[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#63
El combate había finalizado. Bajo los pies de Alzeid, el cuerpo inconsciente de la vice capitana de los piratas que estaban buscando, la banda de Glatus. Unos pasos más atrás, sus subordinados también yacían en el suelo, completamente derrotados ante las artimañas del joven andrógino. Todo había terminado y la misión principal, la búsqueda de Piel Azul, podía continuar. O eso creería cualquier persona tildada de ‘normal’, pero la cruzada de Alzeid todavía continuaba. No contento con aquel resultado, volvió a realizar el mismo tajo cuádruple en el torso de Aimi, que se encontraba totalmente expuesto frente a él. Las estalagmitas que rodeaban su cuerpo se tiñeron de rojo carmesí de forma inmediata, así como los filos que brotaban de sus brazos que, al guardarlos, expulsaron los restos de sangre en forma de hilera que descendía desde sus muñecas hasta el suelo. De la misma manera, sacudió la katana para limpiarla de las impurezas con las que había sido manchada, pero no la guardó, sino que la utilizó para dar un último golpe que separaría la cabeza de la vice capitana del resto de su cuerpo. Ésta comenzó a rodar hacia uno de los lados, el derecho concretamente, hasta que Alzeid clavó la espada en el centro de la frente, irguiéndola y clavándola en la pared, como si fuese a hablar con ella. – Es una lástima que hayas decidido tomar este camino, aunque es cierto que tu alma no tenía salvación alguna. Eras una pirata. Un cuerpo grotesco, un tono de voz risible, una presencia espantosa. Una vasija completamente rota. Los piratas soléis ser de esta manera. – Se tapó la cara con su mano izquierda y comenzó a llorar, dejando caer un par de lágrimas que descenderían por su rostro. – Siento un dolor punzante que no puedo describir cada vez que libero un alma. Es como si Dios ocupase mi cuerpo, como si me diese el privilegio de poder caminar con sus mismos pies y sentenciar aquello que ha de ser. – Se limpió la cara con la mano izquierda. – Por favor, almas de estos cuerpos hechos pedazos, de estas vasijas que no merecen vuestra presencia, permitidme que os libere de una forma mucho más harmoniosa y agradable. Dejad que mi música invada el vacío que este mundo ha dejado en vosotras. – Había dejado de llorar. Sacó de su bolsillo izquierdo la harmónica que siempre llevaba encima para tocar una pequeña melodía, no sin antes decir… – Anima... – Su religión.
 
De los cuerpos que yacían en el suelo, detrás y delante de Alzeid, comenzaron a brotar una especie de mariposas de color blanco, casi transparentes, que llenaron aquella cueva de iluminación y esperanza, de nostalgia y tranquilidad. Estaban despidiéndose de la vida terrenal para abrazar el nuevo mundo que les esperaba. Eran las almas de aquellas personas que habían perdido sus vidas a manos de los indeseables a los que Alzeid acababa de liberar. Todo estaba ya en su sitio… En orden. Y Glatus era el único culpable. Algunas lágrimas descendieron del rostro de Alzeid mientras tocaba esta melodía.
 
Por supuesto, era todo fruto de su imaginación. Nada de esto había pasado ‘realmente’, sino que era algo que él creía percibir, aunque nada más lejos de la realidad. Después de finalizar con este ritual y concierto, Alzeid desclavó la espada de la cabeza de Aimi y de la pared, dejando que esta cayese rodando por el suelo, golpeándose con las estalagmitas que encontraba en el camino. Volvió a limpiar la katana con un ligero golpe y la guardó. Juntó ambas manos, palma con palma, y se despidió del lugar. – Descansad. – Susurró. Acto seguido, agarró la cabeza de Aimi por los pelos con su mano derecha y comenzó a darle vueltas. – Te vienes conmigo, que Glatus quiere verte. – Comenzó a observar sus alrededores, buscando alguna salida o camino que le pudiese permitir continuar con la misión, pero no había rastro de nada. Aunque la iluminación del lugar no era muy buena, la vista de Alzeid era lo suficientemente aguda como para ver incluso en los sitios más oscuros. Aún así, la única salida era por la que había entrado, así que tendría que volver sobre sus pasos y elegir uno de los dos caminos restantes. Suspiró. – ¿Tendré que ir a ver al canino?  – Hablaba de Daryl. Objetivamente, era la única persona que se encontraba sola, ya que el resto del grupo había tomado el mismo camino y eran tres personas, así que tanto él como la cabeza de Aimi se dirigieron hacia la salida de aquel lugar con destino a la sala principal, en la que hacía un rato había estado. Volvió sobre sus pasos, esta vez sin ninguna vagoneta, pero utilizando (otra vez) sus filos para patinar sobre los raíles y hacer el trayecto mucho más ameno. – Por eso lloraba con la carita empapada, a que llegaras con rosas… con mil rosas para mí… – Comenzó a cantar durante el camino.
 
Alzeid se encontraba por fin en la sala central. Todo seguía igual y nadie parecía haber llegado todavía. Utilizó su oído para distinguir los ruidos que provenían de los distintos caminos y le dio la impresión de que por ambos se podía escuchar algún bullicio, aunque nada claro. Pero no le dio demasiadas vueltas y decidió continuar con su idea inicial, la de seguir el camino de Daryl y buscarlo, porque era el único que estaba solo. A veces era un buen compañero... ¿o acaso no lo iba a ser? Seguramente hubiese enemigos en los tres caminos, así que Alzeid iba dispuesto a darlo todo por si algo aparecía. ¿Qué mejor regalo que salvarle la vida a Daryl porque él no podía hacerlo por sí mismo? Con esta idea en mente, se adentró por el camino del medio hasta encontrarse con el canino del grupo.
 
Para su sorpresa, tras una breve caminata llegó a un lugar mucho más húmedo que en el que él había estado y carente de recursos minerales que poder explotar. Unos escalofríos recorrieron su cuerpo. Esto se debía a la situación que estaba observando: ¿qué hacía Daryl intentando atrapar a un pez? – Daryl. ¿Eres pescador? – Preguntó con cierta sorna, y soltando alguna carcajada, mientras mantenía la cabeza de Aimi en su mano derecha, girándola constantemente. – ¿No tienes comida para peces? – Continuó bromeando, desde la distancia, justo en la entrada de aquel lugar, donde acababa de observar cómo Daryl movilizaba su espada con intención de atacar a su enemigo a la vez que preguntaba por la ubicación de Glatus. Así que… Daryl atmpoco había dado con él. ¿Cuánta suerte podría tener Irina? Como no sabía muy bien qué hacer, lanzó la cabeza de Aimi hasta la zona en la que tanto el pez como el canino se encontraban. – Un alma en pena va. – Murmuró, soltando alguna carcajada y apoyándose en la pared. Estaba esperando a ver cómo se desenvolvían las cosas y cómo Daryl terminaba su propia cruzada. En principio... sin interferir.
 
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RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus - por Alzeid - 05-12-2023, 02:21 PM

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