17-07-2026, 01:44 AM
Tras el anuncio de la primera prueba y la explicación de la misma, Kibai miró hacia el resto de sus compañeros, manteniendo la pose de los brazos cruzados. Sin duda aquella prueba no era ni para la birkaniana de pelo rosa con cara de haber chupado tres limones, ni para Kiyoshi, al cual recordaba perfectamente de su combate en los Cabos Gemelos como un luchador a distancia. Asi que la cosa iría entre la otra Bai y él.
Examinando a la hermosa joven de cabello bicolor de arriba a abajo con ojo clínico, el mink valoró cuidadosamente las opciones que tneía su grupo. Aunque él tenía una fuerza decente, su estilo se basaba en movimientos rápidos y fugaces, más que pesados tajos y estocadas como para los que estaba diseñada la pesada espada que cargaba Bai. Por ello, cuando la birkaniana se giró para mirar en su dirección, Kibai mantuvo las manos tranquilamente enganchadas en su cinturón y le indicó con un gesto de la cabeza que podía adelantarse.
Los diferentes miembros de cada prueba iban a sus posiciones. El mink observó con una cierta alegría como Eros, el topo con el que había luchado mano a mano contra el tres veces desgraciado Uosan Sakana. Kibai, aún a sabiendas de que el que en aquel momento consideró un civil al que debía proteger era ahora un pirata reconocido, lo observó con una pequeña sonrisa de orgullo. Al fin y al cabo, no dejaban de ser dos personas que se habían salvado la vida mutuamente. Con alegría, tomó aliento, levantó la mano en alto y soltó un poderoso rugido en su dirección.
El siguiente en adelantarse fue Stroud. La sonrisa de Kibai se hizo aún más amplia. Su comandante a buen seguro se iba a desempeñar con la excelencia acostumbrada. Aún así para su sorpresa, y a pesar de mantener su postura rigurosa, el joven marine casi parecía... dejarse llevar por la emoción del momento? Cruzando de nuevo los brazos, el mink clavó sus ojos en Stroud, sin dudar ni un solo momento de su superior. Y como no, sus esperanzas no resultaron en vano. Tras aumentar su musculatura mediante el uso de su fruta, que aunque no resultaba claramente visible, el nombre de la técnica era perfectamente identificable para el mink. El puñetazo de Stroud resonó contra el objetivo con un sordo crujido que hizo asentir a Kibai con confianza. Sin duda el comandante quedaría en una buena posición.
Uno de los dos enormes Bucaneer que había conducido a sus hombres a una muerte rápida por aplastamiento multiorgánico en un acto de soberana estupidez estratégica se adelantó a continuación. Con un fuerte rugido se transformó en una bestia prehistórica acorazada, similar a la que en una ocasión había cazado en Little Garden, antes de azotar el objetivo con su cola, en un impacto que retumbó en todas las gradas, e incluso el viento azotó la capa de Kibai, haciendo revolotear la tela blanca a sus espaldas. Con una expresión seria, el mink hizo una leve inclinación de reconocimiento hacia el bucaneer a medida que recuperaba su aspecto normal. Sin duda sería un rival muy complicado de batir.
Tras aquel desplegamiento de fuerza, una mujer se adelantó desde el siguiente cubículo. Vestida con un atuendo que dejaba ver sus cicatrices, dejó caer un montón de armas a sus pies antes de adentrarse en la arena. Kibai respiró profundamente, ya que el aspecto de la joven le sonaba bastante, y el olfato le acabó de confirmar que aquella joven, aunque se había rapado totalmente el cabello, era la misma que se les había encarado en los Cabos Gemelos y que habían encontrado en Little Garden. Al parecer el tiempo no había hecho nada por mejorar su carácter, el cual seguía siendo completamente estrambótico. Sin embargo, al ver las espadas de las que se desprendía, una leve sonrisa se asomó por tercera vez en el rostro de Kibai. Quizás en un futuro pudiese cruzar aceros con ella para comprobar que nivel de espadachina tenía. Tras hacer un pequeño discurso, la joven calva se transformó en un pequeño reptil, provista de una larga cola. ACto seguido asestó un golpe contra el objetivo, antes de volver a su forma humana y volver a su cubículo.
El joven de pelo negro, Uker, otro viejo conocido de Little Garden, fue el siguiente, intercambiando improperios con Juan Sebastián, el cual mandó al pirata a la mierda de una forma bastante poco profesional, pero totalmente comprensible y apoyable. El propio Kibia le dirigió un sordo rugido mostrando los colmillos hacia Uker. Sin mayores ceremonias ni palabras aparte de los mismos improperios insulsos, el pirata asestó un puñetazo contra el objetivo, antes de retirarse de nuevo a su cubículo.
Finalmente Bai se adelantó. Kibai ladeó ligeramente la cabeza, estudiando de nuevo su posición con renovado interés, pues al fin y al cabo, aparte de conocerla previamente en Drum, el hecho de que fuese la otra espadachina del grupo, y por encima una con un estilo de pelea totalmente diferente al suyo, era algo que le llamaba poderosamente la atención al mink. Además, no podía negar que la figura bronceada de la birkaniana, con las grandes alas a su espalda, le despertaba recuerdos bastante agradables.
— Maldita sea, por qué todas tienen que tener alas? — pensó el mink mientras se agachaba, apoyando las manos en la arena observando la preparación de Bai antes de golpear al tronco.
