13-07-2026, 03:50 AM
(Última modificación: 13-07-2026, 04:00 AM por Onizuka Jin.)
Rafael, quien en los primeros largos veinte minutos, incluso después de su propia desinfección, seguía nervioso, contemplando tanto a Jin como a Hyákinthos por un largo periodo de tiempo, como buscando comprender o encajar algo, ahora parecía muchísimo más calmado. Se había terminado pasando el tiempo previo dando vueltas de un lado a otro, inquieto, impaciente, como buscando algo en el propio aire, ordenando cosas ya ordenadas, solo recolocándolas una y otra vez como si algo no le convenciera. Esa actitud no pasó por alto por el yakuza, quien ya llevaba unos años conociendo a ese hombre. Tuvo que carraspear varias veces para que cesara con ese condenado tic nervioso. Es más, por poco tuvo el impulso de arrastrarlo y preguntarle qué diantres ocurría con él en privado, pero por fortuna hubo algo más, tenía una prioridad mucho más grande en ese momento.
Sus manos se volvieron a los bolsillos, solo palpando que lo tenía todo, antes de volverse directamente hacia el pelirrosa. —Hyákinthos, voy a revisar si nuestro querido voluntario se presenta pronto. Si me permite, los dejaré un momento. — Observó, ahora sí, de forma fulminante a Rafael, quien le devolvió la mirada algo más calmado.
Rafael volteó la mirada, con una mezcla de molestia y rostro casi como la de un niño regañado. Sin embargo, contestó de forma suave y mucho más calmada que al inicio. —No planeo hacer nada raro... Confía más en mí, estúpido Jin. — Una nueva fulminación de la mirada de los ojos de hielo fue directo a Rafael, quien finalmente restó importancia, sacudiendo la mano de lado a lado. —No soy yo el que se acuesta con todo el que encuentra.
—Rafael...
—Que sí, que sí. Me comportaré. Nada de fumar, nada de cosas raras. Prometido. — Jin emitió un suspiro resignado, escuchando su Den-Den Mushi sonar en el bolsillo de su traje. Lo tomó en silencio, volviendo la mirada por última vez hacia el pelirrosa.
—Me disculpará, señor Hyákinthos. Le garantizo que Rafael será severamente castigado si le vuelve a provocar alguna molestia. Mis más sinceras disculpas. — Tomó el Den-Den Mushi allí mismo, donde una voz grave comenzó a responderle rápida y casi de forma inentendible. —¿EN SERIO PUEDES CONSEGUIRLO HOY MISMO? ¿CUÁNTO PIDES? — Jin rodó los ojos, era hora de negociar, pero no allí mismo. Salió de la sala hasta el exterior, retirándose la bata previamente antes de abandonar la estancia y dejar al dúo en solitario.
Lo siguiente que lo acompañaron a ambos hombres fue el silencio. Rafael se cruzó de brazos esta vez, solo observando a Hyákinthos, como esperando cualquier cosa de él, algo que no sabía si estaría llegando, o no. Su rostro se volvió serio, ahora mirando a la puerta, sabiendo que había dejado el tiempo suficiente para que Jin ya no pudiera escucharlos. A continuación, volvió la mirada hacia Hyákinthos, volviendo al silencio que duró, esta vez, mucho menos.
Esta vez era más serio, pero no había amenaza en su voz. —¿Qué es lo que quieres en realidad, Hyákinthos? — Estaba seguro de que ese hombre no debería estar de pie, mucho menos frente a él, ni muchísimo menos frente a Jin. ¿Cuántos años habían trasncurrido? ¿Ahora se hacía como el que no sabía quién era? Sus ojos se entrecerraron, sus brazos se descruzaron, ahora acercándose más al pelirrosa. —¿Crees que Jin es un tipo cualquiera? No lo subestimes. — Sí, si intentaba buscar venganza, solo tendría que decir quién le dio la orden. Esta vez reveló una sonrisa que, pese a no aparentarlo, era lo más falso que probablemente podría ver cualquier persona que lo conociera.
Abrió los ojos de vuelta, lentamente, buscando los ajenos a la espera. —¿Es verdad que tienes esa memoria tan mala como dices? — Quiso probar un poco de suerte, pulsar los botones para ver cómo iba a reaccionar. —¿Sabes? Te pareces mucho a un viejo conocido. Hace muchos, muchos años que no le veo. Fue impactante verte.
Jin, claramente, iba a tomarse un pequeño tiempo hasta la llegada de aquel segundo “producto voluntario”. Cuando estaba ya escaleras arriba, aquel joven de cabellos rosados, el famoso “gatito” ahora parecía tener un rostro iluminado al verlo, acercándose nuevamente a él, rodeando ambos brazos alrededor de él, con un brillo travieso. —¿Ya terminaste? Te extrañé... Todavía nos queda tanto por...
Los ojos de Jin volvieron al joven, apartando el brazo de forma brusca, con los ojos serios, firmes al pelirrosa con toque andrógino, tan hermoso como peligroso.
—Awww... Está bien, seré buen gatito y me quedaré esperando hasta que termines con el... ¿Cómo se llama ese señor? Era guapísimo.
—Ni se te ocurra. — escuchó la puerta de la entrada, su Den-Den Mushi sonar una vez más. Se separó del joven. —Más tarde, Rossy, en serio. Ahora estoy muy ocupado. — Tomó el caracol, señal de que el hombre ya estaba en la entrada y fue a recibirlo. Allí estaba, un hombre con rostro inocente, un sobrepeso que había estado perdiendo y el temblor de la desesperación. A su lado, un maletín negro, recubierto con seguridad. Sus cejas pobladas, cabello corto y mirada deslumbrante no hacían en absoluto juego con el ambiente en el que se iba a encontrar.
—Pase. — Habló Jin, con una media sonrisa. —Le estaba esperando, Señor Mark. — El hombre entró, caminando detrás de Jin, su brazo sostenía con firmeza el maletín de entre sus manos, su cuerpo temblaba.
—¿Es cierto? ¿Lo hará hoy mismo...? Señor Jin, sabe que llevo queriendo esto desde... — Jin, en medio de las escaleras, frenó, volteando la mirada hacia el hombre. Su sonrisa, llena de altanería y picardía se dibujaba claramente en su rostro.
—No pero... Quiero decir... ¿Tan pronto? Pensé que le tomaría mucho más tiempo. — Hubo una breve pausa.
—Dígame. ¿Realmente no quiere?
—¡SÍ QUIERO! — Interrumpió casi al instante. El cuerpo del hombre comenzó a temblar, con ahora ambas manos en el asa del maletín. —Lo necesito... Prometo que dejaré de beber después de... de esto, pero ha sido tan eficaz...
—Mientras pague lo acordado, le garantizo que saldrá con un hígado de lo más nuevo y sano en su cuerpo. — retomó los pasos, ahora más seguro de sí mismo. —Créame, encontrar un cirujano cualificado no es fácil. Si ha traído el dinero, ahora mismo se lo puedo hacer. Solo hay que verificar la cantidad que acordamos y, después de eso, procederemos de forma inmediata. Tendrá que desinfectarse, mi cirujano es un perfeccionista. — el hombre ahora caminaba más rápido, impaciente, hasta la oficina de Jin. Una vez en el interior, le entregó el maletín sobre la mesa de escritorio. Jin revisó, toda la cantidad de Berries que se sumaban en ese maletín. Una sonrisa de oreja a oreja fue suficiente para sellar aquello. Ya fuera que saliera bien o mal, no importaba. Allí había una generosa cantidad de dinero. Cerró el Maletín, estirando la mano educadamente hasta el hombre con semblante amable e inocente.
—Por favor, sígame. Por aquí. — de nuevo, retomó el camino, ahora hasta donde estaba la sala médica del pelirrosa y Rafael. Abrió la puerta sin llamar, no lo consideró necesario. Esperaba que no hubiera salido nada malo de allí...
Sus manos se volvieron a los bolsillos, solo palpando que lo tenía todo, antes de volverse directamente hacia el pelirrosa. —Hyákinthos, voy a revisar si nuestro querido voluntario se presenta pronto. Si me permite, los dejaré un momento. — Observó, ahora sí, de forma fulminante a Rafael, quien le devolvió la mirada algo más calmado.

