21-07-2026, 02:33 PM
La prueba del céfiro había sido, legítimamente, todo un espectáculo. Su compañero, el yakuza Jin, se las había apañado para rascar un séptimo puesto, algo que, considerando la competencia existente, no era de menospreciar. Fue consciente de que él mismo no hubiese logrado un resultado mejor, con toda probabilidad. En aquella prueba, tal y como había sucedido en la suya, muchos de los puestos se habían decidido por diferencias relativamente minúsculas: entre el séptimo puesto y el tercero había una diferencia de únicamente treinta puntos. Era evidente que la más mínima diferencia podía determinar varios puestos arriba o abajo, y cualquier error podía suponer precipitarse en los ránkings. Eso sí, en esta ocasión, había sido el primer puesto el que se había desmarcado del resto con una diferencia casi sobrenatural: Hasegawa Shin, simplemente, había sobrepasado el concepto de velocidad para desvanecerse de la vista de todos los presentes. Decir que no podían confiarse hubiera sido subestimar enormemente la situación. Al extraño equipo 1 aún le quedaba poco por perder, y todo por demostrar.
Antes de que Juan Sebastián emergiese del cubículo para enfrentarse a su prueba, Stroud asintió con la cabeza y observó al peculiar Comandante Cangrejo Tortuga. "Buena suerte, comandante," dijo, dejando que se dirigiese hacia su destino. Parecía nervioso; su lenguaje corporal, por cangrejil que resultase, delataba cierto nerviosismo que no pasaba desapercibido. Sin embargo, pareció recuperar la confianza en sí mismo, declarando rotundamente que ganaría. Stroud se encontraba ya a sus espaldas, por lo que el cangrejo no pudo ver la sonrisa de oreja a oreja que se dibujó en la cara del joven Nanashi.
Sacudió su cabeza, saliendo de la ensoñación. "Déjate de gilipolleces, Stroud," pensó para sí, volviendo a enfocar su mirada en la arena del estadio. No era propio de él soñar despierto de aquella manera, y era algo que procuraba evitar. Clavado en el cubículo del grupo 1, aún cruzado de brazos, contemplaba a los participantes de la prueba del bastión, entornando los ojos mientras cada uno de ellos se medía contra la corriente de aire que disparaba el extraño mecanismo soplador que había dispuesto El Dirigente. Juan Sebastián había soportado lo que parecía haberse tornado en una especie de viento prácticamente huracanado son soberana sencillez, como hacía todo. El crustáceo, pese a lo humilde y casi tímido de su disposición, era capaz de llevar a cabo auténticas proezas físicas con una facilidad pasmosa.
Posteriormente había llegado el turno del soldado Omuyaga, que se había enfrentado a su prueba con la seriedad que parecía caracterizarlo. No parecía haberlo hecho nada mal. Aquel tipo era todo un enigma, pero, por el momento, parecía tener todos sus asuntos en orden, y daba la impresión de que obtendría una puntuación para nada despreciable en la prueba. Y entonces había llegado aquel tipo enorme, que Stroud había identificado como aquel al que los periódicos llamaban el Carnicero de Whisky Peak. El monstruoso pirata, pese a lo imponente de su físico, pareció darse por vencido antes de lo que lo había hecho el propio Kael Omuyaga. Tal vez no fuese para tanto. Tal vez aquel sobrenombre que le habían otorgado generosamente los periódicos hubiese sido, en efecto, generoso, y tal vez se le hubiese quedado grande. Era algo que podría comprobar. El resto de los participantes, incluyendo al infame Barald Kane y a un tipo con pinta de asalariado, fueron los siguientes, a medida que la prueba se acercaba a su fin. Stroud empezaba a preguntarse qué vendría, si es que venía algo, al término de aquella fase de los Juegos.
