21-07-2026, 09:00 PM
Durante la prueba, no se había podido percatar, ya que había estado atento, pero pronto reconoció la voz que se había presentado como Miyori. Que le brindara esos ánimos le había dado una fortaleza inesperada. Por ello, al finalizar la prueba, buscó entre los cubículos con la mirada, sacudiendo la mano en señal de gratitud y agradecimiento silencioso y, por supuesto, también buscó entre el resto, al propio Tezca, a quien le resultó más difícil de ubicar, sin oportunidad de verlo. ¿En qué prueba asistiría él? ¿Cómo estarían el resto de las pruebas? ¿Qué tipo de pruebas les esperaban?
Pronto los resultados fueron entregándose, uno a uno. Había sido inesperado, pero cumplió con lo prometido que era, sin lugar a dudas, pasar la prueba. Descendió la mirada hacia sus propios pies, viendo las botas que todavía poseía. Debería devolverlas, no quería deber favores a nadie, mucho menos en su posición actual. El primero en “felicitarlo” (aunque fuera en tono de burla) había sido el propio Juan, aquella tortuga que había logrado aceptar su cigarrillo. Sonrió de medio lado, con el mismo aire burlón en su dirección.
No fue lo mismo de parte de Stroud, quien se mostraba incluso más frío de lo que solía ser él. No le molestaba, pero aquella mosca tras la oreja, y más al ver al Mink, le seguía rondando por la cabeza. ¿De qué le resultaba familiar? Es algo que ya pensaría más adelante. Por ahora enfocaría la mirada en la única mujer del equipo, contemplándola. ¿Las manos le temblaban? Podía ver una leve vibración en algo que sostenía entre sus manos. Buscó hacia atrás con la mirada, no percatándose de la situación que pudiera determinar aquel repentino nerviosismo. ¿Quizás era por la siguiente prueba? Volvió la mirada al frente, con los ojos fijos en la mujer de nuevo, descendiendo la mirada hacia la muchacha.
Claro que, al no haber ofrecido su nombre, seguiría llamándola de ese modo. Se agachó, con una rodilla al suelo y la otra elevada, para así retirarse una de las botas, repitiendo el gesto a la inversa para retirar la otra y, así, devolver aquello que se le había entregado. —Su ofrecimiento fue de mucha ayuda, señorita. Realmente me han ayudado muchísimo con la prueba, estoy agradecido. — Le acercó las botas al lado de sus piernas, escuchando ahora, una vez más, al Dirigente presentar la siguiente prueba.
Antes de nada, decidió que, al igual que vio a alguien de fondo, él también iba a dar un paseo corto. —Ya regreso. — lo extrañaba, y sabiendo que se encontraría entre alguno de los cubículos, era mejor que estarse quieto en un lugar tan lleno de Marines. Un pequeño respiro no haría daño a nadie. Miró entre los cubículos, hasta al fin cruzarse con la característica y tan amada melena rubia. Le sonrió con calidez, sin prestar atención a los otros tres, al menos inicialmente. Quién sabe si se iba a arrepentir...
Ahora sí, miró a los que parecían acompañarlo a la prueba. Reconoció a dos de los tres que parecían estar allí, especialmente a Enji y Ubbe. Al tercero, de cabello oscuro y cicatriz, no le resultó familiar. —Un placer. Espero que se estén divirtiendo con los Juegos, caballeros. Solo pasaba a saludar, espero no ser demasiado molesto. Prometo irme pronto. Soy Onizuka Jin. — Aunque lo habrán reconocido de la prueba que realizó con Enji, a quien se le acercó a extender la mano. —Un excelente proceso de prueba, señor Marine. Me ha dejado sin palabras. — No planeaba hacer mención de su conocimiento, y lo mejor era, por si acaso, fingir desconocimiento y esperaba que por su parte fuera igual.
No planeaba quedarse demasiado tiempo, como bien había prometido. Fuera cual fuere la interacción de los habitantes de ese cubículo, se despediría poco después de poco tiempo acompañando al rubio y, finalmente, regresaría al suyo propio. Una vez allí, saludó de vuelta a los acompañantes Marines que le hacían equipo con él. —Disculpen, necesitaba dar un paseíto corto. — Posicionó su diestra en el bolsillo, retirando del interior una vez más su cajita de metal. Menos mal que tenía de sobra. Retiró uno de los cigarrillos, encendiéndolo con el mechero.
Para entonces, Juan era quien se había adelantado, caminando con unos nervios que, incluso desde la distancia, pudo apreciar. Un tic cayó entre sus cejas al verlo tropezarse de forma torpe e incluso intentar fumar de un cigarrillo que, claramente, estaba más que apagado tras semejante caída. ¿Realmente sería capaz de superar esa prueba?
Suspiró, mirando de reojo a sus compañeros, pero decidió elevar un poco el tono para ver si lograba calmarlo.
No sabía si era o no un adicto, pero el gesto de buscar el cigarrillo fue suficiente para pensar en la eficacia de esas palabras. ¿Lo haría o no? Se cruzó de brazos, contemplando fijamente a la tortuga, quien al fin hizo la mención de la palabra “Tsuki-Tsuki” y vio el viento correr en su dirección. Al inicio, el viento parecía suave, como una brisa, lento, hasta fácil. Lentamente la fuerza fue escalando, el viento revolviendo incluso con más energía lo que habría alrededor de la tortuga. El tiempo que pudo estar esa tortuga fue, de hecho, digno de admirar. ¿Qué tanto había podido soportar allí? ¿Cómo era posible? Aguantaba increíblemente bien, aparentemente ese aspecto no era solo por casualidad. Eso había resultado ser fascinante de ver.
El siguiente participante resultaba ser otro Marine... ¿Se puede saber cuántos más había en esos juegos? La cantidad era absurda... Hasta ahora parecía haber visto más Marines que cualquier otro... Y no solo eso, también parecía conocer a Juan, quien le había brindado ánimos. A él no lo conocía tampoco de absolutamente nada. Dio una larga calada, atento al frente, sin perder detalle. En el caso de ese moreno de cabello largo sí parecía ceder mucho más rápido que el propio Juan, pero algo que él mismo sabía que no habría podido soportar.
Prosiguió alguien a quien recordaba, mas no su nombre. Aquel que se atrevió a confrontar a su Jefe actual y el segundo, cuando cayeron en otra dirección. Su prueba fue también algo que resultaría difícil para sí mismo. Expulsó el humo de sus pulmones, con la mirada puesta en la prueba.
Ahora era turno de otro desconocido. ¿Era quizás un civil? Tampoco conocía a nadie, ni a muchos Marines. Se quedó con la mirada fija, hacia el concursante, quien aguantó también poco a diferencia de los dos anteriores. El que sí le pareció de interés fue la aparición de Barald, sonriendo de medio lado, ahora más atento al hombre que salvó a su tan ansiado amado. Respiró, ¿tendría la capacidad de resistencia de los demás? ¿O podría soportarlo? Lo recordaba de hacía unos años como un muy buen espadachín. La prueba fue dura para él, algo que, por desgracia, esperaba. Esa prueba no estaba hecha ni para ese varón, y él mismo estaba seguro de no poder lograr un mejor resultado.
—¡BARALD! ¡LO HICISTE BIEN!
El intento de ese hombre, incluso a sabiendas de que podría ser derrotado, era digno de mención. Elevó el pulgar en su dirección, sin saber si lo habría escuchado o no. Era más que suficiente. El nuevo participante, cómo no, era otra persona que desconocía por completo y también pareció hacerlo de forma sorprendente. Asintió con la cabeza, con seguridad, y sorpresa. Estaba seguro de que él ni siquiera llegaría tan lejos como aquellos participantes. ¿Quiénes iban a ser los próximos?
Pronto los resultados fueron entregándose, uno a uno. Había sido inesperado, pero cumplió con lo prometido que era, sin lugar a dudas, pasar la prueba. Descendió la mirada hacia sus propios pies, viendo las botas que todavía poseía. Debería devolverlas, no quería deber favores a nadie, mucho menos en su posición actual. El primero en “felicitarlo” (aunque fuera en tono de burla) había sido el propio Juan, aquella tortuga que había logrado aceptar su cigarrillo. Sonrió de medio lado, con el mismo aire burlón en su dirección.

