11-07-2026, 08:54 PM
De manera solemne, aparecí ante los viajeros que venían desde el mundo inferior con el fin de participar - de manera directa o indirecta - en los juegos de nuestro soberano. Mi aparición, si bien era normal y habitual en los residentes de la inmortal ciudad de Shandora, pareció pillar absolutamente desprevenido al dúo de habitantes del mar azul que, por alguna extraña razón, estaban siendo seguidos por uno de nuestras aves autóctonas, los Ñordikis. Desafortunadamente, no parecía haber ningún representante de nuestra tierra en aquel reducido grupo. Me mantuve en calma, esperando a que los dos de ellos se presentaran como era debido, haciéndolo el hombre de cabellos dorados de manera grandilocuente mientras que, su acompañante, de una manera algo más escueta y efectiva, declarando que pertenecía al Banco Goldreich, eso sí. Por su parte, el ñordiki se limitó a producir su tan característico graznido, del que todos nosotros estábamos ya tan acostumbrados.
— Un habitante del Bajo Mundo. — dije, mirando de arriba a abajo al hombre de la pálida tez. — Espero que no manche con su codicia la pulcra y legendaria tierra de Shandora — advertí, completamente serio y firme, quedándome en silencio durante un par de segundos hasta que decidí apartarme un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel dúo de personaje y al ñordiki.— Mi nombre es Naver, de los Custodios del Emperador. Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas — dijo señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalizó, y permaneció allí, firme e impertérrito, como una máquina.
Una vez pasaran Onizuka Jin y Tezca Norova - junto al ñordiki - a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.
— Un habitante del Bajo Mundo. — dije, mirando de arriba a abajo al hombre de la pálida tez. — Espero que no manche con su codicia la pulcra y legendaria tierra de Shandora — advertí, completamente serio y firme, quedándome en silencio durante un par de segundos hasta que decidí apartarme un paso lateralmente ofreciendo con mi mano el paso de aquel dúo de personaje y al ñordiki.— Mi nombre es Naver, de los Custodios del Emperador. Por favor, pasen y únanse a la celebración. El Emperador estará complacido de ver nuevos participantes de tierras lejanas — dijo señalando hacia las gradas — Pónganse cómodos en las gradas y aguarden por el comienzo — finalizó, y permaneció allí, firme e impertérrito, como una máquina.
Una vez pasaran Onizuka Jin y Tezca Norova - junto al ñordiki - a través de mi inflanqueable guardia, se encontrarían con unas enormes gradas en las que poder guarecerse y establecerse para contemplar y disfrutar de los juegos. El ambiente era animado, de celebración, y quienes prestasen más atención podrían ver cómo los Lunarian del lugar vestían con adornos dorados y telas finas y claras, de un sólo color, mientras que los Skypianos vestían con varias telas y retales diferentes, sin joyería ni adornos opulentos. Del mismo modo, y al contrario que en tiempos pasados, los birkanianos también gozaban de los derechos que un ser humano debía tener, estando mezclados y conviviendo con el resto de razas que vivían en la isla celestial, con felicidad en sus rostros o no.
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