14-07-2026, 10:48 PM
El sacó quedó tres cuartas partes lleno, el resto faltante se había terminado por desparramar por el suelo, como cuando golpeaban a un personaje de ficción y salían todas las monedas de él. Kai hizo lo que pudo por no alzar la voz, pero probablemente si alguien estuviese lo suficientemente cerca lo podría haber escuchado y, eso justamente era lo que intentaba evitar, aunque sea por unos instantes. Se mordió la lengua lo que pudo y, tras ver como todo el fruto de su corto trabajo, robar lo que otros habían conseguido vaya, se arrodilló y descargó su ira y frustración golpeando el suelo bajo él notando los golpes a través de sus casi macizos guantes. - Chill, ya estamos bien. ¿Ves? Todo controlado. ¿Quién dice que estoy enfadado? -
Siguió arrodillado y comenzó a dar pequeños pasos desde esa posición mientras seguía parloteando y, al mismo tiempo, comenzaba a recoger algunas de las monedas que iba introduciendo dentro de sus bolsillos. - ¿Yo? Que va, no estoy enfadado. Estoy muy tranquilo. Las monedas son redondas, pero tan redondas como para redondear tanto. Además. ¿Ves? Están todas aquí - Seguía avanzando a ritmo lento pero ininterrumpido. Tras recoger otras tantas se dio cuenta de que estaba siendo observado, su vista tras haber paneleado la zona lo había visto, pero no le había dado tiempo a procesarlo a su cerebro. Entrecerró los ojos por un instante, como intentando focalizar su atención en algún punto de entre la hierba baja de su alrededor. Entonces la vio. - Una rata - Susurró.
Aquel bicho era de un buen tamaño, podría difícilmente caber en la palma de su mano si es que la lograba atrapar y es entonces cuando recordó parte de las vivencias de su pasado.
Había entrado con uno de sus colegas, el Rey Porro lo llamaba. Saturnino, era sin duda más alto que el propio peliblanco, de complexión delgada pero robusta y además tenía la gran capacidad de camuflarse en la noche. Ahora que hacía memoria el joven, podía recordar que desde siempre había tenido esas idas de olla de revolucionario. Y ahora que lo recordaba es posible que todo ese asco que había acumulado con los años hacia el Gobierno Mundial se había materializado en su personalidad gracias a él, por su culpa más bien. Siempre había querido unirse a la rebelión e insistía constantemente a Kai para que se fuese junto con él. Pero aquella idea no iba con Kai. ¿Pelear por los demás, sacrificarse por el bien mayor? Estaba cansado de poner la otra mejilla, el luchador había aprendido que tenía que luchar sus propias peleas, por él o, en ocasiones, por algo en concreto que le interesaba.
- Ahora que lo recuerdo. Saturnino tenía una novia. ¿Cómo se llamaba? Asui... Lina... Ahora no caigo... - Se llevó por un instante la mano hacia el mentón, haciendo un burlesco gesto para intentar recordar. La rata de pelaje gris y esponjoso se había quedado mirando por unos instantes con aquellos grandes y redondos ojos, como si el peleador fuese digno de algún tipo de estudio.
Siguió arrodillado y comenzó a dar pequeños pasos desde esa posición mientras seguía parloteando y, al mismo tiempo, comenzaba a recoger algunas de las monedas que iba introduciendo dentro de sus bolsillos. - ¿Yo? Que va, no estoy enfadado. Estoy muy tranquilo. Las monedas son redondas, pero tan redondas como para redondear tanto. Además. ¿Ves? Están todas aquí - Seguía avanzando a ritmo lento pero ininterrumpido. Tras recoger otras tantas se dio cuenta de que estaba siendo observado, su vista tras haber paneleado la zona lo había visto, pero no le había dado tiempo a procesarlo a su cerebro. Entrecerró los ojos por un instante, como intentando focalizar su atención en algún punto de entre la hierba baja de su alrededor. Entonces la vio. - Una rata - Susurró.
Aquel bicho era de un buen tamaño, podría difícilmente caber en la palma de su mano si es que la lograba atrapar y es entonces cuando recordó parte de las vivencias de su pasado.
Había entrado con uno de sus colegas, el Rey Porro lo llamaba. Saturnino, era sin duda más alto que el propio peliblanco, de complexión delgada pero robusta y además tenía la gran capacidad de camuflarse en la noche. Ahora que hacía memoria el joven, podía recordar que desde siempre había tenido esas idas de olla de revolucionario. Y ahora que lo recordaba es posible que todo ese asco que había acumulado con los años hacia el Gobierno Mundial se había materializado en su personalidad gracias a él, por su culpa más bien. Siempre había querido unirse a la rebelión e insistía constantemente a Kai para que se fuese junto con él. Pero aquella idea no iba con Kai. ¿Pelear por los demás, sacrificarse por el bien mayor? Estaba cansado de poner la otra mejilla, el luchador había aprendido que tenía que luchar sus propias peleas, por él o, en ocasiones, por algo en concreto que le interesaba.
- Ahora que lo recuerdo. Saturnino tenía una novia. ¿Cómo se llamaba? Asui... Lina... Ahora no caigo... - Se llevó por un instante la mano hacia el mentón, haciendo un burlesco gesto para intentar recordar. La rata de pelaje gris y esponjoso se había quedado mirando por unos instantes con aquellos grandes y redondos ojos, como si el peleador fuese digno de algún tipo de estudio.
