavía por recorrer.

—Y tú también, Tezca. Pásalo bien. Sea cual sea el resultado, no olvides que siempre eres mejor que nadie.
Por desgracia, no podía disfrutar más tiempo de su compañía, por mucho que así lo deseara. Elevó su diestra, ahora sí, terminando de despedirse de todos los de ese grupo. —Espero poder conocerlos mejor en otro momento. Si quieren anotar mi número, se los daré encantado, o se lo pueden pedir a él. — Señaló, una vez más, a Tezca, con los ojos. Elevó, al fin, su diestra, y terminó de despedirse del grupo.
Al regresar, esperando los resultados, escuchó todos y cada uno de ellos. Sus cejas se elevaron al ver que, claramente, el indiscutible campeón en esa prueba había sido aquella tortuga que había entrado torpemente. Debía admitirlo, no se lo esperaba en absoluto, pero estaba satisfecho de dicho resultado. Incluso cuando lo escuchó pedirle otro cigarrillo. ¿Con que había sido un buen incentivo? Fabuloso entonces. Con eso era más que satisfactorio.

—Te lo ganaste, sin lugar a duda.
Acomodó su mano en el bolsillo, retirando del interior su cajita de metal en que reposaban varios de los cigarrillos que había ordenado. Retiró uno de ellos, extendiéndolo hacia la tortuga, colocándola directamente en los labios del “animal” (si es que se podía llamar así realmente). —Gran trabajo, Juan. Has sido fantástico. Mucho mejor de lo que esperaba. — elevó su zurda, con el mechero, para ayudarlo a encender el cigarrillo con diversión y satisfacción. Stroud, por otro lado, seguía manteniendo ese aire cargado de autoridad y... ¿algo de molestia? Abrió la boca, interesado en preguntarle algo... siendo que fue interrumpido por la nueva prueba que se comenzó a anunciar esta vez.
Prueba de Certeza y, la única que quedaba en ese grupo que no había participado había sido la propia Nyra. Buscó a la joven con la mirada, de reojo, más por curiosidad que otra cosa. Parecía... Tensa. Nerviosa. Demasiado. Elevó su diestra hacia la joven, colocándola sobre su hombro, dando un par de toques y su voz sonó, esta vez, mucho más suave, del mismo modo con que solía hablarle al rubio.

—Lo hará bien, señorita Nyra. No esté tan tensa, o solo hará que afecte negativamente. ¿De acuerdo? Confío en que hará lo mejor que pueda.
Palabras de ánimo que trataba de ofrecer a la joven ante el nerviosismo, viendo ahora, fijamente, las pruebas que tenía frente a él. Allí estaba, el primer participante, claro como el agua, firme y seguro además de, por supuesto, más que reconocible. Kiyoshi Maeda. Recordaba su trabajo en silencio, la forma en la que había visto al joven usar su arma por primera vez en su contra. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al recordar el dolor, y la sensación que provocó el dolor, la sangre y... Carraspeó, cerrando los ojos unos segundos. No, tenía que contenerse, estaba en medio de un trabajo, frente a un equipo de mayormente Marines... Sí, eso era.
Se cruzó de brazos, el cigarrillo todavía entre sus labios, dando una larga calada, con la mirada fija en el pirata y subcapitán Sepulturero. Observa su pose, su posición, la forma de mantenerse seguro, de apuntar y... El disparo, impecable, impactante e impresionante. Estaba sin palabras, debía admitirlo. Conocía su puntería, pero verlo ahora era una gran diferencia. ¿Qué tanto había mejorado en todo ese tiempo? ¿Cómo había llegado tan lejos? Se mantenía concentrado, con la mirada fija en el joven, incluso cuando gritó, sin miedo alguno. Observa al joven regresar e ir a por alguien más en alguno de los cubículos. Desde esa distancia, no puede ver del todo de quién se trata, pero es posible que hable con otro Sepulturero, es la única conclusión que puede sacar y, de entre ellos, solo hay uno que no conoce, a no ser, por supuesto, que haya algún nuevo integrante que no conozca.
El siguiente en realizar la prueba es, de nuevo, otro Marine. No, en serio, ¿cuántos Marines hay en estos juegos? Sus ojos se mantienen, igual que con el Maeda, fijos en el varón que ahora posee flechas. Su forma de disparar también resulta, cuanto menos, de lo más impactante.
La siguiente es, sin duda, la muchacha que acababa de conocer gracias a Hyákinthos. Aquella joven de cabellos anaranjados. Apartó el cigarrillo, dejando escapar el humo de sus pulmones, atento a ver lo que resultaba esa prueba, y qué tan buena iba a ser. Parecía que esa estaba llena de personas con muy buenas capacidades. Del mismo modo que el Marine, la muchacha utiliza flechas que parecen acertar de forma sorprendente. Un aplauso se ganaba esa mujer, sin lugar a duda.
Nuevamente, hay otro participante. Este tampoco le resulta famil-... Oh, un momento... Sí que le resulta familiar. ¿No estaba inconsciente cuando hizo el viaje en el Grand Line? Le resultaba familiar, de forma borrosa, pero sí que recordaba el viaje cuando todavía estaba con la tripulación de Hyákinthos. Lo recordaba, mayormente, porque pensó en ese momento que parecía un mapache, y fue la misma idea. ¿Quizás solo lo confundió? Quién sabe... Pero algo... algo va mal. Extrañamente mal... ¿Quizás fumó demasiado? No, nunca el tabaco es demasiado, mucho menos le provoca un dolor... ¿Era diarrea? ¿De dónde había salido? ¿Y por qué? Su zurda descendió, sintiendo de repente náuseas. Tuvo que apartar el cigarrillo, expulsar el humo, hasta el punto de toser. ¿Qué diantres era eso? ¿Quizás un algo que había comido mal? ¿Pero tan de repente? No fue capaz de ver, por desgracia, la prueba de ese Mink mapache, pero sí distinguir al siguiente participante que, por muy mal que se estuviera sintiendo, no iba a perder de vista.
Ese rubio liberador, que le hizo olvidar por unos segundos el malestar, esa mirada tras esas hermosas gafas características que solo él poseía, ese cuerpo tan maravilloso, esa ropa que tanto captaba su atención. Tan hermoso... No, no tanto, MÁS hermoso que el propio sol. Pasó la dorsal de su mano por debajo de su mentón, retirando el sudor que provocaba soportar ese malestar, con los ojos, ahora fijos, en Tezca. Elevó su zurda, extendiéndola en lo alto, con una sonrisa de oreja a oreja, poco característica en el yakuza, pero habitual para el rubio.

