[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Su regreso al cubículo seis no pudo ser de otra manera, incluso y si esperaba algo más pacífico, donde pudiese recostarse un rato y reservar energías de cara a la siguiente fase de los eventos deportivos. Raito lo recibió levantándolo sobre sus hombros, y en la efusividad del momento Hasegawa se dejó llevar, elevando vitoreos desde las alturas y bajándose a los pocos segundos, otra manera de celebrar lo que en principio, fue un desempeño excepcional incluso sin la finalización de las pruebas, permitiéndose interactuar con sus compañeros antes de echarse en el suelo.

Las felicitaciones de Miyamoto le hicieron levantarle el pulgar a modo de respuesta, sonriéndole con los ojos cerrados, un gesto genuino que enaltecía las intenciones del marine, totalmente dispuesto a abandonar las diferencias en lo que durase aquel evento y quizás, un poco más, pues el capitán de los Hanu Mahana no le estaba cayendo mal. A diferencia del Carnicero de Whisky Peak, cuyo título referenciaba una matanza en la susodicha isla, desconocía que clase de crímenes podrían llevar a un tipo relajado y buena onda como Ryota a ser catalogado como pirata.

Aquello le interesaba, y bastante.

El más bajito de los rubios referencia la utilidad de unos corazones, y es Miyamoto quien le dice que es un poder genial, digno de envidiar. Shin, mientras tanto, se centra en Haakon, quien reconoce haberse quedado sin palabras luego de su demostración, revelando sus deseos a futuro si llegaban a combatir. —Dicen que soldado que huye sirve para otra guerra... —se encoge de hombros mientras el contrario da un paso al frente, exponiendo su enorme tamaño, aunque por supuesto que no iba a dejar la frase ahí —Pero yo no lo haría, menos sin ver motivos suficientes para siquiera considerarlo, ¡hahaha! —ríe al mismo tiempo que el pirata tras responder a su comentario ácido, sonando forzado y haciendo que ese tono vuelva más punzante su despreocupación por Sigurd. Jamás mostraría miedo, si de caso respetaría su fuerza, al final aquel sujeto tenía una reputación que mantener y dudaba que todo ese renombre no estuviese debidamente justificado.

Ya recostado en el suelo, pudo ver al hombre capaz de transformarse en araña hacer ese gesto típico con sus manos deseándoles suerte a los dos integrantes restantes del equipo seis, sacándole una nueva sonrisa, porque eso le había gustado. No iba tardar en hacérselo saber, levantando una de las manos que se llevó a la cervical y agitándola en dirección al cielo —¡Oye, RyoRyo! ¡Me gusta eso, queda adjudicado! —como acababa de hacerlo, entendería a qué se refería, no necesitando mucho más para volver a su postura de relajación, desde donde pretendía disfrutar el resto del show en la prueba donde había competido.

Fueron tres participantes adicionales, empezando por el silencioso Moja exhibiendo habilidades de lo más interesantes. Aunque no llegó a identificar con exactitud la velocidad máxima que alcanzó, sí se hizo notar en el ambiente, mostrando que la rectitud de aquel marine era sólo la puerta al mundo que podía representar.

Se le veía fuerte, entrenar con él y descubrir hasta qué punto podía llegar se convirtió en un objetivo.

Un buccaneer considerablemente más bajito que los otros dos tomó su turno. Lo reconoció de inmediato, era el hombre que estaba junto a Merlot en las gradas, Shin abrazó su lado competitivo y se inclinó hacia delante con tal de prestarle suma atención a su prueba, y aunque por dentro sabía sobre la imposibilidad de que siquiera lo alcance, la sonrisa en sus labios denotando una buena dosis de ego se hizo presente cuando en las sensaciones generales resultó evidente que quedó muy por debajo de su marca, volviendo a recostarse en el suelo.

Ese mismo impulso volvió, aunque más apaciguado, al momento de ver que el mismísimo Enji se pondría a prueba en en aquel desafío. —Si pierdes, será uno a medio punto, Tenryuu... —susurró para sí mismo, aún recordando el día en que, siendo un principiante con su akuma, fue fácilmente vencido por el Capitán marine. Y si bien, tuvo un desempeño digno de respetar, la marca que se llegó a apreciar indicaba lo evidente, también quedó por debajo de su puntuación. —Ja, cada día más cerca del empate. —todavía no tuvo la oportunidad de pedirle una revancha, pero se armaría de paciencia, en algún momento encontrarían el espacio en las agendas. Con ese pensamiento, soltó un largo suspiro.

Y justo cuando iba a relajarse, volvió a verla.

