11-07-2026, 11:40 PM
(Última modificación: 15-07-2026, 04:14 PM por Devon Drakkar.)
Cayó. Tal vez era porque tenía demasiado sueño como para haberse percatado de la distancia de la ventana al suelo pero ya era demasiado tarde para retractarse. Saltó, cayó y se sacó la cresta contra unas cajas que vaya a saber porqué estaban ahí apiladas.
Le dolía el cuerpo, mucho. Ahora si que se había despertado y no se había caído de la cama. Mal chiste, lo sé. Maldijo en voz baja mientras se recuperaba de a poco, sentándose entre el montón de desastre que había hecho y suspirando con dolor. Miró hacia arriba, el gancho seguía puesto con su respectiva soga, así que de la bronca, se levantó como pudo y tiró de este con toda la fuerza que tenía para intentar quitarlo de ahí. Si se llevaba un pedazo de ventana, no le importaba, ya no iba a poder dormir.
Intentó una y otra vez hasta que luego de varios intentos, se dispuso a mirar a su frente y el suelo, buscando algo, lo que sea para poder quitarse la bronca de encima pero entonces lo vio. Era su frasco de tinta para poder escribir sus aventuras y tomar notas. Al costado vio algo que parecía una especie de kit de primeros auxilios, y antes de que cualquier idiota pase por ahí y la vea, se abalanzó sobre estas dos agarrándolas contra si.
Se levantó con bastante esfuerzo, después de todo, había caído de una maldita ventana alta por lo que tras guarda la tinta en su bolso, usó el kit para ver si podía curarse algunas heridas. Estuvo un buen rato limpiando, vendando y usando todo aquel preciado objeto que parecía más una especie de recompensa luego del castigo. Suspiró de nuevo, cansada o como harta de estar teniendo bastante mala suerte pero luego recordó que la pluma no valdría nada y que podía comprar otra. Lo importante era la tinta y la había recuperado.
Vaya mierda… Ojalá te encuentre hijo de puta para hacerte pagar… - comentó en voz baja, bastante molesta. A ver si podía volver a su habitación.
Su enfado era tal que apenas a los tres pasos, se dio la media vuelta mientras tomaba a su espada y le dio una buena tunda a una de las cajas para quitarse la bronca. La caja de partió en más pedazos, por lo que se giró aún con espada en mano, con una mirada asesina, de esas que dicen “no me hables” mientras caminaba en diagonal a la izquierda, a ver si podía salir a la calle y entrar a la taberna.
Le dolía el cuerpo, mucho. Ahora si que se había despertado y no se había caído de la cama. Mal chiste, lo sé. Maldijo en voz baja mientras se recuperaba de a poco, sentándose entre el montón de desastre que había hecho y suspirando con dolor. Miró hacia arriba, el gancho seguía puesto con su respectiva soga, así que de la bronca, se levantó como pudo y tiró de este con toda la fuerza que tenía para intentar quitarlo de ahí. Si se llevaba un pedazo de ventana, no le importaba, ya no iba a poder dormir.
Intentó una y otra vez hasta que luego de varios intentos, se dispuso a mirar a su frente y el suelo, buscando algo, lo que sea para poder quitarse la bronca de encima pero entonces lo vio. Era su frasco de tinta para poder escribir sus aventuras y tomar notas. Al costado vio algo que parecía una especie de kit de primeros auxilios, y antes de que cualquier idiota pase por ahí y la vea, se abalanzó sobre estas dos agarrándolas contra si.
Se levantó con bastante esfuerzo, después de todo, había caído de una maldita ventana alta por lo que tras guarda la tinta en su bolso, usó el kit para ver si podía curarse algunas heridas. Estuvo un buen rato limpiando, vendando y usando todo aquel preciado objeto que parecía más una especie de recompensa luego del castigo. Suspiró de nuevo, cansada o como harta de estar teniendo bastante mala suerte pero luego recordó que la pluma no valdría nada y que podía comprar otra. Lo importante era la tinta y la había recuperado.
Vaya mierda… Ojalá te encuentre hijo de puta para hacerte pagar… - comentó en voz baja, bastante molesta. A ver si podía volver a su habitación.
Su enfado era tal que apenas a los tres pasos, se dio la media vuelta mientras tomaba a su espada y le dio una buena tunda a una de las cajas para quitarse la bronca. La caja de partió en más pedazos, por lo que se giró aún con espada en mano, con una mirada asesina, de esas que dicen “no me hables” mientras caminaba en diagonal a la izquierda, a ver si podía salir a la calle y entrar a la taberna.
resumen
