22-07-2026, 03:23 PM
(Última modificación: 22-07-2026, 03:32 PM por Kiyoshi Maeda.)
[personajeinvalido=3941]
Anteriormente, Kiyoshi observó a dos participantes, siendo estos Juan Sebastián y Kael. Le sorprendió más el primero al poseer una fruta del diablo tipo Zoan, o, como él los conoce, “ser un animal como Eros”. Continuando con la prueba, aparece un tipo cuya fama conoce, pues le han hablado de él en el pasado. — Así que ese es el tipo al que le temía Uker. Realmente su apariencia es intimidante. — En aquel momento, por ignorancia, le quitó importancia a las palabras del cocinero. Sin embargo, en este momento, donde la autoconfianza lucha por mantenerse presente y no desaparecer, sí le da validez a tal temor. Normalmente, no le temería a nadie en términos de fuerza física por tener a Eros de su lado, pero viendo el resultado que tuvo en su prueba, la certeza que poseía anteriormente se ha resquebrajado como si un espejo se trizase tras un golpe.
Entre Sigurd e Ynal, Bai llama su atención. Desvía el rostro hacia ella, quedando impactado al notar que está recibiendo respuesta. Si bien el diálogo no es claro como con otras personas, logra captar la idea que ella le transmite. Confiar en Kibai, eso es lo que debe hacer. Ambos. Si bien apenas será la tercera prueba, esto aún no ha terminado. Deben seguir hacia adelante por aquellos que ya no están: Yuuki, y, aunque no sea de su grupo, más sí de su tripulación, Uker.
El intercambio de ideas no culmina ahí, pues dejando de lado la referencia a su arma, es el pulgar en alto lo que le levanta su ánimo. Sus ojos, normalmente inexpresivos o casi que hasta molestos, se abren más de lo normal, expresando sorpresa. La mano diestra comienza a picarle, deseando responder el gesto, siendo uno no muy normal en él. Aparta dicha extremidad del rifle y la observa, siendo en este momento distraído por un grupo que viene de la zona de pruebas. Raudo y veloz, se gira para encontrarse con el muchacho de traje, aquel que con mucho valor resiste el chorro de aire que busca empujarlo. Él, tal como Kiyoshi, luce como un tipo normal. Eso no parece impedirle dar todo de sí. El grito que soltó hizo que la piel se le ponga de gallina.
Kiyoshi no quiere ser menos.
Vuelve a mirar su rifle, el cual aprieta con ambas manos, confiando en él, confiando en sí mismo. Ahora sí, el pulgar diestro se alza hacia Bai, respondiendo el gesto, e incluso enseña una muy leve sonrisa, siendo este prácticamente un milagro. ¿Cuándo habrá sido la última vez que se le vio sonreír? Ni este humilde narrador lo recuerda, pues parece que, al menos sin la mascarilla que lo oculta, nunca lo ha escrito.
Tras este momento milagroso, sus ojos vuelven a plasmarse en la prueba, observando ahora a Barald, el tipo que conoció antes en la ruta hacia Shandora, aquel que, confiado, declaró que venía a ganar estos juegos. En ese momento, Kiyoshi lo consideró bobo, pues confiaba mucho en la fuerza de su equipo. Eso se destruyó tal la primera prueba, pero gracias a Kevin, cuyo nombre desconoce, el propio Barald, y Bai, comienza a volver en sí.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Y por supuesto, no olvida a Yuuki, quien sembró la semilla que dio paso a una plata cuyo tronco es cada vez más fuerte.
— Mira que hacerme dudar, tontos. — Refiriéndose a Uker y Eros. — En esta isla, por mucho que cueste, debemos mostrar que no somos piratas que han llegado hasta aquí por suerte. — Sobre todo él, considerado por sí mismo el eslabón débil de la tripulación. Tal como le dijo a Eros, quería competir contra él. No solo él, contra todos estos monstruos tan atemorizantes que hay en el evento.
El siguiente en presentarse llama su atención por el atletismo que enseña con saltos y patadas. Kiyoshi ni naciendo de nuevo podría hacer algo como eso. Sus palabras también son difíciles de ignorar, pues en ella siente una confianza y un deseo de dar todo de sí, aún enfrentándose a la adversidad. Y no solo él, seguro que todos enfrentan el mismo obstáculo en su camino. Zhang, el hombre que viene después, enseña clase y fortaleza al unísono, hecho que agrada a nuestro tonto protagonista.