—Por supuesto, cumplí mi objetivo que era pasar la prueba. ¿Esperaba acaso menos?
No fue lo mismo de parte de Stroud, quien se mostraba incluso más frío de lo que solía ser él. No le molestaba, pero aquella mosca tras la oreja, y más al ver al Mink, le seguía rondando por la cabeza. ¿De qué le resultaba familiar? Es algo que ya pensaría más adelante. Por ahora enfocaría la mirada en la única mujer del equipo, contemplándola. ¿Las manos le temblaban? Podía ver una leve vibración en algo que sostenía entre sus manos. Buscó hacia atrás con la mirada, no percatándose de la situación que pudiera determinar aquel repentino nerviosismo. ¿Quizás era por la siguiente prueba? Volvió la mirada al frente, con los ojos fijos en la mujer de nuevo, descendiendo la mirada hacia la muchacha.

—Las pruebas saldrán bien. Mi puesto no significa una derrota, señorita Marine.
Claro que, al no haber ofrecido su nombre, seguiría llamándola de ese modo. Se agachó, con una rodilla al suelo y la otra elevada, para así retirarse una de las botas, repitiendo el gesto a la inversa para retirar la otra y, así, devolver aquello que se le había entregado. —Su ofrecimiento fue de mucha ayuda, señorita. Realmente me han ayudado muchísimo con la prueba, estoy agradecido. — Le acercó las botas al lado de sus piernas, escuchando ahora, una vez más, al Dirigente presentar la siguiente prueba.
Antes de nada, decidió que, al igual que vio a alguien de fondo, él también iba a dar un paseo corto. —Ya regreso. — lo extrañaba, y sabiendo que se encontraría entre alguno de los cubículos, era mejor que estarse quieto en un lugar tan lleno de Marines. Un pequeño respiro no haría daño a nadie. Miró entre los cubículos, hasta al fin cruzarse con la característica y tan amada melena rubia. Le sonrió con calidez, sin prestar atención a los otros tres, al menos inicialmente. Quién sabe si se iba a arrepentir...