Esa cabellera rosada impregnó de vida lo que sus ojos percibían. Como acto reflejo, se quitó las gafas de sol, guardándolas en el bolsillo interior de su chaqueta, poniéndose de pie a medida que seguía su andar hacia el centro de la arena, donde se iba a realizar la prueba. Observó su silueta, reconocible desde el día en que ella lo llevó a nadar, las escamas a su espalda y la preparación previa a finalmente competir. Sin darse cuenta, sus labios se habían entreabierto, enmudeciendo al pequeño coliseo y aislándolo de sus compañeros, algo difícil considerando lo ruidosos en el buen sentido del concepto que podían llegar a ser.

Ese mismo color fue lo que la hizo distinguible, incluso luego de la transformación. Se le escapó una pequeña risilla, porque obvio, si se había convertido en pirata, tenía que haber consumido una fruta del diablo.

Soltó un nuevo suspiro, negándose a creer que Merlot hizo cosas a la altura de su recompensa, obligándose a centrarse en la forma de cebra que exhibía, y el galopeo casi fugaz hasta el otro extremo, punto donde se desveló el increíble puntaje que había obtenido. Shin aplaudió mientras silbaba, un claro apoyo a las increíbles nuevas habilidades de Merlot, quien buscaba deslumbrar al palco real con sus innegables encantos, luciendo otra vez como siempre.

Y aquel relato fugaz podría haberse terminado ahí, en el saludo de la chica al público mientras acomodaba el tanto, dando pie a otro participante. Sin embargo, de manera gradual empezó a entender que María no volvía a su cubículo, esa mirada pícara e inocente estaba cada vez más cerca, como esperó tantísimo rato en el festival de arroz y luego, esos dos largos años entre curiosas sensaciones de incertidumbre por perderse una oportunidad única de entender si la conexión que experimentaron significaba algo.


Sus pasos se siguieron contando, hasta dejarla a un escaso metro de distancia.

Como si la gravedad hubiese tirado de ambos durante todos esos días sin verse...

...hasta volver a depender de una coincidencia.

'¿Te gusta el arroz, Malvavisco?'

El oro comenzó a deshacerse cuando la escuchó, abandonando las estructuras de Shandora. El coliseo se deshizo, deformando su imagen, cayendo hasta la nada a medida que nuevos sonidos llegaban hasta él. Oleajes, gaviotas de fondo, el aroma a sal de una playa que atestiguó algo tan mundano como dos personas coexistiendo en el mismo lenguaje, incluso cuando estaban en completo silencio, descubriendo el mundo debajo del mundo.

Quizás, aquella cita pendiente dejó una parte de su tiempo en pausa perpetua. Y quizás, por esa misma razón, la impredecible María Merlot volvía a sus recuerdos con una insistencia que muy pocas personas habían conseguido a lo largo de su vida, porque mientras repetía las últimas palabras que le dijo aquella vez, todo volvía a cobrar forma, desde esa misma arena que pisaron descalzos, hasta el camino que los llevó por encima del cielo, con cada nueva aventura formando otras tantas cicatrices.

Y sobre todo, nuevas sonrisas.

Los segundos volvían a correr. ¿O se estaban deteniendo en un nuevo punto? Durante instantes, hasta algo así de sencillo le resultó extraño, perdiéndose en las palabras de María, en sus ojos, sus confesiones. La dejó hablar, preguntarle si sabía lo mejor de su nueva vida, y ofrecerle la respuesta sin tener que pasar por su propia voz contestándole, sintiendo las manos ajenas en su pecho, y su mirada más cerca que nunca.

Le dedicó un ejemplo sencillo y decidió recibirlo, aún enmudecido. Sus ojos cerúleos reflejaron la cercanía que se atrevió a reclamar, casi rozando ambos labios, llegando a pensar que iba a robarle un beso y llevándolo hasta la sorpresa, aunque finalmente entendiendo que quizás, era otro de sus juegos, pues subió otro poco y besó con una suavidad única la punta de su nariz. Sus manos tocaron los hombros contrarios, como si quisiera retener el pasar del tiempo un poco más, frenarla y empezar con sus tonterías, contarle lo mucho que le costó llegar a Skypiea, y cuánto perdió en el proceso.

Pero rápidamente entendió que las cosas jamás serían así.

Al menos, no en ese momento.

'… eso fue increíble, Malvavisco. ¿Acaso hay algo que no hagas bien?

Ignoró la pregunta, porque ella se separó, dejándole poco margen para elegir una de las tantas cosas que le habría gustado decir en su compañía. Quizás por fin encontró a alguien capaz de ganarle en velocidad, una distinta. —Me gusta el arroz, sí. Sobre todo cuando la única persona con la que realmente quise compartirlo no me deja plantado. —su sonrisa vuelve a brillar, una reminiscencia de la alegría sin condiciones que lo rodeaba en sus días aprendiendo sobre Isla Karate, un poco lejos de sus propios demonios. Una rutina que parecía repetirse siempre que ella se acercaba, irrumpiendo en su espacio sin pedir permiso, y cegando a los ojos fantasma.