—Ni se te ocurra volver a faltar al respeto a nuestro cirujano. No quiero recurrir al Gran Jefe.
Rafael volteó la mirada, con una mezcla de molestia y rostro casi como la de un niño regañado. Sin embargo, contestó de forma suave y mucho más calmada que al inicio. —No planeo hacer nada raro... Confía más en mí, estúpido Jin. — Una nueva fulminación de la mirada de los ojos de hielo fue directo a Rafael, quien finalmente restó importancia, sacudiendo la mano de lado a lado. —No soy yo el que se acuesta con todo el que encuentra.
—Rafael...
—Que sí, que sí. Me comportaré. Nada de fumar, nada de cosas raras. Prometido. — Jin emitió un suspiro resignado, escuchando su Den-Den Mushi sonar en el bolsillo de su traje. Lo tomó en silencio, volviendo la mirada por última vez hacia el pelirrosa.
—Me disculpará, señor Hyákinthos. Le garantizo que Rafael será severamente castigado si le vuelve a provocar alguna molestia. Mis más sinceras disculpas. — Tomó el Den-Den Mushi allí mismo, donde una voz grave comenzó a responderle rápida y casi de forma inentendible. —¿EN SERIO PUEDES CONSEGUIRLO HOY MISMO? ¿CUÁNTO PIDES? — Jin rodó los ojos, era hora de negociar, pero no allí mismo. Salió de la sala hasta el exterior, retirándose la bata previamente antes de abandonar la estancia y dejar al dúo en solitario.
Lo siguiente que lo acompañaron a ambos hombres fue el silencio. Rafael se cruzó de brazos esta vez, solo observando a Hyákinthos, como esperando cualquier cosa de él, algo que no sabía si estaría llegando, o no. Su rostro se volvió serio, ahora mirando a la puerta, sabiendo que había dejado el tiempo suficiente para que Jin ya no pudiera escucharlos. A continuación, volvió la mirada hacia Hyákinthos, volviendo al silencio que duró, esta vez, mucho menos.

