13-07-2026, 03:14 PM
Tiempo atrás, hace un par de años de la actualidad de Dharma, él se encontraba viajando por las diversas islas del South Blue. Ya habían pasado muchas cosas; incluso ya había salido en el periódico una o dos veces. Pero había islas que mantenían cierto interés en él, y una de esas era esta. Aquí había conocido a algunas personas peculiares y aprendido sobre algunos poderes, más en específico sobre las Akuma no Mi. Aunque era parte de su oficio el mantenerse informado, también le servía para los momentos de batalla el comprender mejor cómo funcionan tanto esas frutas como las estructuras sociales y bélicas que pudiera tener cada isla, pues la sociedad tendía a cambiar dependiendo de sus usos y costumbres.Se mantenía caminando entre las calles empedradas y un poco artesanales de la Isla Karate. Había muchos dojos, muchas escuelas y sedes de entrenamiento.
Dharma ya llevaba aquí algunas semanas; se había permitido entrenar y relajarse a su vez, puesto que aquí un tipo como él era algo un tanto más usual y no llamaba demasiado la atención. Aunque, sin lugar a dudas, era uno de los más fuertes que podrían estar pisando esta isla que, aunque su apariencia podría ser un tanto arcaica, encerraba mucha cultura y arte en sus propias raíces. Tras caminar entre los destellos del sol y la ligera brisa que se arremolinaba en esas calles, despues de disfrutar un poco de dicho andar, pudo escuchar una peculiar voz, una que reconocería en cualquier lugar y casi a cualquier distancia, pues era la única persona que él toleraba, a la que incluso él estimaba. No había nadie en este planeta que le pudiera importar más que sí mismo; sin embargo, ella era una excepción: una sutil, delicada y agradable excepción. Aunque para Dharma era como si una pequeña flor se posara sobre la palma de su mano, sabía que aquella mujer era lo suficientemente voluntariosa para haber llegado hasta aquí.
| ¿Hien? |dijo en su tono grave e invariable, pero con un dejo de satisfacción, como quien encuentra algo que le agrada|. Te dije que tenías que tener mi número de Den Den Mushi y al final lograste llegar a una isla donde estoy...|No era un regaño, era más bien un halago, pues no habían intercambiado el número antes de que Dharma partiera de aquel monasterio donde ambos entrenaron un tiempo y donde se habían encontrado tras partir de Wano. Además de proceder de la misma isla, Hien era especial no solo por eso, sino también por su forma de ser. Era agradable ver cómo algo que parecía ser tan ligero y bello podía anteponerse ante cualquier situación.
El pirata no juzgaba por la fuerza o apariencia física a las personas, puesto que sabía que en este mundo eso era algo de lo más trivial, pero sí que podía señalar a alguien por su debilidad emocional, mental o de espíritu. En Hien esas cosas no habitaban, pues ella era tan capaz como él; sin embargo, tenía un tanto menos de paciencia para con las personas. Mientras que Dharma era más de ignorar o cortar algo cuando no le parecía, ella solía ser más regañona con aquellos que no parecían mantener un orden útil.
|Bro... retírate un momento |dijo el pelinegro hacia donde estaba el hombre que iba a interactuar con Hien. Dharma le conocía, pues él también rentaba posada en ese lugar y aquel tipo, el encargado, le tenía bastante respeto al oriundo de Wano, además de que su fama ya comenzaba a resonar por todo el South Blue. El hombre desapareció sin decir más, dejando incluso a Hien con sus palabras al aire.|¿Qué tal tu viaje, eh? | Aún estaba detrás de ella a un par de metros. Podía verla, podía sentir su aroma. Tenía muchas ganas de ver su rostro, un rostro familiar, uno que le recordaba a su natal país, pero también le recordaba de buena manera el porqué habían decidido emprender esta aventura: para volverse más fuerte, el más fuerte.
Dharma ya llevaba aquí algunas semanas; se había permitido entrenar y relajarse a su vez, puesto que aquí un tipo como él era algo un tanto más usual y no llamaba demasiado la atención. Aunque, sin lugar a dudas, era uno de los más fuertes que podrían estar pisando esta isla que, aunque su apariencia podría ser un tanto arcaica, encerraba mucha cultura y arte en sus propias raíces. Tras caminar entre los destellos del sol y la ligera brisa que se arremolinaba en esas calles, despues de disfrutar un poco de dicho andar, pudo escuchar una peculiar voz, una que reconocería en cualquier lugar y casi a cualquier distancia, pues era la única persona que él toleraba, a la que incluso él estimaba. No había nadie en este planeta que le pudiera importar más que sí mismo; sin embargo, ella era una excepción: una sutil, delicada y agradable excepción. Aunque para Dharma era como si una pequeña flor se posara sobre la palma de su mano, sabía que aquella mujer era lo suficientemente voluntariosa para haber llegado hasta aquí.
| ¿Hien? |dijo en su tono grave e invariable, pero con un dejo de satisfacción, como quien encuentra algo que le agrada|. Te dije que tenías que tener mi número de Den Den Mushi y al final lograste llegar a una isla donde estoy...|No era un regaño, era más bien un halago, pues no habían intercambiado el número antes de que Dharma partiera de aquel monasterio donde ambos entrenaron un tiempo y donde se habían encontrado tras partir de Wano. Además de proceder de la misma isla, Hien era especial no solo por eso, sino también por su forma de ser. Era agradable ver cómo algo que parecía ser tan ligero y bello podía anteponerse ante cualquier situación.
El pirata no juzgaba por la fuerza o apariencia física a las personas, puesto que sabía que en este mundo eso era algo de lo más trivial, pero sí que podía señalar a alguien por su debilidad emocional, mental o de espíritu. En Hien esas cosas no habitaban, pues ella era tan capaz como él; sin embargo, tenía un tanto menos de paciencia para con las personas. Mientras que Dharma era más de ignorar o cortar algo cuando no le parecía, ella solía ser más regañona con aquellos que no parecían mantener un orden útil.
|Bro... retírate un momento |dijo el pelinegro hacia donde estaba el hombre que iba a interactuar con Hien. Dharma le conocía, pues él también rentaba posada en ese lugar y aquel tipo, el encargado, le tenía bastante respeto al oriundo de Wano, además de que su fama ya comenzaba a resonar por todo el South Blue. El hombre desapareció sin decir más, dejando incluso a Hien con sus palabras al aire.|¿Qué tal tu viaje, eh? | Aún estaba detrás de ella a un par de metros. Podía verla, podía sentir su aroma. Tenía muchas ganas de ver su rostro, un rostro familiar, uno que le recordaba a su natal país, pero también le recordaba de buena manera el porqué habían decidido emprender esta aventura: para volverse más fuerte, el más fuerte.
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