22-07-2026, 07:22 AM
Las genuinas expresiones de Akira brindaron en su momento, un motivo para reír al castaño. Era grato para él ver a alguien tan genuino y transparente con sus emociones. “Dalo por hecho, bro.” Respondió con tono pícaro a sabiendas de lo malhumorada que era la mujer de cabellera rosa con los de azul.
Pasado el tiempo, tanto Ryota como Akira consiguieron evitar que el gigantón presenciara otro encuentro romántico protagonizado por uno de los integrantes del grupo, pues solo Dios sabía lo que podría ocurrir si el vikingo le veía triunfar tanto en el juego como en el amor.
Y finalmente, la prueba terminó junto con la canción del Keytar, que no ayudó en mayor ni menor medida al novio de su amigo. Una pena, sin embargo, el dirigente tomó las riendas de la situación proclamando a los ganadores.
El nombre de Shin encabezaba una lista seguido por el hombre águila y la mujer cebra que demostraron una increíble velocidad en sus pruebas. A continuación, los vítores del público ovacionaron al de hebras blanquecinas, tal como lo hicieron con Runin en la prueba anterior, ajenos al sentimiento de impotencia que se cernía sobre quienes eran descalificados.
La primera de los Hanu Mahana abandonaba la arena producto de la derrota. Su semblante se mostró animado saludando a los suyos y al público, pero cualquier persona podría entender la sensación del fracaso. “Tranquila, lo hiciste genial.” Pensó a medida que la observaba alejarse.
Entonces el próximo evento fue presentado. Los extraños artefactos a los que ya todos estarían acostumbrados volvieron a presentarse bajo una capa de misticismo y humo. En esta ocasión se trató de unas extrañas estructuras verticales, similares a potros de salto, que portaban en la parte superior una caracola de tonos celestes y, en su base, el característico den den mushi con casco, ya frecuente en las máquinas de la prueba.
Ryota quedó perplejo ante lo expresado por el dirigente. “¿Un soplador?” Se preguntó, tratando de identificar alguna hélice que pudiera impulsar el viento. “¿Que? ¿Sale de la caracola?” Le fue sorpréndete entender que la encargada de generar el aire capaz de empujar a los participantes sería esa pequeña caracola, presentada en diferentes colores y versiones durante el transcurso del evento. “Son bastante útiles esas cosas…” Se dijo, ignorante a las verdaderas capacidades de cada una.
Sin previo aviso, la voz de Akira resonó en el cubículo del grupo ante la imagen del primer participante.

“¿Ese es Juan?”
Pregunto a Akira sorprendido.
“¿Juan es una tortuga? debió costarle mucho hacer los guantes con esas patitas... deberías cuidarlos más Akira.” Al jamás haber conocido a Juan en su forma de crustáceo, Ryota ignoraba que se trataba de un usuario zoan al llegar ya transformado hasta la máquina de pruebas. “Qué loco…” Elogió el ímpetu del reptil al igual que el impecable funcionamiento de la máquina, mientras los vientos huracanados comenzaron a desatarse y el animal de caparazón se erigía como un verdadero bastión ante la adversidad.
Aplausos de admiración salieron de las manos del pirata, que aún no podía creer cómo una tortuga conseguía llegar tan lejos en la vida. Un verdadero sinónimo de lucha ante las circunstancias de la vida.
A continuación, el gigantesco miembro del equipo seis avanzó frente a los demás. Había llegado su momento de participar, así que, con un rápido revés de la mano, soltó el cinto y dejó caer las pesadas armas que llevaba consigo.
Ryota vio su visión obstruida por la fina madera tallada de un martillo que era tan grande como él. “Waos.” Expreso, para luego moverse a un costado y elevar su dedo pulgar en ánimo para el grandote. “Destrózalos…” Palabras de buena fortuna tras las de Shin informando que se haría cargo de las armas y las porras de Akira. “No literalmente obvio, si los atacas te sacan y capaz perdemos todos.” Termino aclarando por si las.
Los pasos del coloso lo llevaron finalmente hasta el lugar donde haría la prueba. Previo a este, a escasos instantes, un elegante hombre de uniforme y cabellos negros también se presentaba, consiguiendo una impresionante calificación. La cual por sí sola, superó a la que consiguió el miembro del equipo seis.

