23-07-2026, 10:52 AM
Los obreros se movían de un lado a otro sin descanso alguno, llevando cajas, barriles y carretillas con varia mercadería, todo estaban cargando grandes cajones repletos de botellas de vino, cajas que se guardaban en zonas específicas para después distribuirlas a su destino final, la bodega sin duda era colosal con una superficie que supera los trescientos metros cuadrados y un techo alto que permite apreciar las estructuras metálicas, todo estaba organizado de manera impecable, pasillos amplios, montañas de barriles, estanterías repletas de botellas y zonas perfectamente asignada para cada producción. En una zona lateral se encontraban una decenas de mujeres que inspeccionaba botella tras botella, siguiendo protocolos meticulosos para apreciar cada detalle de las botellas, con pegamento adherian cuidadosamente las etiquetas que representan el producto, mujeres dignas de respeto.
En el fondo de la inmensa bodega se podría apreciar una gigantesca maquinaria de hierro cilíndrica, cuyos engranajes rugían sin descanso gracias al calor enorme que los hornos producían, siendo alimentado por pedazos grandes carbón, el constante silbido del vapor y el estruendo del metal en movimiento, sin duda era la sinfonía que más se podía escuchar en ese lugar. Dejando claro que aquella estructura metálica era el corazón de la vinícola. En ese sector en específico, habían varios obreros que trabajaban de manera coordinada, subían y bajaban por una robusta escalera de hierro cargando pesados canastos, canastos que estaban repletos de uvas cosechadas y fermentadas, al llegar a la parte superior de la maquinaria, no dudaban en volcar cestos tras cestos para llenar el recipiente, con un completo sistema de rodillos y prensas, las uvas comenzaban a ser trituradas de inmediato.
El líquido final descendía por válvulas que terminaban por llenar pequeños barriles de madera, producto final que luego era trasladado a la zona de producción, todo funcionaba con una precisión totalmente admirable, sin duda todos trabajaban bien en conjunto, conocían sus tareas y sobre todo el mecanismo de la empresa, nada quedaba al azar, una perfección casi intachable, por esa misma razón surgía una pregunta imposible de ignorar ante tal panorama como este, si la producción estaba tan bien organizada y la mercancía se controlaba con semejante cuidado, ¿cómo era posible que una parte del cargamento desapareciera antes de abandonar el puerto? Aquello no parecía un accidente, sino la obra de alguien que conocía muy bien el funcionamiento de la bodega, o mejor dicho, alguien que tenia un enorme poder.
De pronto la puerta de la bodega se abrió dejando que la ventisca de afuera se colara por unos segundos, todos los obreros se quedaron sorprendidos al pensar que la gran puerta se abrió de golpe, ¿Acaso se estaba manifestando algún fantasma?, de pronto las mujeres comenzaron a murmurar mientras los hombres quedaron en alerta pues el movimiento fue tan brusco que cualquiera pensaría que alguna horda de bandidos querían manifestarse en ese momento –Tranquilos….tranquilos…– De pronto un hombre gordo, de cabellos rubios, lentes redondos y facciones elegantes, se levantó de su pequeño escritorio, entre sus manos tenía un libro algo manchado de tinta, parecía ser el libro de producción diario —No pasa nada…es solo la ventisca– trato de tranquilizar a los demás, todo el mundo lo respetaba por ser el encargado de la producción.
Cuando el pequeño infante dio a conocer su maravillosa voz, todo el mundo se quedó callado para ahora prestar su absoluta atención hacia el pequeño, quien con su voz comenzó a demandar, a dar razones de su visita y sobre todo ejercer su presencia como autoridad, los segundos comenzaron a correr y todos estaban impresionados por el pequeño ser que irrumpió en aquel lugar. Con un suspiro algo pesado, el encargado se movió de su escritorio para ahora dirigirse hacia el pequeño novicio quien parecía morirse de vergüenza.
Buenas noches…pizca de sal, un gusto, soy Renato…el encargado de esta bodega – presentación sin elegancia, sin modales, sin tener piedad en su lengua. Su mirada se enfocaba en el pequeño ser, analizando y recordando sus facciones, parecía como si quisiera aplastarlo con el talón de pie, ante este encuentro, todos los demás regresaron a sus tareas para no meterse en problemas, dejando al pequeño duendecillo lidiar con el señor –La producción robada surgió en el puerto…no entiendo que haces aqui, ¿No deberias de investigar en el puerto?-- más que una pregunta, parecía una orden como si le diera una amenaza.
Ante ese momento incomodo, ese silencio eterno, de pronto una voz chillona provino de la parte superior de la bodega, una joven mujer de tez morena, cabello oscuro y mirada filosa, se acercó al barandal para gritarle al gordo –¡Hey Renato!...¿Dónde están los permisos de exportación de la semana pasada? y ¿Dónde está la orden de pedido de hace tres días? – cuestionó la joven mientras esperaba una respuesta por parte del sujeto, sin embargo, cuando desvió la mirada hacia el pequeñín, pestañeo varias veces mientras comenzaba a sonrojarse levemente –¿Pero quién es esa preciosura?....¡Qué cosa tan divina!..— grito la doncella quien se sintió abrumada al ver semejante marine, semejante hombre, semejante pulga diría.
