17-07-2026, 07:05 PM
Aquella rata que lo observaba avanzó ligeramente, lo que podrían ser un par de pasos hasta quedarse sobre una de las monedas que estaba recogiendo el luchador, se frotó la nariz, casi como si lo estuviese desafiando y es entonces cuando Kai alargó su brazo y, en un rápido juego de manos, tomó la rata por sorpresa. Realizó tal esfuerzo y a tanta velocidad, que consiguió un pequeño impulso orgánico. Se tiró un pedo. En cuanto el olor llegó al hocico de la rata, esta empezó a chillar e intentar morder el guante del peliblanco. La expresión del joven cambió, sus rasgos se habían endurecido, al igual que su agarra, entonces....
Su mente comenzó a divagar en sus recuerdos.
Saturnino había recibido un chivatazo de una mercancía que llegaba al puerto. Eso era raro, porque allí poca cosa había de interés para recoger y menos para mandar, según Kai era extraño ya de primeras. Algo tenía que ver con el Gobierno, o eso es lo que decía el moreno. Kai buffó, incrédulo, pero en algún rinconcito de su mente se hacía el esfuerzo de convertirlo en realidad solo para tener una razón para ir allí e intentar joder cualquier cosa que tuviese que ver con los trajeados. No pasaron más de unos cuantos minutos de discusión entre los tres allí presentes cuando ya estábamos saliendo por la puerta de aquel zulo que llamaban hogar.
El luchador recordaba ir detrás detrás del moreno y empaparse con aquel olor a verde que siempre iba pegado a él. Era lo habitual, no le hizo caso. - ¿Cómo es posible que te enteres de estas mierdas? ¿Estás seguro de que es una trampa? Maldita sea. ¡Deja los porros! - Vociferó con una mezcla entre ira y efusividad. Kai no tenía miedo por lo que pudiese pasar, tan solo se quería asegurar de que estaba entorpeciendo a los correctos, aunque que se equivocase de personas tampoco es que le quitase el sueño.
El plan era muy sencillo, el luchador callejero deseaba ir de frente, asaltar un barco, robar un cargamento y pirarse de allí dejando un par de moratones a sus espaldas, pero Saturnino prefería ser más sigiloso, casi como un espía.
Con el tiempo, llegaron a unas alcantarillas. - Aquí - Espetó Saturnino con esa musicalidad en la voz de haberse fumado tres o cuatro. Kai lo miró, al igual que la chica. - ¿Aquí? - Preguntó. - Aquí - El peliblanco destapó la alcantarilla y miró la obscuridad bajo sus pies.
Su mente comenzó a divagar en sus recuerdos.
Saturnino había recibido un chivatazo de una mercancía que llegaba al puerto. Eso era raro, porque allí poca cosa había de interés para recoger y menos para mandar, según Kai era extraño ya de primeras. Algo tenía que ver con el Gobierno, o eso es lo que decía el moreno. Kai buffó, incrédulo, pero en algún rinconcito de su mente se hacía el esfuerzo de convertirlo en realidad solo para tener una razón para ir allí e intentar joder cualquier cosa que tuviese que ver con los trajeados. No pasaron más de unos cuantos minutos de discusión entre los tres allí presentes cuando ya estábamos saliendo por la puerta de aquel zulo que llamaban hogar.
El luchador recordaba ir detrás detrás del moreno y empaparse con aquel olor a verde que siempre iba pegado a él. Era lo habitual, no le hizo caso. - ¿Cómo es posible que te enteres de estas mierdas? ¿Estás seguro de que es una trampa? Maldita sea. ¡Deja los porros! - Vociferó con una mezcla entre ira y efusividad. Kai no tenía miedo por lo que pudiese pasar, tan solo se quería asegurar de que estaba entorpeciendo a los correctos, aunque que se equivocase de personas tampoco es que le quitase el sueño.
El plan era muy sencillo, el luchador callejero deseaba ir de frente, asaltar un barco, robar un cargamento y pirarse de allí dejando un par de moratones a sus espaldas, pero Saturnino prefería ser más sigiloso, casi como un espía.
Con el tiempo, llegaron a unas alcantarillas. - Aquí - Espetó Saturnino con esa musicalidad en la voz de haberse fumado tres o cuatro. Kai lo miró, al igual que la chica. - ¿Aquí? - Preguntó. - Aquí - El peliblanco destapó la alcantarilla y miró la obscuridad bajo sus pies.