Finalmente, llega el turno de Kibai. El grupo 7, el de ellos con Bai y Yuuki, está necesitado de puntos, por lo que necesitan que el marine consiga una buena posición como sea. Lo ve ahí, de pie, dando todo de sí, con una voluntad inquebrantable como se supone deben tener todos los de que representan su organización. Si bien hoy Kiyoshi se encuentra en la vereda encontraría, hubo un pasado en que los respetó. Ante el regreso del Mink, mientras el último participante se encuentra haciendo la prueba, responde a su actual compañero. — Solo queda tener confianza. — Desafortunadamente, el Dirigente empieza a nombrar uno a uno los puntajes de todos, destacando al primero, que superó al Emperador. Kiyoshi, ante tal información, solo traga saliva. En conclusión: Kibai queda eliminado. — Mierda… Yuuki, Kibai… — Su grupo está contra las cuerdas. Solo queda el último bastión.
— Dilo, ¿qué será la última prueba? ¿Seré otro eliminado o podré enfrentar de cara el destino? — Al escuchar, internamente celebra.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Claro que sí, se sabe desde que el animador lo nombra entre los participantes restantes. Resulta que no solo Kibai, Mahou también está aquí. ¿Acaso Einar…?
— Incluso yo puedo llevarme bien a veces con el tonto destino. — Hizo bien esperando hasta el final, pues su habilidad será puesta a prueba como corresponde. Comienza a abandonar el cubículo, no sin antes dar un último pulgar arriba a Bai. En el camino a la plataforma el nervio vuelve a atacarlo, pues no disfruta de estar en medio de tanta gente. Muchos ojos mirándolo, demasiado ruido. Se ve obligado a utilizar técnicas de respiración que le permitan calmarse y que sus piernas no tiemblen. Eso sí, antes de llegar a la zona de la prueba, pasa cerca del cubículo cuatro, dirigiendo una mirada a Eros. — Mírame. — Palabra que, aunque sea solo mental, seguramente, solo por el gesto, él entenderá.
Ya vio con anterioridad que el Mink más limpio del mundo tampoco participó, por lo que también se presentará en esta prueba de la Certeza. — Lo siento, Varo Ganchin, pero ni siquiera tú serás capaz de vencerme. — Siempre ha tenido muy buena opinión por su compañero, sabiendo reconocer la fuerza y el potencial que hay detrás de esa cobardía que a veces demuestra. Sin embargo, es Kiyoshi el sentenciado para vencer sus mayores miedos.
El motivo por el cual su padre le enseñó a disparar allá, remotamente en el Reino de Briss, fue para que pudiera defenderse aun cuando su cuerpo fue maldecido con una debilidad que se veía imposible de superarlo. Hoy, esa habilidad heredada es la que permitirá proteger el camino que, enseñado por Uker, motivado por Maki, y afianzado por Eros, decidió seguir.
— ¿Por qué no puedo ser un monstruo yo también? — Frente a sus ojos, dos burbujas son creadas como si de lentillas se tratasen. Procede a situarse sobre la raya más cercana (de 250), la que está… Tras este tiempo, su rifle fue siempre sujetado por la mano derecha y apuntando hacia arriba, apoyando el cañón en el hombro del mismo lado. Ahora es que lo toma como corresponde. La culata sigue donde mismo, la mano izquierda sostiene el guardamano para soportar el peso y la diestra busca el gatillo, específicamente con el índice. — ¿Y quién dice que no lo soy? — Afila la mirada, buscando aquella sucia mosca que se mueve como si nada, tras haber abandonado su respectivo Den Den Mushi. — Después de todo, yo soy…
Finalmente, Kiyoshi jala el gatillo. Desde el cañón, una bala perforante, rodeada como es habitual en su estilo por una partícula de jabón, sale disparada con suma potencia hacia el insecto. El poder es tal, que su cuerpo experimenta un efecto de retroceso de cinco metros, viéndose sus pies resbalados por el piso gracias a su habilidad de limpieza. La bala impacta de manera brutal la mosca y desde una distancia considerable.
Dicho en voz alta, justo luego de que el impacto diera lugar y antes de que, espera, el público grite de emoción. El primer integrante de la última prueba ha demostrado su capacidad. Y, una vez más, mira en dirección a su capitán. Se lo dijo, yo sigo aquí.
Aguarda unos segundos en los que el presentador revisa la marca y la distancia para luego dar el resultado; también desactiva sus burbujas. De ahí, se retira de la zona para darle espacio al resto de concursantes. Durante este lapso en que disparó a la vista de todos, el nerviosismo por la multitud y la presión autoimpuesta desapareció. Es más, hasta experimenta una emoción burbujeante dentro de su cuerpo. — Supongo que algo de atención no viene mal de vez en cuando. — Intenta pasar cerca de Varo mientras se aleja. — Es tu turno, tonto. Enséñales lo increíble que eres.