—¡VAMOS TEZCA! ¡LO HARÁS MARAVILLOSO! ¡SÉ QUE LO HARÁS!
Su voz se elevó por encima del cubículo, en una voz elevada, sacudiendo su brazo en alto de derecha a izquierda. De poder, tendría un cartel delante con su nombre. ¿Podría crearlo? Ay, ojalá, pero todavía no tenía tanta habilidad. Deseaba tenerla, solo para crear algo para él por primera vez. ¿El resultado? No podía importarle menos, solo enfocó los ojos en la prueba del hombre, quien, para él, siempre hacía un trabajo excelente, fuera que la prueba salía o no bien. Incluso cuando lo vio finalizar, elevó el pulgar en su dirección, con un solo pensamiento. “Lo has hecho maravillosamente.”
El siguiente participante entra en escena... ¿O la siguiente? No sabe decir si es hombre o mujer. ¿Es relevante? Por supuesto que no. Tampoco es que lo (o la) conozca. El malestar sigue allí, ¿tendría algo para ello? Se sentía bastante mal con esa sensación, y a duras penas podía concentrarse. Sus esfuerzos fueron para Tezca... Y quería reservar las fuerzas para contemplar también a Nyra, por si lo hacía bien o no. Aquella persona, sin embargo, tampoco había fallado. Miró de reojo a Nyra, respirando un poco más, regresando a darle un par de palmadas a la joven.
—Señorita Nyra, hará un trabajo excelente. Tengo fe de que, igual que yo, mínimo logrará superar la prueba. Respire profundamente, y exhale. Le saldrá bien. — Claro que, la sentía nerviosa, desde hacía rato. Siguió creyendo que eran los Juegos, las pruebas. Dio un par de palmadas más, acercando el cigarrillo para dar una calada.

—Si no confía en usted misma, yo lo haré para usted.
La vio salir hacia la prueba, y contempló sus pasos... Hasta que habló. Un momento. ¿Cómo que primer disparo de su vida? Miró a los otros dos acompañantes de reojo, para luego observar a Nyra. —¿Ustedes sabían que no había usado en su vida un arma de fuego? ¿Cómo no les dan clases básicas a los Marines? — Tampoco parecía muy concentrada... Ni siquiera había retirado el seguro del arma... Suspiró, con una mano en el lado de su cicatriz. Va, tenía que darle un voto de confianza. Si Juan ganó el primer puesto, Nyra también podía hacerlo. Va. Confiar un poco en ella, y quizás lograrían estar entre los primeros puestos.
Al verla regresar después de la prueba, la contempló, satisfecho por la prueba. Al menos había acertado. —Lo hizo excelente, señorita Nyra. Estoy seguro de que dio todo lo que pudo. Gran trabajo, señorita.
Cajita de Tabaco
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