—Tezca. ¿Cómo lo estás llevando?
Ahora sí, miró a los que parecían acompañarlo a la prueba. Reconoció a dos de los tres que parecían estar allí, especialmente a Enji y Ubbe. Al tercero, de cabello oscuro y cicatriz, no le resultó familiar. —Un placer. Espero que se estén divirtiendo con los Juegos, caballeros. Solo pasaba a saludar, espero no ser demasiado molesto. Prometo irme pronto. Soy Onizuka Jin. — Aunque lo habrán reconocido de la prueba que realizó con Enji, a quien se le acercó a extender la mano. —Un excelente proceso de prueba, señor Marine. Me ha dejado sin palabras. — No planeaba hacer mención de su conocimiento, y lo mejor era, por si acaso, fingir desconocimiento y esperaba que por su parte fuera igual.
No planeaba quedarse demasiado tiempo, como bien había prometido. Fuera cual fuere la interacción de los habitantes de ese cubículo, se despediría poco después de poco tiempo acompañando al rubio y, finalmente, regresaría al suyo propio. Una vez allí, saludó de vuelta a los acompañantes Marines que le hacían equipo con él. —Disculpen, necesitaba dar un paseíto corto. — Posicionó su diestra en el bolsillo, retirando del interior una vez más su cajita de metal. Menos mal que tenía de sobra. Retiró uno de los cigarrillos, encendiéndolo con el mechero.

—¿Un soplador? Parece para alguien con mucha resistencia.
Para entonces, Juan era quien se había adelantado, caminando con unos nervios que, incluso desde la distancia, pudo apreciar. Un tic cayó entre sus cejas al verlo tropezarse de forma torpe e incluso intentar fumar de un cigarrillo que, claramente, estaba más que apagado tras semejante caída. ¿Realmente sería capaz de superar esa prueba?

"Este hombre..."
Suspiró, mirando de reojo a sus compañeros, pero decidió elevar un poco el tono para ver si lograba calmarlo.

—¡JUAN! ¡SI GANAS ESTA TE REGALO OTRO CIGARRO!
No sabía si era o no un adicto, pero el gesto de buscar el cigarrillo fue suficiente para pensar en la eficacia de esas palabras. ¿Lo haría o no? Se cruzó de brazos, contemplando fijamente a la tortuga, quien al fin hizo la mención de la palabra “Tsuki-Tsuki” y vio el viento correr en su dirección. Al inicio, el viento parecía suave, como una brisa, lento, hasta fácil. Lentamente la fuerza fue escalando, el viento revolviendo incluso con más energía lo que habría alrededor de la tortuga. El tiempo que pudo estar esa tortuga fue, de hecho, digno de admirar. ¿Qué tanto había podido soportar allí? ¿Cómo era posible? Aguantaba increíblemente bien, aparentemente ese aspecto no era solo por casualidad. Eso había resultado ser fascinante de ver.
El siguiente participante resultaba ser otro Marine... ¿Se puede saber cuántos más había en esos juegos? La cantidad era absurda... Hasta ahora parecía haber visto más Marines que cualquier otro... Y no solo eso, también parecía conocer a Juan, quien le había brindado ánimos. A él no lo conocía tampoco de absolutamente nada. Dio una larga calada, atento al frente, sin perder detalle. En el caso de ese moreno de cabello largo sí parecía ceder mucho más rápido que el propio Juan, pero algo que él mismo sabía que no habría podido soportar.
Prosiguió alguien a quien recordaba, mas no su nombre. Aquel que se atrevió a confrontar a su Jefe actual y el segundo, cuando cayeron en otra dirección. Su prueba fue también algo que resultaría difícil para sí mismo. Expulsó el humo de sus pulmones, con la mirada puesta en la prueba.
Ahora era turno de otro desconocido. ¿Era quizás un civil? Tampoco conocía a nadie, ni a muchos Marines. Se quedó con la mirada fija, hacia el concursante, quien aguantó también poco a diferencia de los dos anteriores. El que sí le pareció de interés fue la aparición de Barald, sonriendo de medio lado, ahora más atento al hombre que salvó a su tan ansiado amado. Respiró, ¿tendría la capacidad de resistencia de los demás? ¿O podría soportarlo? Lo recordaba de hacía unos años como un muy buen espadachín. La prueba fue dura para él, algo que, por desgracia, esperaba. Esa prueba no estaba hecha ni para ese varón, y él mismo estaba seguro de no poder lograr un mejor resultado.
—¡BARALD! ¡LO HICISTE BIEN!
El intento de ese hombre, incluso a sabiendas de que podría ser derrotado, era digno de mención. Elevó el pulgar en su dirección, sin saber si lo habría escuchado o no. Era más que suficiente. El nuevo participante, cómo no, era otra persona que desconocía por completo y también pareció hacerlo de forma sorprendente. Asintió con la cabeza, con seguridad, y sorpresa. Estaba seguro de que él ni siquiera llegaría tan lejos como aquellos participantes. ¿Quiénes iban a ser los próximos?
Cajita de Tabaco
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