Aún falta escuchar los resultados oficiales, pero paz es lo que ya experimenta el corazón de Kiyoshi. Pase lo que pase, él ha hecho lo suyo.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Anteriormente, Kiyoshi observó a dos participantes, siendo estos Juan Sebastián y Kael. Le sorprendió más el primero al poseer una fruta del diablo tipo Zoan, o, como él los conoce, “ser un animal como Eros”. Continuando con la prueba, aparece un tipo cuya fama conoce, pues le han hablado de él en el pasado. — Así que ese es el tipo al que le temía Uker. Realmente su apariencia es intimidante. — En aquel momento, por ignorancia, le quitó importancia a las palabras del cocinero. Sin embargo, en este momento, donde la autoconfianza lucha por mantenerse presente y no desaparecer, sí le da validez a tal temor. Normalmente, no le temería a nadie en términos de fuerza física por tener a Eros de su lado, pero viendo el resultado que tuvo en su prueba, la certeza que poseía anteriormente se ha resquebrajado como si un espejo se trizase tras un golpe.
Entre Sigurd e Ynal, Bai llama su atención. Desvía el rostro hacia ella, quedando impactado al notar que está recibiendo respuesta. Si bien el diálogo no es claro como con otras personas, logra captar la idea que ella le transmite. Confiar en Kibai, eso es lo que debe hacer. Ambos. Si bien apenas será la tercera prueba, esto aún no ha terminado. Deben seguir hacia adelante por aquellos que ya no están: Yuuki, y, aunque no sea de su grupo, más sí de su tripulación, Uker.
El intercambio de ideas no culmina ahí, pues dejando de lado la referencia a su arma, es el pulgar en alto lo que le levanta su ánimo. Sus ojos, normalmente inexpresivos o casi que hasta molestos, se abren más de lo normal, expresando sorpresa. La mano diestra comienza a picarle, deseando responder el gesto, siendo uno no muy normal en él. Aparta dicha extremidad del rifle y la observa, siendo en este momento distraído por un grupo que viene de la zona de pruebas. Raudo y veloz, se gira para encontrarse con el muchacho de traje, aquel que con mucho valor resiste el chorro de aire que busca empujarlo. Él, tal como Kiyoshi, luce como un tipo normal. Eso no parece impedirle dar todo de sí. El grito que soltó hizo que la piel se le ponga de gallina.
Kiyoshi no quiere ser menos.
Ost de ambientación
Vuelve a mirar su rifle, el cual aprieta con ambas manos, confiando en él, confiando en sí mismo. Ahora sí, el pulgar diestro se alza hacia Bai, respondiendo el gesto, e incluso enseña una muy leve sonrisa, siendo este prácticamente un milagro. ¿Cuándo habrá sido la última vez que se le vio sonreír? Ni este humilde narrador lo recuerda, pues parece que, al menos sin la mascarilla que lo oculta, nunca lo ha escrito.
Tras este momento milagroso, sus ojos vuelven a plasmarse en la prueba, observando ahora a Barald, el tipo que conoció antes en la ruta hacia Shandora, aquel que, confiado, declaró que venía a ganar estos juegos. En ese momento, Kiyoshi lo consideró bobo, pues confiaba mucho en la fuerza de su equipo. Eso se destruyó tal la primera prueba, pero gracias a Kevin, cuyo nombre desconoce, el propio Barald, y Bai, comienza a volver en sí.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Y por supuesto, no olvida a Yuuki, quien sembró la semilla que dio paso a una plata cuyo tronco es cada vez más fuerte.
— Mira que hacerme dudar, tontos. — Refiriéndose a Uker y Eros. — En esta isla, por mucho que cueste, debemos mostrar que no somos piratas que han llegado hasta aquí por suerte. — Sobre todo él, considerado por sí mismo el eslabón débil de la tripulación. Tal como le dijo a Eros, quería competir contra él. No solo él, contra todos estos monstruos tan atemorizantes que hay en el evento.
El siguiente en presentarse llama su atención por el atletismo que enseña con saltos y patadas. Kiyoshi ni naciendo de nuevo podría hacer algo como eso. Sus palabras también son difíciles de ignorar, pues en ella siente una confianza y un deseo de dar todo de sí, aún enfrentándose a la adversidad. Y no solo él, seguro que todos enfrentan el mismo obstáculo en su camino. Zhang, el hombre que viene después, enseña clase y fortaleza al unísono, hecho que agrada a nuestro tonto protagonista.