—Eres terriblemente mala robando besos, María. Tendré que enseñarte cuando todo esto termine. —esas palabras sonaron más dulces de lo que le habría gustado, desvelando de manera indirecta un creciente deseo porque se hubiese detenido en un punto distinto segundos atrás. —La próxima vez, no dejaré que te escapes. —afirmó, dejándola marchar. —Al menos no por tanto tiempo. —palabras soltadas junto a un suspiro, a medida que esa silueta volvía a perderse de su mirada, dejándolo en su cubículo, repleto de pensamientos que no sabía donde ordenar. Sólo le quedaba volver a acostarse en el sitio que había elegido mientras los chicos parecían pelearse entre ellos, con Akira arrojado hacia Sigurd y este último apartándolo, pero la mente de Hasegawa permanecía en otro lugar, y no distinguía del todo cuál era exactamente a medida que se dejaba caer, acomodándose.

'¿Dónde estuviste toda mi vida?'

Un silencio vacío inundaba su mente.

'¿Acaso hay algo que no hagas bien?'

—Supongo que llegar a tiempo.

A solas en su espacio personal contestó esa halagadora pregunta retórica, sonriendo con cierto deje de resignación en el resto de su expresión. Volvió a colocarse las gafas de sol y se quedó observando el cielo, ignorando al mundo durante un rato, completamente sumergido en una inmensa cascada de recuerdos, como si hubiesen nadado juntos otra vez. Tardó en darse cuenta de que se había perdido al último participante, y su desfachatez característica volvió a aparecer.

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—Bueno, no importa. De todas formas, ya gané.

Cerró los ojos algunos minutos, escuchando los anuncios con una paz inexplicable.

— ¡¡HASEGAWA SHIN ES EL GANADOR INDISCUTIBLE DE ESTA PRUEBA!! —

Aquello no pareció cambiarlo en absoluto.



El calor del público lo trajo gradualmente al presente, en donde procesó su victoria abultada con una sonrisa orgullosa. Seguía pensando en Merlot, sí, pero también se permitió regocijarse un poco en lo que consiguió, porque no todos los días se compite de esa forma en el cielo.

Ante todo, el show debe continuar, una lección aprendida en el mundo del espectáculo, y llevada a cabo por el Dirigente, quien tras lo sucedido en la prueba de Céfiro dio lugar al desafío del Bastión, liberando otra de esas cápsulas que dejaban curiosas humaradas antes de la aparición del contenido que guardaban. Eran artefactos extremadamente útiles, se preguntaba como se podrían fabricar...

El caso es que, con el nuevo escenario montado en forma de potros de salto y diales junto a otro Den Den Mushi, se desveló que se trataba de una prueba centrada en la resistencia, y sus ojos volvieron a fijarse en el gigante de siete metros que tenían en el equipo. En completo silencio vio a la tortuga identificada como Juan Sebastian en el centro de la arena, y luego se puso de pie para apreciar y tratar de soportar la presión de aire junto a su amigo al momento en que este ingresó al campo. Le deseaba lo mejor, sí, pero al mismo tiempo quería ganar, por ello no discutió la decisión del Carnicero de Whisky Peak, prácticamente pensando lo mismo que él.

—¡Sí, sí! ¡Yo te los cuido! —exclamó el albino, en referencia a los cuatro martillos de Haakon. Se los quedó mirando en vez de al buccaneer cuando se fue, tratando de dimensionar a cuantas personas habrá matado con ellos, y observándolo de vuelta, con un fuego particular en su mirada.

Todo lo que sucede a continuación es un relato que se narra por sí solo. Los dos en la prueba del bastión que estaban a la cabeza, eran Juan y Kael, superando de manera considerable a un Sigurd que maldijo su "derrota" ante los miembros de la marina. Shin, antes de que aquella mole volviera, advirtió a sus compañeros —Denle espacio. —ni más, ni menos, aunque lastimosamente Akira no pareció leer el momento, ofreciéndose a tomar unas cervezas con él. ¿No se da cuenta que eso acabaría con él muerto? En fin, luego se lo diría.

Por ahora, se mantuvo firme en el cubículo seis, observando el desarrollo de la prueba, el recuento de puntos y claro, como iba quedando Haakon en relación al resto. Él ya había hecho todo lo que pudo por el equipo seis, ganando su desafío, y quería terminar en el puesto número uno, su espíritu competitivo se lo demandaba. No le hacía tanta gracia depender de otros, pero tampoco es que le quedaran más opciones —Ve preparándote, Akira. Si vas a la siguiente te quiero concentrado, porque esto está muy reñido. —aseguró, hablándole al rubio con una actitud más relajada y seria, sin quitar los ojos de encima detrás de las gafas a lo que iba sucediendo en el la arena, el punto central de los Juegos del Soberano.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
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Energia: 3471 - 375 = 3096
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