Renato, por favor, haz que suba el invitado y…– respirando de forma tranquila, miraría con algo de ira al gordo –¡CONSIGUEME ESOS DOCUMENTOS!...-- regresando a su despacho tras cerrar la puerta de un portazo, el gordo simplemente dejó salir un suspiro pesado para luego levantar la palma y apuntar las escaleras que conducía a la oficina de la señora –Sube por ahí…y camina por el único pasillo hasta llegar a la puerta…– con una expresión que indicaba total molestia, el señor regresó a su pequeño escritorio donde comienza a revisar papeles por papeles, hojas con sellos de un vino virtiendose sobre una copa.
En el fondo de la inmensa bodega se podría apreciar una gigantesca maquinaria de hierro cilíndrica, cuyos engranajes rugían sin descanso gracias al calor enorme que los hornos producían, siendo alimentado por pedazos grandes carbón, el constante silbido del vapor y el estruendo del metal en movimiento, sin duda era la sinfonía que más se podía escuchar en ese lugar. Dejando claro que aquella estructura metálica era el corazón de la vinícola. En ese sector en específico, habían varios obreros que trabajaban de manera coordinada, subían y bajaban por una robusta escalera de hierro cargando pesados canastos, canastos que estaban repletos de uvas cosechadas y fermentadas, al llegar a la parte superior de la maquinaria, no dudaban en volcar cestos tras cestos para llenar el recipiente, con un completo sistema de rodillos y prensas, las uvas comenzaban a ser trituradas de inmediato.
El líquido final descendía por válvulas que terminaban por llenar pequeños barriles de madera, producto final que luego era trasladado a la zona de producción, todo funcionaba con una precisión totalmente admirable, sin duda todos trabajaban bien en conjunto, conocían sus tareas y sobre todo el mecanismo de la empresa, nada quedaba al azar, una perfección casi intachable, por esa misma razón surgía una pregunta imposible de ignorar ante tal panorama como este, si la producción estaba tan bien organizada y la mercancía se controlaba con semejante cuidado, ¿cómo era posible que una parte del cargamento desapareciera antes de abandonar el puerto? Aquello no parecía un accidente, sino la obra de alguien que conocía muy bien el funcionamiento de la bodega, o mejor dicho, alguien que tenia un enorme poder.
De pronto la puerta de la bodega se abrió dejando que la ventisca de afuera se colara por unos segundos, todos los obreros se quedaron sorprendidos al pensar que la gran puerta se abrió de golpe, ¿Acaso se estaba manifestando algún fantasma?, de pronto las mujeres comenzaron a murmurar mientras los hombres quedaron en alerta pues el movimiento fue tan brusco que cualquiera pensaría que alguna horda de bandidos querían manifestarse en ese momento –Tranquilos….tranquilos…– De pronto un hombre gordo, de cabellos rubios, lentes redondos y facciones elegantes, se levantó de su pequeño escritorio, entre sus manos tenía un libro algo manchado de tinta, parecía ser el libro de producción diario —No pasa nada…es solo la ventisca– trato de tranquilizar a los demás, todo el mundo lo respetaba por ser el encargado de la producción.
Cuando el pequeño infante dio a conocer su maravillosa voz, todo el mundo se quedó callado para ahora prestar su absoluta atención hacia el pequeño, quien con su voz comenzó a demandar, a dar razones de su visita y sobre todo ejercer su presencia como autoridad, los segundos comenzaron a correr y todos estaban impresionados por el pequeño ser que irrumpió en aquel lugar. Con un suspiro algo pesado, el encargado se movió de su escritorio para ahora dirigirse hacia el pequeño novicio quien parecía morirse de vergüenza.
Buenas noches…pizca de sal, un gusto, soy Renato…el encargado de esta bodega – presentación sin elegancia, sin modales, sin tener piedad en su lengua. Su mirada se enfocaba en el pequeño ser, analizando y recordando sus facciones, parecía como si quisiera aplastarlo con el talón de pie, ante este encuentro, todos los demás regresaron a sus tareas para no meterse en problemas, dejando al pequeño duendecillo lidiar con el señor –La producción robada surgió en el puerto…no entiendo que haces aqui, ¿No deberias de investigar en el puerto?-- más que una pregunta, parecía una orden como si le diera una amenaza.
Ante ese momento incomodo, ese silencio eterno, de pronto una voz chillona provino de la parte superior de la bodega, una joven mujer de tez morena, cabello oscuro y mirada filosa, se acercó al barandal para gritarle al gordo –¡Hey Renato!...¿Dónde están los permisos de exportación de la semana pasada? y ¿Dónde está la orden de pedido de hace tres días? – cuestionó la joven mientras esperaba una respuesta por parte del sujeto, sin embargo, cuando desvió la mirada hacia el pequeñín, pestañeo varias veces mientras comenzaba a sonrojarse levemente –¿Pero quién es esa preciosura?....¡Qué cosa tan divina!..— grito la doncella quien se sintió abrumada al ver semejante marine, semejante hombre, semejante pulga diría.
Renato, por favor, haz que suba el invitado y…– respirando de forma tranquila, miraría con algo de ira al gordo –¡CONSIGUEME ESOS DOCUMENTOS!...-- regresando a su despacho tras cerrar la puerta de un portazo, el gordo simplemente dejó salir un suspiro pesado para luego levantar la palma y apuntar las escaleras que conducía a la oficina de la señora –Sube por ahí…y camina por el único pasillo hasta llegar a la puerta…– con una expresión que indicaba total molestia, el señor regresó a su pequeño escritorio donde comienza a revisar papeles por papeles, hojas con sellos de un vino virtiendose sobre una copa.
Renato
Superior
Bodega

![[Imagen: firmakagura.gif]](https://i.ibb.co/RpjVZL6m/firmakagura.gif)