Finalmente, llega el turno de Kibai. El grupo 7, el de ellos con Bai y Yuuki, está necesitado de puntos, por lo que necesitan que el marine consiga una buena posición como sea. Lo ve ahí, de pie, dando todo de sí, con una voluntad inquebrantable como se supone deben tener todos los de que representan su organización. Si bien hoy Kiyoshi se encuentra en la vereda encontraría, hubo un pasado en que los respetó. Ante el regreso del Mink, mientras el último participante se encuentra haciendo la prueba, responde a su actual compañero. — Solo queda tener confianza. — Desafortunadamente, el Dirigente empieza a nombrar uno a uno los puntajes de todos, destacando al primero, que superó al Emperador. Kiyoshi, ante tal información, solo traga saliva. En conclusión: Kibai queda eliminado. — Mierda… Yuuki, Kibai… — Su grupo está contra las cuerdas. Solo queda el último bastión.
— Dilo, ¿qué será la última prueba? ¿Seré otro eliminado o podré enfrentar de cara el destino? — Al escuchar, internamente celebra.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Claro que sí, se sabe desde que el animador lo nombra entre los participantes restantes. Resulta que no solo Kibai, Mahou también está aquí. ¿Acaso Einar…?
— Incluso yo puedo llevarme bien a veces con el tonto destino. — Hizo bien esperando hasta el final, pues su habilidad será puesta a prueba como corresponde. Comienza a abandonar el cubículo, no sin antes dar un último pulgar arriba a Bai. En el camino a la plataforma el nervio vuelve a atacarlo, pues no disfruta de estar en medio de tanta gente. Muchos ojos mirándolo, demasiado ruido. Se ve obligado a utilizar técnicas de respiración que le permitan calmarse y que sus piernas no tiemblen. Eso sí, antes de llegar a la zona de la prueba, pasa cerca del cubículo cuatro, dirigiendo una mirada a Eros. — Mírame. — Palabra que, aunque sea solo mental, seguramente, solo por el gesto, él entenderá.
Ya vio con anterioridad que el Mink más limpio del mundo tampoco participó, por lo que también se presentará en esta prueba de la Certeza. — Lo siento, Varo Ganchin, pero ni siquiera tú serás capaz de vencerme. — Siempre ha tenido muy buena opinión por su compañero, sabiendo reconocer la fuerza y el potencial que hay detrás de esa cobardía que a veces demuestra. Sin embargo, es Kiyoshi el sentenciado para vencer sus mayores miedos.
El motivo por el cual su padre le enseñó a disparar allá, remotamente en el Reino de Briss, fue para que pudiera defenderse aun cuando su cuerpo fue maldecido con una debilidad que se veía imposible de superarlo. Hoy, esa habilidad heredada es la que permitirá proteger el camino que, enseñado por Uker, motivado por Maki, y afianzado por Eros, decidió seguir.
— ¿Por qué no puedo ser un monstruo yo también? — Frente a sus ojos, dos burbujas son creadas como si de lentillas se tratasen. Procede a situarse sobre la raya más cercana (de 250), la que está… Tras este tiempo, su rifle fue siempre sujetado por la mano derecha y apuntando hacia arriba, apoyando el cañón en el hombro del mismo lado. Ahora es que lo toma como corresponde. La culata sigue donde mismo, la mano izquierda sostiene el guardamano para soportar el peso y la diestra busca el gatillo, específicamente con el índice. — ¿Y quién dice que no lo soy? — Afila la mirada, buscando aquella sucia mosca que se mueve como si nada, tras haber abandonado su respectivo Den Den Mushi. — Después de todo, yo soy…
Finalmente, Kiyoshi jala el gatillo. Desde el cañón, una bala perforante, rodeada como es habitual en su estilo por una partícula de jabón, sale disparada con suma potencia hacia el insecto. El poder es tal, que su cuerpo experimenta un efecto de retroceso de cinco metros, viéndose sus pies resbalados por el piso gracias a su habilidad de limpieza. La bala impacta de manera brutal la mosca y desde una distancia considerable.
Después de todo, yo soy el tonto subcapitán de los Sepultura.
Dicho en voz alta, justo luego de que el impacto diera lugar y antes de que, espera, el público grite de emoción. El primer integrante de la última prueba ha demostrado su capacidad. Y, una vez más, mira en dirección a su capitán. Se lo dijo, yo sigo aquí.
Aguarda unos segundos en los que el presentador revisa la marca y la distancia para luego dar el resultado; también desactiva sus burbujas. De ahí, se retira de la zona para darle espacio al resto de concursantes. Durante este lapso en que disparó a la vista de todos, el nerviosismo por la multitud y la presión autoimpuesta desapareció. Es más, hasta experimenta una emoción burbujeante dentro de su cuerpo. — Supongo que algo de atención no viene mal de vez en cuando. — Intenta pasar cerca de Varo mientras se aleja. — Es tu turno, tonto. Enséñales lo increíble que eres.
Aún falta escuchar los resultados oficiales, pero paz es lo que ya experimenta el corazón de Kiyoshi. Pase lo que pase, él ha hecho lo suyo.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Lávense las manos
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Hablo | Pienso