Bai realizó su propio golpe, arrancando un seco crujido a la base del objetivo que indicó que efectivamente la birkaninana no era precisamente floja. Kibai se incorporó de nuevo, sacudiendose la arena de las manos y dando unos cuantos aplausos corteses a su compañera mientras esta volvía hacia el cubículo.
Examinando a la hermosa joven de cabello bicolor de arriba a abajo con ojo clínico, el mink valoró cuidadosamente las opciones que tneía su grupo. Aunque él tenía una fuerza decente, su estilo se basaba en movimientos rápidos y fugaces, más que pesados tajos y estocadas como para los que estaba diseñada la pesada espada que cargaba Bai. Por ello, cuando la birkaniana se giró para mirar en su dirección, Kibai mantuvo las manos tranquilamente enganchadas en su cinturón y le indicó con un gesto de la cabeza que podía adelantarse.
Los diferentes miembros de cada prueba iban a sus posiciones. El mink observó con una cierta alegría como Eros, el topo con el que había luchado mano a mano contra el tres veces desgraciado Uosan Sakana. Kibai, aún a sabiendas de que el que en aquel momento consideró un civil al que debía proteger era ahora un pirata reconocido, lo observó con una pequeña sonrisa de orgullo. Al fin y al cabo, no dejaban de ser dos personas que se habían salvado la vida mutuamente. Con alegría, tomó aliento, levantó la mano en alto y soltó un poderoso rugido en su dirección.
El siguiente en adelantarse fue Stroud. La sonrisa de Kibai se hizo aún más amplia. Su comandante a buen seguro se iba a desempeñar con la excelencia acostumbrada. Aún así para su sorpresa, y a pesar de mantener su postura rigurosa, el joven marine casi parecía... dejarse llevar por la emoción del momento? Cruzando de nuevo los brazos, el mink clavó sus ojos en Stroud, sin dudar ni un solo momento de su superior. Y como no, sus esperanzas no resultaron en vano. Tras aumentar su musculatura mediante el uso de su fruta, que aunque no resultaba claramente visible, el nombre de la técnica era perfectamente identificable para el mink. El puñetazo de Stroud resonó contra el objetivo con un sordo crujido que hizo asentir a Kibai con confianza. Sin duda el comandante quedaría en una buena posición.
Uno de los dos enormes Bucaneer que había conducido a sus hombres a una muerte rápida por aplastamiento multiorgánico en un acto de soberana estupidez estratégica se adelantó a continuación. Con un fuerte rugido se transformó en una bestia prehistórica acorazada, similar a la que en una ocasión había cazado en Little Garden, antes de azotar el objetivo con su cola, en un impacto que retumbó en todas las gradas, e incluso el viento azotó la capa de Kibai, haciendo revolotear la tela blanca a sus espaldas. Con una expresión seria, el mink hizo una leve inclinación de reconocimiento hacia el bucaneer a medida que recuperaba su aspecto normal. Sin duda sería un rival muy complicado de batir.
Tras aquel desplegamiento de fuerza, una mujer se adelantó desde el siguiente cubículo. Vestida con un atuendo que dejaba ver sus cicatrices, dejó caer un montón de armas a sus pies antes de adentrarse en la arena. Kibai respiró profundamente, ya que el aspecto de la joven le sonaba bastante, y el olfato le acabó de confirmar que aquella joven, aunque se había rapado totalmente el cabello, era la misma que se les había encarado en los Cabos Gemelos y que habían encontrado en Little Garden. Al parecer el tiempo no había hecho nada por mejorar su carácter, el cual seguía siendo completamente estrambótico. Sin embargo, al ver las espadas de las que se desprendía, una leve sonrisa se asomó por tercera vez en el rostro de Kibai. Quizás en un futuro pudiese cruzar aceros con ella para comprobar que nivel de espadachina tenía. Tras hacer un pequeño discurso, la joven calva se transformó en un pequeño reptil, provista de una larga cola. ACto seguido asestó un golpe contra el objetivo, antes de volver a su forma humana y volver a su cubículo.
El joven de pelo negro, Uker, otro viejo conocido de Little Garden, fue el siguiente, intercambiando improperios con Juan Sebastián, el cual mandó al pirata a la mierda de una forma bastante poco profesional, pero totalmente comprensible y apoyable. El propio Kibia le dirigió un sordo rugido mostrando los colmillos hacia Uker. Sin mayores ceremonias ni palabras aparte de los mismos improperios insulsos, el pirata asestó un puñetazo contra el objetivo, antes de retirarse de nuevo a su cubículo.
Finalmente Bai se adelantó. Kibai ladeó ligeramente la cabeza, estudiando de nuevo su posición con renovado interés, pues al fin y al cabo, aparte de conocerla previamente en Drum, el hecho de que fuese la otra espadachina del grupo, y por encima una con un estilo de pelea totalmente diferente al suyo, era algo que le llamaba poderosamente la atención al mink. Además, no podía negar que la figura bronceada de la birkaniana, con las grandes alas a su espalda, le despertaba recuerdos bastante agradables.
— Maldita sea, por qué todas tienen que tener alas? — pensó el mink mientras se agachaba, apoyando las manos en la arena observando la preparación de Bai antes de golpear al tronco.
Contenido Oculto
Bai realizó su propio golpe, arrancando un seco crujido a la base del objetivo que indicó que efectivamente la birkaninana no era precisamente floja. Kibai se incorporó de nuevo, sacudiendose la arena de las manos y dando unos cuantos aplausos corteses a su compañera mientras esta volvía hacia el cubículo.
La Caja de Pandora