Antes de que Juan Sebastián emergiese del cubículo para enfrentarse a su prueba, Stroud asintió con la cabeza y observó al peculiar Comandante Cangrejo Tortuga. "Buena suerte, comandante," dijo, dejando que se dirigiese hacia su destino. Parecía nervioso; su lenguaje corporal, por cangrejil que resultase, delataba cierto nerviosismo que no pasaba desapercibido. Sin embargo, pareció recuperar la confianza en sí mismo, declarando rotundamente que ganaría. Stroud se encontraba ya a sus espaldas, por lo que el cangrejo no pudo ver la sonrisa de oreja a oreja que se dibujó en la cara del joven Nanashi.
Había gran tensión en el despacho del Almirante de Flota Whitend. El Almirante, tal y como lo imaginaba Stroud, apagó su puro en el cenicero que reposaba sobre su escritorio, dirigiendo entonces su mirada al becario que le traía las noticias más recientes. Este dejó caer el último periódico, el último ejemplar del World Economy News Paper. En portada, en una espectacular fotografía en plano contrapicado, un joven Marine colocaba su bota sobre la cabeza desfigurada de un pirata derrotado. "El comandante Nanashi derrota en estelar combate a Sigurd Haakon, el Carnicero de Whisky Peak," rezaba el pie de foto.
"Este joven... Nanashi. ¡Nanashi! ¡Stroud Nanashi! Menudo apellido, le hace honor, sin duda," decía el Almirante de Flota, ajustándose sus gafas de lectura sobre el puente de la nariz. "Sí, señor Almirante de Flota Whitend. Y mire, ha derrotado a Sigurd Haakon, el Carnicero de Whisky Peak," respondía el becario, golpeteando su dedo índice sobre el rugoso papel del periódico, "después de convertirse en la estrella de los últimos Juegos del Soberano en Skypiea, ¿se lo puede creer?". El Almirante de Flota se tomó un instante para responder, leyendo a toda prisa el cuerpo de la noticia, arqueando ambas cejas a medida que se informaba sobre lo sucedido. "Este joven es impresionante. Es imprescindible ascenderlo inmediatamente. Comuniquen al Almirante Tucrow que ha sido degradado a Vicealmirante; el joven Nanashi tomará su lugar. De hecho, tomará a Tucrow bajo su tutela," sentenció Whitend. "Y díganle que es un madafaka." "De inmediato, señor," dijo el becario, tomando un Den Den Mushi.
Sacudió su cabeza, saliendo de la ensoñación. "Déjate de gilipolleces, Stroud," pensó para sí, volviendo a enfocar su mirada en la arena del estadio. No era propio de él soñar despierto de aquella manera, y era algo que procuraba evitar. Clavado en el cubículo del grupo 1, aún cruzado de brazos, contemplaba a los participantes de la prueba del bastión, entornando los ojos mientras cada uno de ellos se medía contra la corriente de aire que disparaba el extraño mecanismo soplador que había dispuesto El Dirigente. Juan Sebastián había soportado lo que parecía haberse tornado en una especie de viento prácticamente huracanado son soberana sencillez, como hacía todo. El crustáceo, pese a lo humilde y casi tímido de su disposición, era capaz de llevar a cabo auténticas proezas físicas con una facilidad pasmosa.
Posteriormente había llegado el turno del soldado Omuyaga, que se había enfrentado a su prueba con la seriedad que parecía caracterizarlo. No parecía haberlo hecho nada mal. Aquel tipo era todo un enigma, pero, por el momento, parecía tener todos sus asuntos en orden, y daba la impresión de que obtendría una puntuación para nada despreciable en la prueba. Y entonces había llegado aquel tipo enorme, que Stroud había identificado como aquel al que los periódicos llamaban el Carnicero de Whisky Peak. El monstruoso pirata, pese a lo imponente de su físico, pareció darse por vencido antes de lo que lo había hecho el propio Kael Omuyaga. Tal vez no fuese para tanto. Tal vez aquel sobrenombre que le habían otorgado generosamente los periódicos hubiese sido, en efecto, generoso, y tal vez se le hubiese quedado grande. Era algo que podría comprobar. El resto de los participantes, incluyendo al infame Barald Kane y a un tipo con pinta de asalariado, fueron los siguientes, a medida que la prueba se acercaba a su fin. Stroud empezaba a preguntarse qué vendría, si es que venía algo, al término de aquella fase de los Juegos.
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