15-07-2026, 05:04 PM
Sales a la calle de la posada-taberna sin encontrar obstáculo alguno más allá de las astillas de la caja que has destrozado durante la caída y, en cuanto cruzas el umbral, el aire frío de la madrugada termina de despejarte por completo —aunque, siendo sinceros, el golpe contra aquellas cajas ya se había encargado de espabilarte bastante—.
Si decides echar un vistazo a tu alrededor comprobarás que no hay absolutamente nadie. Ni murmullos, ni pasos, ni el tenue resplandor de una sola vela escapando por las rendijas de una ventana. De hecho, si alguien siguiera despierto antes de que aterrizaras sobre aquellas pobres cajas, este parece que ha optado por hacer exactamente lo contrario de lo que dicta la curiosidad: apagar la luz, cerrar las contraventanas y fingir que ahí fuera no sucede absolutamente nada.
Ahora la calle pertenece por completo a la noche, y la oscuridad es tan espesa que apenas te permite distinguir aquello que se encuentra a unos pocos metros de distancia, haciendo que el resto del callejón se funda en una masa negra prácticamente imposible de descifrar.
Sin embargo, quizás esa misma oscuridad termine jugando ahora a tu favor pues, después de avanzar varios metros hacia la puerta de la posada-taberna, y cuando apenas te separa un metro de ella, un estruendo metálico romperá el silencio.
¡Clang!
El sonido procede claramente de tu espalda. Si decides girarte, incluso con las limitaciones que supone observar únicamente con un ojo a mitad de la oscuridad y estando únicamente iluminado por el cielo estrellado, podrás distinguir sobre el empedrado la silueta de lo que parecen ser unos guanteletes. Sin embargo, antes siquiera de que tengas tiempo de reaccionar, un segundo objeto caerá junto a ellos con un golpe mucho más apagado; demasiado blando para ser metal y demasiado pesado para tratarse de una simple piedra.
Parece que se trata de una pequeña bolsa de tela rellena de algo acolchado.
Hagas lo que hagas, tanto si decides acercarte como si nó, en ese preciso intante una voz, apenas un susurro, atraviesa el silencio desde algún punto elevado de la calle.
—Recoge las cosas, Rojo. Ya salimos.
Durante un instante todo volverá a quedar inmóvil, hasta que la misma voz añadirá: —¡Y cuidado con la puerta!
Acto seguido, un golpe seco de madera contra madera resonará en medio de la oscuridad. No alcanzas a ver nada, ni siquiera que te hablan desde detrás de la ventana quien quiera que sea, pero, lo que sí puedes hacer es deducir que lo hacían desde cerca.
No obstante, para descubrir quien ha hablado no tienes que esperar demasiado. Y es que, apenas unos segundos después, la pesada puerta de la posada comienza a abrirse. Primero lo hace la hoja izquierda, girando lentamente sobre sus goznes hasta el punto de ocultarte por completo tras ella. Después, empezará a ceder la derecha, mucho más despacio, acompañada por un chirrido grave y a alguien quejándose por el esfuerzo. Solo entonces, aprovechando una mortecina luz que acaba de encenderse y escapa del interior de la taberna, una pequeña figura cruzará parcialmente el umbral sin reparar en tu presencia. No puede verte pues su atención sigue puesta en el interior del edificio y, todavía de espaldas a ti, rompe el silencio con un tono burlón.
—Espero que el idiota de Rojo no haya vuelto a robar pura chatarra. La última vez confundió un lingote de oro con un cepillo de dientes porque, y cito textualmente, «la caja era igual de brillante».
Desde el interior responderá una carcajada aguda.
—¡Ki, ki, ki, ki!
Ahora ya sabes que mínimo son dos.
—¿Me has oído, Rojo? Más te vale que esta vez el botín merezca la pena. Nos hemos jugado demasiado por ti —continuará el de la voz aguda.
Si decides echar un vistazo a tu alrededor comprobarás que no hay absolutamente nadie. Ni murmullos, ni pasos, ni el tenue resplandor de una sola vela escapando por las rendijas de una ventana. De hecho, si alguien siguiera despierto antes de que aterrizaras sobre aquellas pobres cajas, este parece que ha optado por hacer exactamente lo contrario de lo que dicta la curiosidad: apagar la luz, cerrar las contraventanas y fingir que ahí fuera no sucede absolutamente nada.
Ahora la calle pertenece por completo a la noche, y la oscuridad es tan espesa que apenas te permite distinguir aquello que se encuentra a unos pocos metros de distancia, haciendo que el resto del callejón se funda en una masa negra prácticamente imposible de descifrar.
Sin embargo, quizás esa misma oscuridad termine jugando ahora a tu favor pues, después de avanzar varios metros hacia la puerta de la posada-taberna, y cuando apenas te separa un metro de ella, un estruendo metálico romperá el silencio.
¡Clang!
El sonido procede claramente de tu espalda. Si decides girarte, incluso con las limitaciones que supone observar únicamente con un ojo a mitad de la oscuridad y estando únicamente iluminado por el cielo estrellado, podrás distinguir sobre el empedrado la silueta de lo que parecen ser unos guanteletes. Sin embargo, antes siquiera de que tengas tiempo de reaccionar, un segundo objeto caerá junto a ellos con un golpe mucho más apagado; demasiado blando para ser metal y demasiado pesado para tratarse de una simple piedra.
Parece que se trata de una pequeña bolsa de tela rellena de algo acolchado.
Hagas lo que hagas, tanto si decides acercarte como si nó, en ese preciso intante una voz, apenas un susurro, atraviesa el silencio desde algún punto elevado de la calle.
—Recoge las cosas, Rojo. Ya salimos.
Durante un instante todo volverá a quedar inmóvil, hasta que la misma voz añadirá: —¡Y cuidado con la puerta!
Acto seguido, un golpe seco de madera contra madera resonará en medio de la oscuridad. No alcanzas a ver nada, ni siquiera que te hablan desde detrás de la ventana quien quiera que sea, pero, lo que sí puedes hacer es deducir que lo hacían desde cerca.
No obstante, para descubrir quien ha hablado no tienes que esperar demasiado. Y es que, apenas unos segundos después, la pesada puerta de la posada comienza a abrirse. Primero lo hace la hoja izquierda, girando lentamente sobre sus goznes hasta el punto de ocultarte por completo tras ella. Después, empezará a ceder la derecha, mucho más despacio, acompañada por un chirrido grave y a alguien quejándose por el esfuerzo. Solo entonces, aprovechando una mortecina luz que acaba de encenderse y escapa del interior de la taberna, una pequeña figura cruzará parcialmente el umbral sin reparar en tu presencia. No puede verte pues su atención sigue puesta en el interior del edificio y, todavía de espaldas a ti, rompe el silencio con un tono burlón.
—Espero que el idiota de Rojo no haya vuelto a robar pura chatarra. La última vez confundió un lingote de oro con un cepillo de dientes porque, y cito textualmente, «la caja era igual de brillante».
Desde el interior responderá una carcajada aguda.
—¡Ki, ki, ki, ki!
Ahora ya sabes que mínimo son dos.
—¿Me has oído, Rojo? Más te vale que esta vez el botín merezca la pena. Nos hemos jugado demasiado por ti —continuará el de la voz aguda.
Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios

![[Imagen: fYNZdAK.jpeg]](https://i.imgur.com/fYNZdAK.jpeg)