La mirada de Ryota no reaccionó, se mantuvo firme en dirección al vikingo, observándole ceder ante las fuertes corrientes de aire y levantarse con aparente desdén. La actitud que presenció, podía entenderla, era la misma sensación de impotencia vivida al no conseguir lo esperado, no obstante, el resultado lo colocaba en tercer lugar.
“Qué aburrido…” Pensó acompañado de un suspiro, pues la sola idea de llevar una carga tan absurda sobre los hombros le era tediosa.
Shin fue el primero en tomar la palabra, pidiendo a Akira y Ryota que le dieran espacio antes de que llegara. ¿Acaso esos dos tenían tan alterada la percepción de la realidad debido a sus egos? ¿Solo les servía el primer lugar de las pruebas iniciales?

“Man… pero si va en tercer lugar…”
Expreso de manera no irónica, viendo cómo Akira se levantaba en halagos hacia el gigantón que llegaba junto a ellos. “Dale, Sigurd, sonrie un poco, hombre, el segundo de los perdedores no está tan mal.” Dio la bienvenida sin la más mínima empatía por su “dolor”, tan solo no podía entender el desgano de quedar tercero en una prueba de la que se enteraron hace apenas unos instantes.

“Si te pones tan serio por un tercer lugar, las chicas pensarán que eres un amargado y veo varias chicas lindas con alas negras en las gradas.”
Se quejó para luego aplaudir ligeramente en felicitación al bucanero. “Solo hay que cruzar los dedos para que nadie más supere la marca, venga, ayudemos todos para que el resto pierda.” De allí en adelante, cada vez que uno de los competidores contrarios se presentó, Ryota imitó su ritual de buena suerte, pero en una versión negativa.

“Cáete, pierde, tropiézate, ahógate con tu saliva…”
Cargaba con todas las fuerzas de su ser energía negativa juntando sus manos a la altura de la cadera y luego las extendía en dirección a ellos. El primero en sufrir por la maldición Miyamoto sería el agradable hombre con traje. “Lo siento, se nota que lo estás dando todo y quizás pudimos haber sido buenos amigos, pero ahora debes perder…” Pensó al tiempo que enviaba sus vibraciones negativas con ambas manos juntas en dirección a Kevin. “No lo animes, Akira, queremos que pierda, no que gane.” Regañó al rubio. Si bien Ryota no era la clase de persona que se desmotivara por no ser el más guay del salón, si era muy ambicioso y esperaba ganar los juegos para llevarse la maldita casa de oro.
Aunque, cuando Barald fue a presentar la prueba, omitió su maldición. Nunca iría en contra de uno de los suyos. “¡Vamos, bro! ¡Tú puedes!” Alentó al espadachín negro con todas sus fuerzas. Si bien sabía que las cualidades del mismo no eran las indicadas para una prueba como esa, no dejó de animarlo hasta el final. “¡Eres un chingón, mi chingón! ¡Te soplo sin aviso! ¡Le destrozarías en una pelea real!” Grito en aliento para su amigo cuando la prueba terminó.
A los siguientes participantes, el elegante gyojin de traje y el mink burro, pese a que parecían sujetos agradables y reconocibles, sí que les lanzaría la maldición Miyamoto recién inventada.

“Estornuda, recuerda que tiraste las llaves, que te pique un webo…”
Susurraba para que el dirigente no lo escuchara, pues el combate psicológico también podría ser tomado como una especie de agresión, aunque tan solo parecía un loquito con los brazos extendidos. “Waos… esto en serio está funcionando, ¿no?” Expreso sorprendido tras ver cómo cada uno de los participantes no había logrado superar la prueba del rubio hasta el momento.
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