—¿No vas a parar esta farsa?
Esta vez era más serio, pero no había amenaza en su voz. —¿Qué es lo que quieres en realidad, Hyákinthos? — Estaba seguro de que ese hombre no debería estar de pie, mucho menos frente a él, ni muchísimo menos frente a Jin. ¿Cuántos años habían trasncurrido? ¿Ahora se hacía como el que no sabía quién era? Sus ojos se entrecerraron, sus brazos se descruzaron, ahora acercándose más al pelirrosa. —¿Crees que Jin es un tipo cualquiera? No lo subestimes. — Sí, si intentaba buscar venganza, solo tendría que decir quién le dio la orden. Esta vez reveló una sonrisa que, pese a no aparentarlo, era lo más falso que probablemente podría ver cualquier persona que lo conociera.

—Conmigo no hace falta que finjas. Hay confianza.
Abrió los ojos de vuelta, lentamente, buscando los ajenos a la espera. —¿Es verdad que tienes esa memoria tan mala como dices? — Quiso probar un poco de suerte, pulsar los botones para ver cómo iba a reaccionar. —¿Sabes? Te pareces mucho a un viejo conocido. Hace muchos, muchos años que no le veo. Fue impactante verte.
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Jin, claramente, iba a tomarse un pequeño tiempo hasta la llegada de aquel segundo “producto voluntario”. Cuando estaba ya escaleras arriba, aquel joven de cabellos rosados, el famoso “gatito” ahora parecía tener un rostro iluminado al verlo, acercándose nuevamente a él, rodeando ambos brazos alrededor de él, con un brillo travieso. —¿Ya terminaste? Te extrañé... Todavía nos queda tanto por...
Los ojos de Jin volvieron al joven, apartando el brazo de forma brusca, con los ojos serios, firmes al pelirrosa con toque andrógino, tan hermoso como peligroso.

—Todavía tengo asuntos que atender. No me obligues a echarte, Rossy.
—Awww... Está bien, seré buen gatito y me quedaré esperando hasta que termines con el... ¿Cómo se llama ese señor? Era guapísimo.
—Ni se te ocurra. — escuchó la puerta de la entrada, su Den-Den Mushi sonar una vez más. Se separó del joven. —Más tarde, Rossy, en serio. Ahora estoy muy ocupado. — Tomó el caracol, señal de que el hombre ya estaba en la entrada y fue a recibirlo. Allí estaba, un hombre con rostro inocente, un sobrepeso que había estado perdiendo y el temblor de la desesperación. A su lado, un maletín negro, recubierto con seguridad. Sus cejas pobladas, cabello corto y mirada deslumbrante no hacían en absoluto juego con el ambiente en el que se iba a encontrar.
—Pase. — Habló Jin, con una media sonrisa. —Le estaba esperando, Señor Mark. — El hombre entró, caminando detrás de Jin, su brazo sostenía con firmeza el maletín de entre sus manos, su cuerpo temblaba.
—¿Es cierto? ¿Lo hará hoy mismo...? Señor Jin, sabe que llevo queriendo esto desde... — Jin, en medio de las escaleras, frenó, volteando la mirada hacia el hombre. Su sonrisa, llena de altanería y picardía se dibujaba claramente en su rostro.

—¿Alguna vez le he fallado?
—No pero... Quiero decir... ¿Tan pronto? Pensé que le tomaría mucho más tiempo. — Hubo una breve pausa.
—Dígame. ¿Realmente no quiere?
—¡SÍ QUIERO! — Interrumpió casi al instante. El cuerpo del hombre comenzó a temblar, con ahora ambas manos en el asa del maletín. —Lo necesito... Prometo que dejaré de beber después de... de esto, pero ha sido tan eficaz...
—Mientras pague lo acordado, le garantizo que saldrá con un hígado de lo más nuevo y sano en su cuerpo. — retomó los pasos, ahora más seguro de sí mismo. —Créame, encontrar un cirujano cualificado no es fácil. Si ha traído el dinero, ahora mismo se lo puedo hacer. Solo hay que verificar la cantidad que acordamos y, después de eso, procederemos de forma inmediata. Tendrá que desinfectarse, mi cirujano es un perfeccionista. — el hombre ahora caminaba más rápido, impaciente, hasta la oficina de Jin. Una vez en el interior, le entregó el maletín sobre la mesa de escritorio. Jin revisó, toda la cantidad de Berries que se sumaban en ese maletín. Una sonrisa de oreja a oreja fue suficiente para sellar aquello. Ya fuera que saliera bien o mal, no importaba. Allí había una generosa cantidad de dinero. Cerró el Maletín, estirando la mano educadamente hasta el hombre con semblante amable e inocente.
—Por favor, sígame. Por aquí. — de nuevo, retomó el camino, ahora hasta donde estaba la sala médica del pelirrosa y Rafael. Abrió la puerta sin llamar, no lo consideró necesario. Esperaba que no hubiera salido nada malo de allí...
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